Autor: Eduard Punset 31 octubre 2010

Si me pidieran la causa de que los españoles tengan que pagar ahora a sus acreedores bastante más que otros deudores europeos, como los alemanes o los franceses; si me requirieran ahora para que explicara los malos resultados escolares de los españoles, comparados con los del resto de Europa; si tuviera que detallar las razones históricas de que hayamos tratado al resto de los animales tan mal o peor que a las personas y, en todo caso, peor que en los demás países de Europa, aduciría, por supuesto, el aislamiento histórico del que fuimos protagonistas durante gran parte de nuestra historia moderna pero también y sobre todo nuestra costumbre inveterada de hablar más de lo que escuchamos.

Aquí, casi todo el mundo tiende a explicar las razones por las que merecería estar en los altares; los argumentos esgrimidos frente a los que no quieren escuchar nuestro discurso; los detalles de comportamientos supuestamente desinteresados o de amor al prójimo; en definitiva, los pormenores que explican el que las cosas no sean como parecen y nuestras conductas, un dechado de virtud. Muy pocos quieren, por el contrario, escuchar a los demás. Éste es un país en donde no interesa lo que piensan los otros porque lo único que cuenta es aquello de lo que uno está convencido. “Y ahora me vas a oír –dicen–, por si no te has enterado.” ¡Tantos oídos pegados al móvil en la calle!

Ocurre en la vida de la pareja, en el sistema educativo y en el corporativo. En la construcción del nido que soporte la convivencia de mujer y hombre se pasa casi todo el tiempo intentando convencer al otro de algo. Él suele llegar enfurruñado y plagado de resquemores. Ella, sencillamente, no da abasto, puesto que ni los maridos, ni la sociedad ni el Estado se han enterado todavía de lo que supone hacer frente, a la vez y sin ayuda de nadie, al cuidado de los hijos, al trabajo, de fuera y de la casa; con el añadido, en un número creciente, de responsabilidades políticas hasta hace poco reservadas a los varones. No queda tiempo para escucharse uno al otro.

Saber escuchar no es algo que dependa únicamente de nuestra capacidad auditiva (imagen: usuario de Flickr).

¿Cuántas veces, al cerrar la puerta de mis clases de economía, tecnología o gestión emocional, no he constatado que había soltado mi rollo, en lugar de estar atento a lo que podía interesar a mis alumnos para ayudarlos a construir su futuro individual? Ya sé que esto no es fácil, porque no lo es conciliar la imparable personalización de la educación con la gestión colectiva normalizada en función de patrones heredados.

A nivel empresarial ocurre tres cuartos de lo mismo. ¿Alguien escucha atentamente al otro para descubrir fórmulas de trabajo más cooperativo? ¿Métodos o estilos más innovadores para solventar problemas? Además de analizar los procesos productivos, ¿hay algún jefe de departamento interesado en descubrir si sus empleados tienen la sensación de que son dueños de su trabajo, de que algo controlan de la empresa, o de su vida?

Recurro a una dentista para el cuidado de mi boca que es la mejor profesional que he conocido. Yo sé bien que con la boca llena de aparatos lo último que uno puede hacer es hablar; pero esto no es excusa para que ella no pare de explicar cómo se comporta el resto del mundo. Seguramente, hablamos en exceso y no escuchamos suficientemente a los demás, cuando por su experiencia o sentimientos experimentados nos podría interesar.

Casualmente, los neurólogos están constatando algo que sospechábamos: el cerebro gasta menos energía en observar el mundo exterior –las dimensiones y señales codificadas que le revelan lo que ocurre fuera son pocas y malas– que en elucubrar, experimentar e imaginar; si hablamos todo el rato, no puede hacerlo.



170 Respuestas to “Hablamos en exceso y no escuchamos lo suficiente”

  1. Descubriendo el juego de la vida:

    Bueno… creo que vivir en una ciudad es como vivir aislado de la gente aunque es todo lo cotrario (porque estamos rodeados de personas) pero a la minima cosa que nos suceda todo el mundo hace oidos sordos. Todo lo contrario ocurre en las zonas alejadas, en los campos donde no hay mucha gente pero siempre hay alguien presente cuando lo necesitas…
    Aveces escuchar es dificil porque siempre estamos preocupado de nuestro mundo nada mas.

  2. Elena:

    He reflexionado sobre el post y los comentarios.
    Pienso que hablar es dar las asociaciones que uno elabora sobre el mundo propio y escuchar es recibir las asociaciones que hace otro y que pueden ayudar a entender mejor el mundo propio. Dos mundos propios interaccionando.

    Creo que se pueden hacer dos grandes grupos respecto a la manera de escuchar y las necesidades al hablar. Uno sabe escuchar como cree que seria apropiado para las propias necesidades, pero hay dos extremos entre los que oscilamos todos y a veces fallamos al identificar que tipo es nuestro interlocutor o que necesidad tiene en ese momento.

    Me explico:
    1- está la necesidad de ordenar el propio pensamiento hablando. Cuando uno no sabe exactamente lo que piensa siente hasta que lo empieza a expresar, necesita un oyente más bien pasivo, que demuestre respeto por el proceso y nos regale su tiempo. Al final del proceso unívoco con suerte, sale algo que puede beneficiar a los dos.
    Ordenar pensamientos cuesta mucha energía de la cual se benefician los oyentes pasivos si tienen la suficiente paciencia.
    El extremo de este proceso es leer. Cuando leo soy “oyente pasivo” y me beneficio si el libro me interesa. Cuando escribo soy “emisor activo y unívoco” y necesito no ser interrumpido hasta que acabe de “ordenarme”.
    En una conversación de este tipo, es muy delicado encontrar el equilibrio para ambas personas.

    2- Otra necesidad es la de compartir pensamientos ya elaborados y enriquecerlos mediante el intercambio con otra persona. Este proceso es más complejo, porque a priori ninguna de las dos personas tiene garantias de la dirección en la que acabe la conversación. Hay dos partes activas, hay interrupciones, se desvian los temas según las asociaciones que haga el otro. Una conversación de este tipo mantiene despierto el interés de ambas personas pero requiere una gran inversión de energía por ambas partes y puede resultar agotador.

    Según la propia personalidad, uno está más capacitado para escuchar de una u otra manera, que lamentablemente no siempre es la más adecuada a la necesidad del que habla.

    Paso a analizar las “mezclas”

    Activo-Activo: puede ser muy enriquecedor para ambos si “conectan bien” y sus asociaciones-intereses son a priori similares. Agotador si no es asi, puesto que se interrumpen mutuamente y pierden el hilo continuamente.

    Activo-Pasivo: bien si el tema que expone el activo es a priori de interés para el pasivo, ya que entonces el activo se ordena a si mismo y el pasivo puede enriquecerse de las reflexiones del otro (extremo positivo, un buen libro). Pero frustrante para ambos en el caso de que el pasivo no tenga interés y no sea capaz de expresarlo, ya que el activo se pierde en asociaciones infinitas y siente que “habla con la pared” y el pasivo se siente abusado y pierde su tiempo.

    Cuando la comunicación no funciona bien con alguien, creo que es importante preguntarse: Que puede y quiere darme esa persona? Que necesita de mi? Que puedo y quiero darle ahora mismo?

    Teniendo esto claro, se puede “sintonizar” para optimizar el beneficio mutuo.

    Si las diferencias son muy grandes; si no puedo dar lo que el otro necesita y no recibo lo que necesito yo, es mejor despedirse con respeto.

  3. nachoascanio:

    Hablar… escuchar… No se si estoy en lo cierto o no… pero en mi caso, cuando quiero decir o escribir algo es como si tuviera un programa automático incorporado “no de serie” en mi cerebro que se encarga de la colosal tarea de traducir de pensamiento a palabra. Y este programa se llama idioma. No se si me explico… (Los puntos suspensivos son una pausa, por favor no la aprovechen para interrumpirme) Es como si tuviera unos complicados esquemas en mente de lo que quiero decir… como si observara un cuadro abstracto en una habitación no muy bien iluminada del cerebro. Muchas veces la explicación apropiada no llegó a tiempo y se me ocurrió un buen rato después de terminada la conversación. La palabra, por suerte y por desgracia, es automática una vez que has aprendido bien el idioma. Por suerte que no tenemos que construir las frases como si estuviéramos aprendiendo un nuevo idioma… y por desgracia, porque es un programa que es a la vez virus y antivirus… un programa que se actualiza automáticamente a diario, cada vez con operaciones mas complicadas, y que se bloquea con demasiada facilidad cuando el hardware no es lo suficientemente avanzado o evolucionado… Uno de los mayores fallos que tiene es el de “irse por las ramas”. Fallo que se produce con mayor facilidad, y frecuencia, al escuchar, que al hablar… pues es este mismo programa que nos han instalado “no de serie” el que se usa para traducir de palabra a pensamiento, es decir, al escuchar.
    Al escuchar utilizamos el mismo programa para seguir pintando en ese cuadro abstracto que tenemos en la mente. Un cuadro que, por mucho en que se parezcan los colores, será muy diferente al de la persona que escuchamos. Lo triste es que poco podemos hacer para mejorar este programa pues se instala en la infancia y las actualizaciones no dan abasto. No podemos hacer nada aparte de en nosotros mismos… leyendo mas y hablando menos… o de en nuestros hijos… hablando correctamente con ellos, procurando no salirnos por las ramas mas de la cuenta y si nos salimos volver antes de que se parta la rama y olvidemos de que estábamos hablando, para así enseñarles tanto a hablar como a escuchar. Y sobre todo la difícil tarea de escucharlos y corregirlos cuando ellos se salgan por las ramas… o no sean capaces de expresarse correctamente.
    Está claro que el programa utiliza más energía y se bloquea con mayor frecuencia al escuchar y es que la función principal por la que se creó el programa fue la de expresarse… ¿Qué fue primero el huevo o la gallina? ¿Qué fue… hablar o escuchar? ¿Cuáles fueron los comienzos de los idiomas? ¿Habrá sido el confundir un grito de socorro con uno de peligro, con lo que quien tenia que socorrer salió corriendo en dirección equivocada? En fin… aquí tenemos nuestro querido idioma… Al que llamamos lengua y no oreja.
    Habría que hacer muchos experimentos con esto… por ejemplo con los taxistas que escuchan tanto la radio y la emisora mientras otros ven la televisión. Se debería escuchar mas radio, invertir mas talento en la radio y menos en televisión. En la radio casi todos los monólogos tienen un color especial que nada tiene que ver con los monólogos de, con perdón, payaso ingenioso que se ven por televisión… Hoy en día se escucha la radio sin problemas por internet.
    “Mas radio y menos telebasura es lo que parece que falta en españa”
    Con respecto a la diferencia con el resto de Europa también juega un papel muy importante, no solo este famoso programa de traducción que es el idioma, y que en España es tan rico y variado, sino también el clima. España tiene un clima más alegre que muchos otros países y la gente sale mas a la calle… es por esto que es más ruidosa… y cuanto mas ruido mas hay que levantar la voz.
    Si… es cierto que tenemos dos oídos y una boca pera la realidad es que los oídos son para escuchar la naturaleza y la boca es para comer y, como decía, el idioma es lengua antes que oido. Me hizo gracia un comentario de más arriba… “menos mal que no es al revés y tenemos un oído y dos bocas” entonces no se callaría la gente ni comiendo, con la boca llena, cosa que a mas de uno le cuesta sudores… En casa de mi padre las horas de comida eran sagradas… Hay que empezar por masticar con más tranquilidad los alimentos para escuchar lo que se nos dice sin oportunidad de abrir la boca.
    Me da la impresión de que el gráfico evolutivo del idioma es una curva… Se llegó al máximo nivel de eficacia hace mucho tiempo y a partir de la edad media comenzó a degradarse… mas transportes que mezclen los idiomas… mas ruido… mas prisas… mas población… como no demos un giro vamos a terminar ladrando como los perros… Y parece que en lugar de un giro estemos construyendo la torre de Babel con tanta globalización y tanta testarudez… Ya escribí algo en otra ocasión… “La inmigración es como un rio, cuando está por debajo de su cauce es fuente de progreso y bienestar (En el caso del rio es progreso de los pobres y campesinos, en el de la inmigración es progreso de los mas ricos esclavizando algo mas la mano de obra) pero cuando se desborda solo trae desgracias. La lluvia de inmigrantes desbordará el rio… es matemática pura… esto parece el diluvio universal”. Escuchadme y no malinterpretarme, no culpo a los inmigrantes sino a los que manejan los hilos… tanto en los países emisores como en los receptores.
    El ruido… A medida que avanza la tecnología aumenta el volumen de la música y disminuye el de los coches… bueno ya me estoy yendo por las ramas… ¿O no?
    Yo desde hoy, voy a leer “El quijote”, en silencio (Si me dejan los vecinos), por las noches y a escuchar la radio por la mañana… Primer paso… buscar la programación de la radio y las actualizaciones para el software del oído.
    Saludos.

  4. Balsa:

    Pues debo llevarte la contraria, Elena. Qué mejor manera, pues, de que me escuches.
    1. La conversación dura toda una vida, y no todos están dispuestos a “malgastar” o invertir esfuerzos en un tema tan… contradictorio (pues la ignorancia, en cierto modo, sí da la felicidad). La amistad, sin duda, si es que no se llega al final al Amor. Pero entre dos, siempre hay uno que necesariamente tiene que sacrificar (el interesado, quien inicia la conversación) más que el otro, y suele ser -tu pensamiento- una muestra de que, quien se rinde antes, no es el otro, sino el interesado; quien debe tener más paciencia aún. Parece contradictorio, pero es lo mismo que no dejar hablar al otro. El “equilibrio” tal vez sea la humildad del interesado en que se escuche también al otro. “Estáis hechos de egoísmo y vanidad, pero hay algo en vosotros que me conmueve” -que diría el heraldo de Galactus.

    2. Antes quizá; cuando no había tanta información, volando por ahí. Cuando un aldeano se encontraba con otro sí había “esa necesidad de compartir pensamientos y el necesario acto de compartir información”, pues lo que ocurria en un lugar sólo era conocible a través de una boca a un oído; bien cuando se cruzaba un viajero, o cuando se enviaba a un mensajero para informarse. De ahí que se despierte el interés (actualmente es más bien cotilleo que una necesidad mística y de aprendizaje -pues hoy, si no te lo cuenta Punset o lo lees en la red, o en el telediario o prensa, por lo general te miran mal; ¡qué sabrá éste, que va de listo!- de abrirse a otras personas; incluso el Amor guarda secretos a los propios amantes), pues la necesidad de dejar hablar y, por tanto, la necesidad de escuchar, era un acto casi de “supervivencia”. Hoy más bien, el acto de acción y efecto que produce la “charla”, es por mero interés, en tanto y cuanto se resuelva un problema en beneficio propio. Cualquier integrante del populacho no puede desatender sus necesidades básicas, que él mismo cubre y que llevan su tiempo. Además, el estrés o aburrimiento, por llamarlo de alguna manera, influye en la cotidianidad; uno no puede abstraerse en los entresijos de la carne y el alma. Incluso si te fijas, en este foro se “habla” en igualdad de condiciones del enunciado de este tema, y por lo general (para no apuntar a nadie en concreto con el dedo, por eso se generaliza aun sabiendo que no todo el mundo lo hace, y no ofender a nadie), la gente escribe al aire, cual grito desahogado, o a Punset, cuando más bien –creo- que habría que enfocar los comentarios hacia un pensamiento compartido entre los integrantes del blog, para hacer eso que tanto decimos que queremos hacer: cambiarnos para cambiar el mundo. Evidentemente no lo vamos a cambiar nosotros, pero nuestras ideas (y actos, en el caso de algunos) se transmitirán a otras personas, las que escuchen, y con el tiempo, lo único que podemos esperar es que se propaguen los buenos pensamientos en quienes decidan tener descendencia, pues son, éstos, el arca de Noé de la humanidad.

    Despedirse “con respeto” muestra la vanidad de nuestro intelecto, o si lo prefieres, el error de pensar que el otro interlocutor estaría a nuestro nivel cultural; no es sino puro interés interactuar, físicamente, hoy por hoy con otro semejante, pero ese interés no tiene que llevar implícito una connotación negativa en lo que al acto de intercambiar información se refiere. Es una necesidad para el corazón el mismo acto de querer comunicarse, claro que no siempre uno encuentra quien le aguante. Con internet (las misivas casi extintas), el acto de comunicación cambia radicalmente dando un giro de casi 180 grados, pues quien te responde es porque escucha o bien piensa que has dicho, escrito (y que hay que leer obligatoriamente si quieres escuchar) algo interesante, o bien que parece que se busque quien escuche para que se dé una opinión al menos, (claro que también puede estar practicando las pulsaciones mientras teclea)… en lo que recrearse en esa conversación que tanto se necesita para entenderse. Más bien pareces estar hablando de amor, pero viene siendo lo mismo, a mi parecer, claro está.

  5. nachoascanio:

    De hecho creo que el principal problema es el modo en que enseñamos el idioma a nuestros hijos… Rodeados de materialismo es lógico que las primeras palabras que aprende el niño, después de papá y mamá, sean objetos materiales como pelota, tele, coche, mesa, silla, casa, etc. Las siguientes palabras que aprende tienen que ver con el coco, el miedo, y mil disparates mas… ¿Cuántos de nosotros, en España, no nos libramos de la lluvia de palabras que trae el paquete de la religión? aunque la mayoría de los niños, hoy en día, me da la impresión de que aprenden a hablar con películas de Walt Disney, con la televisión… que suele estar encendida a todas horas… y en ultimo lugar con las palabras de los padres.
    En este punto hago una pausa y le reto señor Punset a producir una serie de dibujos animados que ponga en marcha su famosa gestión de las emociones. Una para menores de x años… como medio de instalar correctamente el programa del idioma, y otrs ya para niños algo mayores… pero por favor no lo haga como si los niños fueran idiotas redomados… Ya tuvimos suficiente con barrio sésamo… Así está España hoy en día llena de payasos.
    Aunque… ¿No sería mejor que el niño aprendiera a hablar más en contacto con la naturaleza? ¿No sería mejor regalar al niño mas tiempo de silencio apagando el puñetero trasto que es la televisión? Creo que lo ideal sería que sus primeras palabras fueran tranquilidad, paz, alegría, felicidad, amor, y generosidad, pero claro… ¿Cuántos padres entienden realmente lo que abarcan estas palabras?
    Yo hace tiempo ya que no tengo televisor… y estoy bastante mas tranquilo… No quiero volver a ver un telediario en mi vida…

  6. FRANCESC SOLBES:

    De acuerdo con lo que dice PUNSET, parece evidente que los españoles emplean más tiempo en hablar que en escuchar. Esto también lo suelen hacer los otros latinos, pero no así los anglo-sajones ni, menos aun los asiáticos; eso es por lo menos lo que se deduce de resultados de investigaciones de antropólogos, sociólogos, lingüistas, sobre las características culturales de la comunicación. Pongamos por ejemplo los diferentes modos de alternar el habla y la escucha, del cuadro siguiente:

    Este cuadro confirma “…nuestra costumbre inveterada de hablar más de lo que escuchamos” ya que solemos empezar a hablar antes que nuestro interlocutor haya terminado. Al contrario: los Anglo-Sajones y los Asiáticos, empiezan a hablar cuando el otro ha terminado, aunque con diferencias: mientras que los Anglo-Sajones ( ) lo hacen de inmediato, los Asiáticos dejan un tiempo de silencio antes de contestar. Todo ello pese a una comunidad de refranes populares ( )
    También, el tono de voz los diferencia:

    Una de las explicaciones que dan esos mismos científicos ( ), es que las causas primeras del hablar más que escuchar o su de su contrario, son los valores sociales que cada cultura atribuye a la expresión de la afectividad, de las emociones:
    Unas culturas tienden a neutralizar las emociones; lo correcto es: no mostrar ni lo que se piensa ni lo que se resiente, un comportamiento frío y controlado, guardar las distancias, … En estas culturas la norma es escuchar más que hablar
    Otras culturas exteriorizan las emociones; lo correcto es: mostrar verbalmente y físicamente lo que se piensa y resiente, un comportamiento vivo, próximo, empático, espontáneo, tocar su interlocutor, … En estas culturas lo normal es hablar más que escuchar.

    Sin embargo, no comprendo totalmente la relación que establece Punset entre el hecho de hablar más que escuchar y los efectos que se le atribuyen.
    En efecto, deducir que el hablar más que escuchar de los españoles provoca más endeudamientos, más fracasos escolares y malos más malos tratos a los animales, equivale automáticamente a significar que los países cuyos habitantes escuchan más que hablan, tienen menos deudas, fracasos escolares y malos tratos a los animales.

    Si tal fuera el caso, después de tantos años de estas prácticas, los que escuchan más que hablan deberían ser más ricos (lo cual se podría observar con el PNB/habitante) y vivir mejor (lo cual se puede relacionar con la esperanza de vida y el paro), que los que hablan más que escuchan.
    Veamos lo que muestran los datos.

    Entre los países que más escuchan se encuentra el mas rico (Noruega) y el más pobre (Indonesia). Los restantes se sitúan entre un PNB de 31.143$ (España) y 46.443$ (USA); se puede decir de ellos que todos son muy ricos, pero no que lo que sean porque hablen más o menos de lo que escuchen.
    En años de vida, las diferencias parecen aun menos significantes: todos viven muchos años.
    La mayor diferencia reside en el aumento del paro: el de los que más hablan es mayor, en especial el de España y el de los USA, pero francamente, no creo que sea más debido a su estilo de comunicación que a otros factores, como por ejemplo la estructura de sus competencias y su adecuación a la demanda del mercado, entre muchos más.

    Me parece pues que puedo concluir sobre lo antedicho diciendo que el más hablar que escuchar o su contrarío, no parece causa significativa de mas riquezas y mejor calidad de vida. Pero si que puede provocar efectos no deseados en el campo de las comunicaciones entre personas de diferentes culturas, como intentaremos mostrar a continuación.

    Soy consultor en Recursos Humanos y he tratado profesionalmente un poco estos temas en mis cursillos sobre dirección de empresas, en particular en países extranjeros, o sobre la optimización de las comunicaciones profesionales Inter-jerárquicas, destinados a empresarios, ejecutivos o mandos. Uno de los temas más debatidos es: ¿Qué estilo de comunicación es el mas eficiente en las relaciones profesionales (transacciones económicas, comerciales, dirección de proyectos, de empresas, … )?, ¿Tengo más probabilidades de éxito si escucho más y hablo menos que si hago lo contrarío?.
    Nuestras conclusiones son que lo importante para bien comunicar no es ni el más hablar ni el más escuchar, si no el hacerlo en el estilo que más se acorde con el que se exprime nuestro interlocutor. Es decir que la mejora de la calidad de la comunicación depende bastante de la combatividad-incompatibilidad entre los estilos de comunicación de los interlocutores. Por ejemplo:
    Si dos empresarios españoles corrientes se comunican en su estilo propio, que les es tan evidente y natural como el decir “buenos días”, es más que probable que se interrumpan continuamente el uno al otro, sin por ello alterar el resultado final de su tactación.
    Sin embargo, si uno de ellos negocia con un empresario japonés y ambos utilizan su propio estilo de comunicación, es decir el que le es evidente y natural a cada cual por su lado, los riegos de fracaso son grandes, o en cualquier caso mucho mayores que si cada uno de ellos, conciente de las diferencias culturales, adapta su estilo de comunicación al del otro.

    Finalmente, Punset tiene razón, al menos en el campo empresarial que es el que mejor conozco, cuando dice “Seguramente, hablamos en exceso y no escuchamos suficientemente a los demás, cuando por su experiencia o sentimientos experimentados nos podría interesar”, sobre todo, añado, cuando se trata de exportar, porque si “hablamos todo el rato” exageramos el riesgo de no poderlo realizar. En efecto, tanto un empresario japonés, como un alemán o incluso un frances, estaría en todo su derecho de pensar: ¿Como que carajo este tío me podría proporcionar algo de lo cual no que he podido ni tan siquiera hablar?

  7. Carmen A.:

    Estoy convencida que quién habla tanto, es porque en su vida no es escuchado en algún momento, bien en su trabajo o bien en su vida familiar o social. Hay algunas personas que se limitan a hablar y hablar pecan de dar demasiada información y repiten constantemente las mismas palabras. Son reiterantemente adsurdas y pesadas! pero analizando el porque, quizas sean porque no tienen sentimiento de ser verdaderamente escuchadas y por eso se repiten tanto.

  8. Pedro:

    Gracias, desde que lo hice aprendo mucho mas del otr@.

  9. FRANCESC SOLBES:

    De acuerdo con lo que dice PUNSET, parece evidente que los españoles emplean más tiempo en hablar que en escuchar. Esto también lo suelen hacer los otros latinos, pero no así los anglo-sajones ni, menos aun los asiáticos; eso es por lo menos lo que deducen profesionales de la comunicación interpersonal.
    Así, por ejemplo, los diferentes modos de alternar el habla y la escucha confirman “…nuestra costumbre inveterada de hablar más de lo que escuchamos” ya que solemos empezar a hablar antes que nuestro interlocutor haya terminado. Al contrario: los Anglo-Sajones y los Asiáticos, empiezan a hablar cuando el otro ha terminado, aunque con diferencias: mientras que los Anglo-Sajones (2) lo hacen de inmediato, los Asiáticos dejan un tiempo de silencio antes de contestar. También, el tono de voz los diferencia (1): el de los latinos es más arrítmico y con más continuas y fuertes subidas y bajadas que el anglo-sajón, mientras que el asiático presenta más tonos monocordes intercalados con subidas y bajadas más ligeras que el anglo-sajón y muchos más que el de los latinos (3).
    Una de las explicaciones que dan esos mismos científicos (4), es que las causas primeras del hablar más que escuchar o su de su contrario, son los valores sociales que cada cultura atribuye a la expresión de la afectividad y emociones. Estos valores se podrían representar en un eje en donde:
    – En un extremo, se situarían las culturas que más neutralizarían las emociones; lo correcto es: no mostrar ni lo que se piensa ni lo que se resiente, un comportamiento frío y controlado, guardar las distancias, … En estas culturas la norma es escuchar más que hablar
    – En el extremo opuesto, hallaríamos las culturas que más exteriorizan las emociones; lo correcto es: mostrar verbalmente y físicamente lo que se piensa y resiente, un comportamiento vivo, próximo, empático, espontáneo, tocar su interlocutor, … En estas culturas lo normal es hablar más que escuchar (1).
    Sin embargo, no comprendo totalmente la relación que establece Punset entre el hecho de hablar más que escuchar y los efectos que se le atribuyen.
    En efecto, deducir que el hablar más que escuchar de los españoles provoca más endeudamientos, más fracasos escolares y malos más malos tratos a los animales, equivale automáticamente a significar que los países cuyos habitantes escuchan más que hablan, tienen menos deudas, fracasos escolares y malos tratos a los animales.
    Si tal fuera el caso, después de tantos años de estas prácticas, los que escuchan más que hablan deberían ser más ricos (lo cual se podría observar con el PNB/habitante) y vivir mejor (lo cual se puede relacionar con la esperanza de vida y el paro), que los que hablan más que escuchan.
    Veamos los datos de 2009 de cuatro países que escuchan más que hablan (Japón, Indonesia, Gran Bretaña y Noruega) y de cinco que hablan más que escuchan (Italia, Francia, USA y Singapur), a los cuales hemos añadido España, aun que no figura en el estudio de Trompenaars (1):
    Entre los países que más escuchan se encuentra el mas rico (Noruega) y el más pobre (Indonesia). Los restantes se sitúan entre un PNB de 31.143$ (España) y 46.443$ (USA); se puede decir de ellos que todos son muy ricos, pero no que lo que sean porque hablen más o menos de lo que escuchen.
    En años de vida, las diferencias parecen aun menos significantes: todos viven muchos años.
    La mayor diferencia reside en el aumento del paro entre 2006 y 2009: el de los que más hablan es mayor, en especial el de España (+10,8 puntos) y el de los USA (+5,6 puntos); el paro de los 7 países restantes oscila entre 1,9 y +2,3. Francamente, no creo que sea más debido a su estilo de comunicación que a otros factores, como por ejemplo la estructura de sus competencias y su adecuación a la demanda del mercado, entre muchos más.
    Me parece pues que puedo concluir sobre lo antedicho diciendo que el más hablar que escuchar o su contrarío, no parece causa significativa de mas riquezas y mejor calidad de vida. Pero si que puede provocar efectos no deseados en el campo de las comunicaciones entre personas de diferentes culturas, como intentaremos mostrar a continuación.
    Soy consultor en Recursos Humanos y he tratado profesionalmente un poco estos temas en mis cursillos sobre dirección de empresas, en particular en países extranjeros, o sobre la optimización de las comunicaciones profesionales Inter-jerárquicas, destinados a empresarios, ejecutivos o mandos. Uno de los temas más debatidos es: ¿Qué estilo de comunicación es el mas eficiente en las relaciones profesionales (transacciones económicas, comerciales, dirección de proyectos, de empresas, … )?, ¿Tengo más probabilidades de éxito si escucho más y hablo menos que si hago lo contrarío?.
    Nuestras conclusiones son que lo importante para bien comunicar no es ni el más hablar ni el más escuchar, si no el hacerlo en el estilo que más se acorde con el que se exprime nuestro interlocutor. Es decir que la mejora de la calidad de la comunicación depende bastante de la combatividad-incompatibilidad entre los estilos de comunicación de los interlocutores. Por ejemplo:
    Si dos empresarios españoles corrientes se comunican en su estilo propio, que les es tan evidente y natural como el decir “buenos días”, es más que probable que se interrumpan continuamente el uno al otro, sin por ello alterar el resultado final de su tactación.
    Sin embargo, si uno de ellos negocia con un empresario japonés y ambos utilizan su propio estilo de comunicación, es decir el que le es evidente y natural a cada cual por su lado, los riegos de fracaso son grandes, o en cualquier caso mucho mayores que si cada uno de ellos, conciente de las diferencias culturales, adapta su estilo de comunicación al del otro.
    Finalmente, que nadie se equivoque, no he escrito esto contra Punset, que para mi es quizás nuestro Kars Poppers, y ya era ahora. Sobre el fondo, al menos en el campo empresarial que es el que mejor conozco, tiene razón cuando dice “Seguramente, hablamos en exceso y no escuchamos suficientemente a los demás, cuando por su experiencia o sentimientos experimentados nos podría interesar”, sobre todo, añado, cuando se trata de exportar, porque si “hablamos todo el rato” exageramos el riesgo de no poderlo realizar. En efecto, tanto un empresario japonés, como un alemán o incluso un frances, estaría en todo su derecho de pensar: ¿Cómo este español me podría satisfacer en algo de lo cual no le he podido ni tan siquiera hablar?
    ……..
    F. TROMPENAARS, L’entreprise multiculturelle, Laurent du Mesnil, 1994
    2 Y los Norteamericanos actuales no lo son totalmente
    3 Todo ello pese a una comunidad de refranes populares: “La palabra es plata, el silencio es oro” (franceses); “El que callar no puede, hablar no sabe” o “Por la boca muere el pez” (españoles); “Los recipientes vacíos son los que más ruido hacen” (ingleses); “Solo el pez muerto abre la boca” (japoneses).
    4 También dicen que la comunicación no se reduce a únicamente alternativamente hablar y escuchar; las comunicaciones no verbales (contactos visuales, expresiones gestuales y distancias), representarían 75% de la comunicación total.

  10. Balsa:

    Entonces, Carmen A., tal vez deberíamos proponer a quien escucha que también sea oído. No es por escribir mucho y repetir ideas lo que hace que una persona hable mucho, es que quien escucha, pues, tal vez no esté escuchando realmente, porque no le interese lo que oye. Tal vez se hable mucho, porque quien escucha, no muestra interés por la conversación, al no interrumpirla durante la misma.
    De todos modos en un medio escrito es necesario este `explayarse´, al no poder interferir en la comunicación como interlocutor activo, si se quiere dar una opinión; también es necesario explicar la opinión.

  11. carmen murphy:

    mmmmm…….lei un articulo en el pais dominical donde una periodista al final argumentaba que las cosas nos irian mejor , menos gerras, menos violencia mas empatia, mas comprension etc…..escuchariamos mejor y mas si durmieramos mas …ala!!!!

  12. QHacèis:

    tema recurrente entre las personas de todo el mundo, con particular incidencia en españa. tiene algún peso en esta realidad la educación recibida en los últimos 50 años?

  13. NOU ANY. « Benigasló.:

    […] d’aquesta idea llegirem la següent entrada d’Eduard Punset i la comentarem: http://www.eduardpunset.es/8570/general/hablamos-en-exceso-y-no-escuchamos-lo-suficiente Fet açò em penjareu al vostre blog o quadern un resum en 7 línies on expliqueu el que diu aquest […]

  14. Cesar:

    Solo por hoy voy a escuchar.

  15. Hablamos en exceso y no escuchamos lo suficiente de Eduard Punset | kekadelso:

    […] imaginar; si hablamos todo el rato, no puede hacerlo. Autor: Eduard Punset 31 octubre 2010 fuente: Blog de Eduard Punset Share this:TwitterFacebookMe gusta:Me gustaSé el primero en decir que te gusta esta […]

  16. Lo digo, lo digo y lo digo y nadie me hace caso | Alzheimer Universal:

    […] Hablamos en exceso y no escuchamos lo suficiente Si me pidieran la causa de que los españoles tengan que pagar ahora a sus acreedores bastante más que otros deudores europeos, como los alemanes o los franceses; si me requirieran ahora para que explicara los malos resultados escolares de los españoles, comparados con los del resto de Europa; si tuviera que detallar las razones históricas de que hayamos tratado al resto de los animales tan mal o peor que a las personas y, en todo caso, peor que en los demás países de Europa, aduciría, por supuesto, el aislamiento histórico del que fuimos protagonistas durante gran parte de nuestra historia moderna pero también y sobre todo nuestra costumbre inveterada de hablar más de lo que escuchamos. […]

  17. Osteopatia:

    Totalmente de acuerdo. Muchas veces se nos va la pinza discutiendo y no respetamos el turno de palabra y, como a mi mismo me ha pasado, no nos damos cuenta de que el otro interlocutor esta diciendo lo mismo que nosotros… Tendrían que enseñar en la escuela esos modales. Muchas veces escuchar es lo mas sabio que puede hacer el ser humano, escuchar y aprender 🙂

  18. Internet y efectos en el cerebro « Que hay de interesante en Medicina:

    […] 2. http://www.eduardpunset.es/8570/general/hablamos-en-exceso-y-no-escuchamos-lo-suficiente […]

  19. Paloma:

    Holaaa , me encanto tu blog

  20. La comunicación | Mi camino del alma:

    […] Cambia mucho así: me doy cuenta del constante e innecesario enfrentamiento que mantenemos tanto en cuestiones cotidianas como en el trabajo, por no entendernos bien, por no saber valorar en el momento nuestras necesidades, ni entender las del otro, como se propone en la CNV (Comunicación no violenta, Marshall Rosenberg). Punset lo explica muy bien aquí. […]

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