Autor: Eduard Punset 20 marzo 2016

Ha estado cerca de alcanzar su sueño: ver el mundo a través de los ojos de los chimpancés, con los bonobos, nuestros parientes más cercanos. Si alguien en este mundo ha convivido tiempo con estos animales, si alguien sabe qué sienten y comunican, esa es Jane Goodall. «El lenguaje corporal no verbal es el mismo para los chimpancés que para nosotros: los mismos gestos y las mismas posturas en un mismo contexto», me reveló cuando la conocí en Cambridge hace una década.

goodall

Hay un antes y un después de Goodall en nuestro modo de entender a los primates y, más concretamente, a los chimpancés. Sus descubrimientos desmontaron unos cuantos mitos en torno a su mundo. Lejos de lo que antes creíamos, hoy sabemos que los chimpancés son omnívoros y no herbívoros; que utilizan herramientas; que sienten emociones y las expresan mediante su comunicación no verbal; que su instinto maternal tiene buena parte de adquirido; y que muestran comportamientos grupales violentos terribles, con los que se enzarzan en peleas e incluso en guerras.

En definitiva, nos descubrió que no son tan distintos a nosotros como creíamos, aunque ello no sirva para justificar nuestros actos. Por ejemplo, respecto a las contiendas entre grupos, Jane me dejó claro que este comportamiento «en humanos es peor, porque nosotros somos capaces de comprender todo lo que hacemos».

Cuando a mediados del siglo pasado el paleoantropólogo Louis Leakey la contrató como secretaria, no sabía que acabaría apadrinando a una enorme primatóloga. Él buscaba en los chimpancés respuestas sobre nuestros ancestros. Quería comprender aspectos de la conducta de los fósiles de nuestros antepasados que había encontrado en África. Pero Jane Goodall fue más allá. Con sus hallazgos contribuyó a entendernos mejor a nosotros mismos. Y lo consiguió con horas y horas, días y días, de atenta observación, con una enorme destreza que no todos poseemos: la paciencia.

¿Quién es?

Primatóloga y antropóloga, experta en comportamiento de primates. Tiene 81 años. Ha estado más de cinco décadas estudiando las poblaciones de chimpancés salvajes en el Parque Nacional Gombe Stream, en Tanzania. Preside el Instituto Jane Goodall para la conservación de los chimpancés y sus hábitats.

¿De dónde viene?

Nació en Londres y cuenta que su pasión por los primates se desató cuando sus padres le regalaron un chimpancé de juguete, que aún conserva. Vivió a caballo entre Tanzania e Inglaterra desde que empezó sus estudios dirigidos por Louis Leakey.

¿Qué ha aportado?

Sus descubrimientos han revelado insospechados comportamientos en chimpancés, muchos de ellos comunes a los de los humanos. Uno de sus grandes hallazgos fue descubrir la capacidad de los chimpancés de confeccionar utensilios sencillos a partir de ramas para capturar termitas en su nido, de las que se alimentan.

La anécdota

Con cuatro años demostró ya su enorme curiosidad y paciencia. De vacaciones en el campo se empeñó en desentrañar por dónde ponían los huevos las gallinas. Lo comprobó escondida cuatro horas en un gallinero. Mientras, la buscaban su madre y la Policía.



5 Respuestas to “La primatóloga paciente”

  1. Redes para la Ciencia » La primatóloga paciente:

    […] Ver entrada completa y comentarios en el blog de Eduard Punset […]

  2. Catherine:

    Sr. Eduardo Punset: Agradezco mucho este tipo de blog y el canal de Youtube del Programa Redes desde que descubri este Tesoro se enriquece mi vida y definitivamente soy mejor persona. Muchas gracias, Catherine Abreu

  3. Maria Catedra Endrina:

    querida doctora es de agradecer su estudio y su gran dedicación a estos grandes monos o primates. supongo que esto lo habrá acercado más a Dios. Un dios gra

  4. pablo:

    Grandes descubrimientos lo que ha conseguido esta “doctora” sobre los chimpancés, para mi la persona que más puede saber de ellos tras convivir con estos animales tanto tiempo.

  5. Beatriz Fagundo:

    Muchas gracias por este fantástico post sobre Jane Goodall. No es el primer “homenaje” que recibe, pero espero que no sea el último. Porque nadie lo merece más que esta mujer que ha hecho tanto por entender a nuestros hermanos primates. Hay quien critica que cometió fallos metodológicos como nombrar en lugar de numerar los individuos que observaba. No creo que fuera un fallo, pero si lo fue, está más que perdonada!

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