Autor: Eduard Punset 16 enero 2011

“No me conoces bien. No tienes ni idea de cómo soy”, y se quedaban tan frescas; en ocasiones, tan frescos. Las generaciones precedentes habían rebuscado sin cesar en el interior de sí mismas cómo eran; resultaban búsquedas infructuosas, porque no se sabía aun que casi todas las decisiones tomadas en la vida son inconscientes o intuitivas.

Hoy hemos descubierto que cuando una persona decide irse a la cama con alguien, viajar o cambiar de trabajo su cerebro lo ha decidido diez segundos antes de la decisión que él cree haber tomado. No es extraño que planeen muchas dudas sobre la naturaleza y el momento del pensamiento racional.

Tienen razón las personas convencidas de que los demás no tienen ni idea de quiénes son. Ellas o ellos, tampoco. En las discotecas los adolescentes, en cambio, cuando se podía fumar todavía, se dirigían a la persona del sexo opuesto que les gustaba, con el cigarrillo en la mano, interpelándola así: “¿Quieres rollo?”. No se habían visto nunca, pero se conocían de sobra. Se fijaban en el nivel de fluctuaciones asimétricas y en su lenguaje corporal; la ciencia ha comprobado muchos años después que, efectivamente, la salud física constituye un elemento básico de la salud mental.

Cuanto más pequeña era la gente de mi generación, más dioptrías tenía, más rictus de persona ausente y despistada mostraba, más cantado estaba, entonces, que era mucho más inteligente que la modelo apuesta o el joven fornido. Pues bien, la fisiología moderna y la psiquiatría sugieren exactamente lo contrario: la salud física es el primer requisito y a menudo indispensable de una buena salud mental.

Una espléndida Luna llena se erige tras el horizonte (imagen: usuario de Flickr).

Todo eso para recordar que el cerebro, además de no querernos atormentar, se equivoca, a menudo, haciéndonos creer lo opuesto de lo que luego resulta ser. Sin salirnos del ámbito de la salud, recordemos que durante generaciones la anchura de las caderas era un signo de fecundidad; ahora se sabe que ese índice depende de la anchura de la pelvis y la intensidad de las contracciones durante el parto.

El valor de las apariencias

Estoy en el AVE recién salido de Barcelona hacia Madrid y la Luna llena tiene un tamaño netamente superior al habitual; quiero decir mayor que cuando está situada en la vertical del firmamento. El cerebro nos engaña para que no nos hagamos preguntas innecesarias ni demos pábulo a la ansiedad: cuando la Luna está cerca del horizonte con una montaña al fondo, se está moviendo en un entorno familiar para el observador y no conviene que aparente un tamaño demasiado distinto.

Cuando está en medio del firmamento a lo lejos, no importa que denote un tamaño más pequeño; lo más similar a ella son pequeñas estrellas que tiene al lado. La Luna sigue teniendo las mismas dimensiones que tenía, pero aparenta ser netamente más pequeña para que estemos tranquilos.

Si el cerebro nos engaña sobre el tamaño de algo tan lejano como la Luna, imaginemos las barrabasadas que debe hacer para que estemos tranquilos sobre cómo somos por dentro. Millones de personas se han torturado a sí mismas o torturado a los demás a lo largo de la evolución preguntándose: “¿Se han fiado de mí?”, “¿doy la impresión adecuada de lo que yo debiera ser o se trasluce cómo soy en realidad?”, “¿cómo debo actuar para dar la impresión de que mis decisiones son racionales?”, “¿es mejor postergar el placer en esta ocasión para que mi interlocutor no crea que tiene una presa fácil?”.

Todo el mundo cree que se conoce tan bien a sí mismo que puede comportarse con relativa facilidad como si, efectivamente, se conociera a sí mismo. Nada más lejos de la realidad.



78 Respuestas to “Pequeños engaños cerebrales”

  1. Paki:

    Es imposible llegarte a conocer pues ni siquiera sabemos que hacemos aqui, por lo que observo, solo somos un medio para que la vida continue, cada uno es unico, pero al mismo tiempo, todos somos iguales.Yo no se bien como soy, lo unico que se cierto es que mi cerebro es el que manda.

    Muy buen escrito Sr. Punset

  2. Inmaculada Gonzálvez Arias:

    Mi admirado Don Eduardo, al final todo se reduce a lo que afirmaba Solón hace unos dos mil setecientos años: “Conócete a tí mismo” . Muchas gracias por darnos la oportunidad a los profanos de asomarnos al fascinante mundo de la ciencia.

  3. Ezequiel:

    Sr. Mark Roberts:

    Creo que el sentido evolutivo que debe tener el autoengaño yace en los sentimientos, en aquellos que nos producir dolor moral y que la memoria los devuelve con mucha intensidad en algunos caso, aún a pesar de haberlos superado. La muerte de seres queridos, el autocontrol, la autosuperación, por ejemplo pueden ser factores desencadenantes. Un ejemplo podría ser el de un tio muy feo que suple con la simpatia y gracia ese defecto; es la motivación de este autoengaño.

  4. Lorena:

    Muy interesante el estudio. Pero son aportes a un conocimiento abstracto que trata de explicar lo que el mismo informe resuelve como imposible…
    Creo que poniendo la mente “en blanco” aparece nuestro verdadero ser. Cuando las ideas y razones se callan… algo mágico sucede! (aunque cientificamente incomprensible)

  5. krixtianvalenci:

    Por eso sigo diciendo.En el amor el que manda es el cerebro y no el corazon…

  6. Josefina Maria Blàzquez:

    HOMBRE….pero algunas personas se conocen a sí mismas y bastante bien. Es provable que el asesino compulsivo también sepa de sí mismo que tiene “este desorden mental”. Lo que pasa, -tal vez- pienso yo, es que tenemos instalado en el cerebro una especie de antena o para.rayos que no nos deja entender lo que no queremos entender, ni asumir aquello de lo que no queremos enterarnos.ante una situación nueva no sabemos como reaccionaremos.. puede ser armoniosamente con nuestra manera de ser, o resultar lo que en catalán se llama “estirabot”.. que viene a ser “rotura de la secuencia de norma”.

  7. virginiawoolf:

    yo también veo esto de las personalidades como máscaras, hace unos minutos le escribía a un amigo que me decía que él era tímido, pero yo le decía que a mí me parecía que su verdadera personalidad tendía a la dispersión o expansión, a los sistemas de valores generales. Entonces la timidez era un efecto que había desarrollado a posteriori para contrarrestar esto otro. Sí, porque podía sentir un sentimiento de culpa en exceso, por su necesidad grande de afecto o de expansión.

    bueno, un saludo, y un gran artículo.

  8. enmascaramiento de personalidades « Estherllull's Blog:

    […] enmascaramiento de personalidades By estherllull virginiawoolf: 18 Enero 2011 a las 5:30 pm […]

  9. virginiawoolf:

    Dejo aquí un texto también de Jean Baudrillard:

    “Se dice que hay siempre un instante que captar, en el cual el ser más banal, o más enmascarado, muestra su identidad secreta. Pero lo que es interesante es su alteridad secreta. Y más bien que buscar la identidad tras la máscara, hay que buscar la máscara tras la identidad, —la figura que nos posee y nos desvía de nuestra identidad— la divinidad enmascarada que efectivamente habita a cada uno de nosotros por un instante, por un día, o a uno por otro.

    Para los objetos, los salvajes, las bestias, los primitivos, la alteridad es segura, la singularidad es segura. Una bestia no tiene identidad y sin embargo no está alienada —es extraña a sí misma y a sus propias miras—. De improviso adquiere la fascinación de los seres extraños a su propia imagen, que gozan a través de ella de una familiaridad orgánica con el propio cuerpo y con todos los demás. Si se reencuentra esta connivencia y esta extrañeza al mismo tiempo, entonces nos acercamos a la cualidad poética de la alteridad —la del sueño y del sueño paradójico, la identidad que se confunde con el sueño profundo—.

    Los objetos, como los primitivos, tienen una grandeza fotogénica anticipada respecto a nosotros. Liberados de golpe de la psicología y de la introspección, conservan toda su seducción frente al objetivo.

    Liberados de la representación, conservan toda su presencia. Para el sujeto es mucho menos cierto. Por eso—¿es el precio de su inteligencia, o el signo de su estupidez?— el sujeto a menudo consigue, a costa de esfuerzos inauditos, renegar de su alteridad y existir sólo en los límites de su identidad.

    Lo que necesitamos, por tanto, es volverlo un poco más enigmático a sí mismo, y volver a los seres humanos en general un poco más extraños (o extranjeros) los unos a los otros. No se trata de tomarlos por sujetos, sino de hacerlos ser objetos, hacerlos ser otros —es decir, tomarlos por lo que son.

  10. estherllull:

    Pero voy a introducir aquí un punto de discordia.

    Por una parte hay quien ha mencionado la sentencia de delfos: conócete a ti mismo. Y todo el mundo sabe que en Grecia los sofistas eran los que conducían al engaño, no obstante Platón salvó a Protágoras y a Gorgias, porque tenían un relativismo racional, pero a Glaucón y Trasímaco los condena por su escepticismo cínico.

    Y entonces, ahora me gustaría decir citando a Freud, que él no creía en una libertad del inconsciente, sino que sus pautas y mecanismos se repiten inconscientemente en nosotros.

    Entonces si no existe una libertad del inconsciente y repetimos obsesivamente y compulsivamente pautas y ritos hasta la neurosis, somos más predecibles de lo que creíamos ¿no?

    Por otra parte una forma de vencer el relativismo sería a través del historicismo y del naturalismo. El hombre en tanto que ser histórico su consideración nos pondría a salvo de cualquier veleidad absolutista, en tanto que natural y dado que -con él- los hombres somos lo que somos y estamos hechos como lo estamos nos permitiría escapar al relativismo.

    Dejo estas ideas. Gracias

  11. somos más predecibles de lo que creíamos « Estherllull's Blog:

    […] somos más predecibles de lo que creíamos By estherllull estherllull: 18 Enero 2011 a las 6:53 pm […]

  12. Kinezoe:

    Me apasiona el tema del cerebro. El aparente cambio de tamaño de la Luna no es más que otra de sus triquiñuelas. No es extraño que no nos conozcamos; la increíble complejidad del cerebro hace del ser humano un ser bastante impredecible. Interesante artículo.

    Un saludo.

  13. Gabriela:

    Todo, es cambiante, nada es estable, de mis celulas tampoco. ¿ cómo vamos a conocernos en autenticidad con esa premisa?. Es bastante complicado.

  14. CARLOS:

    Me ha encantado la entrada, es fascinante el cerebro humano, y gracias a la personalidad o “mascara” se pueden explicar muchos comportamientos humanos y en definitiva de la sociedad…

    Saludos,

    http://www.tuconsejerodelegado.com

  15. Miope esmirriado:

    Recuerdo a una modelo apuesta que, preguntada acerca Confuncio, dijo que era el inventor de la confución y uno de los chinos japoneses más antiguos. O al joven fornido de cierto programa de flirteo que, a la hora de solicitar candidatas, soltó aquello de “a todos los callos que quieran conocerme, que se queden en su casa”. A veces la ciencia me desconcierta. Me pasa como a Dinio con la noche…

  16. emedé:

    A nivel inconsciente podemos captar bastantes cosas, y la atracción hacia otra persona responde a menudo a impulsos inconscientes, y es a partir de esa atracción cuando te planteas conocerlo mejor. Por lo menos, a mi siempre me ha pasado así.

    http://loquelcierzonosellevo.blogspot.com/2011/01/el-espejo-del-alma.html

  17. Balsa:

    Pues sí, sí que tiene valor esto de las apariencias, como que por la noche el cerebro no distingue el color de la piel del gato. (Qué listo este gato. Nos engaña y engaña al cerebro que nos engaña)…. Mmmmmh? Pero de lo que no cabe duda es el hechizo que sigue provocando la luna. Y sí que es cierto, sí. El cerebro maquina un poco antes que la voluntad, antes de darnos cuenta… Será que el cerebro es más previsor. Claro que tiene ventaja. Como que es el primero que diagnostica, y así cualquiera gana (ahhhhgg, no nos olvidemos del gato). Lo que, entre otras cosas, claro, demuestra que básicamente funcionamos en automático, aunque se piense que es la voluntad actuando sobre las decisiones, perdón: sus decisiones; al menos, en las decisiones de tipo reflejo, ¿que son casi todas? En realidad es el cerebro que nos está tomando el pelo. ¡Mira que es malo el chiquitín!

    Si hasta los `pintores´ se molestaron en establece un canon facial de belleza, que parece que perdura sin cambios radicales en las distintas épocas, será que es cierto esto de las floraciones asindéticas. De hecho, cuando te gusta una persona el cerebro te la pega acentuando sus detalles llamativos y camuflando sus detalles negativos, ¿no?… (Pues ya ves, para que luego digan que los menos guapos no ligamos, porque sí, sí, la belleza, afortunadamente, también es subjetiva. ¡Qué suerte tener un cerebro que nos engañe, también, para ser felices!)… Y días después ves que no es tan pardo como parecía. ¡Mecachis! (Buueno, ya que le he cogido cariño… ¡La belleza tampoco es tan importante!, ni determinante; seré más feliz si me hace reír y además lo veré todo más bonito. (¿No andará el gato a medias con el cerebro?) Bueno, de hecho quienes “triunfan” son o tienen algo en la cara que les hace atractivos para mucha gente y por lo general se les considera más “listos”, incluso no nos extraña que hagan lo que hacen. Punset mismo, ¿no? Ni que decir tiene que un buen aspecto externo (oye, yo firmaba ahora mismo. Lo que me recuerda esa frase de ¿Hamlet?: “Cuantas veces con el semblante de la devoción y la apariencia de las acciones piadosas engañamos al diablo mismo”), es indicador, en general, de un buen intestino.

    Ahora que, como sea cierto lo del tamaño de la montaña, es para flipar de lo que se preocupa o lo guasón que es. Ya te digo. Yo a esta `traición de la mente´ lo llamo eco de la percepción: oír palabras o voces que no se pronuncian, sentir que tocas la piel que no está, saborear algo que no tienes en la boca, ver algo que no está , olfatear algo desagradable que en realidad no lo es… ¡Mira que es malo el cerebro!

    Bueno algún tema tiene que ser distendido. Y mira, te voy a dar esta vez toda la razón. Menudo cacao, jajaja. ¿No será que todavía no está bien hecho este cerebro?, porque oye, también puede ser que todavía sea un cerebro “adolescente”, de ahí sus bromas. (Sin duda ese tal Freud debió de ser un tipo curioso para seguir manteniendo larga su sombra, pero apostemos un poco por nosotros. Carecía de la tecnología médica actual y sus teorías no debieron ser más sorprendentes que la de cualquier sabio de la mente más antiguo. Además, fue un tipo de lo más controvertido, supongo que por la mentalidad cultural de la época. Y personalmente nunca me calló bien, demasiado cabezota; intelectualmente hablando, claro).Bueno, me lo he tomado con humor, ¡qué remedio!

    Tampoco es una sorpresa ese engaño; casi todos conocemos ese engaño cuando estamos medio metidos en el agua y vemos como se doblan las cosas (¿o esto no es lo mismo?) y tampoco se le da mucha importancia porque no afecta -estando sano- en verdad. Puede que este engaño sea otro mecanismo de supervivencia para no relajarse y provocar antes la alerta ante una posible amenaza o cambio brusco del entorno. Tampoco todo tiene que ser tan oscuro o misterioso. Simplemente puede ser práctico (aunque este influjo lunar sea para la perpetuación de la especie. En fin, a los lobos también les toma el pelo su cerebro, y aun así no dejan de aullar a la luna, ¿o eso es cosa de películas? ). Y por eso se da.

  18. Balsa:

    En apoyo de unos pocos, yo sí me conozco, también, muy bien, pues no creo que tenga nada que ver este “pequeño engaño” con la contemplación interior ni con la inteligencia; tampoco es tan difícil ser honesto con uno mismo en las acciones que hacemos en la vida en base a muestra conducta o maneras de ser o desear ser (aunque no con los demás porque la puedes liar): aun viviendo en un “engaño” ese engaño es la realidad con la que tienes que vivir. (Pero claro, es que también me gusta ser arrogante). Si uno se engaña más es porque puede que se conozca mejor; puede que por eso también sea más fácil en engañarse… ¿puede ser, no? En estos casos se puede dar la vuelta al asunto y ser más pícaros, y pensar que soy más lista que el hambre. Si te engañas para bien y saludablemente… no veo porqué no. Personalmente considero que las personas no cambian, (puede que inconscientemente para evitar sobrecargas emocionales… Si es que este cerebro al final nos engaña con cariño, y claro, no le vas a decir que no con lo listo y zalamero que se muestra en ocasiones) sino que adaptan las diferentes facetas que posee su personalidad (quizá la que predomina en cada situación o época) a sus necesidades -y miedos- según pasa el tiempo (posiblemente inalterable a menos que olvidemos); es decir, si te conoces hoy también te conocerás mañana, del mismo modo que nos reconocemos en el ayer, por eso es más claro (o eso creemos) echar la vista atrás desde el futuro, porque vivimos del pasado a pesar de tener más años. Es nuestro empeño, probablemente, lo que nos autoengaña en realidad (pero cambiar no es tan fácil). El “engaño”, o autoengaño en este caso, se da cuando piensas que no eres o no eras así. Por eso las personas tienen la capacidad para cambiar su actitud según avanzan. “Descubren” el engaño, supongo.

    No es lo mismo conocerse, es decir, descubrir lo que somos realmente satisfaciendo la curiosidad de lo desconocido y comprobar lo que resulta de ello para sacar una conclusión personal, que controlar el cuerpo (en una situación límite). Aunque es un tema interesante el engaño del cerebro este, este engaño es más bien sensorial y parece que nos atrae más el autoengaño (por lo que se puede leer). No es que cada “uno” cree la realidad, sino que cada especie percibe a través de sus sentidos el entorno según sus necesidades (o su suerte); lo que no quiere decir que si me la pego con un árbol (¿verde, marrón?) por mirar donde no debo, el gato pardo que me acompaña desde el principio del texto no pueda golpearse con el mismo árbol (¿verde, marrón, gris, amarillo…? Qué se yo ¡No hablo de estas cosas con el gato!), por andar mirando para otro lado también (esto es un hecho real, anda que no me reí yo con el gato, ¡que torta se metió! Y claro, se revolvió pensando que sufría un ataque enemigo). Independientemente del bicho que camine o vuele (o nade entre corales, ¡venga, va!) el árbol (o el coral) es y está: es real. Incluso aunque sea un engaño el tortazo duele y esa es la realidad; independientemente de cómo percibamos la realidad el gato o yo. Te explico: lo que pasa es que los científicos se dan un bombo que no veas cuando les preguntan por lo que saben y se frotan las manos en la explicación, juasjasjas, y claro… el populacho a flipar cada cual con su color para el árbol, pero todos coincidimos en que eso tiene que “doler” seas de la especie que seas.

    A ver si al final somos marionetas en vez de autómatas. Supongo que los estímulos sensoriales (externos pero también internos) que atrapan los cinco sentidos que no son más que sensores de atención que están conectados al cerebro, así que al final quien manda supongo es el cerebro. Y aquel que controle el cerebro controlará el mundo, Tazirga. (Lo que sí me llama la atención es que parece que el humor en los comentarios sobre el asunto del “pequeño engaño” ¿rezuma solo de nombres femeninos? A ver si al final el cerebro sí tiene sexo, y humor).

    Pues “no” tengo ni idea sobre lo que habla Mark, pero si una persona es feo y lo sabe, y además lo “acepta”, lamentará o no ser feo, pero no es feliz a base de autoengaño ni fingimiento. Si este es simpático, a lo mejor lo es porque siempre lo ha sido desde niño, no porque sea feo. Esos son los prejuicios de antes, y uno de ellos es del que habla Punset en cuanto a la incompatibilidad de belleza e inteligencia de antaño, cuando la gente pensaba que el feo era listo y el guapo tonto, de ahí la postura contraria de Punset y su vuelta a la tortilla -y más aceptada científicamente- y la relación, de un buen físico, como sinónimo de “salud mental”, que no coeficiente intelectual de serie por ser atractivo.

  19. Balsa:

    ¡Qué! No, nononooó, ¡por favor! La personalidad no es una máscara: la hipocresía lo es, pero las apariencias de caracteres son unas reglas aceptadas por todos al comienzo de una relación. No tienen pues nada de malo, pues esta hipocresía puntual (que también puede alargarse indefinidamente por repetición reiterada de un suceso -donde entra también en juego este engañar del cerebro-, de ahí que sea una “máscara”, fingimiento, apariencia o falsedad) desaparece si la relación se vuelve sincera (quizá por eso es tan difícil confiar en las personas y las “relaciones” terminan por romperse). La timidez no es un disfraz de la personalidad, ni antifaz, ni máscara ni careta; ni coraza ni pavés ni embozo ni parapeto; no es engaño ni autoengaño; y ni pretende ocultar nada, ni disimular nada, ni hacer desaparecer nada con la timidez… Pues no es un estado fingido por voluntad de la persona para ocultar su personalidad verdadera. Ni la introversión o la parquedad o el retraimiento o la pusilanimidad o la vergüenza provocan o atraen o paren la timidez. Ni la timidez surge para contrarrestar nada de nada, si acaso la introversión (la máscara) la aprovecha el tímido para ocultar la timidez (su personalidad); si acaso fuera una causa, de algo que no un efecto de nada, esta sería mayormente diferente a cualquier gana de posesión en los intestinos. La timidez moldea la personalidad misma, cose a esta incluso el cuerpo y el alma porque se desarrollan junto con esta, pues me atrevería a decir que un ojo experto ya la vislumbra en la niñez. Y mucho menos la timidez refuerza la introversión, si acaso descubre el engaño -en este caso sí- que es la actitud introvertida de la persona, cuando la persona es tímida en verdad, y por eso se dispersa. Si siente un exceso de culpa en su alma estaríamos hablando sin duda de otro “malestar”, pero no de la timidez, par diez. Si te has enterado de que es tímido por escrito, precisamente; y porque él te lo ha dicho -y si él te lo dice- debieras confiar más en su necesitada lúcida muestra de su valor, pues no te lo ha dicho por nada.

    ¿Culpa? ¿Un tímido? No. Porque un tímido es previsor por su propia seguridad y necesidad. Si es timidez, la culpa que se ve no es más que una de esas máscaras de la personalidad, cuya auténtica identidad es el miedo, debido a esa impotencia causada por no atreverse a hacer algo; más que por vergüenza, o infravaloración personal. Miedo a que se descubra algo que no quiere o no se atreve a mostrar el tímido: un sentimiento que desea transformarse en emoción, pues no olvidemos que su problema es su deseo impotente, que no incapacidad pues lo intenta y lo suele hacer, de establecer relaciones sociales como la mayoría, aunque estas no duren los deseable, o interactuar menos presionado en la sociedad y sus cotidianeidad. Lo que sí siente en exceso (tu amigo no, pues no estoy hablando de él, pues no os conozco, sino de la persona tímida) es impotencia. Una cosa es que te lleve la contraria por picar y otra encontrarte tan desacertada, virginiawoolf. Pero bueno, no me extraña: como ya hemos hablado no es lo mismo leer que explicar; pues esto no es como la belleza y sus hipnóticas fluctuaciones asimétricas que sin saber porqué se sabe que gusta, ni se puede medir en verdad con una prueba pues hay que verificarlo en la vida de esa persona o que ella te lo cuente: hay que tratar el asunto en persona, y claro, no es algo que se resuelva en unos meses. Pero la timidez no es tan grave como se piensa, y si lo es, es porque es otro “malestar del alma” (mal diagnosticado), cubierta por una de esas máscaras de la personalidad… y solo un profesional con conocimientos adecuados puede constatar y tratar que sea timidez, aunque crea saberlo ya el tímido. (Pues sí, sí que habría que revisar ciertos ritos y costumbres). Lo malo del engaño es que, por ser engaño, engaña, porque se toma por cierto. Pero un tímido, por ser tímido, no puede engañar en este aspecto de la personalidad, porque no controla ciertas emociones, o reacciones causadas por la interactuación social. Igual que el vergonzoso, con lo que tampoco hay que confundir, pues son diferentes.

  20. catalina:

    Pensamiento estructuralista, que no reconoce el entorno social, hacemos construcciones sociales y a partir de eso conocemos, nos comunicamos y nos relacionamos en sociedad.
    Es la cultura la que genera cierta representaciones de nosotros mismos y de los otr@s.
    Si bien es cierto que el inconciente condiciona gran parte de nuestras acciones, lo inconciente está relacionado con la epísteme subyacente en nuestra existencia social, esta enraízado en lo paradigmático, por lo que no es posible generalizar determinaciones de tal envergadura.
    Una vez que apuntamos, en base a la polémica y la crítica, a la ruptura del telón de fono de nuestra existencia hacemos lo impensable pensable, por ende, conciente.

  21. pedro:

    Punset, me encantan sus articulos, aunque a veces no entiendo mucho. Soy victima de la ESO.
    Le regalo esta Canción, espero que le guste.
    tiene mucho que ver con sus temas.
    http://il.youtube.com/watch?v=dA6dacs1n00

  22. Pequeños engaños cerebrales | Top Madera:

    […] el post completo en la fuente original “No me conoces bien. No tienes ni idea de cómo soy”, y se quedaban tan frescas; en ocasiones, […]

  23. Colegio: San Francisco de Asis:

    ¿En algunas ocasiones debemos temer las decisiones de nuestro cerebro?
    Gracias a todos los que nos contestáis

  24. Luis:

    ¿Por qué es todo tan complejo? ¿No será la mente humana, la que no deja de inventar y proyectar nuevas teorias…?
    La naturaleza dentro de su complejidad, es repetitiva por sí misma, y no la considero tan sumamente metafórica y extraña como siempre queremos mostrar…

  25. juan manuel:

    yo estoy de acuerdo…definir es limitar.

  26. Lic. Alfonso Germán Arreola:

    Si empleamos puntos de referencia claros, precisos e iguales para todos, se acaba lo complejo y podemos celebrar acuerdos y ayudarnos. Las reglas de tránsito y los letreros que hay en el Metro, hacen posible a cualquier persona orientarse y llegar a donde quiera.
    Gracias al idioma, podemos comunicarnos y si empleamos palabras con igual sentido para los participantes, desaparecen los problemas y se hace posible la convivencia

  27. luigigen:

    Muy interesantes reflexiones sobre el cerebro humano y el yo humano.-Personalmente creo que son lo mismo, es decir somos un cerebro, con adminiculo para traslado, obtención de energía, etc.-

    Ayer soñé que era un águila….desperté y hoy no se si soy un hombre que soñó ser águila…. o un águila que esta soñando ser hombre….

    Un abrazo cosmoglobal.-

  28. Jaime:

    Ambos temas son interesantes, y digo ambos porque (con todos los respetos) en el texto se mezclan churras con merinas.

    Creo que es confuso para el lector, que el texto comience hablando de lo que se conoce como la “memoria inconsciente”, y continue poniendo ejemplos de lo que no deja de ser fisica de toda la vida.

    Vemos la luna y el sol mas grande cuando se encuentra en el horizonte por que la vemos a través un espesor mucho mayor de atmosfera. Esto no es ningún engaño de nuestro cerebro. Es pura fisica y la simple percepcion de nuestros sentidos. Al igual que no vemos cuando apagamos la luz.

    Sin embargo, el hecho de que nuestro cerebro inconsciente haya tomado una decisión 10seg antes de que la tomemos nosotros conscientemente, esto si es novedosamente sorprendente. El resto ya lo sabiamos.

    El comentario 15 y el comentario 40, creo que van en esta linea.

Introducir comentario

Solo se publicarán mensajes que:
- sean respetuosos y no sean ofensivos.
- no sean spam.
- no sean off topics
- siguiendo las reglas de netiqueta, los comentarios enviados con mayúsculas se convertirán a minúsculas.