Autor: Admin 7 abril 2010

Medio: Paisajes desde el tren

La revista Paisajes desde el tren publica este mes una entrevista a Eduard Punset en la que el divulgador habla de sus recuerdos personales y de sus viajes alrededor del mundo a lo largo de su trayectoria profesional.

Destacado:
Tuve que exiliarme en Ginebra por tirar unas octavillas a favor de un científico que ni siquiera conocía llamado Duperier.
Actualmente, por primera vez en la historia de la evolución, la humanidad tiene futuro.

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Descargar “Me he pasado la vida viajando”.



5 Respuestas to ““Me he pasado la vida viajando””

  1. celebrador:

    Vaya coincidimos en algo, a mi mi perra también me está enseñando mucho; ya muy viejecita enseña eso, cómo envejecer con confianza y sin rencores perceptibles

  2. El arte de viajar:

    Viajar huyendo

    «El hecho de viajar puede llegar a convertirse en algo extremo. Algunas personas son propensas a utilizar los viajes para eludir responsabilidades o evadirse de aquellos aspectos de su vida a los que prefieren no enfrentarse. Fue Ralph Waldo Emerson quien observó que algunas personas “se escapan a otros países porque no son buenos en el propio, pero vuelven corriendo porque no llegan a nada en la nueva ubicación”. Hay ciertas ventajas en la idea de que viajar a veces representa una huida de la intimidad, del compromiso y de la responsabilidad. Emerson pregunta: “¿Quien eres, que no existe tarea alguna capaz de sujetarte en tu casa?”.

    Si bien se necesita valor para aventurarse en un territorio desconocido o en lugares salvajes, también se requiere una buena dosis de fortaleza para aguantar hasta el final las cosas que suceden allá donde se esté. Algunas personas utilizan los viajes como una vía para evitar hacer frente a las cuestiones que afectan a sus vidas. Es una forma de poner distancia entre ellos mismos y los demás, a los que ven como amenazantes. Frente a semejante miedo ante el compromiso o la intimidad en las relaciones personales, irse de viaje es la mejor solución. A todos aquellos que son incapaces o que no están dispuestos a crear aquellas raíces que les determinan, los viajes les dan la excusa necesaria para mantenerse en movimiento. A aquellos otros que no tienen la paciencia o el propósito necesarios para crear una vida hogareña estable, una carrera satisfactoria o una red de amistades duraderas, los viajes les permiten seguir escapando.»

    Jeffrey A. Kottler, Viajar como experiencia transformadora, Paidós, 1998, pág. 67.

    El destino es lo de menos

    «Los viajeros con experiencia han descubierto que lo que convierte a un viaje en algo memorable no son los lugares que visitan, sino las personas con las que entran en un estrecho contacto. Una mujer que ha dado varias veces la vuelta al mundo nos comenta la estrategia que ella ha desarrollado:

    “Cuando viajo siempre intento aprender algo sobre el país o el lugar que visito. Es algo educativo aprender cosas nuevas sobre la geografía, los recursos, el arte, la historia, las costumbres y la cultura. Pero también están en el proceso, las relaciones y las interacciones que se producen con los demás. Es esto último lo que considero mucho más significativo y memorable.

    Podría ir al lugar más fantástico y mágico del mundo o visitar siete museos y once iglesias, pero todo esto no sería, ni de lejos, tan interesante para mí si no lograse hacer amigos que actuasen a modo de guía para introducirme en su mundo.

    Por eso me gusta tanto ir a mercados, porque son los lugares idóneos para establecer relaciones. Tanto si hablo la lengua del lugar, como si no la hablo, eso no importa porque nos podemos comunicar por medio de gestos, de los ojos o de la sonrisa. Hay tantas caras que todavía recuerdo de adultos, pero sobre todo de niños de Birmania, Sudáfrica, Tailandia y Nueva Guinea o Cachemira. Por eso siempre llevo conmigo golosinas y una Polaroid, así les puedo hacer a los niños una foto y regalársela.

    Ni tan siquiera puedo señalar una determinada experiencia como la más especial, porque hay tantas. Y lo que todas tienen en común es que logramos contactar con personas. Nos invitaron a sus hogares. Conocimos a sus familias. Intercambiamos regalos. Se formó como una unión y todos nosotros la sentíamos. Volví enriquecida y emocionada y conmovida por haber podido conocer a esas personas.

    Una vez he podido ver cómo viven otras culturas, tomé algo de ellas y lo incorporé a mi propia vida. […]

    Me siento tan llena de experiencias. Hay tantas personas a las que he conocido a lo largo de mi camino. Y me siento agradecida por cada una de ellas. Me siento conmocionada.”

    Del mismo libro, pág. 133-134.

    “La vida es el viaje, o el viaje es la vida”

    LA ENTREVISTA CON JAUME BARTROLÍ, PERIODISTA

    Ha vivido varios meses en la Polinesia, viajó por la China disfrazado y haciendo autostop, ha dado la vuelta al mundo y vuelve a Jerusalén siempre que puede.

    –¿Cómo empezó la fiebre de los viajes?
    –La tengo desde muy pequeño. Mi padre, que era capitán del equipo español de Copa Davis, viajaba mucho, y me enviaba postales, me traía sellos y folletos…

    –¿Qué lecturas le marcaron?
    –Los álbumes de Tintín. Mi primer oasis es de Tintín, como mi primer desierto y mi primera selva. Julio Verne también me abrió el mundo de los viajes. Lo leía con un atlas al lado.

    –¿Le fascinan los mapas?
    –Siempre me han gustado. Durante una época hice mapas inventados, con países como Nordia o Sudia. Y hasta hice mapas de plastilina en relieve.

    –¿Cuál fue su primer gran viaje?
    –A los 18 años me fui solo a Jerusalén. Es la ciudad de mi corazón. Siempre regreso a Jerusalén, una ciudad que cambia constantemente. En 1974 era como un pueblo de provincias; ahora es una ciudad que se ha vuelto más dura. Me encanta, pero al mismo tiempo me deprime.

    –¿Adónde fue después?
    –Sentí la llamada de Oriente. La India, Tailandia, Malasia… Oriente es algo especial: nos hace recordar de dónde venimos. Es como nuestro pasado. Allí podemos ver cómo era la Ruta de la Seda.

    –¿Se ha planteado alguna vez por qué viaja?
    –Siempre voy en busca de nostalgias; de otros (a través de las lecturas) o del propio recuerdo. Viajo para descubrir el mundo, que es maravilloso. No entiendo el viaje sin aprendizaje. La vida es el viaje, o el viaje es la vida.

    –¿Qué lugares le interesan?
    –Depende del momento. En 1984 me interesaban mucho China, el Tíbet, la Ruta de la Seda… Volé hacia Hong Kong y allí me enteré de que el 1 de septiembre abrían el Tíbet a los extranjeros.

    –Y fue para allá.
    –Me apunté a un tour de dos días a China para poder salir de Hong Kong. A la vuelta me escapé, me quedé en China, pedí una ampliación de visado y me fui en autobús y tren hasta Chengdú. Desde allí llegué a Lasa en avión, el 1 de septiembre. Me encantó. Éramos solo siete extranjeros. En 1986 regresé a China y estuve cuatro meses viajando por allí.

    –¿Cómo le fue?
    –Quería regresar al Tíbet, pero no era fácil. Me fui impregnando del ambiente chino y me vestí como un turco iugur, una minoría china que no habla chino. Así pude llegar en autostop hasta Lasa. Normalmente la policía paraba a los occidentales en el Turkestán chino, pero yo logré pasar camuflado.

    –¿Qué vino después?
    –Nicaragua. Me fascinaba el sandinismo, la luz del trópico… Y después di la vuelta al mundo en dos años. Esa fue la primera vez que estuve en la Polinesia. También tuve una etapa afgana y marroquí.

    –¿La Polinesia es su mundo?
    –Pedí cuatro años de excedencia y viajé tres veces a Rapa, mi isla soñada. Aprendí que en el mundo hay miles de islas y cada uno puede encontrar la de sus sueños. Yo lo hice.

    –¿Cómo es Rapa?
    –Lo más parecido al paraíso en la Tierra, aunque he aprendido que el paraíso es aquello que deseas. Para nosotros, lo deseado es una isla de la Polinesia, y para los polinesios es Los Ángeles o París.

    –¿Qué vida hacía allí?
    –Me adoptó una familia y cazaba toros salvajes con machetes, pescaba y buscaba restos arqueológicos. Es una isla muy verde. Me gusta porque es a escala humana. Puedes recorrerla a pie. Es redonda, un antiguo volcán cuya pared se ha roto por un lado y ha creado una gran bahía. Es como las islas que dibujaba de pequeño.

    –¿Y no tenía ganas de ir a la siguiente isla?
    –Para llegar a Rapa se tarda entre 5 y 7 días en barco desde Tahití. Una vez allí, la embarcación no vuelve hasta pasado un mes y medio o dos.

    –Si tanto le gustaba, ¿por qué no se quedó?
    –Los occidentales estamos estropeados. Nos aburre el paraíso. Necesitamos cambios, innovaciones.

    –¿Volverá?
    –Sí, pero para viajar se necesita tiempo y dinero, y es difícil tener las dos cosas.

    –¿Hoy somos todos turistas?
    –Todos hemos sido turistas, pero quiero pensar que soy un viajero, porque hago cosas diferentes. Me gusta viajar en transporte público, en solitario, y dormir en los lugares donde duerme la gente del país.

    –¿El viaje es una huida?
    –Los que huyen de sí mismos están condenados al fracaso. Lo decía Cavafis, y también el poeta sufí Omar Khayan: siempre llevarás el problema dentro.

    “Dormir, comer, ducharse y hacer amigos”

    Albert Casals, viajero en silla de ruedas, sin acompañantes y sin dinero

    VÍCTOR-M. AMELA – 19/03/2009

    Tengo 18 años. Vivo en Esparreguera con mis padres y mi hermana Alba (9). Soy viajero desde los 15 años: Europa, Asia, Sudamérica… Soy anarquista utópico. Creo tanto en Dios como en un hipopótamo lila. Me gusta el manga, los disfraces otaku, leer, los videojuegos…

    ¿Desde cuándo vas en silla de ruedas?

    Desde los ocho años. Tuve mononucleosis y leucemia: o me trataban a saco, con riesgo de provocarme alguna discapacidad, o me moría.

    Y fueron a saco.

    Sí. ¡Y el resultado ha sido perfecto!

    ¿No te importa la silla de ruedas?

    Si hubiese querido ser futbolista… ¡Pero no hay nada que yo no pueda hacer en mi silla!

    ¿No?

    Subo, bajo, entro, salgo, he atravesado selvas y playas, he viajado por Francia, Italia, Grecia, Alemania, Escocia, Tailandia, Malasia, Singapur… Acabo de regresar de un viaje de seis meses por toda Sudamérica…

    ¿Con quién viajas?

    Me gusta viajar solo.

    ¿En silla de ruedas… ¡y solo!?

    La silla es más ventaja que inconveniente: la gente te pregunta qué te pasa, de dónde vienes…, y así haces un montón de amigos.

    ¿Desde cuándo viajas así?

    A los catorce años les dije a mis padres que me iba. Fue muy duro para ellos permitir mi felicidad. Pusieron una condición: el primer viaje lo haría acompañado por mi padre. Fuimos a Bruselas y aprendí cosas útiles para viajar. Y, a partir de los quince años, ya he hecho todos esos viajes yo solo.

    ¿Y qué dicen hoy tus padres?

    Sufren un poco, pero están contentos viéndome contento. Agradezco que se hayan esforzado tanto en no ayudarme, en no decirme: “Esto no puedes hacerlo porque vas en silla de ruedas”. Ellos facilitan mi felicidad.

    ¿Eres feliz, pues?

    Plenamente, pues no hago nada que no quiera hacer en cada momento. Ahora me apetece hablar contigo, y si no, no estaría aquí.

    ¿Con qué dinero viajas?

    Con tres euros al día.

    No es posible.

    Hace seis meses salí de casa con 20 euros para irme a Sudamérica, ¡y he vuelto con 20 euros en el bolsillo!

    Pero… ¿y dónde duermes, y cómo comes y… cómo lo haces?

    ¿Por qué nos complicamos tanto la vida? Siempre hay dónde dormir, siempre hay algo que comer. Conoces a gente, y todo fluye. ¡Qué sencillo es el mundo! Lo he entendido viajando. Bastan cuatro cosas: dormir, comer, ducharse y hacer amigos.

    Dicho así, sí parece fácil.

    Claro. ¿Qué impide a todos los europeos hacerse vagabundos? Es maravilloso…

    ¿Qué buscas en tus viajes?

    Ver cómo vive la gente, ver cómo son, conocerles, vivir con ellos, ser su amigo.

    ¿Y qué opinan tus amigos de aquí?

    Me entienden, mis amigos son como yo: todos están haciendo lo que desean hacer, aunque a ellos no les apetece viajar.

    ¿No te da miedo viajar solo?

    ¿Qué puede pasarme peor que no realizar mis sueños?

    Pueden robarte…

    Al poco tiempo volveré a tener lo necesario, ¡seguro! Y nunca podrán robarme lo vivido.

    … Puedes sufrir un accidente, morir…

    Aun así, habría hecho lo que realmente quería, ¡habría sido más feliz que quedándome aquí contra mi deseo!

    ¿Qué haces al llegar a un sitio nuevo?

    Voy a un parque, a una plaza, saco mis naipes… Al cabo de un rato hay niños, ¡y luego medio pueblo está alrededor!

    ¿Qué te dice la gente nueva con la que te vas encontrando?

    Los adultos repiten dos preguntas: “¿De dónde sales?”, “¿Y tus padres?”. Algunos se escandalizaban de mis padres por dejarme solo… Alguna vez la policía me ha detenido por si me había escapado… Un niño solo por el mundo, feliz…, ¿qué tiene de malo?

    Hombre…

    Ahora, ya con 18 años cumplidos, ¡soy libre!

    ¿Qué llevas en tu mochila?

    Una libreta, algún libro, un boli, una linterna, los naipes para juegos de manos, jabón, cojín, dos pantalones y dos camisetas, calzoncillos, chaqueta, botiquín, la tienda de campaña y el kit de reparación de la silla.

    Dime lugares en que hayas dormido.

    Playas, vagones de tren, parques, estaciones, coches, campos, comisarías, castillos en ruinas, casas abandonadas, casas de gente, cuevas, mansiones…

    ¿Cuál ha sido el mejor momento?

    Viajar de noche en la caja de un camión en marcha, destapada. Podía sacar la cabeza al viento o acurrucarme. Fue chulísimo.

    ¿Y tu momento más peligroso?

    He estado a punto de palmar volcando en un camión, y atravesando una selva con vampiros, y en una lancha de traficantes de motores entre islas caribeñas, zarandeados por una tormenta con olas de cinco metros: me golpeé, caí al agua inconsciente… y pudieron rescatarme por pelos.

    ¿Qué planes tienes ahora?

    Recorrer toda el África oriental hasta llegar a Madagascar.

    ¿Nada te frena?

    Cuando haces lo que de verdad quieres, el universo entero conspira a tu favor. Mira alrededor y decide: tú puedes elegir vivir triste o contento. Yo elijo la felicidad. No veo entre nosotros razones para ser infeliz.

    ¿Y no piensas estudiar, trabajar…?

    No, si no me divierte. Me gustaría ser mediador o acoger niños… A veces me dicen: “Si no trabajas, ¡de viejo serás pobre!”. Pero, si llego a viejo, ¡tendré amigos por todo el mundo! ¿Se puede tener más?

    La Contra
    Nada le turba
    Es sabio. Bastan sus ojos para comprender que ha alcanzado todo lo que predicaron los epicúreos y los estoicos juntos, y también los cínicos, los escépticos, los mendicantes y los giróvagos. No necesita nada. Ha salido de Esparreguera sin un euro en el bolsillo y se ha tirado en la arena de la playa de la Barceloneta. Nada le perturba. Todo le sonreirá siempre, puesto que él sonríe siempre a todo. Es un chaval cautivador, un alma grande: no alberga nada que no sea gozo, felicidad. Estar a su lado, verle y escucharle (o leerle en El món sobre rodes, Edicions 62) te hace ser un poco mejor. Luego me enreda con unos juegos de naipes que ni Tamariz, ¡palabra! (Más en http://www.elmonsobrerodes.cat)

    “Si viajas sol@ aprendes más”

    Sandra Canudas, consultora de viajes para mujeres

    VÍCTOR-M. AMELA – 05/02/2009

    Tengo 36 años. Nací y vivo en Barcelona. Soy consultora de viajes para mujeres. Estoy soltera. No tengo hijos. ¿Política? Agnóstica. ¿Creencias? Tomo un poco de taoísmo, de budismo, de cristianismo, con la filosofía del bien común. Todo joven debería viajar un año sabático.

    ¿Viaja sola?

    Sí.

    ¿Por qué sola?

    Quiero mezclarme con las gentes de cada lugar, convivir, conocer el país. Si viajas con compatriotas es difícil hacer todo eso.

    ¿Y no le da miedo ir sola por el mundo?

    A las chicas nos educan para tener miedo, nos asustan desde niñas, nos cortan las alas. ¡Qué pena! ¡Yo he dado la vuelta al mundo sola, y no me ha pasado nada!

    ¿Cuándo lo hizo?

    Hace cuatro años. Durante mi viaje, de un año, descubrí que hay muchísimas mujeres que viajan solas por el mundo: son anglosajonas, escandinavas y centroeuropeas… ¡Ni una sola española, ni una latina!

    ¿A qué atribuye eso?

    ¿A que nuestra prioridad es consolidar un currículo laboral, encontrar pareja y ser madre? Viajar sola y a lo grande es desviarse del patrón, y no hay valor. ¡Lástima!

    ¿Qué se pierden nuestras chicas?

    Quien viaja solo se conoce de verdad, abre su mente, capta a la gente: viajar sola afila la capacidad psicológica. ¡Hoy me basta con un vistazo para saber de qué va alguien!

    ¿Viajar sola es la mejor escuela?

    ¡Aprendí más en ese año que en todos los que invertí en licenciarme en economía y en ciencias políticas! Lo aconsejo: ¡viajad!

    ¿Qué le hizo lanzarse sola al mundo?

    Llevaba once años como directora financiera de empresas, tenía una vida segura y estable, y no me compensaba: no me sentía viva. Entendí que yo quería ser feliz, no rica.

    Y rompió con todo.

    No de un día para otro. Durante tres años me pregunté qué deseaba. Me preparé, pero la negatividad y el miedo seguían ahí.

    ¿Qué negatividad? ¿Qué miedo?

    El miedo a romper con la inercia, a cambiar. Y la negatividad del entorno: “¿Estás segura de que te quieres ir?”. “¿Qué harás sola tanto tiempo?”. “¿Y qué será de ti cuando vuelvas? ¡Piensa que el trabajo estará muy mal!”.

    ¿Y qué pensaba usted, qué respondía?

    Me escuché a mí misma: descubrí que sí, que mi decisión estaba tomada. Y leí en un libro esta frase: “Aunque tengas miedo, ¡hazlo! Quien controla su miedo adquiere poder”. Y repliqué a los negativos: “¿Cómo sabes si a mi regreso todo no será mejor?”.

    ¿Y lo fue?

    Sí, en cuanto vi que debía crear mi camino: asesoro a mujeres que quieren viajar solas.

    O sea, que empieza a haberlas.

    Los españoles somos expresivos, nos hacemos entender, captamos bien las intenciones: ¡explotémoslo! España debería implantar el hábito del gap year, año sabático viajero. En muchos países miran raro al joven que no lo hace. ¡Completa tu formación!

    ¿Las mujeres de qué país viajan más?

    Las neozelandesas son las más atrevidas y valientes. Las japonesas también, pero demasiado desprevenidas… Las mujeres israelíes no viajan solas; sus chicos sí, mucho.

    ¿Qué principales peligros las acechan?

    Si eres prudente y sensata, ninguno. En países muy machistas, se trata de saberlo antes para no hacer algo inconveniente.

    ¿Hizo usted algo inconveniente?

    Aterrizar con minifalda en Santiago de Chile: caminé entre bocinazos… hasta que descubrí que eran por mí. ¡Desconocía que allí eso resultase todavía tan provocativo!

    ¿Ha padecido acosos sexuales?

    Muchas galanterías y piropos sí. En Latinoamérica se piropea mucho y bien. ¡Los mejores en eso son los argentinos! La verdad es que si viajas solo, seas hombre o mujer, es más fácil ligar y enamorarte.

    ¿Por qué?

    Socializas más con la gente… Tienes curiosidad y tienen curiosidad por ti. Y también resultas exótica, atraes más.

    ¿En qué países es más fácil ligar?

    Vi que no tener los pechos operados excita a los hombres colombianos, habituados a sus esculturales mujeres siliconadas.

    ¿Existe un turismo sexual femenino?

    Sí. Con los tuaregs, que dejan a sus esposas en casa… O en Gambia, en Túnez… Muchas norteamericanas obesas bajan a Honduras en busca de chicos que, por un refresco… Y aquí hay grupos de catalanas que van unos días a Madrid ¡para sentirse atractivas!

    No me diga eso…

    Sí: los chicos catalanes sois tan sositos… Apartáis la mirada… El extremo opuesto es el brasileño, que te repasa de arriba abajo con la mirada y con toda naturalidad te dice: “¡Muito gustosa!” (estás muy buena).

    ¿Qué más ha aprendido viajando?

    ¡Que aquí somos los más quejicas del planeta! La gente por ahí es desprendida y hospitalaria. Y que menos es más. Y que el tiempo es un invento de occidentales con prisa.

    Pero ricos: por eso podemos viajar.

    Yo dormí en albergues, compré y cociné mi comida, trabajé si podía, viajé en transportes públicos y baratos… Y así di la vuelta al mundo durante un año con 7.000 euros.

    ¿Qué fue lo mejor y lo peor?

    Lo mejor, contactar con tribus neolíticas en las Montañas Altas de Papúa Nueva Guinea. ¡He sido la primera española sola allí! Lo peor… que a veces sientes nostalgia. Pero se supera. Y vuelves más sabia, segura de ti misma y autorrealizada.

    Si tuviese una hija, ¿la dejaría viajar?

    A los 16 años le aconsejaría ya que se fuera un tiempo de au pair a Londres… La educaría sin sobreprotegerla, estimulando su curiosidad. Ser curiosa te enriquece: te lleva a viajar. Y si viajas sola, te enriqueces más.

    La Contra
    “Si viajas sola aprendes más y es más fácil enamorarte”
    Vuelta al mundo
    La encuentro en un bar, escribiendo en su ordenador portátil un próximo libro sobre cosas aprendidas en sus viajes a solas. Acaba de regresar de Argelia con un grupo de mujeres de aquí a las que ha reunido con mujeres de allí. Sandra ofrece sus conocimientos de viajera experta a mujeres que se animan a viajar sin compañía masculina (www.consultoriaviajes.com), y vuelca sus consejos en Manual de una vuelta al mundo y Manual para viajeras, autoeditados. Ha copilotado 4×4 por el Sáhara, avionetas sobre las pistas de Nazca, lanchas en la bahía de Vietnam… Y también sabe cómo se liga por ahí: el estadounidense le dice “¿nos conocemos de algo?” y el europeo “¡qué ojos tan bonitos!”.

  3. Estefanía:

    No sé si a usted le pasa, que cuando escribe algo, algo que tiene dentro y necesita verbalizar o expresar para causar opiniones e invitar a pensar, tiene la sensación de que mucha gente no dedicará ni un segundo de su vida en leerlo, qur tal vez mucha gente sabrá más del gran hermano o de la última moda primavera -verano, yo soy de letras, hoy por hoy tengro 23 años y escogí el bachiller de humanidades solo por no ver ni de lejos las matemáticas, las ciencias exactas. Yposiblemente, como decía antes, usted nunda lea este comentario, lo cierto es que youn día compré un libro suyo tras habeer reparado en alguna etrevista suya dondemanifestaba sus opiniones acerca de lo que es la felicidad. Es la primera vez que se mepasa por la cabeza que desde su ciencia se puede explicar quienes somos y por qué actuamos así… Me parece una persona tan sabia , que nunca había sentido la curiosidad de escribir a alguien que no conozco.Créame, si todos dedicasen, aunque solo fuese unos segundos de su vida en atender sus palabras, el mundo cambiaría y el hombre empezaría a ser un poco más humano. Siga enseñándonos todo lo que sabe. Un saludo

  4. Dr.Jorge de Paula:

    Como siempre esta entrevista a Eduard Punset encierra mensajes y enseñanzas maravillosas. Coincido con las palabras de Stefanía: Si todos dedicasen un tiempo de su vida para leer y aplicar las enseñanzas de Punset, la gente viviría más feliz, porque muchas de las cosas que nos generan malestares en la vida cotidiana, no vienen desde afuera, sino desde adentro de nosotros mismos, y si aprendiéramos a conocer el poder de la mente, alcanzaríamos mayores estados de plenitud, gozo y felicidad.
    Como médico tengo una gran afinidad por los escritores médicos, es así que me atrae mucho la vida y lo escrito por Moisés Maimónides, por Gregorio Marañón, William Osler, Marcos Aguinis, Antonio Damasio, Joe Dispenza, Mihaly Csikzenmihalyi, Bruce Lipton, Valentín Fuster, Héctor H. Muiños, Walter Drexel, o René Favaloro, entre tantos otros médicos escritores, y ha sido leyendo esta entrevista, en que he encontrado la razón por la cual me atrapa tanto el mensaje y la escritura Punset, es hijo de un médico.
    Ahora entiendo estimado Eduard Punset su profunda vocación hacia la Medicina, ya que como ha reflexionado el Dr.Gregorio Marañón en una entrevista que le realizó el Dr.Reverte hace quizá medio siglo:
    Usted y yo y otros muchos, tenemos muchas vocaciones, a veces muy escondidas. Las circunstancias de la vida, de cada vida personal, nos empujan en una u otra dirección. Todo, hasta aquello tan aparentemente insignificante como el correr de mi pluma, tiene un sentido providencial.
    “En la vocación médica se entremezcla un gran amor al prójimo, con un deseo de curar o al menos de aliviar sus males, un afán de investigar, de correr en pos de la verdad y el deseo de enseñar lo que se ha aprendido sobre el conocimiento del hombre.
    Cada uno de estos principios son los que lo impulsan a Punset en pos del prójimo, en su afán de investigar, y en correr en pos de quienes son los mejores en cada tema que quiere desarrollar, y una vez que ha editado cada una de sus maravillosas entrevistas, volcarlas en la TV o colgarlas generosamente en su sitio web, para que todos podamos acceder a ese valiosísimo material que ayuda a mejorar la vida y cambiar la vida de miles y miles de personas.
    Para el final, recordar el mensaje final de Punset en esta entrega acerca de los miedos:Las células y las personas necesitan crecer y son los miedos los que impiden ese crecimiento:
    http://drgeorgeyr.blogspot.com/2010/03/las-celulas-y-las-personas-necesitan.html

    Leer conferencia completa de Gregorio Marañón en:
    http://gregoriomaranon.enarte.es/videos.htm

  5. vanesa:

    me parece estupendo el poder decir que la envidia es muy mala. Señor Eduard Punset, tiene la virtud de poder hacer lo que muchos no podemos pero, eso no quiere decir que debamos perder nuestro equilibrio emocional pensando en lo bien que se lo está pasando. Usted nos brinda con temas que para muchos es todavía desconocido y lo pone al alcance del que quiere saber quién és, a dónde va y de dónde viene. El alma es indestructible, la identidad de uno es voluble y siempre está cambiando según nuestro entorno más oportuno. Sr., Eduard Punset, soy persona que no puede viajar dadas mis limitaciones económicas pero no por ello tengo menos ilusión de poder hacerlo algún día por ello, le agradezco que demomento lo haga usted por mí y me muestre lo que en 4 paredes no me muestran. Viaje por el mundo e informe como hasta ahora. Le saluda una fan suya.

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