Estudiando el comportamiento de los primates –lo siento, querido lector de la nueva década que acaba de inaugurarse–, estamos aprendiendo no sólo cómo funciona el proceso cognitivo de ellos, sino también el nuestro. Es más, nunca sabremos lo que es el conocimiento humano sin haber ahondado en lo que compartimos con los primates.
Lo que intento sugerir es que, en estos momentos, los mejores científicos están dejando de referirse a la inteligencia como el atributo eminentemente humano que nos diferenciaría del resto de los animales. Preferimos ahora aceptar que hay conocimiento o incluso pensamiento en varias especies cuando afloran tres características: la flexibilidad en el comportamiento no encadenada necesariamente a la genética, la representación mental de un escenario que permite variar su composición y algo que es inherente a las dos: me refiero a la complejidad.
Existen organismos animales, incluidos los humanos, que han aprendido una serie de cosas que les permiten diseñar estrategias a la hora de cumplir un determinado objetivo. Lo que te han enseñado puedes olvidarlo o descartarlo o modificarlo y, por ello, este tipo de aprendizaje no genético suele ser flexible.
Un chimpancé se las ingenia para sacar un cacahuete que yace en el fondo de un estrecho tubo de vidrio. El experimento fue realizado en el Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva, en Leipzig (Alemania).
Mi perra solía tirar de mí hacia la panadería del barrio –y yo aceptaba ir por otras razones, como la de comprar el pan– porque la amable dependienta siempre le daba un bollo. La verdad es que, sin cierta flexibilidad, no se activa un proceso cognitivo complejo.
Si un día no estuviera la dependienta amable y nadie le diera nada a mi perra, al día siguiente volvería a tirarme hacia la tienda. Ahora bien, no hice la prueba con ella, pero sí con ratones en otro contexto; si no hubieran premiado con el bollo a la perra durante un mes seguido, habría dejado de tirarme en aquella dirección al regresar del paseo. El hecho es que, sin cierta flexibilidad, no se puede hablar de conocimiento o pensamiento.
Todos hemos tenido amigos, animales unos y humanos otros, que no dan muestras de la suficiente flexibilidad en sus costumbres. En lugar de discutir en el futuro si mi jefe o director de departamento es más o menos inteligente que un cuervo o un perro, vamos a sopesar primero si reúne la flexibilidad suficiente de comportamiento; la capacidad para crear una representación mental, que le permite intuir o recurrir a la memoria, después; y, por último, la complejidad inherente a las dos. Las tres cosas se pueden dar en diferentes especies: en una especie de los primates, por ejemplo, y no darse las tres, en cambio, en mi director de departamento.
No hay que tener miedo de aceptar que una persona o un animal no humano está “pensando”, cuando resuelve el problema que se le plantea, recurriendo a la flexibilidad y a la representación mental.
Por representación mental quiero decir la capacidad de imaginar, intuir o anticipar lo que puede ocurrir si algo o alguien cambia de situación o conducta. Si mi jefe tiene manías y no es capaz de cambiar la hora en la que suele tomar café, a pesar del trabajo acumulado en un día determinado, y, además, es el último en enterarse de que el ciclo económico es ahora adverso, estará haciendo gala de una inflexibilidad e incapacidad de representación mental que lo catapultan como incompetente a los ojos de los demás.
La gran ventaja de arrinconar la antigua división entre los humanos supuestamente inteligentes por una parte y el resto de los animales por otra es que nunca podremos definir la naturaleza de los procesos cognitivos de los primeros sin haber identificado aquellos aspectos del conocimiento que compartimos con nuestros parientes más cercanos, los primates.


14 febrero 2010 a las 12:01 am
[...] Ver entrada completa y comentarios en el blog de Eduard Punset [...]
14 febrero 2010 a las 12:33 am
Me parece que usted ha tocado la piedra angular de nuestra supuesta “evolución”. A lo largo de nuestro crecimiento biológico no sólo dejamos de ser animales errantes para convertirnos en no sé qué cosa, porque nuestra supuesta evolución no ha hecho mas que subestimar a otras especies, de las cuales ahora intentamos aprender. Me da la impresión de que el hombre cada vez se convence más de que los saberes que alguna vez llegamos a catálogar como inútiles nos harán conjugarnos uno con el mundo otra vez.
Saludos señor Punset.
14 febrero 2010 a las 1:31 am
[...] La inteligencia no es exclusivamente humana (con vídeo) (Eduard Punset) [ http://www.eduardpunset.es ] [...]
14 febrero 2010 a las 1:45 am
Desde pequeña convivo con animales, gatos, perros y jilgueros, por lo que actualmente no me sorprende ningún comportamiento inteligente de su parte, es más lo veo como algo normal. Jilgueros que te daban las buenas noches y habrían la puerta de su jaula, perros que saben cuando entra un desconocido en casa si es o no de confianza, gatos que aprenden a abrir grifos monomando o puertas. Parece increíble como los animales son capaces de adaptarse a entornos para los que no les preparó la evolución genética usando su inteligencia, y lo más fantástico es comprobar hasta que punto es algo habitual y generalizado entre los animales.
Y si hablamos de primates, cuanto más sé de ellos, más convencida estoy de que puede que la Dra. Jane Goodall llevé razón al decir que somos la tercera especie de chimpancé.
14 febrero 2010 a las 1:37 pm
Hola Eduardo, Feliz día de los enamorados!!
Efectivamente cada vez son mas los indicios de que lo que nosotros entendemos por inteligencia en realidad no es mas que un exceso de actividad neuronal, una hiperactividad cerebral que nos obliga a estar siempre pensando, buscando, experimentando, inventando, poniéndolo todo patas arriba y causándonos una existencia bastante extresante.
Ese exceso de creatividad y de curiosidad no nos lleva siempre a buen puerto, ocasionando muchas de las enfermedades mentales de las que sufrimos y obligándonos a confeccionarnos una existencia totalmente artificial para poder sobrevivir lo mas cómodamente posible, algo que no es compatible con el natural ciclo de las cosas y mucho menos con el respeto al medio ambiente.
Por lo tanto el término inteligencia en nuestro caso, tendría que ser modificado por -mayor hiperactividad cerebral-. Yo personalmente considero ese fenómeno una mutación o defecto genético mas que una virtud, con el resultado evidente que ya conocemos -nuestro complejo mundo actual- que a veces se asemeja mas al patio de un gran psiquiátrico que a un feliz jardín del eden donde solo hay primates o indígenas en plena armonía.
Definitivamente el tema de la inteligencia está mal entendido y enfocado, y por supuesto que cualquiera especie animal es mas inteligente que nosotros y mas perfecta, no tienen necesidad de salirse del papel que les otorgó la naturaleza para poder sobrevivir, no le causan daño a la tierra , no emprenden guerras, no inventan cosas inútiles peligrosas para todos, no trabajan, no trafican con dinero, no intentan salir al espacio a ver lo que encuentran por ahí….etc, et
Nuestros inventos solo sirven para mantenernos ocupados, para complicarnos la vida y para poner en peligro nuestra existencia.!!
Es eso un perfil inteligente???
Saludos
14 febrero 2010 a las 5:17 pm
[...] » noticia original [...]
14 febrero 2010 a las 5:52 pm
[...] » noticia original [...]
14 febrero 2010 a las 7:25 pm
gracias por lo de “mejores científicos”
14 febrero 2010 a las 8:36 pm
La mente, no sólo la humana, es extraordinariamente compleja, amigo Eduard, pero la mayor parte de nuestros congéneres “piensan” que son el centro del universo, pero de uno que sólo existe en su soberbia, creo yo. Se resisten a admitir, incluso a percibir, cualquier cosa que no sean ellos. Por lo visto, sólo al hombre le es lícito creer en Dios…
Un abrazo.
14 febrero 2010 a las 9:21 pm
“Si un día no estuviera la dependienta amable y nadie le diera nada a mi perra, al día siguiente volvería a tirarme hacia la tienda.”
Por supuesto que seguiria tirando y al principio con mas frecuencia, curva de extincion
14 febrero 2010 a las 10:01 pm
Todavia recurdo la sorpresa que me llevé cuando, en la asiñatura de inteligencia artificial, la profesora nos dijo que todavia no consiguen hacer un piloto automatico para elicopteros, mientras una mosca es capaz hasta de aterrizar en el techo…
Tenemos todavia mucho que aprender, siendo bastante umildes como para aceptar que una roca de silicio es potencialmente mas inteligente de una persona.
14 febrero 2010 a las 10:37 pm
Siempre se ha dicho que la necesidad agudiza el ingenio. Los seres humanos, los que vivimos en el mal llamado primer mundo, en general, no carecemos de nada y todo se nos da hecho y servido. Así no utilizamos nuestras habilidades. Si fuesemos más inteligentes, no permitiríamos que nos condujesen como títeres.
15 febrero 2010 a las 12:34 am
Completamente deacuerdo. Lo que me pregunto, con franqueza, es si los que toman las decisiones que afectan a los demás “primates humanos” son los que deben, o deberían, ser. A veces me cuestiono la auténtica inteligencia de mi especie.
¿Realmente somos inteligentes, o solo somos listos?
Saludos.
15 febrero 2010 a las 2:01 am
En algún pasaje entre la extensa bibliografía de Friedrich Nietzsche, de su obra “El viajero y su sombra”, define al hombre como “el que mide”:
El ser humano, el ser que mide. -Es fácil que toda moralidad humana tenga su origen en la descomunal excitación interna que hizo presa en los primeros seres humanos cuando descubrieron la medida y el medir, los pesos y el pesar (¡si hasta la palabra <> [Mensch] significa <>, el que quiso darse nombre por su más grande descubrimiento!). Con esas ideas ascendieron a terrenos del todo imponderables e inmensurables pero que no lo parecían en los orígenes.
Creo que esta es la definición más aproximada de lo que distancia la inteligencia humana de la animal.
Desde mi punto de vista, creo que hay una laguna de años de evolución entre los animales y el hombre que todavía no hemos podido descifrar. Es la capacidad de crear más que el crear en sí mismo.
Recordemos además que hay defensores creacionistas entre los que se encuentran el premio novel Francis Crick,
http://en.wikipedia.org/wiki/Panspermia
Es decir, no podemos tirarnos de lleno a la teoría evolucionista cuando hay otras teorías que aun siendo descabelladas, también tienen cabida.
La mente humana encierra todavía grandes misterios… Hay un tema que tendría que tocar en algún programa, y que afecta en gran medida al ser humano, un tema que es dificil de abordar si no lo es por la vía psicológica; el tema de los sincronismos, que afecta por igual a animales y seres humanos. Algo que seguramente tendrá mucho que ver con las redes empáticas.
Es un tema para los que el pensamiento científico se queda muy corto todavía.
Le dejo un enlace a un foro donde traté el tema bajo el seudónimo de horus. Mucha gente tiene una justificación “paranormal”, pero el hecho coincidente, en este caso sincronismo numérico, es evidente.
http://foros.cuatro.com/index.php?s=dda4207ad5264d7715c8320cef7210d9&showtopic=133333&st=80
Seguramente el lugar del anterior enlace no sea precisamente científico, pero la verdad es que todavía no he podido ver un programa serio en toda la televisión española que aborde científicamente el tema de los
sincronismos entre seres humanos o animales. Permítame entonces, sugerírselo de esta forma tan estrambótica Sr. Eduard. Para un programa así, serían muy buenos invitados:
el psicólogo hugo luchetti,
http://hugoluchetti.blogspot.com/
o el ingeniero y economista Josep M. Albaigès,
http://www.albaiges.com/
Saludos y felicidades por su espacio televisivo y su trayectoria intelectual.
15 febrero 2010 a las 2:24 am
No hemos inaugurado la década.
15 febrero 2010 a las 3:04 am
creo que paginas como esta al igual que el programa redes jerarquiza los contenidos de la red y de la tve¡que contraste con los que promueven la tauromaquia!
15 febrero 2010 a las 9:04 am
fantastic ¡
15 febrero 2010 a las 9:43 am
Te doy toda la razon, no soy nada parecido a tu mente, pero me considero una persona con motivaciones y me gustaria expresar mi opinion.. jamas me he creido a esos retrogrados que decian..”los animales ni sienten ni padecen”, todo lo contrario! (estupidos incultos), ciertamente son muchisimo mas inteligentes que nosotros los (secundates)..solo hay que observar muchas aptitudes, Los mas grandes se valen solos, (no matan si no es por su función basica), sin embargo los mas pequeños se unen en masa para lograr su objetivo..”Sobrevivir” (sobre todo sin mobil); Y la prueba fundamental…por mucho orden jerargico que tengan..son capaces de comunicarse sin palabras o sonidos (que con todo lo inteligente que se supone que es el hombre, somos incapaces de interpretar ni aprender como lo hacen) y lo mejor es que no se mezclan con especies ajenas. (cada especie a lo suyo), nosotros tenemos el don de poder manipular eso..por desgracia para mal.
¡Haber si aprendemos de ellos!.
Muchas gracias por tus programas.
15 febrero 2010 a las 11:03 am
La noticia, bastante interesante.
Lástima que se haga un estudio con primates encarcelados y privados de la libertad.
No somo los únicos inteligentes ni los únicos con sentimientos.
Respetad más a l@s otr@s animales no nos vendría nada mal.
15 febrero 2010 a las 12:08 pm
Estoy trabajando en ésto. Es un cuento sobre la vida de un mono y un científico qué quiere qué hable. Él no quiere aprender y al final descubrimos qué no habla porque no quiere, pero en sus ratos, fuera de la casa; habla con la Luna en perfecto castellano…..(la hice en teatro en la Olimpiada Cultural. Verano del 92. La dirigió Al Victor y yo era el ayudante de dirección, pues él era el actor qué la hacía.) El sitio era maravilloso y era el Paraninfo de la Universidad de Barcelona. Plaça Universitat de BCN : 15 Dias. La obra se llamaba “Profesoral” Esta bien y es corta. Iba acompañado de un a 1ª parte qué sobre textos de Nabokof y Manuel Vicent en plan cómica y era “UNA CLASE MAGISTRAL DE UN GENIO CATEDRÁTICO EN ANTROPOLOGÍA”
“PROFESORAL” 1ª parte
“YZUR” 2ª parte
Compré el mono en el remate de un circo que había quebrado. L,a primera vez que se me ocurrió tentar la experiencia a cuyo relato están dedicadas estas líneas, fue una tarde, leyendo no sé dónde, que los naturales de Java atribuían la falta de lenguaje articulado en los monos a la abstención, no a la incapacidad. “No hablan, decían, para que no los hagan trabajar”.
Semejante idea, nada profunda al principio, acabó por preocuparme hasta convertirse en este postulado antropológico:
Los monos fueron hombres que por una u otra razón dejaron de hablar. El hecho produjo la atrofia de sus órganos de fonación y de los centros cerebrales del lenguaje; debilitó casi hasta suprimirla la relación entre unos y otros, fijando el idioma de la especie en el grito inarticulado, y el humano primitivo descendió a ser animal.
Claro es que si llegara a demostrarse esto quedarían explicadas desde luego todas las anomalías que hacen del mono un ser tan singular; pero esto no tendría sino una demostración posible: volver el mono al lenguaje.
Entre tanto había corrido el mundo con el mío, vinculándolo cada vez más por medio de peripecias y aventuras. En Europa llamó la atención, y de haberlo querido, llego a darle la celebridad de un Cónsul; pero mi seriedad de hombre de negocios mal se avenía con tales payasadas.
Trabajado por mi idea fija del lenguaje de los monos, agoté toda la bibliografía concerniente al problema, sin ningún resultado apreciable. Sabía únicamente, con entera seguridad, que no hay ninguna razón científica para que el mono no hable. Esto llevaba cinco años de meditaciones.
Yzur (nombre cuyo origen nunca pude descubrir, pues lo ignoraba igualmente su anterior patrón), Yzur era ciertamente un animal notable. La educación del circo, bien que reducida casi enteramente al mimetismo, había desarrollado mucho sus facultades; y esto era lo que me incitaba más a ensayar sobre él mi en apariencia disparatada teoría.
Por otra parte, sábese que el chimpancé (Yzur lo era) es entre los monos el mejor provisto de cerebro y uno de los más dóciles, lo cual aumentaba mis probabilidades. Cada vez que lo veía avanzar en dos pies, con las manos a la espalda para conservar el equilibrio, y su aspecto de marinero borracho, la convicción de su humanidad detenida se vigorizaba en mí.
No hay a la verdad razón alguna para que el mono no articule absolutamente. Su lenguaje natural, es decir, el conjunto de gritos con que se comunica a sus semejantes, es asaz variado; su laringe, por más distinta que resulte de la humana, nunca lo es tanto como la del loro, que habla sin embargo; y en cuanto a su cerebro, fuera de que la comparación con el de este último animal desvanece toda duda, basta recordar que el del idiota es también rudimentario, a pesar de lo cual hay cretinos que pronuncian algunas palabras. Por lo que hace a la circunvolución de Broca, depende, es claro, del desarrollo total del cerebro; fuera de que no está probado que ella sea fatalmente el sitio de localización del lenguaje. Si es el caso de localización mejor establecido en anatomía, los hechos contradictorios son desde luego incontestables.
Felizmente los monos tienen, entre sus muchas malas condiciones, el gusto por aprender, como lo demuestra su tendencia imitativa; la memoria feliz, la reflexión que llega hasta una profunda facultad de disimulo, y la atención comparativamente más desarrollada que en el niño. Es, pues, un sujeto pedagógico de los más favorables.
El mío era joven además, y es sabido que la juventud constituye la época más intelectual del mono, parecido en esto al negro. La dificultad estribaba solamente en el método que se emplearía para comunicarle la palabra. Conocía todas las infructuosas tentativas de mis antecesores; y está de más decir, que ante la competencia de algunos de ellos y la nulidad de todos sus esfuerzos, mis propósitos fallaron más de una vez, cuando el tanto pensar sobre aquel tema fue llevándome a esta conclusión:
Lo primero consiste en desarrollar el aparato de fonación del mono.
Así es, en efecto, como se procede con los sordomudos antes de llevarlos a la articulación; y no bien hube reflexionado sobre esto, cuando las analogías entre el sordomudo y el mono se agolparon en mi espíritu.
Primero de todo, su extraordinaria movilidad mímica que compensa al lenguaje articulado, demostrando que no por dejar de hablar se deja de pensar, así haya disminución de esta facultad por la paralización de aquella. Después otros caracteres más peculiares por ser más específicos: la diligencia en el trabajo, la fidelidad, el coraje, aumentados hasta la certidumbre por estas dos condiciones cuya comunidad es verdaderamente reveladora; la facilidad para los ejercicios de equilibrio y la resistencia al marco.
Decidí, entonces, empezar mi obra con una verdadera gimnasia de los labios y de la lengua de mi mono, tratándolo en esto como a un sordomudo. En lo restante, me favorecería el oído para establecer comunicaciones directas de palabra, sin necesidad de apelar al tacto. El lector verá que en esta parte prejuzgaba con demasiado optimismo.
Felizmente, el chimpancé es de todos los grandes monos el que tiene labios más movibles; y en el caso particular, habiendo padecido Yzur de anginas, sabía abrir la boca para que se la examinaran.
La primera inspección confirmó en parte mis sospechas. La lengua permanecía en el fondo de su boca, como una masa inerte, sin otros movimientos que los de la deglución. La gimnasia produjo luego su efecto, pues a los dos meses ya sabía sacar la lengua para burlar. Ésta fue la primera relación que conoció entre el movimiento de su lengua y una idea; una relación perfectamente acorde con su naturaleza, por otra parte.
Los labios dieron más trabajo, pues hasta hubo que estirárselos con pinzas; pero apreciaba -quizá por mi expresión- la importancia de aquella tarea anómala y la acometía con viveza. Mientras yo practicaba los movimientos labiales que debía imitar, permanecía sentado, rascándose la grupa con su brazo vuelto hacia atrás y guiñando en una concentración dubitativa, o alisándose las patillas con todo el aire de un hombre que armoniza sus ideas por medio de ademanes rítmicos. Al fin aprendió a mover los labios.
Pero el ejercicio del lenguaje es un arte difícil, como lo prueban los largos balbuceos del niño, que lo llevan, paralelamente con su desarrollo intelectual, a la adquisición del hábito. Está demostrado, en efecto, que el centro propio de las inervaciones vocales, se halla asociado con el de la palabra en forma tal, que el desarrollo normal de ambos depende de su ejercicio armónico; y esto ya lo había presentido en 1785 Heinicke, el inventor del método oral para la enseñanza de los sordomudos, como una consecuencia filosófica. Hablaba de una “concatenación dinámica de las ideas”, frase cuya profunda claridad honraría a más de un psicólogo contemporáneo.
Yzur se encontraba, respecto al lenguaje, en la misma situación del niño que antes de hablar entiende ya muchas palabras; pero era mucho más apto para asociar los juicios que debía poseer sobre las cosas, por su mayor experiencia de la vida.
Estos juicios, que no debían ser sólo de impresión, sino también inquisitivos y disquisitivos, a juzgar por el carácter diferencial que asumían, lo cual supone un raciocinio abstracto, le daban un grado superior de inteligencia muy favorable por cierto a mi propósito.
Si mis teorías parecen demasiado audaces, basta con reflexionar que el silogismo, o sea el argumento lógico fundamental, no es extraño a la mente de muchos animales. Como que el silogismo es originariamente una comparación entre dos sensaciones. Si no, ¿por qué los animales que conocen al hombre huyen de él, y no los que nunca le conocieron?…
Comencé, entonces, la educación fonética de Yzur.
Tratábase de enseñarle primero la palabra mecánica, para llevarlo progresivamente a la palabra sensata.
Poseyendo el mono la voz, es decir, llevando esto de ventaja al sordomudo, con más ciertas articulaciones rudimentarias, tratábase de enseñarle las modificaciones de aquella, que constituyen los fonemas y su articulación, llamada por los maestros estática o dinámica, según que se refiera a las vocales o a las consonantes.
Dada la glotonería del mono, y siguiendo en esto un método empleado por Heinicke con los sordomudos, decidí asociar cada vocal con una golosina: a con papa; e con leche; i con vino; o con coco; u con azúcar, haciendo de modo que la vocal estuviese contenida en el nombre de la golosina, ora con dominio único y repetido como en papa, coco, leche, ora reuniendo los dos acentos, tónico y prosódico, es decir, como fundamental: vino, azúcar.
Todo anduvo bien, mientras se trató de las vocales, o sea los sonidos que se forman con la boca abierta. Yzur los aprendió en quince días. Sólo que a veces, el aire contenido en sus abazones les daba una rotundidad de trueno. La u fue lo que más le costó pronunciar.
Las consonantes me dieron un trabajo endemoniado, y a poco hube de comprender que nunca llegaría a pronunciar aquellas en cuya formación entran los dientes y las encías. Sus largos colmillos y sus abazones, lo estorbaban enteramente.
El vocabulario quedaba reducido, entonces a las cinco vocales, la b, la k, la m, la g, la f y la c, es decir todas aquellas consonantes en cuya formación no intervienen sino el paladar y la lengua.
Aun para esto no me bastó el oído. Hube de recurrir al tacto como un sordomudo, apoyando su mano en mi pecho y luego en el suyo para que sintiera las vibraciones del sonido.
Y pasaron tres años, sin conseguir que formara palabra alguna. Tendía a dar a las cosas, como nombre propio, el de la letra cuyo sonido predominaba en ellas. Esto era todo.
En el circo había aprendido a ladrar como los perros, sus compañeros de tarea; y cuando me veía desesperar ante las vanas tentativas para arrancarle la palabra, ladraba fuertemente como dándome todo lo que sabía. Pronunciaba aisladamente las vocales y consonantes, pero no podía asociarlas. Cuando más, acertaba con una repetición de pes y emes.
Por despacio que fuera, se había operado un gran cambio en su carácter. Tenía menos movilidad en las facciones, la mirada más profunda, y adoptaba posturas meditativas. Había adquirido, por ejemplo, la costumbre de contemplar las estrellas. Su sensibilidad se desarrollaba igualmente; íbasele notando una gran facilidad de lágrimas. Las lecciones continuaban con inquebrantable tesón, aunque sin mayor éxito. Aquello había llegado a convertirse en una obsesión dolorosa, y poco a poco sentíame inclinado a emplear la fuerza. Mi carácter iba agriándose con el fracaso, hasta asumir una sorda animosidad contra Yzur. Éste se intelectualizaba más, en el fondo de su mutismo rebelde, y empezaba a convencerme de que nunca lo sacaría de allí, cuando supe de golpe que no hablaba porque no quería. El cocinero, horrorizado, vino a decirme una noche que había sorprendido al mono “hablando verdaderas palabras”. Estaba, según su narración, acurrucado junto a una higuera de l
a huerta; pero el terror le impedía recordar lo esencial de esto, es decir, las palabras. Sólo creía retener dos: cama y pipa. Casi le doy de puntapiés por su imbecilidad.
No necesito decir que pasé la noche poseído de una gran emoción; y lo que en tres años no había cometido, el error que todo lo echó a perder, provino del enervamiento de aquel desvelo, tanto como de mi excesiva curiosidad.
En vez de dejar que el mono llegara naturalmente a la manifestación del lenguaje, llaméle al día siguiente y procuré imponérsela por obediencia.
No conseguí sino las pes y las emes con que me tenía harto, las guiñadas hipócritas y -Dios me perdone- una cierta vislumbre de ironía en la azogada ubicuidad de sus muecas.
Me encolericé, y sin consideración alguna, le di de azotes. Lo único que logré fue su llanto y un silencio absoluto que excluía hasta los gemidos.
A los tres días cayó enfermo, en una especie de sombría demencia complicada con síntomas de meningitis. Sanguijuelas, afusiones frías, purgantes, revulsivos cutáneos, alcoholaturo de brionia, bromuro -toda la terapéutica del espantoso mal le fue aplicada. Luché con desesperado brío, a impulsos de un remordimiento y de un temor. Aquél por creer a la bestia una víctima de mi crueldad; éste por la suerte del secreto que quizá se llevaba a la tumba.
Mejoró al cabo de mucho tiempo, quedando, no obstante, tan débil, que no podía moverse de su cama. La proximidad de la muerte habíalo ennoblecido y humanizado. Sus ojos llenos de gratitud, no se separaban de mí, siguiéndome por toda la habitación como dos bolas giratorias, aunque estuviese detrás de él; su mano buscaba las mías en una intimidad de convalecencia. En mi gran soledad, iba adquiriendo rápidamente la importancia de una persona.
El demonio del análisis, que no es sino una forma del espíritu de perversidad, impulsábame, sin embargo, a renovar mis experiencias. En realidad el mono había hablado. Aquello no podía quedar así.
Comencé muy despacio, pidiéndole las letras que sabía pronunciar. ¡Nada! Dejelo solo durante horas, espiándolo por un agujerillo del tabique. ¡Nada! Hablele con oraciones breves, procurando tocar su fidelidad o su glotonería. ¡Nada! Cuando aquéllas eran patéticas, los ojos se le hinchaban de llanto. Cuando le decía una frase habitual, como el “yo soy tu amo” con que empezaba todas mis lecciones, o el “tú eres mi mono” con que completaba mi anterior afirmación, para llevar a un espíritu la certidumbre de una verdad total, él asentía cerrando los párpados; pero no producía sonido, ni siquiera llegaba a mover los labios.
Había vuelto a la gesticulación como único medio de comunicarse conmigo; y este detalle, unido a sus analogías con los sordomudos, hacía redoblar mis preocupaciones, pues nadie ignora la gran predisposición de estos últimos a las enfermedades mentales. Por momentos deseaba que se volviera loco, a ver si el delirio rompía al fin su silencio. Su convalecencia seguía estacionaria. La misma flacura, la misma tristeza. Era evidente que estaba enfermo de inteligencia y de dolor. Su unidad orgánica habíase roto al impulso de una cerebración anormal, y día más, día menos, aquél era caso perdido. Más, a pesar de la mansedumbre que el progreso de la enfermedad aumentaba en él, su silencio, aquel desesperante silencio provocado por mi exasperación, no cedía. Desde un oscuro fondo de tradición petrificada en instinto, la raza imponía su milenario mutismo al animal, fortaleciéndose de voluntad atávica en las raíces mismas de su ser. Los antiguos hombres de la selv
a, que forzó al silencio, es decir, al suicidio intelectual, quién sabe qué bárbara injusticia, mantenían su secreto formado por misterios de bosque y abismos de prehistoria, en aquella decisión ya inconsciente, pero formidable con la inmensidad de su tiempo. Infortunios del antropoide retrasado en la evolución cuya delantera tomaba el humano con un despotismo de sombría barbarie, habían, sin duda, destronado a las grandes familias cuadrumanas del dominio arbóreo de sus primitivos edenes, raleando sus filas, cautivando sus hembras para organizar la esclavitud desde el propio vientre materno, hasta infundir a su impotencia de vencidas el acto de dignidad mortal que las llevaba a romper con el enemigo el vínculo superior también, pero infausto, de la palabra, refugiándose como salvación suprema en la noche de la animalidad.
Y qué horrores, qué estupendas sevicias no habrían cometido los vencedores con la semibestia en trance de evolución, para que ésta, después de haber gustado el encanto intelectual que es el fruto paradisíaco de las biblias, se resignara a aquella claudicación de su extirpe en la degradante igualdad de los inferiores; a aquel retroceso que cristalizaba por siempre su inteligencia en los gestos de un automatismo de acróbata; a aquella gran cobardía de la vida que encorvaría eternamente, como en distintivo bestial, sus espaldas de dominado, imprimiéndole ese melancólico azoramiento que permanece en el fondo de su caricatura.
He aquí lo que, al borde mismo del éxito, había despertado mi malhumor en el fondo del limbo atávico. A través del millón de años, la palabra, con su conjuro, removía la antigua alma simiana; pero contra esa tentación que iba a violar las tinieblas de la animalidad protectora, la memoria ancestral, difundida en la especie bajo un instintivo horror, oponía también edad sobre edad como una muralla.
Yzur entró en agonía sin perder el conocimiento. Una dulce agonía a ojos cerrados, con respiración débil, pulso vago, quietud absoluta, que sólo interrumpía para volver de cuando en cuando hacia mí, con una desgarradora expresión de eternidad, su cara de viejo mulato triste. Y la última noche, la tarde de su muerte, fue cuando ocurrió la cosa extraordinaria que me ha decidido a emprender esta narración.
Habíame dormitado a su cabecera, vencido por el calor y la quietud del crepúsculo que empezaba, cuando sentí de pronto que me asían por la muñeca.
Desperté sobresaltado. El mono, con los ojos muy abiertos, se moría definitivamente aquella vez, y su expresión era tan humana, que me infundió horror; pero su mano, sus ojos, me atraían con tanta elocuencia hacia él, que hube de inclinarme de inmediato a su rostro; y entonces, con su último suspiro, el último suspiro que coronaba y desvanecía a la vez mi esperanza, brotaron -estoy seguro-, brotaron en un murmullo (¿cómo explicar el tono de una voz que ha permanecido sin hablar diez mil siglos?) estas palabras cuya humanidad reconciliaba las especies:
-AMO, AGUA, AMO, MI AMO…
15 febrero 2010 a las 2:22 pm
Estimado Eduard:
Desde hace décadas, ya en el anterior milenio, siempre he tenido la opinión personal de que el famoso “eslabón perdido” de la evolución somos nosotros mismos: la actual especie humana.
El concepto de “Hombre” en su sentido excelso como especie no es más que una hipótesis teórica sobre la cual trabajar, incluso los hay que no dan ni golpe…
Partir de la base de que hemos alcanzado la cima produce la arrogancia característica que técnicamente nos imposibilita aprender, por lo tanto ser flexibles, aceptar otros puntos de vista y desarrollarnos a fin de ser útiles al Universo.
Muchas gracias por abrir este interesante debate.
15 febrero 2010 a las 2:46 pm
La inteligencia no es patrimonio exclusivo de los seres humanos…
pero y la CULTURA?
un saludo
15 febrero 2010 a las 3:23 pm
A veces me pregunto un par de cosas:
a) si no serán los animales mas inteligentes que la mayoría de los humanos,
b) si los humanos utilizamos la inteligencia
Personalmente, tengo cuatro perros y gatos, y son mas inteligentes que muchos humanos que conozco.
Gracias, al menos hay algo de vida inteligente en nuestro planeta. fabrazos
15 febrero 2010 a las 6:19 pm
Me atrevería a decir no sólo que la inteligencia no es exclusivamente humana, sino que los animales no racionales son más inteligentes en esencia que nosotros, ya que no se ven condicionados en su conducta por el complejo sistema de intereses que domina la vida de los humanos.
15 febrero 2010 a las 7:35 pm
Muy bueno el post. Y yo añadiría que la inteligencia no sólo no es un atributo de los primates, ni siquiera de los mamíferos. Hay varios estudios que demuestran que algunas aves, como los córvidos son capaces de resolver problemas. Mirad este video extraído de un documental de David Attemborough
http://www.youtube.com/watch?v=KLK4kh39Jwg
un saludo y enhorabuena
15 febrero 2010 a las 7:45 pm
[...] Visto en : http://www.eduardpunset.es/3886/general/la-inteligencia-no-es-exclusivamente-humana [...]
15 febrero 2010 a las 8:17 pm
No, si ya decía yo que aquello de que el ser humano es simplemente “un mono listo” tenía fundamento…
15 febrero 2010 a las 8:33 pm
la inteligencia humana es sencillamente UNICA, por supuesto que el resto dec especies tienen la suya, la humana es sencillamente extraordinaria
15 febrero 2010 a las 8:45 pm
Hola Eduard, hola a todxs
Esto de la inteligencia….no lo entiendo, porque no tiene ni definición en un espasa escolar, y es que para mí entendimiento e inteligencia no es lo mismo, sencillamente porque para mi la inteligencia sería la capacidad de leer signos creados por el hombre, estaría más relacionado con la lectura y escritura,que a fin de cuentas no són más que secuencias combinadas de garabatos , creados creo yo para comunicar normas, grabados, que sustituyen el contacto y la convivencia , y entonces somos el único ser vivo que pasa su tiempo interpretando “garabatos”, creo que a ningún otro ser vivo se le ocurriría semejante cosa,…. y total para que?, para pasarnos la vida enterradxs en libros, aisladxs y sólxs, ó aún peor, delante de la pantalla mágica.
¿Quién inventó esta palabra?, y con qué fines, que se traía entre manos Ciceron, que además de jurista, político, filósofo, escritor y orador romano, era Constituido en uno de los máximos defensores del sistema republicano tradicional, combatió como pudo la dictadura de César. No obstante, durante su propia carrera no dudó en cambiar de postura dependiendo del clima político. Esta indecisión es achacable a su carácter sensible e impresionable, pues era propenso a reaccionar de manera excesiva ante los cambios. El escritor Asinio escribió de él:
¡Ojalá hubiera sido capaz de soportar la prosperidad con mayor autocontrol y la adversidad con mayor fortaleza![5] [6]
según wikipedia.
Y este señor definió por primera vez el concepto de inteligencia como capacidad de elegir entre varias opciones, hombre, habría preferido a un hombre más de ciencias para semejante hazaña.
Vamos que hay polémica con la definición de inteligencia.
Yo creo que la inteligencia, como yo la entiendo reduce el trato y las relaciones sociales humanas….que sirve para supervalorar a unxs, e infravalorar al resto que no entra en unos moldes.
Un día leí que cuando el hombre empezó a hablar perdió sensibilidad.
Si somos inteligentes,en potencia somos capces de vivir del lado de la vida en todo el planeta, y somos capaces de convivir con lo que deseamos y somos capaces de producir e intercambiar y dejar de robar, ni matar , ni encerrar, ni dominar ,y sí, con lo que somos capaces de compartir y repartir si se da el caso.
El mono del video es como casi todos los que he visto, rápido¿tenía mucha hambre?
Un abrazo.
15 febrero 2010 a las 9:25 pm
desde pequeño e compartido un gran aprecio hacia los animales y muchos de estos como diría mi padre solo les faltaba hablar de la inteligencia que demostraban, cuando nació mí hijo se le diagnosticó hemeparesis, desde el principio se hizo un gran esfuerzo por intentar corregir su disfunciones con sistemas de motivación consiguiendo que con 18meses leyera y en la actualidad ya con 4 años recién cumplidos sea capaz de hacer sumas, restas y leer con gran fluidez dominar un poco el ingles, demuestra un gran interés por todo lo que le rodea y un gran acierto fue incluir en todo este proceso hipo terapia con la cual se consiguió que se integra y se abriera hacia los demás.
gracias.
16 febrero 2010 a las 12:40 am
Cuando se reduce todo al absurdo, la inteligencia humana también se contrae, como es lógico. Ese es el efecto secundario de entregar felizmente la responsabilidad e incluso las vidas de nuestros hijos para ser educadas y manipuladas por una persona, autoridad máxima, que dicta las normas de la enseñanza y que está a miles de km. y a la que no conocemos de nada. Probablemente ni se hable con sus propios hijos. Sabemos más cosas sobre nuestro automóvil que sobre nuestros hijos. Tengo amigos que no han hablado nunca con sus hijos.
Mientras los padres sean encarcelados por no querer que sus hijos sean educados por un organismo tan distante – que nunca ha estado interesado ni por el ser humano ni por su educación – las capacidades del ser humano – a requerimientos del poder – seguirán siendo reducidas cada vez más – para poder seguir siendo gobernados con mayor comodidad. Traes a un mono de la selva a la ciudad y sobrevive. Llevas a un ser humano a la selva y se muere el mismo día. Si no se lo comen: se muere del susto. ¿Dónde está la ventaja de ser humano, de no ser porque uno de nosotros, inventó los explosivos? ¿Qué somos sin explosivos? Nada verdad …
Según Robert Sapolsky, uno de los mejores neurologos y biologos del mundo, (http://www.youtube.com/watch?v=hrCVu25wQ5s) en este video dice que molecularmente no tenemos ninguna diferencia con una mosca. La única diferencia es la forma en que usamos todas esas móleculas y desde mi punto de vista creo que las usamos extremadamente mal y que algunos enfermos con lesiones cerebrales nos h an inducido a montarnos una película en que somos dioses, siempre protegidos por nuestros explosivos y así nos vá!
16 febrero 2010 a las 1:16 am
Gran culpable de ese menosprecio por resto de animales ( porque nosotros lo somos) proviene de esa errónea concepción antropomorfista y antropocentrista, tan alentada y fomentada por las múltiples religiones; que han venido haciendo creer a las mayorías ignorantes, que la razón de ser de todos los recursos disponibles en el planeta, no es otro que el de servir a nuestra subsistencia y multiplicación ( pavorosamente sin control…) como especie elegida y predilecta de “Dios”.
Esa visión nefasta, no sólo ha conseguido hacer de la vida de los pobres animales un infierno, al criarlos en cantidades inmanejables, en condiciones deplorables de hacinamiento y alimentación, para terminar por darles horribles y crueles finales; al utilizarlos como experimentos, como animales de trabajos forzados; al desplazarlos de sus hábitats naturales,condenándolos a la extinción, en la avidéz por alimentos y toda clase de recursos; sino que ha llevado finalmente al planeta a su límite de capacidad, por culpa de la explosión demográfica y su ´voracidad por más y más recursos que depredan los bosques, extinguen especies completas, contaminan la atmósfera el mar y hasta la misma tierra con toneladas de desperdicios nocivos de toda clase.
Ese límite que justamente se da, en un momento cumbre para la ciencia y la tecnología ( por desgracia elitista), que bien podría poner fin a nuestra supervivencia como especie, adportas de grandes descubrimientos que están por redefinir el origen del universo y de una suprarealidad a la que por tanto tiempo hemos sido ajenos y que por ignorancia nos ha llevado ha prejuicios, dogmas y creencias absurdas de toda índole….
16 febrero 2010 a las 4:53 am
Consideremos que vivimos en un sistema, donde, cuando decimos primate, entendemos, de forma general, un cierto tipo de animal, con un comportamiento y morfología bastante similar a la humana [el animal que más se parece en cuanto a forma (cabeza, tronco, extremidades) es el mono en cualquiera de sus especies] ¿bien?.
Consideremos ahora, que vamos a entender, (antes de ser conscientes de cómo dejar de ser un criminal emocional y no ir muriendo en el intento) que dentro de cada especie (animal, vegetal, mineral) existen comportamientos inteligentes. Esto nos llevaría, o nos lleva a entender, que:
1. El “sistema humano” no funcionará jamás hasta que logremos mantener como prioridad diaria, que todo humano (por nacer y/o ya nacido independientemente de su edad tenga acceso a las mismas posibilidades que cualquier otro. Llámalo “sistema de bonos” por ejemplo y cámbiale el nombre cuando se deteriore si quieres,
pero mejor, procura mantenerlo para que no haya que arregrarlo (¿se entiende así?)
Ejemplo 1:
Es una buena causa el preocuparse y ocuparse de que no le hagan daño a un animal, de evitar el abandono, es algo de lo que todos somos conscientes, y tenemos la responsabilidad de hacer entender a nuestros hijos, a nuestros semejantes.
Nadie que no pasara por un momento de inestabilidad emocional, le diría a su hijo que abandonar a un animal, es lo correcto ¿verdad?.
Nuestro sistema, está comenzando a tener en cuenta, no sólo a los animales, sino a sus semejantes, de modo que está empezando a despertar la conciencia cada día, dejando atrás, ideas que fueron útiles en un determinado momento y hoy en día ya no lo son.
Pasando así a entender y a mantener una vida en igualdad de posibilidades para todos.
Esto no implica una pérdida económica, implica actuar cada día con ese objetivo en la consciencia de todos, con la ganancia de todos.
Es todo lo que puedo aportar hoy en ese sentido, en ese camino hacia la consciencia llena de buenos sentimientos dispuesta a materializarlos.
Como resumen, diría que es tarea de todos la de curar la ceguera emocional a la que nos hemos estado y estamos dejando de someternos a nosotros/as mismos/as cómo seres.
Mañana a lo mejor, nos damos cuenta de que no nos quedamos ciegos al mirar a un indigente tirado en la calle (una persona que pasa por un momento difícil, puesta en esa situación por algún fallo del propio sistema) y nos ponemos en contacto con alguna organización que se dedica a llenar ese hueco humano del sistema, por ejemplo.
Ayudaremos todavía más a nuestro “punto ciego”, si pensamos que esa persona puede incluso llegar a tener igualdad de posibilidades en unos 15 días, por ejemplo, en lugar de mantener en nuestra mente un fotograma infinito de miseria asociado a esa persona.
Haitianel.
P.D.: No se trata de derribar lo que no nos gusta, sino de encontrarle una alternativa de vida mejor. Es más que posible y depende principalmente de manera proporcional de quien tienes en tu interior.
16 febrero 2010 a las 2:24 pm
Una especie malograda como la nuestra no debería procrear, somos lo mas peligroso y antiecoloógico que ha pisado la tierra. Esta forma de pensar puede resultar deprimente para muchos, pero es la mas realista. Claro que también se puede tratar de invertir el proceso evolutivo intentando regresar un poco a los orígenes -retornar a la naturaleza y a la vida salvaje- repoblar solo los sitios calientes del planeta con recursos, controlar la natalidad y aceptando sin miedos la muerte como ciclo naural de las cosas -recicle de energías-… Es cosa de experimentar, ya que vemos que nuestros avances tegnológicos en todos los campos llevan precisamente a lo que no tendría que ocurrir -la superpoblación, la desigualdad y las guerras-!! Por no mencionar lo que ocasionan uno de nuestros peores inventos -las religiones-.Decididamente si queremos sobrevivir hay que dar marcha atrás no adelante como creen la mayoría .Me explico?
16 febrero 2010 a las 3:29 pm
Muy interesante, como siempre. Gracias por su trabajo.
17 febrero 2010 a las 10:30 am
Consideremos ahora, que vamos a entender, (antes de ser conscientes de cómo dejar de ser un criminal emocional y no ir muriendo en el intento) que dentro de cada especie (animal, vegetal, mineral) existen comportamientos inteligentes y emociones, similares o en ocasiones, “por encima” de las nuestras, por ejemplo, podemos identificar lo que podemos llamar el lamento de un perro, observar su mirada e identificar la tristeza en ella.
17 febrero 2010 a las 10:33 am
[...] última entrada de Eduard Punset en su blog habla de la posibilidad de que la inteligencia, y la racionalidad, no sea privativa de [...]
17 febrero 2010 a las 10:38 am
Como resumen, diría que es tarea de todos la de curar la ceguera emocional a la que nos hemos estado sometiendo y estamos dejando de someternos a nosotros/as mismos/as cómo seres (unas veces más emocionales, otras más racionales)
17 febrero 2010 a las 2:32 pm
Ahora los animales mas inteligentes que nosostros, nosotros mas inteligentes que los animales, que lucha mas tonta.
17 febrero 2010 a las 7:16 pm
Related to ameba:
Los animales (humanos o no) actúan con mayor o menor inteligencia en función de cómo son o se han “educado” ( I believe) What do you think about it, ameba ?
17 febrero 2010 a las 8:16 pm
He de decir de antemano que mis teorias no tienen base cientifica alguna, todas mis conclusiones salen de mi logica racional, sopeso y medito hasta hayar una teoria que se convierta en la unica posible,
¿inteligencia animal?, ¿capacidad de pensar?, la inteligencia forma parte de cualquier cerebro, por lo tanto si un animal tiene cerebro, tiene inteligencia, cuantificarla seria ya otro debate, pero si lo que debatimos es si son capaces de pensar……………… pues mas allá de SI ó NO, no tienen, los animales solo pueden actuar de una unica manera, cuando actuan, para ellos en ese momento no existe una manera distinta, circunstancias como el miedo, hambre etc puede hacer que el animal dude en actuar o en no actuar, pero en ningun momento piensa, es su instinto el que actua, lo que para los animales es una limitacion, para las personas es carecerla causa de la mayoria de sus males, el ser humano por naturaleza es algo parecido a lo que marcan casi la totalidad de los 10 mandamientos, pero al tener la capacidad de pensar y por lo tanto actuar de forma distinta a lo que por instinto estamos creados nos vemos condenados irremisiblemente a sucumbir como especie, y será la unica especie que se extinga a si mismo; es cuestion de años, ¿o es que nadie se cree lo del apocalipsis?, jejejejjejejjejej, sé muchas mas cosas Sr Punset, tengo las respuestas que sus eminentes entrevistados desconocen, ¿hablamos del efecto placebo?, ¿homosexualidad? ¿delincuencia? ¿felicidad?, si piensa que soy un tarado, yo pensaré que me tiene miedo, porque sr PUNSET; ¿NO LE TIENE MIEDO A NADA?,Y no me malinterprete, hoy por hoy usted es para mi la persona mas admirable del mundo, gracias a usted, se quien soy.!atrevase!!, nada tiene que perder!!, un saludo
18 febrero 2010 a las 3:02 am
Es obvio que al menos la gran mayoria de los animales no solo sienten, sino que ademas son inteligentes.
La cuestion de fondo que nos da igual cuanto de inteligentes sean los animales. Aunque un toro fuera fisico nuclear, se lo cargarian igual en el ruedo solo para divertirse.
Somos asi de salvajes con aquel que es diferente o esta suficientemente indefens o nos asusta o se cruza en medio de nuestros intereses ¿cuantos esclavos y muertos costo admitir que las demas razas humanas tambien podrian ser inteligentes? ¿Cuantas vidas segadas a niños en su formacion con abortos provocados seran necesarias para llegar considerarles seres humanos? ¿Cuantos bosques enteros talados para sacarles su madera o porque nos estorban para urbanizar? Parece como si nada nada en este mundo tuviera derecho a la existencia por si mismo, salvo que seamos nosotros.
¿Si entra una cucaracha en vuestra casa os pondreis a averiguar que tan inteligente, simpatica, limpita o necesitada de afecto esta antes de ir a por el espray para matarla? Un niño puede que si, pero alguien mas crecido es poco probable y de hecho a la mayoria les sonara hasta absurdo, en nuestra cultura actual no esta contemplado como prioridad el armonizar con lo exterior sino el simplemente aprovecharnos de el.
18 febrero 2010 a las 1:11 pm
Hace poco apareció este artículo:
Varios científicos califican a los delfines como “personas no humanas”
El artículo informa que son capaces de resolver problemas complejos, tienen bases culturales, estrategias de ataque y defensa, se transmiten conocimientos y tienen relaciones sociales con alta implicación emocional.
http://www.losarchivosdelatierra.com/inicio/2010/1/4/cientificos-dicen-delfines-deberian-ser-tratados-como-person.html
18 febrero 2010 a las 4:22 pm
La capacidad para reflexionar y planificar su supervivencia es primordial en el ser humano. A partir de ello, puede que a la inteligencia humana le preocupe mucho más descifrar los pensamientos que las formas, sentándose a meditarlos para escandallar lo que en cada momento arriesga; mientras que al resto de las especies les resulta bastante más fácil y útil identificar correctamente a las formas, despreocupándose de lo que ellas piensan, siquiera importarles que las crean tontas.
Saludos muchos.
18 febrero 2010 a las 4:48 pm
Y la afirmación de un neurocientifico es sorprendente: Hank Greely apunta hacia varias áreas de potencial de potencial fricción entre la investigación neurocientifica y las extensamente mantenidas creencias religiosas ( hallazgo que apuntan a las consciencia, o una forma de esta, en animales no humanos, que por ejemplo, podría socavar la noción de que los humanos ocupan una única posición en el mundo) e indagando si los neurocientificos podrían conseguir avanzar en el tipo de educación cultural que defiende empecinadamente inclinarse por la biología evolucionista y creacionismo.
Just when it seemed things could get no worse, Hank Greely of Stanford Law School pointed to several areas of potential friction between neuroscience research and widely held religious beliefs (findings that point to consciousness, or a form of it, in nonhuman animals, for example, might undermine the notion that humans occupy a unique position in the world) and asked whether neuroscientists might get dragged into the type of culture war waged by evolutionary biologists and creationists.
18 febrero 2010 a las 6:09 pm
La mayoría de los comentarios son negativos, es normal tener miedo ha lo desconocido, pero lo cierto es que en nuestra propia NATURALEZA ANIMAL, que todavía alguno no se entera de que también somos animales, esta la exploración que es la que nos ha mantenido vivos durante miles de años, cuando exploramos no nos queda mas remedio que crear (y destruir) pero ha cambio, hemos evolucionado a un ritmo impresionante. Y como montañero amo la naturaleza mas que eso la necesito como una droga, pero eso no me impide ser realista para ver que una involución social sea posible, sin una catástrofe o un genocidio cosa con la que jamás estaría de acuerdo, por lo tanto la clave esta en utilizar esta evolución, no para salvar el planeta no nos creamos dioses, sino para salvarnos a nosotros como especie (El planeta se nos come se nos merienda y se repone en un pispas los que nos extinguiríamos somos nosotros) a mi me parece que lo de el colisionador de adrones es un invento fantástico, que puede aportar muchos beneficios en materia de energía, o que estemos debatiendo temas e ideas ha nivel mundial con un simple teclado me parece excepcional, que miremos al espacio y lo toquemos me produce incluso envidia del astronauta que se da un paseo espacial. Esperemos que salvemos pronto el obstáculo de la política el dinero y la población y dejemos paso ha la evolución cuanto antes para que nos quede algo de naturaleza en la sangre y si fallamos lo único que va ha pasar es que el hombre y la mujer dejaran paso ha otras especies siguiendo el ciclo natural de la tierra .
18 febrero 2010 a las 7:52 pm
El hábito, tal como lo entendía Aristóteles, era considerado común al hombre y animales superiores. Las características del hábito eran la facilidad y la flexibilidad. La facilidad se adquiere con la repetición de actos para hacer fácil, o simple, lo difícil, o complejo. La flexibilidad supone la adaptación permanente a las nuevas circunstancias de la vida, o lo que es lo mismo, estar abierto a la modificación de una conducta aprendida. La imagen mental me parece un acierto, pues, se trata de ver aquello que queremos realizar.
18 febrero 2010 a las 8:22 pm
…como de costumbre todo gira en torno de la prepotencia y la minúscula capacidad del hombre de sentirse (aunque solo sea eso) por un momento como parte de un TODO.
Mide la inteligencia de los animales, a partir de su propia limitación, ¿a que es de risa?. Aunque obviamente dentro de unos 150 años estaremos cuestionando en este mismo blog la inteligencia de la lechuga… eso si, lo del tema del mono está totalmente comprendido.
El día que por fín podamos vernos “niños aprendiendo” en vez de controladores para nuestro propio fin y afán de comoidad, ese será un gran día.
saludos a todos
18 febrero 2010 a las 9:26 pm
En torno a todo lo que aquí se debate, me gustaría recordar algunos de los aforismos de Lichtenberg, un pensador que a mí particularmente me encanta, que además incluyen en sí mismos un gran sarcasmo pero que son producto de la intelegencia…. bueno, o quizás no..:
-Errar es humano en todos los sentidos: los animales casi nunca se equivocan, salvo los más inteligentes entre ellos.
-El más perfecto de los monos es incapaz de dibujar un mono. Sólo el hombre puede dibujar un mono, y sólo al hombre esto le parece una ventaja.
-Quizás un perro o un elefante ebrios tienen, cuando están a punto de dormirse, ideas que no serían indignas de un profesor de filosofía. Pero como les resultan inútiles, son en el acto desplazadas por sus instrumentos sensoriales.
Y un último aforismo:
-Toda una vía Láctea llena de argumentaciones.
Muchas gracias Eduard, y que pueda firmarse pronto ese contrato que le permita seguir a tu programa.
18 febrero 2010 a las 10:00 pm
Daniel, admiro tu igenuidad y obtimismo, a pesar de todo, lo que puedo comprender perfectamente porque es muy duro de digerir el hecho de que somos criaturitas abominables con un futuro negro y corto gracias entre otras cosas a nuestros estupendos inventos. Al menos cohincido con tigo en tu frase final, si algo sale mal, no importa, dejaremos paso seguramente a una especie mejor, lo malo es que en nuestra extinción sacrifiquemos al resto de la creación, los mas perfectos y los que menos culpa tienen.!!!
19 febrero 2010 a las 12:43 am
Hola Eduard!
Quiero dejar claro que no discrepo para nada con usted en cuanto al pensamiento inteligente de los animales. Sólamente creo que hay algo “más profundo” en la evolución del pensamiento humano, algo tan distante, que sólo se pueden intuir bajo visiones pseudocientíficas como la alegoría de un parco y sintético monolito (2001: A Space Odyssey)
Si dejamos de soñar, si nos vamos a la realidad de cada día, podemos observar como gente que cuida y ama un animal doméstico puede estar supliendo la mayor carencia humana y ser capaz de humillar a sus congéneres en el mismo espacio de convivencia.
Discrepo con las torturas taurinas, pero discrepo todavía más con las torturas humanas como las que se pueden hacer en nombre de una justicia inquisicional. Formamos sistemas, pero a veces estos mismos nos devoran cuando intentamos interactuar con ellos. Y es que el hombre cada vez más parece lobo del hombre.
Nos queda pues, intentar aunar esfuerzos para evitar el mal reparto intelectual.
Si me permite el enlace, para dejar una positiva nota de humor, le propongo a todo el mundo un gracioso video. Un museo de ciencia natural, el viajero y su sombra, y ¡qué sombra!, ¡el mito de la caverna de Platón en plena acción!
http://www.youtube.com/watch?v=i2EhkVZDzTo
Saludos a todos.
19 febrero 2010 a las 3:50 am
No creo que hemos evolucionado tanto como se viene decir, hace mucho tiempo que estamos estancados. Un cierto cambio de actitud y comportamiento, sí, pero nada de evolución, y todo a base de leyes y fuerza bruta. El único testimonio que hay del pasado son los libros, de acuerdo, y ¿de quien me fío? Es triste por otro lado ver que entendemos muy bien a los animales, y seguimos creer que estamos por encima del todo, y no nos entendemos a nosotros mismos. Me gustaría poder llegar a ver el verdadero cambio que todos “esperamos” con tanta ansiedad, así se demostraría lo evolucionados que somos…
19 febrero 2010 a las 10:10 am
Partiendo de la creencia ” no soy una persona inteligente, o muy inteligente” no se mucho del significado del concepto y me refiero a todos los tipos de inteligencia que hay, emocional, intelectual,…y todos esos nombres que sabeis. Básicamente intento aprender cosas para hacer mi vida mas apetecible cada día,cosa que creo tambien hacen los animales.
Lo que queria decir antes con que me parece una tonteria que ahora empiece a decir que si sus perros son mas inteligentes que las personas o al revés. Es que no creo que sea el problema saber si los animales son inteligentes o no para que se les suba o baje de nivel con respecto a nosotros. Creo que antes debemos aprender algo mas importante que es el RESPETO a todo lo que nos rodea, sean, animales, plantas, personas… yo nunca he tenido perro o gato, pero siempre me ha molestado que se les propinara cualquier abuso, cuando mi ex novio le subia la comida al campo al perro, yo me quedaba en el coche pues era enorme y me daba miedo, pero siempre le hacia volver para que lo acariciara y jugara un rato con él porque sabia que el perro lo necesitaba.
Es tan básico como amor y respeto a lo que nos rodea y un poco de humildad para saber que no lo sabemos todo de todo para ir juzgando y colocando en niveles todo lo que nos rodea.
19 febrero 2010 a las 5:33 pm
Perdóname Ana Salcedo si te he ofendido en mi comentario pero al llamarme ingenuo me pregunto si tienes hijos o si no los tienes como le negarías ha alguien derecho ha tenerlos por no hablar del desprecio ha la vida del que hablas es muy fácil decirlo pero si tienes la posibilidad de curar ha alguien se lo negarías? Yo soy un ingenuo…
19 febrero 2010 a las 10:08 pm
El video del Sr. Punset, a mi modo de ver (aunque sea valido) es realmente un ejemplo muy muy pero que muy rudimentario para ilustrar lo que se quiere mostrar…
El ejemplo de Set que saco a Pankun y James (los recomiendo ver todos) va por mejor camino, aunque comparado con los demas videos de ellos (que afortunadamente aun los hay circulando por la red) sigue siendo algo flojillo para mi gusto.
Por tanto, les sugiero ver estos 2 videos mas cargados de complejidad antes de formarse una idea de hasta que punto puede llegar a ser rica la inteligencia y los sentimientos de un animal y que diferencias hay respecto a nosotros:
http://www.youtube.com/watch?v=j4iMmX1Naz8
http://www.youtube.com/watch?v=8cBwE6_VqXg
Un saludo y buena entrada
20 febrero 2010 a las 5:35 pm
En la simplicidad se encuentra la perfección,! cuanto mas complejo es un cerebro saturado de información y de actividad neuronal, mas complicado y disparatado el comportamiento. Los animales utilizan solo la inteligencia intuitiva porque no necesitan mas y por ello también viven mas en armonía, es solo ser y fluir con el sistema.
Cuanto mas conocimiento adquirimos, mas curiosos nos volvemos, mas experimentamos, mas nos confundimos, mas dudamos, mas sufrimos,,,etc. Adonde nos conducirá tanto conocimiento, a un mundo feliz o a la autodestrucción?? Está por ver.
24 febrero 2010 a las 1:26 pm
Serà lo que deba ser… y si no, no será nada, a pesar de nosotros mismos.
24 febrero 2010 a las 11:17 pm
Hola Punset, Quizás me salga un poco del tema. Los animales además de intuición llegan a algunas conclusiones elementales y, a veces, no tan elementales por lo que algo de inteligencia deben tener, al menos algunos.
Los humanos son bastante más intelegentes que los animales, no obstante, si realmente fueran inteligentes, no creerían en Dioses. Los Dioses no han existido nunca. Las religiones se apoyan en la antropomorfización del primitivo culto astral o astrolatría. Todos los dioses antropomorfos son atribuciones de superpoderes imaginarios a los astros. Así fue con Júpiter, con Venus, con Apolo, etc.
Me encantaría mantener una conversación con Punset, sobre este tema. Sería un buen tema para tratar en uno de sus progranas. Queda hecha la invitación.
Un saludo.
24 febrero 2010 a las 11:23 pm
Hola de nuevo.
Lo que acabo de proponer sería, prácticamente, como echar por tierra los cimientos de las religiones.
25 febrero 2010 a las 5:42 am
[...] La inteligencia no es exclusivamente humana [...]
26 febrero 2010 a las 4:46 pm
Magistral esta reflexión. Soy psicóloga y me apasiona la etología y he vivido lo que usted comenta en relación con la Inteligencia Animal. ¿quién que ha tenido un perro no lo ha vivido?
No obstante, existen algunos teóricos que abogan por la existencia de una percepción inteligente (sería lo que poseen los animales) y el pensamiento sería exclusivo del ser humano. No obstante, quizás estas propuestas sean simplemente un intento de continuar diferenciándonos de los animales para continuar sintiéndonos superiores (aunque no lo somos).
Desde ahora soy su seguidora. Les dejo a aquellos interesados un artículo curiosamente divertido donde también se reflexiona sobre la inteligencia desde un perspectiva personalizante: http://rincon-psicologia.blogspot.com/2009/09/eres-inteligente.html
Un saludo desde el Rincon de la Psicologia
4 marzo 2010 a las 12:40 pm
¿como seria un ser humano con la misma inteligencia pero 100% irracional?considerando por racionalidad la facultad de manejar conocimientos y con ellos tener capacidad de elegir entre mas de una opcion de actuar.
Creo que ese ser humano es el AUTISTA,
¿cree que tendria sentido?
6 marzo 2010 a las 2:03 am
Qué gran rato acabo de pasar leyendo todo lo interesante que habéis puesto todos vosotros acerca de este apasionante tema que ha propuesto el maestro Eduard..”genial,como siempre”
Estoy muy de acuerdo con muchas de vuestras opiniones..
pero me siento totálmente identificado con todos los pensamientos y reflexiones de Ana Salcedo.
tenía yo ganas de leer a alguien escribiendo así.
vulgármente hablando..ahí le has dao,querida Ana.
Saludos para tod@s.
6 marzo 2010 a las 7:10 pm
Tendemos a creer que el valor de los demás está en su nivel de inteligencia, cuando la realidad es que respetamos moralmente a los demás porque sienten.
Saludos.
6 marzo 2010 a las 10:29 pm
Sr. Punset, no insista por ahí … Entre el mono mas inteligente y un ser humano hay UN ABISMO que aún nadie ha podido explicar. Usted, por supuesto, tampoco.