Autor: Eduard Punset 14 marzo 2010

Haga la prueba conmigo: póngase un lápiz atravesado en la boca sujetándolo con los dientes. E intente hablar, si puede, con el lápiz en la boca. Lo más probable es que no le entiendan los demás y que se rían y se ría usted con ellos. Se trata de un experimento sencillo para demostrar que un ligero cambio en una costumbre, como llevar o no llevar un lápiz en la boca, acaba incidiendo sobre el carácter o la naturaleza de una persona. El lápiz que atenazan los dientes obliga al intérprete a hacer gestos similares a los que adopta cuando se ríe. A base de pasearse por la vida riendo, se acaba disfrutando de la risa y se siente uno más feliz.

Otro ejemplo más trascendente. No se trata de un experimento, sino de una constatación de primera mano efectuada en un centro europeo de ayuda para integrar inmigrantes. Unas madres recién llegadas del norte de África que vestían el nikab, una indumentaria que oculta el rostro femenino bajo un velo oscuro, muy parecido a un burka, complicaban innecesariamente las tareas de confraternización a sus colegas europeas al no poder reconocerse.

Una práctica muy efectiva para sentirse algo más feliz: la risa. Imágenes recogidas por la comunidad Flickr.

Aprendieron primero a confiar, al ver que se observaba lo prometido: en las reuniones sólo había mujeres. Una vez que estuvo el vínculo creado entre todas, apareció el deseo de poder saludarse por la calle. De reconocerse. Se dio con una solución natural, sin hacer ruido. En la sesión siguiente sorprendieron adoptando una solución tan imaginativa como eficaz. Priorizaban la relación y no se enfrentaban a sentirse sancionadas por no seguir las creencias que les recomendaban cubrir de alguna forma su rostro. Su opción fue continuar con el gran manto que cubre el cuerpo, pero dejar el óvalo de la cara libre y utilizar en las salidas públicas unas grandes y modernas gafas de sol… Podían saludarse con sus nuevas amigas y ser respetuosas y respetables, todo a la vez.

No aprovechamos en todo lo que vale el subterfugio de modular o modificar determinados esquemas organizativos para conseguir cambios estructurales o de mayor importancia. En los dos casos mencionados logramos incidir sobre el carácter de una persona acostumbrándola, sencillamente, a reírse de sí misma en un ejemplo y a dejar que una variación pequeña en la vestimenta deje aflorar el sentimiento de la amistad sin quebrantar una convicción religiosa en el segundo caso.

¿Quieren otro ejemplo fascinante? He podido constatar personalmente en Nueva York el caso de un hotel desde cuyo último piso muchísimos suicidas no pudieron resistir la tentación de terminar con sus vidas en un entorno agradable. Bastó construir una pequeña barandilla lo suficientemente alta que impidiera tirarse por ella para que no hubiera más suicidios. Un porcentaje elevadísimo de los que no cometieron suicidio renunciaron después a la triste idea.

¿Por qué no le damos gratis al Gobierno otra sugerencia sacada del mismo hervidero de innovaciones? La imprescindible universalización de la mayoría de las prestaciones sociales como la sanidad, la educación o la seguridad ciudadana ha producido un colapso en la oferta que, en el peor de los casos, ha supuesto un descenso abrumador de la calidad y, en el mejor, de la comodidad; la atención sanitaria recibida es ahora menor de lo que era y los plazos ofertados, interminables. ¿Cuál es la solución?

Reducir drásticamente el gasto sanitario aumentando de modo decisivo las inversiones en medidas preventivas. ¿Por qué no nos ocupamos de mejorar la dieta de los ciudadanos, reducir su estrés en el trabajo y cuidar de su ejercicio físico? Una pequeña inversión en cada uno de estos campos tendría un impacto gigantesco en los gastos sanitarios.



52 Respuestas to “Aprender a reír para cambiar nuestro carácter”

  1. Aprender a reír para cambiar nuestro carácter por Eduardo Punset | Alegría en Acción:

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  2. Esta ciudad y yo | ubredurbe:

    […] me propongo no tener malos pensamientos durante toda la jornada, me acuerdo de aquel estrambótico método que difundió Punset de colocarse un lápiz atravesado en la boca para forzar la sonrisa, intento descubrir por las […]

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