¿Cuál de ellas? Una que afecte, primero, a las grandes mayorías, en lugar de solo a las minorías como nos tienen acostumbrados. De los dos grandes dominios en los que pueden producirse cambios debería, en segundo lugar, elegirse el mundo abstracto de los sentimientos, en lugar del mundo fisiológico y concreto. La ciencia está descubriendo que el cerebro otorga tanta importancia al primero –ejemplos de ello son el reconocimiento de los demás y el respeto a la libertad individual–, como al segundo: el hambre y la miseria.
Me estremece el espacio tan reducido que va a quedar a los demás para moverse cuando yo me vaya. No hay bestia mayor ni más feroz en este circo que el Estado, que hemos creado entre todos. Se puede uno reír tranquilamente de las multinacionales más poderosas o de países tan ufanos de sí mismos como Rusia o Estados Unidos. Son verdaderos pigmeos, comparado con el Estado de cada uno, que gestiona más de la mitad de todos los servicios y productos generados en nuestro recinto, además de tener los medios para vigilar y efectuar un seguimiento inmaculado de todo lo demás: suspiros, proyectos, productos y sueños.
Por pura casualidad pude transcribir el siguiente diálogo entre una hormiga y una cigarra:
Hormiga. La verdad es que siempre me he preguntado cómo te podías pasar la vida cantando.
Cigarra. No es cantando, exactamente. Estoy rememorando los momentos más felices de mi vida. Lo que no entiendo es por qué y quién te mantiene a ti en vilo, trabajando todo el rato.
Me tocó vivir unos 20 años en el extranjero, ocho de ellos en el exilio. No tiene nada de extraño, pues, que en el inicio de la transición a la democracia me obsesionara, sobre todo, la apertura de España al exterior.


