Autor: Eduard Punset 13 septiembre 2009

Cuando el país inició su apertura al exterior en la década de los 60, muchos se hacían esta pregunta: ¿qué piensan los demás de nosotros? Es el tipo de pregunta que ya no se hacían a sí mismos los países más ricos y que los propios españoles se hacen hoy mucho menos. Sorpresivamente, el interés reciente e inusitado por las dimensiones de la felicidad está respondiendo a algunas de estas preguntas con 40 años de retraso.

En ciertas dimensiones somos idénticos al resto de los países europeos. El amor desbanca a la salud y –en un año de crisis, fíjense bien– al dinero; sencillamente, reaparece la antigua sospecha de que las relaciones personales configuran la felicidad de los individuos en mucha mayor medida que otras búsquedas, como la del tentempié. En eso no somos distintos.

Salvo diferencias bien precisas –como la posesión de emociones mezcladas en los humanos–, resulta alucinante la similitud entre nuestro entramado emocional y el del resto de los animales. Basta con seguir los diálogos entretenidos e ilustrativos entre los nietos y mascotas de tierna edad. Sencillamente, son tal para cual y pueden pasarse horas jugando y comunicándose. Viven los dos en un mundo donde cuentan los detalles, las pequeñas cosas. Los conceptos gigantescos y globalizantes como el futuro, la sociedad, el destino, no cuentan ni se comprenden.

A mí siempre me ha fascinado, no obstante, un rasgo nuestro muy diferencial: el desprecio de las cosas pequeñas, a las que subvaloramos, en contra de lo sugerido por los niños y la estructura emocional del resto de los animales. En un contexto en el que los humanos no estuvimos interesados en descifrar nuestros comportamientos emocionales –los móviles del odio, la repugnancia, el miedo, la sorpresa–, sólo el resto de los mamíferos y sus predecesores, los reptiles, podían haber revelado las pautas.

Ahora bien, uno de los rasgos más sorprendentes en España es, precisamente, el desconocimiento, la aversión y hasta la crueldad con el resto de los animales; simplemente, no han interesado nunca al colectivo adulto español. A nadie se le ocurría en el pasado pensar que el entramado emocional era casi idéntico en ambos casos. Hubo que esperar a la neurología moderna para calibrar este descubrimiento.

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Enfrentados con la aseveración de “Me divierto cada día con las pequeñas cosas de la vida”, el porcentaje diferencial de los españoles está significativamente por debajo del promedio europeo (*). No nos atraen las cosas pequeñas. No hemos profundizado en la cultura del detalle, que se aprende saboreando la vida emocional. Hemos vivido obsesionados por las verdades absolutas y los dogmas; el todo o nada.

Siendo ésta la situación, no es extraño que también los españoles estén por debajo de los europeos cuando se les confronta con la sugerencia de “Hay un montón de razones que hacen que la vida merezca la pena”. Seguimos siendo víctimas de la cultura heredada, en el sentido de que nada es comparable al paraíso que, supuestamente, nos espera después de la muerte. En su gran mayoría, los españoles no se están haciendo todavía la pregunta correcta: ¿hay vida antes de la muerte? ¿Hay razones suficientes que justifiquen la existencia?

Que nadie crea que los fogonazos de incorporación de la mujer a la libertad sexual y al trabajo han cambiado para siempre las estructuras cognitivas del país. Los cambios tecnológicos son incomparablemente más rápidos que los cambios mentales, que se caracterizan por una lentitud pasmosa. Lo siento, pero, a pesar de los gestos y el vocerío, seguimos donde estábamos. O casi.

(*) Datos del Instituto Coca-Cola de la Felicidad. Agosto, 2009



55 Respuestas to “¿Somos como los demás europeos?”

  1. Fgmorte:

    ¿lo pequeño que contiene la felicidades es por casualidad una lata de coca-cola?

  2. Meritxell:

    Me he dado cuenta, que cuando se habla de FELICIDAD, todo el mundo está receptivo, creyendo poseer la respuesta perfecta, a una cuestión
    tan subjetiva.

    Todo el mundo coincide, que la felicidad está en las pequeñas cosas de la vida, pero, ACASO ALGUIEN PRACTICA CON EL EJEMPLO ??……

    Quien repara cada mañana, cuando abres los ojos, miras por la ventana
    ese cielo azul, ese despertar del día…la ducha relajante, el café calentito
    con las sabrosas tostadas con mantequilla y mermelada que te cargan las pilas para empezar bien el día….
    Pocos…..generalmente, la gente se levanta pensando que no puede pagar la hipoteca, que no llega a fin de mes, con quien dejo hoy a los
    niños que estan enfermos y tengo que trabajar….y mil y una historias
    más.

    Dicen que la felicidad hay que sentirla, que no se puede describir con
    palabras.
    Sobretodo, porque lo que para unos es un paraiso, para otros es banal.

    No todos sentimos de igual forma.
    No todos recibimos el mismo afecto.
    No todos deseamos lo mismo.

    Creo que la felicidad es el equilibrio justo, entre lo que deseamos y lo
    que podemos alcanzar.
    Cuando seamos conscientes de que somos finitos, frágiles y vulnerables,
    nuestro nivel de exigencia descenderá…tanto………hasta llegar a esas pequeñas cosas de las que todo el mundo habla, pero pocos practican……………La Felicidad.

  3. Ana:

    He vivido durante años en Irlanda y Bélgica y creo que realmente somos muy diferentes. A los que dicen que los españoles somos consumistas, les diré que el nivel de consumismo al que han accedido los irlandeses después del Celtic Tiger, supera lo nunca visto, sobre todo en Dublín. Conozco a irlandeses (uno informático, otra profesora) que se han ido a Nueva York o a Toronto solo para comprar ropa. Las calles comerciales están a rebosar, sobre todo durante la media hora que tienen para comer. En cuanto a los belgas, a las 6 de la tarde, que es cuando se hace de noche, ya no hay nadie en la calle. La mayoría están en sus casas viendo la tele con sus hijos. Y no nos engañemos, los museos están completamente vacíos de gente local en cualquiera de las ciudades europeas: los visitan los turistas. El National Museum of Ireland estaba siempre tan vacío como en Bruselas los Reales Museos de Historia. Creo que somos diferentes en cultura, en nuestra forma de pensar y sobre todo de sentir, en los espacios, en la confianza…: al final, en el extranjero, nos juntamos con chipriotas, italianos y españoles. Con los demás, “nos llevamos bien” , pero no es lo mismo.

  4. Enric Milián:

    Mi gato no va de vacaciones a la playa. Durante el verano, se pasa el día durmiendo en el lugar más fresco que encuentra. Al anochecer, comienza a espabilarse, come y se marcha de “maniobras”. (Antonio del Val)

    Pues el mio pobre no puede irse de “maniobras” aunque también come y busca el lugar mas fresco del piso para descansar, vivimos en un 3º y vive a puerta cerrada con nosotros desde hace muchos años, aunque esta muy feliz,… (creo).

    Pero nos quiere un montón y nosotros a el, a veces pienso que seria estupendo que este tipo de sentimiento cundiera mas entre los que nos llamamos humanos, seria el paraíso.

    Europeos ?,… no se si no seria mejor sentirnos de nuestro pequeño país y punto.
    Creo que afianzar nuestra identidad es la mejor opción.

    Salud.

  5. piroska:

    europeos o ciudadanos del mundo, es igual.

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