¿Es falta de tiempo? ¿Carencias en nuestra capacidad metafórica? ¿O creemos, de verdad, que estamos inmersos en cosas mucho más trascendentales que la que apunto a continuación?
Lo que sigue me ha venido a la mente preparando la próxima entrevista en Estados Unidos con el premio Nobel de Fisiología o Medicina Eric R. Kandel. Es una de las cosas que le quiero preguntar. ¿Se os ocurren otras o parecidas?
Es fascinante constatar los efectos imponderables del paso del tiempo. Imprevisibles, hasta que la biología molecular ha permitido a los neurocientíficos penetrar en algunos de sus secretos. Se sabía que el paso del tiempo mata el dolor. A los seis meses de un gran contratiempo personal, la mente lo ha digerido y la vida que parecía inconcebible tras la desgracia, empieza a perfilarse de nuevo y renace la esperanza.
Lo que no sabíamos es que la ausencia física durante mucho tiempo mata el amor. El amor romántico parece eterno o no es amor. “Siempre te querré”, se dicen los enamorados. Ahora bien, las investigaciones moleculares del científico Lord Edgar Douglas Adrian hace más de treinta años apuntaban en dirección contraria. Ahora sabemos que tenía razón. ¿Por qué?

Eric R. Kandel y Edgar D. Adrian
(imagen: nobelprize.org)
Las señales eléctricas que las células nerviosas utilizan para comunicarse son muy parecidas unas a otras, al margen de la fuerza, duración o localización del estímulo exterior que las provoca. Cuando se rebasa el umbral para producir la señal, ocurre la descarga. Si ella o él no es capaz de generar la señal en el sistema nervioso del otro, no pasa nada. Pero cuando ocurre, los potenciales de acción son siempre similares. El lector se preguntará enseguida cómo se transmite, entonces, la intensidad del estímulo. ¿De qué manera una neurona informa sobre la intensidad del estímulo que la hace vibrar?
Siento defraudar a más de uno, pero la intensidad transmitida no depende del tipo de señal de alarma o deseo generado por el estímulo exterior, sino de su frecuencia. También lo que dure la sensación viene determinado por el periodo de tiempo durante el que se siga generando el potencial de acción. Si todos los estímulos se agolpan conjuntamente, la sensación será intensa; si se espacian en el tiempo, la sensación será débil. Estoy sugiriendo que lo que está en el origen de una sensación –ya sea visual, táctil o auditiva, los ladrillos del amor- es indiferenciado. Lo único que cuenta es la frecuencia de los impulsos y los canales de comunicación utilizados.
Dejemos ahora aparte la biología molecular y las células nerviosas, sin olvidar que somos una comunidad andante de células. ¿Cómo es posible que en la vida cotidiana seamos tan desconsiderados con el impacto del tiempo, de las ausencias y de las frecuencias? Si científicos precursores como Lord Edgar Adrian hace treinta años y seguidores suyos ahora, como el premio Nobel Eric R. Kandel, han demostrado la importancia de la frecuencia de los estímulos a nivel celular para definir la intensidad de una emoción, ¿por qué sigue habiendo tantos padres que no tienen tiempo de dialogar con sus hijos o enamorados que remiten a las kalendas griegas el roce de sus manos o de sus labios? La única excusa que tenemos es que nadie, o casi nadie, ha dedicado tiempo a activar su capacidad metafórica para deducir, de aquellas investigaciones a nivel molecular, sus implicaciones para la vida cotidiana de la gente. ¿Estábamos absortos en cosas más trascendentales?







10 Abril 2007 a las 12:55 pm
se echa en falta una lista de botones para añadir el bloc a mename , digg, delicus, etc….
Gracias Eduard por tu grandiosa tarea como divulgador, muy apreciada y respetada… gracias de nuevo
10 Abril 2007 a las 12:56 pm
No sé, supongo que sí que estamos realmente ocupados en cosas “más trascendentales” (que luego resultan ser las cosas más triviales de la vida).
No sabía la forma de funcionar de las células nerviosas, pero uno (aunque su edad apenas sí se lo permita) puede deducir que las ausencias marcan las relaciones personales, por ejemplo. El amor no es eterno y el amor a distancia mucho menos.
Un saludo.
10 Abril 2007 a las 1:48 pm
Yo preguntaría a Eric R. Kandel sobre la memoria de las personas que no presentan estímulos olfativos por haber perdido el olfato por la edad o alguna enferemeda.
Al no poder oler elementos, o substancias que pudieran recordarles más frecuentemente ciertas situaciones asociadas a ese oler, ¿podrían también estar perdiendo parte de su memoria, especialmente de olores de la niñez, por no tener el estímulo olfativo que rememora ciertos momentos?
Me parece interesantísima la conexión existente entre pituitaria y memoria.
10 Abril 2007 a las 3:13 pm
Si los niños aprenden desde pequeños, por ser más frecuentes en un entorno lamentablemente típico de la sociedad actual, comportamientos que sustituyen valores “más trascendentales” por valores que lo son menos… después no nos podemos quejar de, por ejemplo, olvidarnos de las relaciones personales…
No sólo se olvida un valor por falta de frecuencia, sino que además se ejercita otro valor contrapuesto que se aprendió. Pasó a ser más trascendental pasar 2 horas con un videojuego que pasarlas conviviendo con amigos, familiares, etc.
Pero creo que no hace falta saber fisiología neuronal. A veces basta el refranero popular
Se me ocurre preguntarle si, igual que se intentan inducir movimientos, tienen intención de inducir sensaciones, emociones… ¿sería de complicado igual que inducir movimientos, más, menos, igual que inducir la vista por un nervio óptico, más, menos? ¿su trabajo está orientado a diseñar tratamientos psicológicos como alternativa a tratamientos farmacéuticos para la depresión, la ansiedad, etc…? ¿o cuál es su orientación?…
10 Abril 2007 a las 4:50 pm
Así a bote pronto y sin mucho fundamento la única reflesión respecto al título del post es que ” la importancia de la frecuencia de los estímulos a nivel celular para definir la intensidad de una emoción” esta basada en la adición a esos estímulos por parte de las células. Es como hacer el amor entre más lo practicas más ganas tienes de hacerlo, o el deporte, o la lectura, eso si si te aportan algo. Vamos parece que a nivel macroscópico algunas propiedades microscópicas se conservan, esto lo estudia la física estadística, y lo relaciona con la/s flechas/s del tiempo, interesante…
En cuanto a posibles preguntas al Nobel, hay que darle más vueltas al asunto.
Ciao.
10 Abril 2007 a las 5:02 pm
¿Puede ser el cerebro estimulable por el recuerdo (el recuerdo de una persona o de su correspondiente estimulo) y con ello aumentar la frecuencia del estimulo solo con el recuerdo del mismo?. Esta duda surge en consecuencia de mi recuerdo (estimulo celular producido por el texto) de técnicas de entrenamiento/estudio, basadas en el “estimulo virtual”.
Creo que es sabido que la imaginación ha podido activar mecanismos biologicos como el estres, sin la necesidad del estimulo fisico, y pienso que esto puede ser extrapolado tambien al amor.
Un ejemplo que recuedo haber leeido: Adolescentes enamorad@s de un/a cantante, gracias a la tecnologia (grabaciones), devido a la continua repetición del estimulo auditivo de su canción de amor.
La objeción a esto, seria que el “estimulo virtual” puede ser solo por una parte, y no por las dos partes como suele suceder (dato por confirmar) en el estimulo “real”, produciendo desequilibrios en la “cantidad de amor” y en consecuencia en la correspondencia de sentimientos.
La trascendencia de las cosas, diré que es algo subjetivo (depende de los valores personales) o colectivo en el caso de una cultura (valores compartidos con un colectivo)
10 Abril 2007 a las 9:53 pm
Sir John Eccles, Premio Nobel, 1963, de Medicina y Fisiología dijo:
1.- “Los fenómenos mentales trascienden claramente de los fenómenos de la fisiología y la bioquímica”
2.- “No tengo dudas de la existencia de Dios ni de la existencia del alma humana”
¿Qué opina el Premio Nobel de Medicina y Fisiología, año 2000, Eric R. Kandel sobre lo dicho por Eccles?
Saludos
11 Abril 2007 a las 12:10 am
Pienso, como Efrén, que la autoestimulación del cerebro es mucho más importante, o, al menos igual de importante, que los estímulos externos.
En definitiva, el enamoramiento es una obsesión ¿compulsiva? que se retroalimenta con el recuerdo, generalmente idealizado, del ser amado.
Con el odio ocurre 3/4 de lo mismo, así como con el resto de las experiencias y recuerdos: a mayor repetición (rememoración) más grabado queda en la memoria.
Una persona se puede enamorar de otra u otras y estarlo indefinidamente, pese a la lejanía física de ambos, o incluso puede que sea precisamente esta añoranza del ser deseado la causa de este amor platónico.
La causa puede deberse a que, aunque las señales eléctricas interneuronales tengan el mismo potencial, el número de neuronas excitadas por esta señal repetitiva se multiplica, puede que exponencialmente, cada vez que se repite. De tal forma que un pensamiento repetido compulsivamente, llega a convertirse en esa obsesión que llamamos enamoramiento.
Evidentemente, el continuo procesamiento cerebral de estímulos externos hace que se desvien “recursos del sistema” a estas funciones vitales para la supervivencia, relegando a un segundo plano las rememoraciones obsesivas que no son vitales en esos instantes, por lo que el tiempo (o, más concretamente la acumulación de nuevas experiencias) relegan a un segundo plano otras obsesiones del pasado, haciéndolas finalmente caer en el olvido de la memoria a largo plazo.
Mi pregunta para Eric R. Kandel sería la siguiente:
¿Se sabe exactamente el lugar donde se almacena la memoria dentro de las neuronas?
La teoría que yo considero más factible, es que sea en el ADN “basura” del núcleo celular, en forma de cambios moleculares en su estructura o en las órbitas de sus electrones, creando ¿diferencias de potencial?, de forma similar a como se graba una cinta magnetofónica.
¿Hay algo claro al respecto, o todo son simples teorías?.
Un saludo.
11 Abril 2007 a las 7:36 am
Si no he entendido mal, explicas que es la frecuencia de los estímulos lo que genera el interés por el estímulo (o el deseo), pero creo que también es posible un efecto contrario. La alta frecuencia de un estímulo puede producir el astío, eso explica el hecho del divorcio, o la necesidad de cambio de pareja sexualmente hablando.
Creo que la alta frecuencia de ciertos estímulos, puede en un principio crear esa necesidad de la que hablas, pero a la vez generar un rechazo creciente.
Si todos los días como papas con huevos (mi plato favorito), después de una semana estaré deseando comer una ensalada.
Y esto hace pensar también en la morriña (o añoranza, o saudade), la ausencia de ciertos estímulos, genera interés en recuperar ese estímulo.
Creo que lo que comentas es interesante, pero encuentro multitud de contraejemplos.
11 Abril 2007 a las 8:06 am
supongo que tanto la ausencia como la sobreexposición son negativas para el desarrollo de la relación, su continuación y perpetuación.
siempre es interesante entrar al blog, para así, al leerlo, provocar que mi cerebro se ponga en acción, y deje de memorizar datos, hacer esquemas y solucionar problemas triviales.
gracias.
11 Abril 2007 a las 8:56 am
Me permito reexplicar lo de la frecuencia porque creo que se ha tergiversado un poco (espero hacerlo bien y no traer confusión): la intensidad de una sensación (xej. dolor ante un golpe) no depende de la “intensidad” de la transmisión de la señal nerviosa en ese momento, sino de la mayor o menor frecuencia de “microimpulsos” en ese momento.
Por tanto, la conclusión no es, al menos directamente, que cuanto más se ejercita algo a lo largo de la vida, se obtiene mayor capacidad. Creo que lo que pasa es que Punset ha establecido ese paralelismo.
Leyendo libros de Punset, he comprobado que le gusta hacer estos paralelismos entre descubrimientos científicos en general y otros campos (sociología, negocios, etc…). A menudo son paralelismos útiles. A veces los descubrimientos explican directamente el paralelismo utilizado (puede que éste sea un caso). Pero, permítaseme la crítica, creo que en ocasiones los fuerza demasiado y pueden llevar a sacar conclusiones erróneas.
11 Abril 2007 a las 3:28 pm
¿La ausencia física o el olvido?
No puedo investigar sobre ello puesto que no dispongo de la tecnología necesaria, pero la experiencia e intuición me dicen que es el olvido y no la ausencia.
Si recuerdas alguien muy querido, terminas amándolo incluso más que cuando lo frecuentabas, puesto que revives los mejores momentos por encima de los peores.
Felicidades por un blog tan interesante.
11 Abril 2007 a las 9:00 pm
A veces basta ver a una persona una vez para marla toda la vida, basta leer un poema para recordarlo y amarlo siempre, o una canción, de hecho todos sabemos que nada como al frecuencia para acabar con la “magia” de algo, por lo general no es neustro primer amor el que nos acaba acompañando en la vida y sin embargo hay para él un recuerdo inborrable( modiifcado por la necesidad de hacerlo superior en determinados momentos). Y es que la frecuencia tiene importancia, pero olvidar la capacidad del receptor de elegir me parece atrevido. Hay gente que veo con mucha frecuencia y no me producen sentimientos tan extremos, con otras personas si reconozco que no verlas va atenuando las sensaciones, pero ni la distancia ni la proximidad( mayor o menor frecuencia) han influido en mis sentimientos. Claro que la vida no es un experimento, y de la recepción de un estímulo a la abstracción, al trabajo que realiza la menta humana, hay un enorme recorrido.
12 Abril 2007 a las 9:21 am
Y cuantas investigaciones mas habrán que no se consideran transcendentales y sin embargo nos podrían ayudar a reflexionar sobre nuestro comportamiento cada vez mas alejado de lo que debería ser el natural. En vez de empeñarnos a no reconocer que somos primates y necesitamos hacer cosas de primates, como un mayor contacto físico(comunicación táctil), un lenguaje corporal mas libre, el no escondernos tanto detrás de un montón de ropa, perfumes, desodorantes y jabones que anulan la tan básica comunicación química por ultimo la supremacía del lenguaje hablado que lo invade todo. Probablemente evolucionó para llenar un vacío que quedaba dentro de nuestras formas de comunicación, ponerle un nombre a las cosas que todos recibieran y entendieran rápidamente (“¡un tigre!” ). Poco a poco se fue añadiendo adjetivos, verbos……hasta crear un lenguaje extraordinariamente complejo y diverso. Hablar produce estímulos, pero si van acompañados de la otras formas de comunicación, un gesto, coger la mano, etc, estamos añadiendo mas estímulos por diversos canales de percepción = mayor intensidad (una gran cascada hormonal.
Se esta invirtiendo mucho en como se organizan las redes neuronales del sistema visual,
algo realmente ¿Hacia donde va realmente encaminada estas investigaciones?.. inteligencia artificial, robot, animales guiados por control remoto….¿sirve para que nos sintamos mas felices en día a día?
Nos hemos vuelto tan cómodos que preferimos darle vueltas a nuestros recuerdos y obtener emociones de ellos, que vivir algo más real y tratar de obtener emociones nuevas cada día con las personas que nos rodean.
Qué ha sucedido para olvidarnos (la gran mayoría de nosotros), que la frecuencia de un estimulo define la intensidad de una emoción, algo que parecen saber y aplicar muy bien los animales salvajes y las sociedades humanas que viven en contacto intimo con la naturaleza.
12 Abril 2007 a las 9:56 am
No lo puedo evitar señor Punset, cada vez que lo veo, lo leo, o lo nombran,recuerdo una vez que dijo en un programa de redes “cerrad los ojos y pensad en alguien” su cara tan angelical, su gesto sosegado que me estimuló y me hizo pensar
¿En quién estará pensando este jodío tan listo?
12 Abril 2007 a las 6:42 pm
Hola, paso un poco por alto el tema principal y me quedo con las últimas palabras del autor, recordando un texto que leí hace poco sobre la capacidad de metáfora. ¿Por qué en las disciplinas de las ciencias naturales ha habido -y en parte sigue habiendo- tanto rechazo hacia la metáfora? el “mito del objetivismo” sólo puede aportar una visión parcial de la realidad; la parte que la complete tendría que venir introducida por la metáfora, ya que en ella se sintetiza nuestra capacidad de imaginar, de poetizar. Y esas son cualidades tan reales como los números o cualquier sistema abstracto que seamos capaces de proyectar y comprender
(a lo mejor es que en algunos casos resulta más difícil comprender la situación del otro mediante la empatía que comprender una ecuación científica mediante la matemática, después de todo).
En cualquier caso, creo que no esta mal llamar la atención sobre ello, de cara a replantearse (quien no lo haya hecho ya) el papel de la metáfora en las diferentes ramas de la ciencia. El texto al que me refería se encuentra en “Metáforas de la vida cotidiana” (1a ed.1980), de Lakoff y Johnson.
12 Abril 2007 a las 9:38 pm
Manteniendo el paralelismo, ¿será por ello que sistemas como Twitter y su falsa sensación de socializar con otras personas son tan adictivos para muchas personas?
Un nuevo mensaje cada pocos minutos, que dan la impresión de compartir la vida de muchos otros, puede reforzar uno a uno la necesidad de seguir participando en Twitter, o esto ya queda demasiado lejos.
Frecuencia y recompensa, -puede ser que ilusoria, pero agradable- camino de éxito.
Como leer un buen blog como este.
12 Abril 2007 a las 10:58 pm
En cierta forma sí que tenía la certeza de que segregamos o tenemos un estímulo a la hora de estar con las personas y de mantener una relación con ellas. Es como la sensación que puede provocar en los drogadictos la falta en su organismo de ciertas sustancia, cuando nos falta alguien, sentimos su falta, porque nos falta, tenemos la ausencia de lo que generamos al estar a su lado, disfrutando de su compañía.
No es mi caso, y al menos yo además de pensar en cosas a veces más transcendentales no por ello, dejo de lado a las personas queridas.
12 Abril 2007 a las 11:18 pm
Si no existe un mapa dactilar, genético o del iris idéntico a otro, parece lógico pensar que lo mismo ocurre con los mapas neuronales. Y es que lo que fabrica la vida tiene la facultad de conseguir siempre no repetir con exactitud ni una sola de sus criaturas. Ignoro si esta facultad es idéntica en el micromundo, en la construcción molecular y atómica, respecto de tamaños, proporciones, colores, formas, órbitas, cargas eléctricas, longitud o frecuencia o amplitud de onda, etc. No obstante, la vida evidencia una tolerancia suficiente que hace posible que inmensas cantidades de partículas o moléculas distintas se asocien. Las analíticas correspondientes a multitud de individuos demostrarían composiciones bioquímicas dispares, una de cuyas consecuencias sería exceso o defecto, respecto de lo establecido óptimo, en la composición de la señal neurotransmisora en algunos de ellos.
Si nuestras emociones dependen de una estructura neuronal, de un circuito de transmisión biomolecular , de impulsos eléctricos y ondas asociadas., si al final nuestras emociones dependen de esto……………… ¿Cómo es que no comprendemos y aceptamos la ausencia de determinadas y esperadas emociones en alguien a quien, en cantidad o calidad, le falta él o los componentes bioelectroquímicos necesarios para poderla manifestar?
¿Acaso no comprendemos y asumimos que el mendigo es pobre porque no tiene casa ni dinero?
Decir que “el tiempo pasa” es decir verdad, pero no es menos cierto que los que pasamos somos nosotros, como si estuviéramos desfilando mientras él se mantiene firme.
No creo que el tiempo mate el dolor verdadero. Quizás lo adormezca por agotamiento, pero vuelve a despertarse.
Saludos para tod@s
13 Abril 2007 a las 8:18 pm
EstímuloFrecuencia, impulso, intensidad, descarga, correcto pero entorno a la pregunta acerca del amor, no deja de ser sorprendente todo lo que en relación a los mecanismos neuronales se descubre en relación a esta emoción, pero algo tan inmenso como el amor, que como el mar no cabe en la mano de un ser humano, y toda explicación neuronal para esta emoción es inmensamente bienvenida si es capaz de cambiar nuestro modod de vivir, una explicación muy pequeña al lado de algo tan inmenso que no podemos explicar, pero si vivir.
No cambiemos por ignorancia o confusión dos aguas por una, pues todo es lo mismo y cada vez estamos más atentos, como personas preocupadas en la educación y desarrollo de una sociedad más en consonancia con lo que la ciencia puede demostrar y los grandes pensadores y sabios han dicho del amor y la felicidad.
Saludos a todos
13 Abril 2007 a las 8:23 pm
EstímuloFrecuencia, impulso, intensidad, descarga, correcto pero entorno a la pregunta acerca del amor, no deja de ser sorprendente todo lo que en relación a los mecanismos neuronales se descubre en relación a esta emoción, pero algo tan inmenso como el amor, que como el mar no cabe en la mano de un ser humano, y toda explicación neuronal para esta emoción es inmensamente bienvenida si es capaz de cambiar nuestro modod de vivir, una explicación muy pequeña al lado de algo tan inmenso que no podemos explicar, pero si vivir.
No cambiemos por ignorancia o confusión dos aguas por una, pues todo es lo mismo y cada vez estamos más atentos, como personas preocupadas en la educación y desarrollo de una sociedad más en consonancia con lo que la ciencia puede demostrar y los grandes pensadores y sabios han dicho del amor y la felicidad.
Yo le preguntaría como cree, que puede encajarse en los modelos educativos está comprensión de la ciencia de las emociones. Tanto en los maestros como en los alumnos y familias.
Saludos a todos
13 Abril 2007 a las 11:27 pm
Considero que, en cuanto al amor entendido como necesidad-dependencia de alguien o algo, el comentario es acertado. Pero la experiencia del amor como sensación (hay tantas clases de amor como amores posibles y enamorados existan) crea recuerdos que se almacenan en nuestra memoria; estas situaciones, cuando han sido positivas, satisfactorias y placenteras (las negativas producen dolor y esta circunstancia ha sido definida perfecta y sucintamente en el propio artículo) se conservan en nuestra memoria transformándose en una parte fundamental de la construcción de nuestra personalidad y a las que, de forma recurrente, echamos mano para “darnos un momento, unas veces de consuelo otras de placer”. ¿Quién no recuerda su primer amor, a sus seres más queridos, ese verano, esa navidad, esos compañeros de colegio y tantas y tantas situaciones?. Eso si, se liman las aristas más agudas, se redondean y endulzan… ese olor, ese intenso olor a “otros tiempos”. En general y para terminar, es la impronta de “la primera vez que…” la que nos liga para siempre a un afecto, un cariño, un amor que nunca se olvida.
14 Abril 2007 a las 10:00 am
Si el amor queda sometido al análisis de su funcionamiento, como una sensación más. Y somos capaces de abstraernos de nuestros sentimientos, en este este preciso instante, hasta reconocernos como un numero incalculable de átomos coexionados temporalmente. ¿Que sentido tiene, desde este plano, cuestionarse la perdurabilidad de una relación amorosa en la distancia?
Después de leer tus libros, y alguno mas, tras abrir los ojos buscando mas respuestas. Solo tengo la certeza, de que la supervivencia del superorganismo en que nos hemos convertido prima sobre el control o el propio conocimiento de nuestras sensaciones.
Olvidamos para sobrevivir, amamos, olemos, vemos u oímos para perdurar como organismos… si TENEMOS QUE SOBREVIVIR, yo creo poder hacerlo, manteniendo separado el conocimiento de esos funcionamientos con la sensación experimentada. Esto es, si me cuestiono en mi día a día, que lo que veo, es parcial o defectuoso, y con seguridad, procesado en mi memoria de la manera mas cómoda en que necesito después recuperarlo como recuerdo (asociación)… estoy seguro que dejaré de observar a través de los ojos lo necesario para seguir superviviendo.
Necesito, tocar y sentir que toco… sin pensar en que no hay contacto, solo repulsión entre dos cuerpos a nivel atómico. Necesito oler una flor o un perfume y viajar con su aroma a un recuerdo lejano, sin pensar en si ciertas feromonas han activado de pronto una afinidad repentina hacia algo o alguien. Necesito oír música o componerla pensando que lo hago de corazón y no pensando que mejora mi capacidad motora. Y amar, en la frecuencia que sea, pensando en que será eterno… independientemente de que sea una ilusión. Tan irreal, como mi propio sentido del “yo” o tu “yo”, generado por el neocórtex.
Si hablamos de amor, amemos y tengamos miedo a la pérdida, o a la falta de relaciones que dificulten el mantenimiento del amor. Pero si hablamos de su funcionamiento, no temamos por un instante que será del ser humano al perder la frecuencia de contacto con ciertas sensaciones. Puesto que el cerebro las suplirá con otras, o mas cercanas, o de otra índole. Y como sabes, y me hiciste saber, de la misma calidad en su composición como señales de impulsos eléctricos.
Por eso, Eduardo, tengo siempre, como mínimo, dos libros en mi mesilla. Uno, de los tuyos y otro de historia. Y leo, uno u otro, según como cojee ese día mi alma, que se que no existe y que es una invención de esa “servilleta extendida” que viene a ser mi neocórtex.
Gracias por todo tu trabajo. Aunque hoy tu pregunta se formula desde el temor, que es una sensación tan abstracta y figurada como el propio amor que temes se debilite en la sociedad actual.
Admiro profundamente la tarea de traernos las respuestas… a la puerta de nuestras preguntas. Gracias Eduardo.
15 Abril 2007 a las 5:49 pm
Pues cada vez estamos mas relacionados a traves del pantallas, internet, ensajes en moviles, chats, messengers…etc. No se si eso afectara al cerebro emocional
15 Abril 2007 a las 10:33 pm
¿Necesitamos el amor?. O, como uno de sus títulos reza, me pregunto: ¿Está el alma en el cerebro?. Me gusta pensar que somos lo que en su día dijo Carl Sagan, “polvo de estrellas”.
17 Abril 2007 a las 1:32 am
Sin duda las relaciones interpersonales son las que da jugo a la vida
Saludos!
17 Abril 2007 a las 8:01 pm
Hola, una vez más entro en el Blog de Eduard y después de leer muchos comentarios, más me sorprende la capacidad de raciocinio de todos-as las personas que dejan sus reflexiones, opiniones, pensamientos, etc…, siempre de busqueda de aquello que desconocemos y nos gustaría entender o comprender lo que nos mueve, que debe ser conocernos más y mejor. Los pensamientos son los responsables de nuestras emociones y según vayamos organizando o regulando determina nuestra conducta, en relación con los demás y con nosotros mismos. Desearía añadir, la importancia de la AUTOESTIMA, nuestra fuerza motriz de funcionamiento en las relaciones humanas. Cada persona conversa consigo mismo, con una frecuencia permanente y continua, donde el sentimiento de rechazo o aprecio es determinante para nuestra AUTOVALORACION. Las pequeñas cosas, llevando una vida ATENTA, nos adiestra a que nuestras relaciones sean mejores, o no ??? Un saludo a todos-as.
17 Abril 2007 a las 10:47 pm
Antes que nada: mis respetos y felicidades por tan bella labor.
Leyendo los datos científicos me admira cada día más la ciencia y me encajan muchas cosas de la vida cotidiana pero hay otras que se me acaban de desencajar del todo y me hacen preguntar cosas que tal vez no tengan mucho que ver pero me apetece compartir.
¿Dónde quedarían, por ejemplo, aquellas personas que enviudan y semana tras semana, año tras año visitan cementerios; no desean volverse a casar, etc. no por una mala experiencia sinó porque siguen teniendo emociones por aquel que se fue? ¿Habría algún “poso” de emociones para el roce? Me refiero a “si llevas X años teniendo roce con alguien, esa “marca” queda ahí de forma inamovible o ¿habrían otros elementos?”.
¿Debo entender el “roce” como contacto físico real? Si es así ¿cómo se explican las relaciones intensas que muchas veces se dan sin contacto? (hablo de internet).
¿Y las malas experiencias con respecto a las buenas? Por ejemplo… Un amigo que se marcha a vivir lejos y ya no vuelves a saber de él no sé por qué me da que lleva un proceso de elaboración mucho más rápido que un amigo que deja de serlo por algún acontecimiento negativo. ¿Las personas con más relaciones personales negativas tardan más en eliminar ese “roce” de sus registros que las que las tuvieron positivas? ¿Cómo se explicaría eso a nivel bioquímico?
¿Qué papel jugaría la monotonía?
¿Y los ídolos que jamás fueron conocidos directamente y no se tuvo ningún tipo de roce… ¿qué mecanismos se activarían? Y al hilo ¿hay edades “más sensibles” al “roce?
Tal vez no tenga mucho que ver pero al leer el artículo se me agolparon en la cabeza.
Un saludo cordial
17 Abril 2007 a las 11:38 pm
Uno de los estímulos principales -si no el que más- no ya de la vida cotidana sino contra ella por ser superador de ese concepto temporal, es el amor.
¿Qué noticias hay del amor en esta época de legislación del deseo? le preguntaría a Eric R. Kandel.
El amor empieza con un encuentro, un choque frontal de trenes de deseo inútilmente vigilados. Sigue con la desaparición de los demás y lo demás, con su retirada al limbo, y con la construcción de algo nuevo que se hace con una intensidad vital excluyente de otros menesteres. Ese proyecto nuevo es un compromiso a través del cual, desde el Eros griego, se descubre algo de verdad personal.
Amor en tiempos disueltos
18 Abril 2007 a las 9:12 am
Creo que esto se llama deshumanización: y ahora voy a hablar de otros estímulos: nuestra vida cotidiana es muy distinta a la de Newton cuando “vio caer la manzana”: es decir: andamos (la mayoría) con prisas, carreras, trabajo… actividades extraescolares,… nuestra vida y nuestra mente va a toda pastilla.
Un día vi en un documental que la mente cuando es más creativa se encuentra en un estado de PAZ, de ahí la anecdota (seguramente falsa) de Newton senntado bajo un árbol cuando le calló la manzana: ¿qué hacía? no tenía que ir a currar?. a llevar a su hijo al cole, a cursillos de natación?… a jugar un partido de padel? NO. Estaría “en sus cosas”…
Tiene que ver esto con su blog, señor Eduard, porque entiendo que hoy día estamos dentro de una maquinaria esclava del tiempo (o lo que nosotros llamamos “tiempo”, pues para mi no existe): es su fuente de energía, todo lo hacemos en base al tiempo que tenemos: eso mata toda capacidad metafórica, de todo cerebro; mata todo aquello que no este regulado por el tiempo (meditar, vagear, soñar, reflexionar, dialogar,….) esto ha provocado unas pautas de pensamiento y comportamiento deshumanizantes: “no te puedo querer,… no tengo tiempo…”
por poner una comparación: es como si el hombre viviera dentro de una pecera que el mismo se fue construyendo: es peque ña pero al reflejar sus paredes de cristal lo que él ve parece mayor y lo que ve está deformado… y lo peor es que piensa que eso que ve es la UNICA realidad, y ya no se acuerda de cuando vivía en el exterior y percibía parte de la realidad de fuera,… y esa realidad le dejaba reflexionar, crear, …. porque estaba fuera de SU pecera en la que “nunca tenemos tiempo”..
18 Abril 2007 a las 9:14 am
Perdón, no se me ocurre nada que preguntar a su amigo fisiologo, pero intentaré ver la entrevista,… si tengo tiempo,… SAludos, y gracias por esta página.
Es usted peculiar, pues pide consejo a la gente…
18 Abril 2007 a las 11:26 am
Si tenemos en cuenta cómo funcionan las conexiones neuronales entre amígdala (emociones) y neocórtex (pensamiento consciente), más “fluidas” de amígdala a neocórtex que a la inversa (lo que parece explicar la contundencia de las emociones en nuestras vidas y la dificultad para controlarlas desde la razón) se me ocurre explicar el que unos enamorados puedan remitir a las kalendas griegas el roce de sus labios como una decisión tomada desde una “poderosísima” razón, capaz de imponerse a la emoción. ¿Conocéis muchos enamorados que se comporten así?. Quizás no estén en verdad enamorados. O quizás necesiten desaprender para vivir de acuerdo a sus emociones, si eso es lo que quieren. Al final, se trata de una decisión. Cada cual establece lo que es trascendental en su vida. Creo que uno es más feliz cuanto más puede vivir sumergido en aquello que para él es trascendental. Por tanto, algo siempre muy personal.
La luz que nos aporta el conocimiento a nivel biomolecular y fisiológico del cómo les sirve a algunos (los más afortunados) para reafirmarse en sus comportamientos, ya adoptados de forma intuitiva. A otros, para cambiarlos. Y a otros para vivir en el conflicto. De nuevo, cada cual debe decidir cómo quiere vivir.
Besos a todos.
19 Abril 2007 a las 6:40 pm
Hola, de nuevo, parece que todos hacemos juicios de valor con la parte emocional de nosotros mismos e influidos, más o menos, del aprecio o rechazo que los demás. Escribir en este blog de Eduard, tiene la gratitud de leer pensamientos, reflexiones de otras personas, pero la duda es : ¿ Diríamos algunas afirmaciones, con tanta contundencia, si nos vieramos las caras ? o ¿ Nos protegeríamos más de determinadas afirmaciones ? ¿ Disfrazamos una realidad cotidiana dura con ilusiones llenas de esperanza ?? En hoja en blanco, con un punto negro en el centro, vemos muchos, el punto oscuro. ¿ Por qué ? Cuando en general somos personas optimistas o no ?? Acaso deberíamos hacer una autocritica razonable, no de desprecio, hacía frecuencias de mejor sintonía con la realidad de cada uno. Un saludo cordial para todos-as.
23 Abril 2007 a las 12:10 am
Primero quería saludarte Eduard , celebro siempre poder disfrutar de tus conocimientos e inquietudes. Sin duda considero este tema como principal. El hombre siempre intenta o pretende amar y ser amado, pero claro el amor hay que crearlo, se va construyendo, es revelado en la medida en que lo generamos, lo estimulamos. En este sentido estoy de acuerdo con estas aproximaciones científicas, hay que propiciar las situaciones y los motivos para amar , hay que crear las condiciones ,Esto es al niño hay que acompañarle en su camino ,en sus primeros pasos, darle pretextos crearle un ambiente y propiciarle afectos con los que conectarse con la vida. La vida ante todo es actividad, la creamos nosotros , al menos la podemos determinar , somos consciència y energia y debemos transmitir esta energía a la persona que nace que se hace y que se tiene de desenvolver.Tenemos un deber y una responsabilidad en este mundo fundamentar el amor en nuestras consciencias.
24 Abril 2007 a las 12:22 am
Tot això està molt bé! Realment creus que són necessàries tantes paraules, tants premis, tants científics… per adonar-nos de tot el que passa al nostre entorn? No penses que guiant-nos més pels instints, per les sensacions, pels estímuls, per les vibracions… -telepatia inclosa- som molt més feliços? Si al cap i a la fi no deixem de ser animals! Racionals? -Ho posaria en dubte-… PEr quina raó ens guiem? Una formiga entèn més de llibertat que l’home -suposadament lliure-
No calen, no calen pas les paraules… Suposo que per això les seguim utilitzant, imagino que per desembolicar la troca… Què déu ni dò com l’han anat liant… I seguim encara escribint, confiant en el demà, ja és molt! Ja ho és tot!
Un abarçada Eduard! Ets un mònstre del pensament!
Astèrix
24 Abril 2007 a las 7:17 pm
Hola, Eduardo:
Para la vida cotidiana, esa que parece tan poco dispuesta a ofrecernos estímulos supuestamente excitantes, generalmente aplico una modesta teoría de micromotivaciones bastante efectiva. Tanto que a las personas que conozco les suele funcionar y comentan que se sienten en general con mejor ánimo a pesar de que sustancialmente no ha cambiado nada en su vida. Pero ese es un error de apreciación, porque el cambio ha sido justamente en la sustancia de uno mismo. Y de la aplicación sostenida de este mecanismo micromotivacional pueden derivarse beneficios insospechados.
A Eric R. Kandel le preguntaría si se ha comprobado experimentalmente los beneficios de diversificar y complementar micromotivaciones (puede servir ver a alguien con quien te llevas muy bien, leer un diario, dar un paseo, etc.) en la mejora sustancial del estado anímico, como si de un chorro de aspersor se tratara que nos refresca sin inundar; alegría sin euforia desmedida.
Un saludo
25 Abril 2007 a las 11:55 am
Celebro que el cerebro se celebre aquí tanto. Yo, en cambio, me guío por el corazón, por el sentimiento. Creo que se le da una importancia a la masa encefálica(y a la fálica) que realmente no tiene. Al menos no tanto. Uno va al médico con un dolor de nariz y, al no saber su causa, el doctor puede decirte que eso es psicológico, que lo provoca tu mente.
La mente, la mente, ese cajón desastre de tópicos y de culturetas que le asignan todo aquello que desconocen. Yo creo que en todas las épocas ha habido sujetos con un cráneo privilegiado, como Fleming o Edison, pero lo que caracteriza al común de las personas es la superficialidad, cuando no la memez. Y si no vean las últimas tendencias en moda, por ejemplo.
¿Cuántos científicos hay en el mundo?,¿cuántos son los descubrimientos realmente importantes? Algo falla. Me quedo con la poesía.
Un saludo.
25 Abril 2007 a las 1:12 pm
Estoy de acuerdo contigo, pequeño Richard: Sí, algo falla. Pero ese “algo” debe ser complejísimo porque ha estado presente siempre con la Humanidad y sus generaciones.
Un psicólogo, por serlo, no deja de ser un ser humano más entre los demás. Es decir, falla y acierta. O al revés.
Un corazón gravemente enfermo puede escribir poesía gracias a su cerebro-mente que lo ayuda a seguir latiendo. Un corazón sanísimo no podría hacer lo mismo si dependiera de un cerebro sometido gravemente a una enfermedad como, por ejemplo, al alzhéimer.
Saludos
25 Abril 2007 a las 6:15 pm
Memoria y amor son dos conceptos que nunca me había detenido a relacionar y sin embargo, gracias a este post y analizándolo bien, me doy cuenta de que no pueden ir el uno sin la otra. Para amar a alguien hay que recordarle, recordar las cosas bellas que te ha dicho, los detalles que ha tenido contigo, las amables palabras que te ha dirigido, los lindos momentos pasados juntos. Y si la persona amada ya no está junto a ti y aparece el olvido y lo borra de tu memoria, entonces… el amor se desvanece. Pero, por suerte, siempre hay personas a quien amar y depende de cada uno, provocar esa frecuencia de impulsos que usted menciona, dedicando tiempo día a día, tiempo de calidad a las personas que amamos. El amor es esencial para ser feliz y tener una buena calidad de vida. Muchas felicidades por su trabajo y su blog.
26 Abril 2007 a las 8:28 pm
Gracias, Asterix, por haber escrito tu opinión en catalán, libremente: de esta manera me vetas para saber lo que opinas, porque no entiendo el catalán, si bien tengo la certeza de que tú sí el castellano. Por eso tu radio de diálogo se restringe a los que sepan catalán: una medida bastante acientífica: lo curioso es que tú sisabes lo que yo opino, pero yo no sé lo que tú opinas…. creo que es una manera de incomunicarse, con todos mis respetos.
Perdón por salirme del tema, pero me parece sumamente importane que alguien que entra en una pagina para compartir conocimento y opiniones, se autorrestrinja. Gracias y perdón al que haya podido sentirse ofendido, nada más lejos de mi intención.
26 Abril 2007 a las 11:42 pm
Creo que el enamorado que se aleja por una temporada, provocando una disminución en el amor que sentimos hacia él, es que no es muy enamorado.
Digo esto, porque el amor que sentimos por un hijo, por ejemplo, no cambia, aunque el hijo esté distante por mucho tiempo.
También quiero recalcar que no todos los estímulos que recibimos de una persona son estrictamente presenciales. Hoy sabemos que la energía del pensamiento, por ejemplo, puede llegarnos. Con lo que quizás, ese enamorado que se ha alejado por un tiempo, no es que estuviera pensando mucho en nosotros….así, el amor se diluye.
27 Abril 2007 a las 11:57 am
Elogio de la pasión.
Dice Acm:”Un corazón gravemente enfermo puede escribir poesía gracias a su cerebro -mente que lo ayuda a seguir latiendo”. Y por qué no es el corazón el que ayuda a vivir al cerebro, por qué no es ese maravilloso y continuo bombeo el que da vida a la mente con su amor, su sangre.
Acaso cuando nos enamoramos no convertimos los defectos del otro(visibles para todos menos para ti) casi en virtudes, o le quitamos importancia a los errores de la persona amada; por qué nos engaña ese mecanismo perfecto llamado cerebro.
Desde este punto de vista sin duda ganaría la batalla el sentimiento.
Los criterios científicos varían pero el sentimiento verdadero es invariable en cualquier época histórica. ¿No eran científicos los que propugnaban la eugenesia?, ¿no eran científicos los que firmaron manifiestos sobre la raza hace dos días?, y así sucesivamente…
Una joven de la burguesía catalana asistió a una exhibición de lucha libre y allí conoció a un fornido sudamericano, chileno creo. Su corazón le pedía estar junto al joven y viceversa, pero al comunicarlo en casa la familia de la joven enloqueció al comprobar la condición humilde del luchador libre(qué bonito, luchador y libre).
Al principio intentaron hacerla recapacitar, “piensa con la cabeza, hija”, y al no surtir efecto le comunicaron claramente que si se largaba con él no volvería a ver jamás ni a sus padres ni a sus hermanos, y nada de dinero ni de vida acomodada.
La joven pensó y pensó, y al final se abandonó a su corazón. Esto no es un cuento, es una historia real aunque pueda resultar increíble para esta conciencia socialmente “razonable” en que vivimos.
Un saludo. Ah, señor administrador, la censura es uno de los peores oficios del mundo, y un blog con censor limlta la libertad de opinión, así que quizá no vuelva y eso que ganarán ustedes. No quite ni una línea, ande, hágalo por usted. Gracias.
PD Resumen en una estrofa:
Mi querido/a Acm,
no temo la discusión,
lo que este poeta teme
es no oír su corazón.
Saludos.
28 Abril 2007 a las 12:08 pm
Hay un punto débil en el parrafo “Estoy sugiriendo que lo que está en el origen de una sensación “ya sea visual, táctil o auditiva, los ladrillos del amor- es indiferenciado. Lo único que cuenta es la frecuencia de los impulsos y los canales de comunicación utilizados”. Y es que la sensación puede provenir de la rememoración de la sensación primaria y por tanto prolongar la vida del sentimiento indefinidamente. Precisamente en las sensaciones que impactan en la persona -enamoramiento, trauma- la rememoración se produce ya sea por que se obtiene placer o advertencia de peligro. Y pasará tanto más y se reforzara tanto más cuanto más haya impactado en el individuo el estímulo inicial. Este proceso puede alterar el sentimiento para adaptarse a la situación actual del individuo y por tanto evolucionar con el tiempo, hasta que al final quizás difiere tanto de la realidad que puede ser que el individuo se da de bruces con ella.
¿Hay alguien que haya estudiado las curvas de decaimiento de la sensación a lo largo del tiempo? ¿Dependen y cómo del estimulo -naturaleza intensidad,…-, del individuo -edad, educación, época, grupo social,..-, de la aceptación personal y/o social de ese sentimiento, etc..?
28 Abril 2007 a las 12:33 pm
estoy de acuerdo con usted sobre la frecuencia de los estímulos para definir la intensidad de las emociones pero….¿Cómo podría definir uno la experiencia de la distancia física donde se suponen que los estímulos desaparecen y vuelven a aparecer en el rencuentro? entonces ya no hablaríamos de frecuencia , como por ejemplo el apasionado reencuentro de unos amantes después de un periodo espacio/temporal.
28 Abril 2007 a las 3:28 pm
Creo que los avances científicos no van acompañados de avances en materia humanística/social por así decirlo(aunque cada vez más se intente arreglar). Luego el problema es que hay demasiada especialzación en todos los campos. La riqueza, supongo, está en ser interdisciplinar. Y esto contrasta con el afán actual de crear estereotipos : tu que eres de ciencias o de letras? estudias o trabajas? etc…
En relación a lo expuesto lo interesante, a mi parecer , seria plantearle al señor Eric Kandel el tema de la interdisciplinariedad puesto que posee conocimientos muy elevados en materias tan diversas(que no lo son) como la neurofisiologia y la psicologia(entre otros).
saludos
28 Abril 2007 a las 5:32 pm
Mi pregunta, ¿ a que distancia está el amor?
Es una delicia leerte, a pesar de mi ignorancia, puedo hasta llegar a comprender casi todo lo que escribes.
Muchos besos y gracias.
30 Abril 2007 a las 5:09 am
Hola
Sencillamente, darle las gracias por lo bien que nos enseña e informa en su programa de televison, Redes, y en sus libros. Le sigo desde hace varios años y me gustaria que la persona encargada de la television decidiera cubicar este tipo de programas en unos horarios mas acordes en vez de la madrugada, pero en fin asi es la television, que para ver un muy buen programa hay que grabarlo en dvd o quedarse despierto con el handicap de llegar tarde al curro, caso que no es el mio porque yo trabajo de noche y cuando puedo me lanzo sobre la tv para seguir aprendiendo de usted, muchas gracias.
8 Mayo 2007 a las 5:42 pm
“Lo que no sabíamos es que la ausencia física durante mucho tiempo mata el amor. ”
…….. ¿no lo sabíamos? Yo y millones de personas mas en el planeta si que lo sabiamos.
Quiza vd. no.
14 Mayo 2007 a las 6:11 pm
!El espacio y la distancia son relativos!
En cuanto a mi respecta, la distancia hace que las relaciones se fortalezcan!!
6 Junio 2007 a las 3:55 pm
¿No deja este pequeño artículo, al amor como una mera cuestión gris que es posible anular o medir en una tabla?
6 Agosto 2007 a las 1:06 am
Estoy deacuerdo en la importancia de la frecuencia, sobretodo en la frecuencia de pensamiento. Todo depende en gran medida en la frecuencia en que nuestra mente piense en ello. Ahora bien, se puede controlar en que frecuencia queremos pensar en algo? Por ejemplo, si yo pudiese ser dueño de pensar las veces que quisiera en mi pareja, tendria dominio sobre si quiero estar enamorado o no de ella? Seriamos entonces realmente dueños de nuestra vida? Supongo que es algo casi imposible reservado a algunas personas que han dedicado enteramente sus vidas a conseguirlo.
9 Agosto 2007 a las 2:05 pm
angel, permite me decirte que es cierta parte es así, para mucho inconscientemente, para unos pocos (y me aventuro a decir infelices en cierto aspecto por ello)
usare como ejemplo el sabor de un determinado alimento
es fácil reconocer aquellos “patterns” en los que a una determinada persona no le gusta algún alimento por que en su mente lo imagino como “asqueroso”, asi la primera vez que lo pruebe, sentirá con mayor intensidad la materialización de sus ideas que el propio sabor del alimento en cuestión
nuestro nivel de abstracción para re-hacer los recuerdos que tenemos de cierta cosa es una herramienta que podemos utilizar para conseguir que nos gusten alimento que no nos gustaron un tiempo atrás (a mayor tiempo, mayor es dicho poder) y descubrir unos nuevos primeros sabores
por supuesto tratando temas como el amor, la cosa se torna mas difícil. Ocasionalmente se ven parejas que después de un tiempo separados han vuelto juntos y se les oye decir, “he visto ahora cosas en el/ella que no había visto antes…”. No sera acaso que durante el tiempo que estuvieron separados consiguieron formar una idea sobre la otra persona,no necesariamente cierta, y es ahora la materialización de dicha idea en la cual están viviendo (recordemos que gran arte de lo que vemos y oímos no proviene de nuestros sentidos sino de nuestro análisis de lo que suponemos real)
y si podemos tener dicho poder con un alimento con un simple esfuerzo, que nos impide tenerlo con cuestiones mas importantes como el amor, y aquí la explicación a mis palabras iniciales, la infelicidad reside después en la pregunta :: la quieres por que realmente la amas, o por que has decidido amarla ???
(personalmente, 25 años, tan solo hace unos 5 o 6 conseguí empezar a degustar algunos alimentos que anteriormente me producían repugnancia, ahora me veo entrando en la fase que arriba comento, quizás lo verdaderamente difícil es querer ser dueño de tus sentimientos)