Autor: Eduard Punset 5 octubre 2008

Ranulfo Romo, neurobiólogo
 
Todo lo que conocemos del mundo nos llega por los cinco sentidos. Empezamos a conocer cómo transformamos en señales eléctricas lo que la retina envía al cerebro. Incluso conocemos la proteína con la que fabricamos los colores que hasta ahora creíamos que estaban en el universo. Pero lo que no sabíamos es que, sin la memoria, no existe el mundo ni el universo. Esto quiere decir que cuando pensamos o hablamos, lo hacemos siempre desde el pasado.
 
Fecha de la entrevista: 2007-04-05
Lugar de la entrevista: México DF

  • Perfil académico de Ranulfo Romo en la web de la UNAM (castellano).
  • Perfil académico de Ranulfo Romo en la web del Howard Hughes Medical Institute (inglés).
  • Cambian 100 años de teoría cerebral, artículo sobre una investigación de Ranulfo Romo cuyos resultados podrían tener importantes consecuencias para el tratamiento de enfermedades neurodegenerativas.
Los trabajos de de Ranulfo Romo sobre los códigos neuronales de la percepción, la memoria y la decisión están resultando decisivos en la neurobiología actual. Hoy nos habla de un gran enigma aún por descifrar: cómo es la relación entre la actividad neuronal y nuestros sentidos.

 

Clip de la entrevista entre Punset y Romo (3 min 03 seg).

Eduard Punset:

Ramulfo, se te recordará por muchas cosas. Una que a mí me fascina es que, después de haber pasado años investigando con monos Rhesus, con personas y computadores, llegaste a la conclusión de que el mundo no existiría sin la memoria.

Ramulfo Romo:

Por supuesto. Y parece una conclusión muy lapidaria y contundente. Pero te voy a dar un ejemplo muy sencillo: los pacientes con la enfermedad de Alzheimer han perdido todos los circuitos cerebrales que tienen que ver con guardar la información de la experiencia a través de años y años. Son capaces aún de sentir cosas con las manos, de ver, de oír y de degustar, pero son incapaces de reconocer el entorno en el que están viviendo, de reconocer una pregunta o la cara de un familiar. En nuestro cerebro hay una maravilla de circuitos cerebrales que son capaces de guardar nuestra experiencia y que nos permite tener una identidad. Algo mucho más contundente es el hecho de que a través de la historia fuimos pasando la información -primero lo hicimos oralmente-, la guardamos en memoria y con eso podíamos hacer cosas. En nuestro cerebro traemos todo el pasado y sin el pasado no podemos saber lo que somos en este momento.

EP:

En realidad, cuando estamos hablando tú y yo, ¿estamos en el pasado?

RR:

Estamos en el pasado. De hecho, la pregunta que me hiciste originalmente se retrasó unas milésimas de segundo en mi cerebro para que yo la pudiera procesar. Y todas las respuestas que estoy emitiendo en este momento están en el pasado.

 

Punset y Romo en el laboratorio del científico. (Imagen: smartplanet)

EP:

¿Tu cerebro está echando mano de la memoria?

RR:

Sí, pero además todo es el pasado. Vivimos en el pasado. Lo que entendemos como el presente, no es otra cosa más que el pasado.

EP:

Cuando no hay memoria, cuando no hay precedentes archivados en la memoria, ¿quién la sustituye? ¿Es la imaginación?

RR:

Es la asociación. Una de las grandes virtudes que tiene nuestro cerebro afortunadamente es que puede generalizar. Puede ir más allá de lo que ha aprendido y ha guardado en la memoria. Nuestro cerebro es capaz de ir transformando estas experiencias y puede transformar también la información que aporta la realidad. Lo hace de tal manera que ya no sabes cuál es la realidad: si la que traes en el cerebro o la que te está entrando a través de los órganos de los sentidos.

No podemos prestar atención siempre a lo mismo

EP:

Después de experimentar cuidadosamente con los monos Rhesus, dices que, a medida que prolongas el estímulo sensorial al mono, en la misma medida disminuye la intensidad de la descarga neuronal. En otras palabras, es como si el tiempo, la prolongación del estímulo, produjera una adaptación neural que, en un caso muy particular en el que estoy pensando ahora -la vida de una pareja- podría llevar al desafecto.

RR:

En nuestro trabajo de investigación, -ese ambiente frío y minimalista del laboratorio donde se ponen a prueba hipótesis de trabajo, donde los estímulos ya no son tan naturales y no ocurren como en nuestra vida diaria sino que son controlados por las computadoras- la fisiología sensorial nos enseña algo muy valioso: nosotros no podemos estar prestando atención a la información sensorial todo el rato por el resto de nuestros días. En algún momento, este proceso tiene que romperse. Y lo que hemos observado en el laboratorio es que la atención del observador que tenemos en el cerebro se enfoca en un periodo limitado del estímulo. Lo que hacen las neuronas es que en los primeros segundos prestan atención a esta información y van decayendo de a poco, ya no miran a esa información aunque el estímulo esté presente ahí. Esto nos indica que nuestro cerebro no puede estar mirando o escuchando permanentemente lo mismo. Lo que el cerebro hace es detectar transientes, cambios que son relevantes en nuestra vida. Es como cuando comemos: si es siempre el mismo sabor, queda poco interés en el platillo.

EP:

Y tampoco es posible sentir asco todo el rato.

RR:

O estar escuchando la misma explicación de un colega sin perder la atención. Las neuronas reflejan este mecanismo adaptativo que le permite a nuestro cerebro enfocar su atención en un instante de tiempo. En relación con la vida en general, yo creo que hay algo de eso también.

EP:

Hay algo.

RR:

Sin ser un consejero matrimonial ni ser el doctor amor, yo quiero imaginarme que las relaciones humanas se mantienen gracias a que hay un componente atractivo de cambios continuamente. No podemos mantener la misma estrategia siempre con el mismo individuo para mantener el interés. Tenemos que hacer variaciones del mismo tema. Es como cuando estás tocando alguna pieza: pues ahora hazle algunas modificaciones aquí para llamar la atención.

Los colores, una construcción del cerebro

EP:

Te voy a hablar de un tema que me ha fascinado durante muchos años, que he discutido con mis amigos artistas que tienen una fijación por los colores y te voy a decir de qué se trata. Si voy andando por la playa y me echan una pelota, en un instante sé del volumen de la pelota, a la velocidad a la que ha venido, de dónde me ha venido y la veo de un color. Y cuando hablo con vosotros, me decís “estos colores no están en la naturaleza”, están en tu cerebro. Y cuando yo hablo con mis amigos pintores y les digo que no están en la naturaleza… bueno, me correrían a palos. Hablemos un poco de la percepción de los colores.

RR:

Esto es fascinante. El tema que siempre me ha fascinado es la representación de la realidad del cerebro. Cuando yo le dije a un colega que la realidad estaba en el cerebro, puso el grito en el cielo y dijo “pero si ahí están las estrellas, eso es física y aquí están las piedras y aquí estamos sentados”. Estamos sentados y están las estrellas y estamos sintiendo todo gracias a nuestro cerebro porque la realidad está en el cerebro. Es una paradoja que la realidad esté en el cerebro y que también haya una realidad física. No hay duda de que el mundo existe: los mares y el cosmos están ahí. Pero con esta realidad que está en nuestro cerebro, hemos construido todo nuestro universo. Yo no sé cuál será el universo del mono o de la rata; de hecho, la rata no utiliza la modalidad visual ni auditiva, utiliza los bigotes para explorar el universo y por ello tiene una representación del universo basada en la información que entra por sus bigotes. Nosotros, los primates superiores, generamos una realidad basada en las propiedades limitadas que tienen nuestros órganos de los sentidos y que amplificamos a través del mecanismo de representaciones neurales. Pero no hay duda de que estas están en el cerebro.

Dando nombre a los colores:

(5 min 45 seg).

A lo largo de la historia, no todos los colores tenían nombre. Algunos de los que hoy nos parecen tan distintos como el verde y el rojo incluso recibían un mismo nombre. Y el gris, el marrón o el rosado son producto de nuestra mente porque el que ve, en realidad, es el cerebro.

EP:

Sí…

RR:

Yo puedo ver tu cara y su contorno en tres dimensiones, pero en realidad la entrada de información a mi aparato visual es plano, en dos dimensiones, y mi cerebro se encarga de ponerlo en tercera dimensión y de darte la forma. La textura como tal tampoco existe: es una abstracción, un agregado que le pone el cerebro así como también el color. El color que creemos que tienen los objetos es una construcción central de nuestro cerebro que después proyectamos hacia fuera. El cerebro interno se vuelve exocerebro mandando proyecciones hacia fuera. Yo puedo evocarte sensaciones activando artificialmente ciertas zonas internas de tu cerebro, pero las expresiones subjetivas de esas sensaciones y de esas percepciones son hacia fuera. Entonces no me extraña que lo que defiende el pintor es el color de los objetos. Pero esos colores tan interesantes que está plasmando son proyecciones del cerebro.

EP:

Para complicar más las cosas aún, con esta historia de los colores, resulta que habéis identificado la proteína en la retina que permite ver tres colores y no más: el azul, el rojo, y el verde, y con eso nos las apañamos. ¿Esto es corecto?

RR:

Sí. Esto es un descubrimiento muy bonito realizado por unos colegas de la universidad John Hopkins ya hace unos quince años aproximadamente y que indica algo fundamental: no todo es neuronal, no todo es cerebro.

EP:

Claro.

RR:

Nuestros órganos sensores son un aparato preneuronal que transducen energías. En el caso de la visión de los colores, la energía luminosa es absorbida por estas proteínas que son las que codifican la longitud de onda. Estas proteínas la absorben, la codifican y luego se la pasan a las neuronas que están en la retina. Y lo que transmiten al cerebro esas neuronas -y eso es verdaderamente lo sorprendente- son unas chispitas eléctricas que van por los circuitos cerebrales hasta llegar a lo que se conoce como la corteza visual, que está en la parte de atrás de nuestro cráneo. En esa zona se forma un mapa espacial -porque tenemos que localizar algo en el espacio- y además, lo que está en ese mapita, lo que está asociado con esas proteínas puede estar codificado en el circuito en forma de colores.

 

El cerebro construye la realidad, pero no todo es neuronal,
explica Romo. (Imagen: Smartplanet)

EP:

Tres colores.

RR:

Pero además el cerebro se encarga posteriormente de hacer combinaciones. Estas combinaciones no son de tipo categórico sino que son una especie de continuo que permite el llenar esos picos que son estas longitudes de onda. Y esto es una verdadera maravilla porque sucede en el circuito cerebral, en nuestra corteza visual.

EP:

Y mi perra no tiene esto…

RR:

Algunos animales no tienen esta capacidad porque no tienen la proteína que absorbe estas longitudes de onda ni tampoco este ni circuito neural que genera estos colores.

El sabor de las cosas

EP:

Vamos a por el penúltimo: el sabor de las cosas. Tú y otros escritores habéis rememorado su vida de niños y decís “es que recuerdo el sabor, el olor” y venís los neurólogos y me decís que las células gustativas son mediocres, no se renuevan fácilmente y se mueren. El secreto está en las olfativas. Es gracias al olfato que recuerdas el sabor de las cosas. El olfato es fantástico, las células gusativas no tanto.

RR:

El aparato preneuronal al que nos referíamos al hablar de la percepción de los colores es fundamental para lo que hace nuestro cerebro, porque lo único que recibe nuestro cerebro son chispitas eléctricas que vienen de cada una de las modalidades sensoriales. En el caso del sistema olfativo, se descubrió una familia de proteínas que están en la mucosa nasal. Esas proteínas son receptoras de ciertos componentes químicos -los olores que se le pegan- y están conectadas a las fibras eléctricas que las llevan en forma de chispitas al cerebro y donde generan mapas de representación odorífica. Lo fantástico de esto es que ¿cómo es posible que el olor que experimentaste hace treinta años con algún platillo exquisito que preparó la abuela, lo puedas asociar con sentimientos, con afectos, pero además con espacios visuales, acústicos?

El olfato como herramienta de trabajo:

 

(4 min 35 seg).

Confrontados diariamente con intensos olores desde la cocina, el hospital y el cuartel de bomberos, tres profesionales nos cuentan sus particulares experiencias olfativas.

EP:

Es increíble.

RR:

Lo que pasa es que esta información que entra a través del olfato va a la parte más vieja del cerebro que tiene que ver con la información en general, que a través de la evolución filogenética de los organismos ha permitido guardar las memorias. Es por eso que los perros, los gatos o las ratas tienen una memoria mucho mejor que la nuestra. En nuestro caso lo podemos recrear de una manera más linda con aspectos emotivos. Estos circuitos están conectados prácticamente con todo, y es por eso que nos permite hacer asociaciones auditivas, visuales y afectivas con el olfato. Es una maravilla.

EP:

Llevas unos treinta años trabajando sobre la neurología de la percepción. Después de ese tiempo, ¿crees que podrías dedicar otros treinta años profundizando en eso, o ya estás al borde de saberlo casi todo?

RR:

Yo creo que una de las cosas que el ser humano debe entender es que jamás podrá entenderse a sí mismo porque es el cerebro tratando de entenderse. Así como hemos discutido a lo largo de esta charla que el cerebro nos engaña, el cerebro también nos puede generar una ilusión de que estamos en vías de poder entenderlo. Pero pienso que es una trampa, y esa trampa es muy bella porque creo que nos va a mantener activos por la ilusión de que hay algo que podemos entender. Yo pienso que estoy muy lejos, aunque yo creo que una de las funciones que algún día vamos a entender muy bien es la percepción. Y creo que estamos muy cercanos de entender cómo vemos, cómo miramos, cómo oímos, cómo escuchamos, y cómo sentimos, cómo elaboramos nuestras percepciones, cómo hacemos asociaciones entre todas estas cosas. Prácticamente ya entendemos la biofísica y la neurobiología de estos procesos. Lo que no entendemos todavía es la parte subjetiva de nuestras percepciones, cómo emana nuestra subjetivad -que yo creo que es la parte más atractiva del ser humano-. En los próximos años, creo que vamos a enfocar este aspecto subjetivo del individuo y de hecho es una de mis grandes pasiones. No sé hasta dónde se puede llegar, pero es como un marinero que se lanza al mar. ¿Qué tal si descubrimos América otra vez?



11 Respuestas to “Vivimos en el pasado”

  1. Maruja:

    Qué maravilla!!!

  2. agustin fernandez del castillo suardiaz:

    En relación con la entrevista en oct 08 a Ranulfo Romo, me gustaría hacer las siguientes matizaciones :

    – Los cinco sentidos son solo una herramienta al servicio de lo que Somos. Lo que SOMOS, con una realidad permanente, incluyendo y dando sentido a un MUNDO con su realidad siempre cambiante y temporal, YA ESTÁN AHÍ, con sentidos al 100% , o con ellos, limitados. Los sentidos, solo interpretan lo que ya está ahí.

    – Sin la memoria, existe el 90% de la realidad que todavía, el cerebro y el mundo, de solo las ideas, no conoce.

    – Las palabras y las ideas frías, suelen proceder de la repetición pendiente aún de SER iluminadas por Eso que debe dar sentido a las palabras y a las ideas, para que dejen de ser pasado y sean presente transformador.

    – En la demencia tipo Alzheimer, hay diferentes grados de deterioro cognitivo y la pérdida de la memoria, no reduce en principio y de una forma generalizada la capacidad de conciencia global y de atestiguación del paciente. Conciencia y consciencia, no es lo mismo y la primera, solo da sentido a la segunda y a la memoria.

    ( por motivos de extensión, dejo al criterio del moderador, unas notas sobre este particular).

    – Ejercicios sencillos de meditación, nos revelan que al cerrar los ojos y relajar el cuerpo, la consciencia, es solo esa pantalla plana con tdt donde aparece la imaginación y el parloteo mental. Si uno profundiza, la vida real discurre en el interior de la columna vertebral y por tanto, en planos que no son esa superficie donde aparece la imaginación y el parloteo.

    La capacidad de atestiguación inherente al ser humano, y que inicialmente es un falso testigo, es precisamente la que se da cuenta cuando hay pensamientos y cuando hay, solo su ausencia. Uno, suelta ese inicial testigo, cuando aparece la imaginación y se enfrasca en los pensamientos y el parloteo. Todo eso, solo ocurre en la superficie.

    – Cuando hablamos, no estamos necesariamente en el pasado. Solo lo están los que hablan de una forma automática sin cuestionarse cual es el papel de las palabras en la vida. ¿Son vehículo de algo más? ¿son vehículos de lo que Somos? Cada uno, contesta a esta pregunta cuando se sitúa detrás de las palabras y del pasado, y construye presentes frescos y nuevos.

    – El cerebro, no tiene que vivir una y otra vez echando mano del pasado . Solo el que no suelta sus ideas, no se vive desde otro sitio.Ojala, los talleres de reminiscencia, se abrieran a pensar que el anciano, ademas de pasado, es presente que hay que currarse en esos mismos talleres.

    – Efectivamente cuando abres ventanas a tu vida, la realidad llega desde mil sitios de dentro y fuera de nosotros.

    – Afortunadamente, como la imaginación, es solo una pequeña parte de lo que es capaz el cerebro, quiero señalar que la naturaleza de la mente, no es salir a buscar tensión ( asco/atracción/atención). De hecho, el que la mente en cuanto se focalice con la atención en algo, sea incapaz de mantener el interés y la motivación en lo que mira, confirma la necesidad urgente de que nos planteemos
    si la naturaleza del ser humano y de su mente, es retener y no soltar, para así poder reflejar y expresar sin distorsiones, lo que viniendo desde dentro, solo se está continuamente dándose.

    – -El 10% del cerebro, jamás podrá entenderse a si mismo. Menos mal. Así, con el 90 % del cerebro restante pondremos a ese 10% en su sitio y , podremos ver una lucecita en el túnel.

    Notas sobre asunto Alzheimer.-

    En los ancianos con demencias tipo Alzhéimer, hay varios grados de deterioro y diferentes fases de desarrollo de ese deterioro.

    La casuística de lo que uno puede olvidar o no recordar es infinita. El miedo inevitable que surge cuando uno se va dando cuenta que se empieza a quedar sin las agarraderas de la memoria, podría ser contrarrestado de inmediato si se empieza a llevar al paciente al convencimiento de que detrás de la transitoriedad de las ideas que vienen y van, hay una ATESTIGUACIÓN O CONCIENCIA PERMANENTE que sólo constata sin juzgar y que por estar siempre ahí, a nuestra disposición:

    – Reconoce cuando aparecen las ideas o los pensamientos.
    – Y le permite darse cuenta de lo que olvidó o de lo que ya se acuerda.

    Uno no necesita pasarse la vida recordando tengo dos ojos o dos oídos. Saber que están ahí, implica acordarse de ellos cuando se necesitan y aprender a usarlos.
    .
    ¿ Podemos con todos estos pacientes, establecer en la terapia individual o grupal , pautas de comprensión o comunicación profesional – paciente, que permitan una COMPLICIDAD DE ENTENDIMIENTO ENTRE LAS PARTES, a través y durante las diferentes fases o períodos del deterioro cognitivo ?

    .
    Si llevamos una y otra vez al anciano a que fortalezca en él la constatación de que él estaba siempre ahí, para darse cuenta de lo que ha olvidado, estaremos potenciando su PROPIA capacidad y habilidad todavía LÚCIDA y menos influenciada por el declive, de ATESTIGUAR TODOS SUS CONTENIDOS MENTALES.

    Si enseñamos al anciano, a que a su manera, identifique lo que el , como VIVENCIA, entiende por LA CONCIENCIA O EL TESTIGO de todo lo que a él le pasa por su cabeza, avanzaremos en ese sentido de dos formas:

    – Mediante la objetivación de los pensamientos o los parloteos mentales.

    – Y a través del FORTALECIMIENTO de que la idea de poder recordar los contenidos mentales, supone siempre, un alguien o algo permanente en su cabeza que ha estado ahí para constatarlo.

    La propia comprensión de este hecho, ya funciona en la práctica y le permite tener al enfermo de alzheimer un mástil sicológico al que agarrarse.

    YO soy el que se acuerda de la palabra martes y EL que se olvida de la palabra miércoles. EL que se acuerda del nombre de mi hija y EL que se olvida de la de mi nieto.

    Este testigo permanente, será rápidamente identificado por la persona, incluso si no tuviera un ejercitamiento de trabajo previo mental, quien lo identificará con sus propias palabras como CONCIENCIA, ATESTIGUACION , LUCIDEZ, etc. etc.

    Esto movilizará inmediatamente a la persona para mantener durante todo el día, esa vivencia que para él, supone simplemente ESTAR DESPIERTO, como capacidad intelectual inherente, y desde la que reconocerá luego las ideas o pensamientos que aparecerán y desaparecerán en su cabeza; y de cuyos contenidos, nos preocuparemos sobre todo de enfatizar su TRANSITORIEDAD para que la persona, construya un EGO MENTAL permanente desde el que vivirse.

  3. Mónica:

    Hola, antes que nada felicidades por el trabajo de ambos, tanto del que entrevista como el entrevistado.

    Hablaba de los animales, en su experiencia comoinvetigador, ¿cuál es la diferencia entre hombres y animales?, ¿la apariencia, el tipo de lenguaje o la falta de entedimiento de ambos?, ¿concidera que los animales son semicognitivos?, ¿por qué?.

    Gracias.

  4. Vivir el presente (segunda parte) y el RAS « www.coachtotal.com:

    […] estudios e investigaciones sobre el Alzheimer y el Parkinson. Ranulfo declara, sencillamente, que vivimos en el pasado. Llegué a esa entrevista del blog de Eduardo Punset googleando tras leer su interesante libro […]

  5. Euler:

    Estimado Ranulfo Y eduardo: Considero que el tema que abordaron, ya hace unos años, es decir, en el año 427 A.C. lo habian planteado Socrates, Platon, Aristoteles, Heraclito, Parmenides entre otros. Considero importante antes de hablar de como adquiere el conocimiento el ser humano, antes de los mecanismo de almacenamisto, es importante comprender ¿Qué es la Realidad Inmediata?, ¿Qué es el pensar?, ¿Qué es el tiempo, el espacio, conocimiento, la experiencia, la percepcion sensiorial?, en fin. Para ello es necesario recurrir a la Epistemologia y a la ontologia.

  6. Euler:

    Estimado Ranulfo, que bien que reconoces que el conocimiento actual tiene su base y fundamento en el pasado, ya que todo pensamiento es producto del pasado de la humanidad. Ahora, yo preguntaria, ¿Es posible adquirir y construir nuevos conocimientos sin apoyarnos en el pasado?, es decir, sin utilizar la experiencia, la memoria, y todo ese conjunto de informacion que proviene del pasado. Bueno para ello podriamos recurrir al ensayo sobre “la razon y el conocimiento silencioso”, publicado en internet.

  7. ANTONI BALLESCA:

    El apercibimiento de nuestro entorno depende de nuestros sentidos. A su vez de los impulsos nerviosos que impulsan los mismos hacia el cerebro. A su vez de la codificación de los mismos por parte del cerebro.
    El entorno, en otros seres vivos, cambia, dependiendo de su estructura sensorial, es decir: Por ejemplo los murciélagos, pueden captar ultrasonidos, pájaros que pueden orientarse de manera natural, animales que ven en blanco y negro, los perros y otros animales olfatos súper potentes, etc.. Todo ello y otros, nosotros, no somos capaces de detectar.
    Mi conclusión y pregunta es la siguiente:
    Si podemos entender que todos los seres vivimos, tenemos una base de ADN, y por tanto tenemos una estructura sensorial muy parecida y aún así, tenemos estas diferencias?. Realmente nuestro entorno está condicionado a nuestra capacidad de apercibirlo y realmente nuestro entorno podría ser diferente según la codificación de los impulsos nerviosos, que efectúa nuestro cerebro, procedentes de nuestros sentidos? Si nuestros sentidos tuvieran otra estructura o el cerebro los codificara de otra manera. Nuestro entorno o el universo, lo apercibiríamos de manera diferente? Realmente el entorno o universo es igual, para todas las criaturas o depende de la capacidad de apercibimiento por parte de los sentidos o estructura cerebral

  8. Alfonso Vargas:

    Dudo que esas “neuronas de la percepción” existan en algunos elementos que han vertido exquisitas líneas de sabiduría… quize decir ¡lúcidos comentarios a la entrevista al Dr. Romo!

  9. Vivir el presente (segunda parte) y el RAS | josemiguelgil:

    […] estudios e investigaciones sobre el Alzheimer y el Parkinson. Ranulfo declara, sencillamente, que vivimos en el pasado. Llegué a esa entrevista del blog de Eduardo Punset googleando tras leer su interesante libro […]

  10. jesus robledo lopez:

    todos pensamos, y dependiendo de nuestros conocimientos es lo que nos diferencia. cuando digo, mí, cerebro, realmente no es mi cerebreo sino el cerebro de la humanidad. ese mí que comenzó con la creación de mi imagen es lo que me separa de los demás. ese mí que es el pasado se proyecta al futuro formando parte del pasado.

  11. Vivir el presente (segunda parte) y el RAS | Jose Miguel Gil:

    […] estudios e investigaciones sobre el Alzheimer y el Parkinson. Ranulfo declara, sencillamente, que vivimos en el pasado. Llegué a esa entrevista del blog de Eduardo Punset googleando tras leer su interesante libro […]

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