Autor: Eduard Punset 2 Noviembre 2014

Mi primera hija nació en París, sigue en Francia y habla varios idiomas, en lugar de emperrarse solo en el catalán, que le habían enseñado sus abuelos antes de irse de este mundo. Mi segunda hija nació en Londres, donde cursó sus estudios y vivió hasta la mayoría de edad; era imposible discernir cuál era su lengua materna: el inglés o el francés, heredado de su madre. La última hija nació en Washington y, que yo recuerde, nunca consideró un problema aprender inglés. Es cierto que franceses y españoles sabían bastantes menos idiomas que ciudadanos de otros países vecinos, como los nórdicos.

En aquellos años, lo primordial no era aferrarse a un solo idioma o nacionalidad, sino al trabajo, a saber estimar en lugar de odiar, a ponerse en el lugar del otro y conquistar el mundo. Los holandeses aprendieron a dominar el agua que, literalmente, los ahogaba. El resto, a tomar nota de lo que los demás estaban descubriendo.

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El horizonte visto desde el Afsluitdijk, dique de cierre en los Países Bajo (imagen: Michiel Jelijs / Flickr).

¿Cuáles eran las competencias anunciadoras del éxito? Fijarse bien en el trabajo de los demás en lugar de desdeñarlo. No había llegado todavía el momento de intentar superarlo, sino de aprender, literalmente, lo que se estaba viendo venir. Copiándolo. Sobre todo, envidiar lo menos posible. La envidia fue siempre el resentimiento negativo que el resto del mundo nos atribuía. Porque llegamos de los últimos. Éramos envidiosos porque nunca tuvimos dinero.

No es cierto que para vender tanto como los ingleses hiciera falta hablar su idioma como ellos lo hacen. La verdad es que no hablaron nunca igual de bien que los extranjeros su propio idioma. Sí que era cierto que lo sabían todo del trabajo con que se los retaba.

Por supuesto, era útil saber más idiomas de lo que saben nuestros primeros ministros, pero es un error estar convencidos de que deberíamos contar con traductores profesionales en lugar de con biólogos moleculares. La mayoría de nuestros jóvenes que están fuera de nuestro país lo están para aprender idiomas y se pueden contar con los dedos de una mano los que están absortos en desentrañar las causas del alzhéimer.

¿Hace falta recordar que en España no hubo apenas rastro de la primera revolución científica? Lo que importó siempre fue demostrar al resto que estábamos a punto de sortear la crisis sin habernos preparado para ello; a mí me cuesta creer que nuestro Gobierno nos haya convencido de que la deuda pública y privada no sea de las más elevadas del mundo en porcentaje de nuestro producto; es decir que lo que debemos es mayor de lo que tenemos. Nos hemos acostumbrado a mentir como bellacos de puertas hacia fuera, pero también de puertas hacia dentro.

Es muy posible que una de las últimas mentiras sirva para deshacer el mayor entuerto de los cometidos en la última década. Falta muy poco para que todo el mundo vea, por fin, que no se puede vivir del cuento todo el rato. Es preciso que los orfebres encargados de las cuentas nacionales no puedan esconder durante mucho más tiempo que hay unos ingresos, unos gastos que no pueden exceder determinados límites y un sistema de financiación aceptado por la mayoría de los acreedores.

Alguien –y no solo la Generalitat, como le gusta repetir a la vicepresidenta del Gobierno– no tendrá más remedio que correr el velo del engaño para dejar sitio al flujo de los ingresos, de los gastos, y de las vías aceptadas de financiación solidaria



13 Respuestas to “Nos hemos acostumbrado a mentir”

  1. Redes para la Ciencia » Nos hemos acostumbrado a mentir:

    […] Ver entrada completa y comentarios en el blog de Eduard Punset […]

  2. españolico:

    Aquí hablamos dos idiomas, el de cada cual y el político, este último es el más difícil de entender pero es el necesario para mantenernos ignorantes de la realidad, engañados espectadores de las luchas que los políticos profesionales mantienen entre ellos, para defender su ambición y prosperidad personal.

  3. Josep Maria Bassas:

    Pues tus hijas aprenderían muchos idiomas del mundo, pero no aprenderían catalán, porque no las he escuchado nunca hablarlo. Eso quiere decir que lo menosprecian?
    Tal vez su padre despreció su propia lengua, en una actitud de universalismo esnobista. Y tal vez nunca dejó pósito de cultura propia y ancestral en su propia familia. Eso sí: todos los idiomas del mundo, pero el de la estirpe familiar, no. Eso sí que es cultura! Prefiero amar mi tierra y mi lengua nativa, que es mi primera responsabilidad, y al mismo tiempo, hablar inglés, francés y ruso perfectamente. No ha sido un buen ejemplo poner las hijas en el haber de su artículo. Si no hablan catalán, pero sí lo entienden, es como mirar una catedral o una obra monumental del siglo XVI y no tener idea ni del estilo ni de su constructor.
    La lengua que hemos recibido de nuestros padres se lleva en la boca, como una cultura transmisible más alta que unas piedras inertes en el tiempo. Así que, querido Eduardo, su ejemplo pone en duda su alta sapiencia humanista. Falló en la génesis de la cultura del brasero y la cuna.

  4. Catalán:

    Lo cierto es que esos gobernantes que hoy defienden su honorabilidad argumentando que fueron políticos para “construir un Catalunya” o lo que se les antojase, poco o nada tienen que ver con los valores pragmáticos que defiende (con sumo criterio) el señor Punset. Es lamentable, que en el mundo moderno, haya señores en el poder para los que su prioridad sea hacer sentir a otros que son distintos. Forzar artificialmente el uso de una lengua, para que los ciudadanos sean más representantes de aquella “nación” que simplemente ciudadanos libres. Mientras se prioriza que seas y hables como se supone que debes hacerlo conforme a tu región, y eso se considera un gran acierto, a mí la expresión “inmersión” empieza a sonarme (cada vez más) a ahogamiento. Por supuesto que limitar nuestras miras nos convierte en votantes muy fieles, y para dichos políticos les asegura réditos. Pero en muchos casos las manifestaciones en pos de un poder ya establecido tienen algo del “¡quemad a esa bruja!” de los tiempos de la Inquisición. Tiempos en los que los regentes podrían decir (con la misma hipocresía que los del presente) que quemaban a esas señoras con el respaldo popular. Sí, señor Punset, demasiados políticos se han acostumbrado a mentir y construir a base de mentiras también. Después de todo, al final siempre pueden decir “da igual si era mentira, hoy estamos hablando de un sentimiento”. Y mientras tanto, la vida real transcurre allá fuera (con todas sus posibilidades y sus valores de entendimiento), mientras que aquí se sigue haciendo ingeniería social con la mayoría y en favor de unos pocos.

  5. JULIA:

    Los gobiernos cuando España iva bien no hicieron reservas por lo visto se lo repartian,ahora quieren hacer pagar la deuda al pueblo esto y muchas cosas mas ,son injusticias ,no me gusta

  6. Alvaro Soldevila:

    Estimado Sr. Punset y lectores.
    Nada que objetar. Tomar conciencia de forma clara y limpia de nuestra responsabilidad en el endeudamiento personal y colectivo es clave. Observar y aprender.

    Un enfoque positivo, en mi opinión, se basaría en:
    1. depurar responsabilidades legales y emplear razonablemente el capital recuperado en paliar los efectos de la crisis, amortizando el endeudamiento más caro, por ejemplo,
    2. emplear los recursos disponibles en generar riqueza, producir bienes y servicios siguiendo criterios de sostenibilidad y regeneración de tejidos sociales e industriales, para generar de nuevo una clase media formada y educada en la cooperación antes que en la competición, donde ya sabemos que tenemos grandes estrellas a nivel internacional mientras la mayoría de la pobación pasa calamidades adormecidos por los medios de comunicación.
    Fácil de formular, reto apasionante en su puesta en práctica.

  7. elsa Armesto:

    Sr Punset, yo vivo en La Argentina y lo que Ud menciona como el engano infinito pasa en mi pais tambien. Me pregunto que le esta pasando a la humanidad………..que es tan poco humana!!!. Lo felicito como siempre

  8. Sandra:

    Tristísima la manera e despreciar la lengua de sus padres, sr. Punset. Un poco más y siente vergüenza de hablar catalán. Este hombre es capaz de ir a un museo egipcio y decir que cómo se les ocurre emperrarse en ese museo tan antiguo. Lo mismo hace con la lengua catalana. La desprecia diciendo que cómo se le ocurre emperrarse con esa lengua. Me parece que el desprecio es supremo. Desprecia una cultura y una lengua de manera abrupta, solo para ser universalista.

  9. Rafa:

    Estimado #3. Josep Maria Bassas. Permíteme mostrar mi profundo desacuerdo con las aseveraciones que haces sobre el idioma. Sin querer abundar mucho en asutos que tienen que ver con el afecto y el cariño que se tiene (o no) a la tierra propia o la de los padres, ya que son discusiones estériles porque tocan sentimientos, déjame decirte que es mera hipocresía decir que se tiene que enseñar a los hijos la lengua propia incluso por sobre otras lenguas cuando esos hijos crecen y se crían en el extranjero, y al mismo tiempo apoyar una inmersión lingüística en Cataluña que prima el monolingüísmo, sin intentar preservar la enseñanza escolarizada, ya no de lenguas como el urdú o el chino de los niños con esos orígenes (¿hay nacionalidades o culturas que merecen menos preservación que la catalana?), sino del propio castellano. En definitiva, que pienso que la catalanidad no pasa exclusivamente, ni en mayor medida, por la lengua, y que no hay que rasgarse las vestiduras porque en 20 años los hijos de catalanes en el extranjero sean más alemanes, ingleses o argentinos que catalanes. Sería lo normal. Se es catalán o de cualquier lugar, por circunstancia. Cada quién se acerca a sus raíces como mejor lo siente, no como otros se lo quieran imponer. Un saludo

  10. Hector Garcia:

    Prof. Punset, buen dia!
    La mentira como un mecanismo de defensa humana estará siempre ahí. Lo interesante es dilucidar las verdaderas causas que llevan al ser a mentir: egoisto? envidia?, beneficio?, evitar riesgo?… Otro punto es el grado de familiaridad con una situación (sea cual sea), que lleva a la persona a entrar en letargo, confort, o pasividad. En Colombia, tenemos un muy bajísimo presupuesto para la investigación científica en (medido en relación al PIB creo que no alcanza el 1%), y aunque el “lenguaje” usado para comunicar la necesidad de incrementarlo, y de lograr un alto capital intelectual ha sido variado y se ha dado desde varios escenarios (principalmente políticos) dudo que en el corto plazo se logre, pues no solo ha estado la mentira, sino la pasividad y constumbre a vivir con la mentira. Ojalá la firma de la PAZ en mi país se logre pronto!! Esto es una ventana de esperanza para tantos y tantos frentes de inversión que requiere Colombia, donde uno de los más importantes, en mi opinión, es el Capital Social y Cientifico.

    Coridal saludo y muchas gracias.

  11. May:

    Los catalanes no se dan cuenta de lo cansinos, repetitivos y monotema que resultan para el resto. ¿No hay temas más importantes en Cataluña que el catalán y la independencia?
    Hablan de su cultura propia y genuína como si ningún pueblo en España también las tuviera. Como si tener unas peculiaridades fuera una exclusividad y don catalán.
    Por otro lado, Cataluña nunca fue independiente. Siempre dependió de algún reino o país. Supongo que porque nunca tuvo poder de autosuficiencia. Y es más, está demostrado que la mayoría de catalanes no quieren esa independencia. Por lo q son una minoría los independentistas. Aunque eso sí, una gran minoría, que habla muy alto y por todos.
    Me gustaría encontrarme noticias de catalanes hablando de temas más interesantes, constructivos y cooperadores con el resto d España y el mundo.
    Da la sensación d q esa Cataluña q tanto ensalzan está encerrada en sí misma y en sus monotemas d siempre.

  12. Mireya Garcia Meier:

    Estimado Sr Punset, aprecio mucho su criterio y sentido para diferenciar. El estar consciente de un macro- y microcosmos no es talento de todos. El que algunas personas se aferren a un nacionalismo, no significa que por ello usted y su familia no aprecien y valoren sus raíces. Tenemos más de una identidad y para poder incorporarnos a una identidad nueva, debemos saber bien quiénes somos. Cuando se vive en el extranjero, se ve uno confrontado con miles de cosas nuevas. Es necesario establecer prioridades individuales y que no suponen necesariamente seguir una “regla de oro”. Un mínimo de IQ & EQ nos dicen cuándo permitirnos hacer una excepción. ¿Quién cree tener la capacidad para decidir qué es lo bueno y qué lo malo?. Gracias por la confianza al compartir sus experiencias.
    Vivo en Suiza con mi familia y mis cuatro hijos saben hablar castellano (el cual escucharon prácticamente sólo de mí en casa), los otros tres idiomas oficiales de la Confederación Helvética son igualmente muy importantes para su vida cotidiana y futuro profesional. Los cuatro hablan por lo menos cinco idiomas, el mayor domina incluso siete lenguas. Lo que deseo subrayar, es que indiscutiblemente es indispensable valorar las propias raíces, pero no se debe subestimar la complexidad que supone el dominar el idioma del lugar y con él los códigos sociales de la sociedad donde se crece y nace, paralelamente aprender otros idiomas y con ellos otros fondos culturales. Ya una educación bilingüe requiere mucha paciencia y tiempo, aparte – no por ello menos importante – de un bien fundado conocimiento del propio idioma. La forma como usted aporta a la sociedad hispanohablante (20 países) de este planeta, al compartir apasionadamente cultura universal, es admirable. Su talento para simplificar asuntos complejos y despertar curiosidad hasta en personas que no habían tenido hasta entonces un acceso a ciertos temas es ejemplar. Su entusiasmo contagia y a final de cuentas, la mejor forma de evitar conflictos es aportando formación, tomando nota de las diferencias y acto seguido, sacando provecho de lo mucho que tenemos todos en común. Seguiré recomendando con gusto su “Blog” a los miembros del Forum Latino que administro en Zürich e incluso invertiré tiempo en actualizar nuestra página web para permitir así una mejor interacción. Leemos ahora “Universo de Emociones” y nos parece fantástico. ¡Felicidades!

  13. Nana:

    Creo que es Sr. Punset tiene razón en que no hay que “emperrarse” con una lengua. Si no, nos convertimos en nazis. Y esto no lo dice él, lo digo yo (porque me parece que algunos no habéis entendido para nada el artículo).
    Vengo de un país de Europa del este y hablo seis idiomas, entre ellos el catalán. Llevo en España desde que era pequeña y apoyo completamente la independencia de Catalunya si así lo desea la mayoría de sus habitantes.
    Sin embargo, creo que enorgullecerse de pertenecer a un sitio por casualidad es de gente con pocas luces. Un dicho expone lo siguiente: “Un patriota, un idiota.”. Y nunca mejor expresado.
    Todos somos hijos de la tierra y enorgullecerse de pertenecer a un grupo de gente de un sitio específico, me parece que sólo fomenta el odio y el racismo y que se creen más barreras y fronteras. Y deberíamos estar quitándolas, no creando más. Todos deberíamos ser iguales, habitantes de la Tierra; ni españoles, ni catalanes, ni británicos, ni rusos, ni turcos, ni rumanos, ni serbios, ni ninguna otra cosa.
    Mas para que ello ocurra, la humanidad aún tiene que evolucionar mucho. Lástima.

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