¿En qué hemos cambiado después de tanto viaje, sol y alboroto? Está a punto de terminar el verano. Una hija mía acaba de llamar desde Birmania pidiéndome que le transmita a una hija suya de 11 años –ella está ahora, por ruletas veraniegas, en Boston, EE.UU.– que no la puede llamar porque en aquel país no hay móviles. Cuando encuentre un centro de Internet le enviará un mensaje.
Otra nieta mía de siete años está encantada descubriendo la costa del Atlántico y sus antepasados franceses. Con toda su familia, ha desembarcado en casa de mi atareada hija mayor, que nació en París y sigue viviendo en Francia. Si siempre dio la impresión de estar abrumada, ahora está literalmente desbordada.
La amiga de una amiga mía acaba de regresar de vacaciones en Málaga con sus tres hijos y el marido. Habían concertado las vacaciones junto con otra pareja, también con tres hijos:
—Qué contenta estoy, no puedes imaginártelo, de haber vuelto. Como mi casa no hay nada —le dijo.
—No me digas que los niños tampoco lo han pasado bien —le inquirió su amiga.
—Los niños no se han aburrido ni un minuto; son ellos los que disfrutan las vacaciones.
La primera conclusión, cuando se intenta analizar lo que le pasa por dentro a la gente cuando se va de vacaciones en verano, es que sólo los niños lo pasan realmente bien. Ellos todavía son curiosos y se distraen buscando el humor, el reconocimiento y el amor del resto del mundo.
Los adultos siguen con su estrés, al que no tienen más remedio que añadir el ruido de otros núcleos humanos. Su gran alegría consiste en redescubrir su hogar. Habían olvidado lo bonita que es su vivienda, lo simpático que es su barrio y la suerte que tienen con las tiendas de al lado de casa.
Hay un segundo grupo, bien diferenciado, que no toma vacaciones en agosto. Son los jóvenes que viven en lugares frecuentados por los turistas, como la costa. En agosto es cuando trabajan de canguros, camareros y en centros de entretenimiento; pueden amasar unos ahorros que les permitirán ir de vacaciones en septiembre, arreglar la moto o matricularse en un curso extraordinario.
¿En qué consiste la mayor amenaza del mes de vacaciones? La costumbre inveterada que tiene la gente de hablar, que se acrecienta en verano. Me di cuenta de ello, hace muy pocos años, al cerrar la puerta de la clase al terminar mi lección sobre Innovación y Tecnología en el Instituto Químico de Sarriá, en la Universidad Ramón Llull de Barcelona. Al salir de allí, los cincuenta alumnos seguían dentro, alborozados por la libertad recuperada, minutos antes de que entrara el siguiente profesor con su discurso preparado.
“¿Qué les has contado, Eduard?”, me pregunté a mí mismo. “¿Lo que necesitaban para desarrollar lo que llevaban de más valioso dentro de ellos mismos o, por el contrario, lo que tú ya sabías y querías decir? ¿Lo que a ellos les hacía falta para potenciar su vocación o habilidad innata o lo que a ti te gusta o has aprendido a predicar?”
Hay que asegurarse de que en los estantes más visibles de la vida se ha reservado un lugar preferente para los silencios. No se puede predicar todo el rato. Si hablas demasiado no te vas a enterar de lo que busca el otro, ni vas a poder prefigurar lo que le haría falta para avivar sus rasgos innatos. De vez en cuando resultará preciso cobijarse en el silencio envolvente e inhibirse del resto. Nadie cae en la importancia de los silencios. Y mucho menos en verano.



30 agosto 2009 a las 10:30 am
¿Por que nos agotamos en vacaciones?…
La primera conclusión, cuando se intenta analizar lo que le pasa por dentro a la gente cuando se va de vacaciones en verano, es que sólo los niños lo pasan realmente bien. Ellos todavía son curiosos y se distraen buscando el humor, el reconocimiento y …
30 agosto 2009 a las 11:01 am
Yo estudio en Sevilla. Mi familia es de Estepa. Mi padre trabaja y mi madre es ama de casa. Mis dos hermanos, más pequeños que yo, estudian en el pueblo. Mi abuela también vive con nosotros. Cada uno lleva una vida diferente, con horarios distintos. Mis padres comen a una hora, mis hermanos a otra, cada uno con sus rutinas, el mayor de mis hermanos ha estado preparando selectividad…
En vacaciones vuelvo a casa y mis hermanos terminan las clases. Usamos las vacaciones para estar juntos, hacer vida juntos. Este verano no hemos ido de vacaciones, nos hemos quedado en Estepa. Hace unos años hicimos un viaje por el norte de España de muchos días.
En ambas ocasiones hemos disfrutado igual. En una hemos conocido más cosas, hemos aprendido más o menos… pero en ambas hemos disfrutado lo mismo. Y es que en vacaciones es el único momento en el que podemos estar todos juntos.
30 agosto 2009 a las 11:10 am
me gusta viajar en vacaciones por lo mucho que se aprende simplemente por salir del círculo por el que te mueves normalmente, pero la experiencia de redescubrir el hogar siempre se repite y cada vez me gusta más.
30 agosto 2009 a las 11:36 am
Decía B.Russell:
“todo sabio debe saber estar en soledad”
Quizás no supo expresar con más claridad su deseo de estar en silencio.
Si seguimos hacia arriba por la idea que expones y admitimos la teoría sobre los estímulos, la actividad mental y la introversión, cloncuimos que las vacaciones suponen en las personas de una sociedad organizada una sobredosis para la mente. Quizás sólo se trate de personas introvertidas puesto que hay quien no se agota nunca.
Como quien se toma un porro, un cubata y una raya de coca al mismo tiempo, tener en mente el próximo año, planificar el viaje de vuelta, adaptarse a situaciones ambientales nuevas (bailar sevillanas a la fuerza, etc) suponen un cóctel estimular agotador.
Yo amo el silencio y tomo algo de ruido en pequeñas dosis para no perder de vista a la multitud.
Saludos.
30 agosto 2009 a las 12:20 pm
Cuanta razón tienes querido y admirado Eduard, los silencios.. que grandes y necesarios, cuanta paz y confort producen.
Varias personas viajando y de pronto anochece, sentarse juntos y en silencio contemplar como se oculta el sol.
Hy algo mejor y más saludable?
Un abrazo
30 agosto 2009 a las 1:02 pm
De las diferentes ideas de esta entrada puedo deducir varias cosas:
1) Nuestro discurso propio nos estresa. Nos vemos empujados a expresarnos constantemente pero al oírnos nos saturamos de nosotros mismos.
2) En vacaciones anhelamos encontrar un discurso diferente (de ahí los viajes), pero rápidamente nos volvemos a enredar en nuestro propio enredo de siempre.
3) Los niños, cuyo discurso propio es más débil, sienten menos el estrés porque continuamente buscan la interacción, el juego, son más receptivos a los discursos de los demás.
4) Los adultos parece que ya sólo interactúan en el trabajo, y que dedican el ocio a expresar su discurso: parlotear. El trabajo les estresa, el ocio les estresa.
Creo que el adulto tiende a perderse en su propio discurso, realmente. Olvida cuál es su verdadero deseo, todo se convierte rápidamente en obligaciones. No tiene claro qué es lo que le divierte, asume el ocio de los demás, y al ser algo ajeno le satura. El caso más extremo es el del paranoico, ahogado en su propio yo superprotagonista.
Es necesario reencontrar ese equilibrio entre nuestra necesidad de expresión y nuestra capacidad para oxigenarnos con el discursos del otro.
(Felicidades, Eduard, esos toques personales de las últimas entradas ofrecen mucho partido)
30 agosto 2009 a las 1:35 pm
Preciosa e hiperrealista entrada. Soy de las que no viajan en agosto para disfrutar el mes de verano en la tranquilidad de mi casa y mi ciudad. Esa llamada al silencio del último párrafo me resulta enormemente evocadora.
Gracias.
30 agosto 2009 a las 1:57 pm
Bajo mi parecer has dado con una palabra clave: el silencio. No estamos acosntumbrados a darle el gran poder que lleva dentro de sí. El dejar tiempo al otro y otros para que se expresen, el simple placer de escuchar y darte cuenta de cosas que te pasan inadvertidas porque estás esperando el turno para hablar o tener tu respuesta preparada, perdiéndote lo que está diciendo el otro. El silencio interno para escuchar más y mejor al yo interno que muchas veces evitamos que salga. El estar en silencio con alguien sin sentir agobio ni necesidad de hablar por hablar, porque se están diciendo cosas que la palabra no transmite. El silencio creo que es un concepto mal entendido y mal juzgado.
30 agosto 2009 a las 2:09 pm
Eduard, me inspiras y me enseñas a diario. Leo tus libros. Aprendo! Muchas gracias.
30 agosto 2009 a las 3:14 pm
Nos agotamos en vacaciones porque las seguimos considerando casi como un sinónimo de viajar; ahora parece que si no te vas de viaje en vacaciones es como si no hubieras tenido vacaciones. Los viajes por vacaciones se convirtieron en poco menos que una obligación para muchas familias, así se empeñan en hacérnoslo ver (televisión, amigos, familia); la gente pide créditos en el banco para realizar viajes…!!! Y está claro que todo lo que se hace casi por “obligación” no se disfruta igual. No sé hasta qué punto compensan este tipo de vacaciones…
El mundo anglosajón ha acuñado un nuevo término para definir la otra opción no tan de moda en estos días: STACATION (STAy at home vaCATION), quedarse en casa por vacaciones. Seguro que muchos de éstos se ahorran el consabido síndrome posvacacional, además de una buena suma de dinero, logrando incorporarse al trabajo con las pilas mucho más cargadas.
Por cierto, yo también abogo por el silencio. Todo el mundo debería dedicar al menos unos minutos al día a reflexionar en silencio o a meditar en la intimidad de su propia soledad. Es bueno para el cuerpo y la mente. El silencio está infravalorado en nuestra parlanchina sociedad rodeada de kippel…
30 agosto 2009 a las 4:01 pm
Para mí, el verano supone la exposición a un proceso de socialización creciente y exigente que me agota y anula mi iniciativa. Al volver a mi casa (mi mujer vive en otro piso) recupero la ansiada libertad y capacidad de decisión. Todo esto hace referencia sólo al ámbito intelectual: me da igual que me hagan cambiar de tienda o me disfracen de bañista. Lo que detesto es tener que participar en conversaciones vacías y absurdas sobre lugares comunes, conformarme con el periódico en lugar de participar en internet, no poder actualizar mi sitio web, no poder hablar con la gente que habitualmente me llena a diario, etc. Sin embargo, debo decir que adoro las vacaciones si me permiten dirigir mis pasos a voluntad y no verme coaccionado. No me imagino como deben ser las vacaciones de un padre con hijos traviesos e incorregibles…
30 agosto 2009 a las 5:44 pm
Estimado Eduard Punset: en mi caso disfrutamos de todo un mes de vacaciones entre Costa Azul y Floresta, 2 balnearios de Uruguay, y lo que nos sucedía era lo siguiente: los primeros 20 días los disfrutábamos plenamente, pero los últimos 10 días ya comenzábamos a restar, es decir la temática que primaba era: qué lástima ya nos quedan solamente 9 días, o qué rápido se ha ido el mes, solo nos quedan 4 días… y llegado el día del regreso, ERA UNA TRAGEDIA!!. la temática de regreso era de pena sobre lo rápido que había pasado el mes, y qué bien nos vendrían 3 ó 4 días más. Compredimos que éramos unos desagradecidos y que nuestra actitud no distaba mucho de aquellos niños que van al parque de diversión y participan en 8 juegos y como no les compran el ticket para el noveno, se van frustrados, llorando y protestando.
De manera que un día de regreso, nos dimos cuenta de esa actitud, y convenimos que en los años futuros, sumaríamos hasta el último minuto y estaba prácticamente prohibido comentarios como: qué lástima nos quedan x días… o qué rápido se ha ido el mes…. etc. El efecto ha sido notable, con un disfrute hasta el último día.
Una vez un vecino me comentó un 28 de enero (las vacaciones nuestras son del 1o al 31 de enero), !Qué lástima que ya se fue el mes! a lo que yo le contesté aplicando nuestra nueva técnica: ¿cómo, el mes de enero viene este año con 28 días?, en mi almanaque lo tengo con 31 días como todos los años!. y terminé agregando: sabe que con 4 días de vacaciones como me siguen quedando (28-29-30 y 31), me siento millonario de tiempo! se imagina Ud. cualquier fin de semana largo con 4 días para vacaciones cómo nos podemos sentir.. pletóricos. pues esos mismos 4 días tenemos aún por delante. !a disfrutarlos entonces!.
Al final volvemos a lo escrito en el blog que “Cada pensamiento genera una emoción y cada emoción moviliza un circuito hormonal que tendrá impacto en los trillones de células que forman nuestro organismo
Las conductas “S”: serenidad, silencio, sabiduría, sabor, sonrisa, promueven secreción de Serotonina.
Las conductas “R”: resentimiento, rabia, rencor, reproche, resistencias, facilitan la secreción de coRtisol, una hormona coRRosiva para las células, que acelera el envejecimiento, ya que entre otras tantas maldades “agrede nuestro endotelio vascular”.
Las conductas “S” generan actitudes “A”: buen ánimo, amor, aprecio, amistad, acercamiento.
Las conductas “R” por el contrario generan actitudes “D”: depresión, desánimo, desesperación, desolación.
Con solo aprender este simple alfabeto emocional de 4 letras: S.A.R.D. desde edades tempranas lograremos que más gente viva más tiempo y mejor, porque la “mala sangre” (mucho cortisol y poca serotonina) deterioran la salud, posibilitan la enfermedad y aceleran el envejecimiento.
Cada quien forja su destino y puede influir sobre la realidad. Vivan con sentimientos y emociones positivas como el amor, la amistad, la lealtad, el valor, la alegría, el buen humor, el entusiasmo, la paz, la serenidad, la paciencia, la confianza, la tolerancia, la prudencia y la responsabilidad.
Los opuestos que no invadan vuestra alma,y que si lo hacen que duren lo menos posible en vuestro ánimo, no los dejen alojarse, aléjenlos.
http://drgeorgeyr.blogspot.com/2009/06/el-dano-emocional-no-viene-de-terceros.html
30 agosto 2009 a las 6:21 pm
Hay una frase que desde mi punto de vista vale todo el artículo: “Ellos todavía son curiosos y se distraen buscando el humor, el reconocimiento y el amor del resto del mundo”.
Ese espíritu infantil, que lúcidamente capta Punset, domina casi todo los momentos de los críos, de vacaciones o no. Eso los hace fascinantes, y son capaces de reproducir en los demás su poesía. La contagian. En vacaciones si cabe más que en invierno, pues pasamos más tiempo con ellos.
Creo que de las vacaciones lo único que realmente agota es dormir en colchones no ajustados a nuestro peso corporal y a nuestras predilecciones posturales. Se duerme peor.
Hay quiénes han perdido la capacidad de disfrutar de su tiempo libre. Lo lamento, honestamente, por ellos.
30 agosto 2009 a las 6:29 pm
hola eduard
Me gustan mucho tus post en este blog y tu programa redes,que veo cuando puedo pero,….me gustaria saber si conoces a wayne dyer y que piensas de sus ideas en torno a las emociones,el poder de la meditación,,,personalmente creo que me ha ayudado muchisimo sus libros,que desde aqui te recomiendo. Espero que me respondas,si puedes.Muchas gracias.
30 agosto 2009 a las 7:33 pm
Mi estimado y admirado Eduard. Acabo de descubrir su blog e inmediatamente lo he añadido a mi lista de blogs favoritos.
Es un placer y un honor leerle.
En cuanto a su post de hoy, comparto sus apreciaciones. Y rescato esta frase suya: “De vez en cuando resultará preciso cobijarse en el silencio envolvente e inhibirse del resto. Nadie cae en la importancia de los silencios. Y mucho menos en verano.”
Asi es.
Reciba un cordial y entrañable saludo.
30 agosto 2009 a las 7:39 pm
Este año comenzaré mis vacaciones sin estres, desde la felicidad!!!!!!!!!!!!
Así que estoy super emocionada por descubrir Lisboa y Cáceres, “utilizando el tiempo a mi antojo” ,de momento las he empezado con mis sobrinos (tres y cuatro años) y la paz que me dan al mirarlos superan con creces el estres que provocan son geniales.
30 agosto 2009 a las 9:16 pm
[...] Eduard Punset en ¿Por qué nos agotamos en vacaciones? [...]
30 agosto 2009 a las 10:34 pm
mi objetivo en la vida cuando llegaba las vacaciones, era programa y programa viajes, para disfrutarlo en mi mes de vacaciones, desde el año pasado me he replanteado otras prioridad, pues los viajes se han quedado para otro tiempo mejor.ahora me quedo en casa o mejor dicho en mi ciudad, malaga, estoy saboreando mis fiestas locales. Pero lo que es mas plancentero para mi es esperar que los niños empiecen el cole, que mi marido se incorpore a trabajar. En esos dias que me quedo sola, digo “sola” soy tan, tan feliz en mi silencio, en mi soledad, en ser yo misma. Digo viva mis vacaciones.
30 agosto 2009 a las 10:52 pm
Muy buen post Eduard, y de lo mas tipico que existe y con lo cual muy practico.
Yo curiosamente me vo ahora de vacaciones, me voy el dia 2 de septiembre a mi pueblo que esta en Cordoba.
Y bueno quizas la gente vuelva mas estresada aun a la vuelta, por el simple stres de por si, de conocer lugares nuevos, ubicarte en sitios nuevos, que tieienn que acosumbrar al cerebro a otros ambitos totalemente diferente, ademas tambien con mucho ruido, con atascos, con todo lleno de gente, con esperas….por eso la gente que se va de vacaciones rurales, son las que mas relahadas vuelven, porque se alejan de los nucleos urbanos, se acercan al silencio, a la naturaleza…y estan en en silencio.
Yp vivo en una urbanizacion con piscina, y muchas vecs bajo y te gusta estar ahi abajo en silencio, calmado, tranquilo tumbado…y estas muy bien.
Y la verdad es que el silenciio es una cosa muy importante que te ayuda a reflexionar, a meditar, apensar las coasas….y beno tambien los adultos es normal…y mas con niños que tienen que estar pendiente de ellos, y de todo en general…y en cierta parte es logico, porque tienes cargos que no te los quitas.
Muchas Gracias Eduard!
31 agosto 2009 a las 5:52 am
Hace un año, en mitad de una reunión de amigos, unos más cercanos que otros, cuando ya me creía “adaptada”; se me acercó un amigo al que le tengo mucho cariño y me dijo con voz baja: ¿De normal eres así de callada o es porque hay gente que no conoces mucho?
Dudé unos segundos, pero finalmente le dije que yo era así. De decir otra cosa podría incomodarles y así de paso no mentía.
Si no hablaba era simplemente porque no tenía nada que decir. Desde la primera vez que pisé este país me fascinó la manera que tienen las personas de querer hablar sin añadir nada a la conversación. Y nunca me ha parecido malo, al contrario, noté que es algo que les permitía sentirse a gusto entre ellos. Pero si me pareció innecesario. Es como si los silencios estuvieran mal vistos, cuando a mi nunca me lo parecieron.
De esta forma, procuré empezar a forzarme a hablar aún cuando prefería estar en silencio. La verdad es que funcionó, noté que la gente se relajaba más conmigo. Y dejaba de sentirme “rara” . Pero personalmente sigo prefiriendo no decir nada si no tengo nada que decir, valga la redundancia.
Entonces era una contienda entre el sentirme bien yo conmigo misma o que las personas de mi entorno se sientan bien conmigo. Y esto último no podía obviarlo. Según mi percepción es algo de la sociedad, y para mí no ha sido coser y cantar…
En cambio sobre el estrés de las vacaciones….mi experiencia es una mezcla de muchas de las anteriores descritas. Así que no puedo aportar nada en especial . En verdad, sienta muy bien escuchar a ese niño que hay en nuestro interior.
31 agosto 2009 a las 9:00 am
GRACIAS EDUARD POR TUS PALABRAS RECORDANDONOS LA IMPORTANCIA DEL SILENCIO Y DE SABER ESCUCHAR… QUE GRAN DON EL SABER ESCUCHAR INCLUSO CUANDO SE ESTÁ EN SILENCIO…
31 agosto 2009 a las 9:26 am
¿Por qué nos agotamos en vacaciones?. Bueno obviamente hay un tanto por ciento de la población que, ciertamente, se agota, y mucho, en vacaciones. Pero mi primera cuestión iría orientada a preguntarse, ¿por qué sentimos la necesidad imperiosa de tomar unas vacaciones?.
A medida que la gente va construyendo su realidad, a base de tomar decisiones y de aceptar hechos, va dando forma a una rutina de vida, a un hábito automático que sin saber como, nos impide plantearnos nuevos retos para hallar una satisfacción personal, disponer de tiempo para distraernos paseando o simplemente sentarse a leer sin pensar en el reloj, y por consiguiente todo ello, nos deja esa sensación de vacío, que nos hace ver que hemos caído en la rutina y la monotonía, conceptos antagónicos a la esperanza y la fe (que,como dijo aquel, “siempre hay que creer en algo, yo soy ateo y aun así, creo en que no creo”), nos lleva al hecho de querer formar parte de una aventura lúdica donde no haya ninguna responsabilidad.
¿Por otra parte, el sedentarismo de un miembro de una manada no refleja la incapacidad de este para poder hacer cosas que antes si podía, no nos habla de el estado de su fertilidad o su posición de liderazgo?. ¿Esta grabado ese pánico a la rutina en algún lugar de la memoria mas primigenia?
Sin embargo y como una trampa hábilmente urdida por el cerebro, por norma general somos animales de costumbres pero sin saberlo, al menos no conscientemente.
Y llega la ecatombe, en 15 días pierdes la comodidad con la que te manejas por y con la casa,(te has acostumbrado a hacerlo sin tiempo o con estrés), la privacidad que esta te otorga, la sensación de libertad…
Tenemos que re-programarnos rápidamente, adaptándonos a un nuevo entorno y actuar lo mas rápido posible satisfaciendo nuestras necesidades vitales , para ganarle tiempo al tiempo en nuestra concienciada tarea de no hacer nada, cosa que si no la planificas bien, puede ser muy estresante.
Al ser mi primer post aquí, me permito saludar al autor, gran divulgador científico-filosófico, presentador, escritor persona, y genio meticuloso en definitiva que se merece todos mis respetos. Gracias por enseñarnos a pensar a toda una generación, desde redes o con cosas tan alucinantes en algunos libros suyos como la posibilidad científica real de crear una maquina del tiempo, o como enseñar a pensar a una maquina tal como lo haría un cerebro humano. wow.
Un saludo.
31 agosto 2009 a las 9:32 am
Nosotros nos hemos trasladado a vivr desde pleno centro de Madrid a una aldea de la costa asturiana con 8 habitantes, y lo decidimos en gran parte para reganar el silencio.
No hemos ido a ningún sitio este verano, ya estamos en un siito especial.
De hecho, durante el verano no hemos bajado a la playa, que está a 7 km, ni un sólo día. Demasiado ruido.
Dentro de poco volverá a estar en silencio, solitaria: entonces bajaremos a pasear por ella.
Un saludo, gracias por su blog, que sigo con regularidad,
una urbanita aldealizada
31 agosto 2009 a las 11:32 am
[...] Cosa 3: reflexionar una mica el perquè de les coses que fem durant les vacances. Algunes idees per anar fen boca, al bloc de l’Eduard Punset. [...]
31 agosto 2009 a las 1:48 pm
Entender el silencio como la ausencia de sonidos no me parece suficiente razón para explicar su bondad. A casi todos nos gusta que, con sus olas, deshaciéndose sobre la playa o batiendo sobre las rocas, el mar nos toque su propia serenata cuando estamos con él a solas. O la brisa al mover en los árboles sus hojas. O el mecanismo que reproduce la música de Mozart.
Es mi opinión, pues, que lo que buscamos, lo que muchas veces deseamos y necesitamos y no encontramos, no es tanto el descanso de los oídos como el alivio de las neuronas.
Saludos muchos.
31 agosto 2009 a las 5:39 pm
Sr. Punset: es curioso que tanto las vacaciones como el silencio están relacionadas con un principio universal que podemos llamar ” de intermitencia” y está presente en todas las cosas. El silencio y el ruido forman parte de un mismo contenido compuesto que se activa “silencio” o “ruido” depende las circunstancias del entorno.
El principio de intermitencia se expresa también en la misma naturaleza del silencio, ya que puede dar bienestar pero tambien malestar. El silencio puede ser reparador de vida pero puede significar tambien ausencia de vida y movimiento. Lo mismo puede decirse del ruido en todas sus formas.
Un intermitente activado del coche se percibe más que una luz naranja continua. Igualmente disfrutamos del silencio o las vacaciones cuando aún persiste en nosotros el sabor del ruido o del trabajo obligatorio. No puede existir el bienestar aislado del malestar o dolor, los dos son una misma moneda.
¿existe algo que esté por encima del trabajo-vacaciones, ruido- silencio, felicidad-dolor, vida-muerte? Si, existe algo que es el verbo comprender, que es la única revolución pendiente. Manipular contenidos compuestos sin comprender qué son, produce la realidad que tenemos delante. Saludos
31 agosto 2009 a las 6:41 pm
Cuando el trabajo de todo el año termina siendo un desgaste por la función que desempeña uno, o por la actitud otras, las vacaciones pueden ser una fuga. Entonces, en la escapada, uno se puede encontrar con cualquier situación más cargante; pero seguramente que esa persona busca sobre todo el cambio.
Yo el ruido lo perdono, por unos días, cuando yendo al pueblo donde nací, puedo sentarme con los vecinos que en la entrada de esas casas que a ras de suelo y a la fresca o fuera en la calle, personas más bien mayores comparten y se comportan de manera diferente a lo que estoy acostumbrada en la ciudad. Gritan para que les entiendas o repiten mil veces cosas de antes, pero me encantan porque son muy buena gente. Te ofrecen todo, son serviciales; y sin comodidades en una silla o hamaca, se aprecia su felicidad sencilla. Hablan de los frutos, el campo, la guerra, pero ellos ya no quieren venganzas, quieren vivir en paz y que les quieran.
No sé lo que me aportan pero siempre quiero volver.
31 agosto 2009 a las 9:26 pm
humm, hablando de los silencios en verano. Hace un momento pensaba en el mejor momento de mis mini-vacaciones: sentada delante del mar, acariciando a mi compañero que se recostaba sobre mi, disfrutando en silencio del placer de estar juntos, de hablarse de otra manera. Saludos y besos (que ya que son virtuales no son peligrosos para la gripe)
31 agosto 2009 a las 10:04 pm
Gran parte del problema esta en que pasamos tanto tiempo dedicandole y pensando en las obligaciones (en especial al trabajo), que al final literalmente acabamos no sabiendo que es lo que nos gusta hacer por falta de no habernos dedicado tiempo a nosotros mismos.
Nuestros gustos, intereses y las cosas que nos llenan pueden ir cambiando a lo largo del tiempo, por tanto, algo que antes nos llenaba puede que ya no lo haga y viceversa. De hecho, en realidad necesitamos de mucho tiempo libre para despejar nuestra mente y poder vivir experiencias mas alla de nuestras obligaciones, invirtiendo gran parte de ese tiempo libre en nosotros mismos. Asi segun vayan cambiando nuestros gustos e intereses, tendremos mas posibilidades de ya haber encontrado algo que actualmente nos llene, nos de interes y nos genere ilusion. De lo contrario lo que ocurrira es que buscaremos la felicidad en cosas que quiza antes haciamos pero que ya no nos satisfacen, o quiza nos dejemos influenciar por las modas, las costumbres, las presiones sociales o familiares, etc etc y acabemos constantemente haciendo actividades que realmente ya ni nos llenan, ni nos ilusionan, ni nos generan interes.
Particularmente yo me lo pase estupendamente este verano haciendo lo que queria, que era ni mas ni menos que estar tranquilo en mi casa, jugar y charlar por el PC, descubrir series, peliculas, musica o foros interesantes por internet, ordenar la casa a mi gusto, buscar para donar las cosas y la ropa que ya no uso, profundizar en el estudio de un lenguaje de programacion que cautivo mi interes, disfrutar de paseos en soledad a media noche, dormir hasta la hora que sea sin despertador, etc etc.
De hecho, estoy disfrutando tanto de mi tiempo libre que de momento no tengo sinceramente ni pizca de ganas de que esto acabe. Pero claro, que tal y como tenemos montada nuestra sociedad de momento parece que mi vida, mi cuerpo y mi tiempo seguiran 11 meses al año mas sin pertenecerme a mi, sino a aquel para el que trabajo para poder pagar el impuesto seguir con vida.
31 agosto 2009 a las 11:21 pm
David que respuesta tan afinada. Estoy completamente de acuerdo contigo, y lo digo porque lo vivo así, en una inmensa mayoría…!
Genial
Y buen post Eduard.
PD:Soy voluntaria de AFS…a ve que estudiantes nos visitan este año. (y no de vacaciones parece ser:))
1 septiembre 2009 a las 4:18 am
Hace 2 años que nos íbamos de vacaciones sobre el mes de Agosto, sobre todo a destinos comos las islas, Mallorca, Menorca, G.Canaria, aunque actualmente ya no nos vamos de viaje y mis amigos disfrutan de las pocas horas de fiesta de San Sebastián de los Reyes yo en mi casa y viendo que ya queda poco para empezar de nuevo los estudios que tanto agobio me da.
Aunque no he disfrutado como otros años he podido decir que este año lo he pasado mejor con mis amigos, aunque solo allá sido un par de días.
Aunque cuando empiece a trabajar ver como solo puedo disfrutar de 15 días de vacaciones o solo un mes cada año, comparado con 2 meses largos vacaciones aun se me hacen breves…
1 septiembre 2009 a las 2:44 pm
Es que cuidar de los hijos también es un trabajo que puede estresar y del que no hay vacaciones.
Yo creo que sólo unas vacaciones en medio de la naturaleza puede desestresarnos.
2 septiembre 2009 a las 9:57 am
«Los viajeros con experiencia han descubierto que lo que convierte a un viaje en algo memorable no son los lugares que visitan, sino las personas con las que entran en un estrecho contacto. Una mujer que ha dado varias veces la vuelta al mundo nos comenta la estrategia que ella ha desarrollado:
“Cuando viajo siempre intento aprender algo sobre el país o el lugar que visito. Es algo educativo aprender cosas nuevas sobre la geografía, los recursos, el arte, la historia, las costumbres y la cultura. Pero también están en el proceso, las relaciones y las interacciones que se producen con los demás. Es esto último lo que considero mucho más significativo y memorable.Podría ir al lugar más fantástico y mágico del mundo o visitar siete museos y once iglesias, pero todo esto no sería, ni de lejos, tan interesante para mí si no lograse hacer amigos que actuasen a modo de guía para introducirme en su mundo.
Por eso me gusta tanto ir a mercados, porque son los lugares idóneos para establecer relaciones. Tanto si hablo la lengua del lugar, como si no la hablo, eso no importa porque nos podemos comunicar por medio de gestos, de los ojos o de la sonrisa. Hay tantas caras que todavía recuerdo de adultos, pero sobre todo de niños de Birmania, Sudáfrica, Tailandia y Nueva Guinea o Cachemira. Por eso siempre llevo conmigo golosinas y una Polaroid, así les puedo hacer a los niños una foto y regalársela.
Ni tan siquiera puedo señalar una determinada experiencia como la más especial, porque hay tantas. Y lo que todas tienen en común es que logramos contactar con personas. Nos invitaron a sus hogares. Conocimos a sus familias. Intercambiamos regalos. Se formó como una unión y todos nosotros la sentíamos. Volví enriquecida y emocionada y conmovida por haber podido conocer a esas personas.
Una vez he podido ver cómo viven otras culturas, tomé algo de ellas y lo incorporé a mi propia vida. […]
Me siento tan llena de experiencias. Hay tantas personas a las que he conocido a lo largo de mi camino. Y me siento agradecida por cada una de ellas. Me siento conmocionada.”
Lo que nos describe esa mujer es una forma de viajar que se basa no en dónde está sino en quién es. Nos describe una forma de viajar que está marcada por las relaciones con las personas y no con los lugares. Los lugares pueden ser importantes, pero no son ni mucho menos tan importantes como mucha gente piensa, si lo que se está intentando es realizar un cambio personal.»
Jeffrey A. Kottler, Viajar como experiencia transformadora, Paidós, 1998, pág. 133-134. ¡GRAN LECTURA PARA VUESTRO PR“XIMO VIAJE!
2 septiembre 2009 a las 11:58 pm
y digo yo:por qué la gente que tiene la posibilidad de pasar las vacaciones en la costa y en pleno verano viene toda estresada y malhumorada y lo paga con la gente que vivimos allí y que ni podemos disfrutar de la playa ni de nada??alguna vez os habeis parado a pensar lo duro que es vivir en una zona turistica?nosotros no podemos coger vacaciones en verano,ni podemos bajar a la playa ni podemos salir por ahí.estamos tan cansados que no tenemos fuerzas y encima los que vienen lo hacen estresados y enfadados todo el rato y lo pagan con nosotros.pues menos mal que estan de vacaciones porque no me quiero imaginar como seran en su vida normal…es una pena ver que la gente no sabe valorar nada.
yo he disfrutado de la playa por la noche,al salir del trabajo me paraba un momento para escuchar las olas y respirar aire con olor a sal y asi no llegaba tan agobiada a casa,eso si que es todo un lujo..
ah y os recomiendo viajar en invierno,es increible..
3 septiembre 2009 a las 4:09 pm
La primera explicación que me viene sobre el tema de por qué nos agotan las vacaciones es por el hecho de salir de nuestras rutinas, habitos diarios. En el fondo, la costumbre de hacer las mismas cosas cada dia nos da seguridad: nuestro café en el mismo lugar y a la misma hora, nuestro trabajo que nos tiene ocupado, etc. En vacaciones tienes demasiado tiempo libre y si no lo sabes usar se puede volver en contra y te puede llegar a cansar, desear que terminen cuanto antes. Además el sol, la playa, el hacer mas ejercicio físico de lo normal, nos cansa mas. Cuando haces cosas diferentes a las de cada día, has de tener muy claro por qué las haces.
3 septiembre 2009 a las 8:32 pm
El silencio es la explosión de la inteligencia.
Silencio quiere decir: dentro de tí,
eres sólo espacio, espacio sin estrépitos.
Silencio quiere decir que has puesto a un lado todo
el mobilario de la mente, los pensamientos, los deseos,
las memorias, las fantasías, los sueños, todo lo has empujado al lado.
Estás mirando la existencia directamente, inmediatamente.
Estás en contacto con la existencia sin nada entre tí y la existencia.
Eso es silencio….
El silencio se puede escuchar.
Y cuando lo escuchas hay un entendimiento inmediato.
El entendimiento viene como una sombra siguiendo el silencio.
Entender las palabras y escuchar las palabras es muy simple.
Cualquiera puede hacerlo: sólo se necesita un poco de educación
sobre el lenguaje, no mucha.
Pero se necesita una transformación tremenda para escuchar al silencio
y entender el silencio.
El silencio tiene que surgir del ser mismo.
3 septiembre 2009 a las 10:57 pm
creo que lo que ocurre es que uno piensa que escapandose a otro lugar
escapa de si mismo, pero no es asi
para mi el cerebro en cualquier circunstancia encuentra una salida
por ejemplo en el colegio la salida es el recreo y lo mejor del
recreo el futbol y luego el cerebro desarrolla erroneamente la salida
de que el futbol y el recreo son lo mejor de la vida
cuando podia haber desarrollado la idea de que esa no es una educacion buena para sus hijos y tratar de modificarla para mejorar el futuro pero no ocurre asi
luego la siguiente generacion introduce dos modas nuevas y critica duramente a la generacion anterior y la anterior dice que viva el terror y asi per secula seculorum
nos engañamos a nosotros mismos continuamente e incluso cuando estamos
absolutamente seguros de lo que decimos y hacemos tambien estamos
engañandonos basicamente porque alguien cuando eramos niños nos repitio machacona y equivocadamente que no podiamos pensar por nosotros mismos porque somos inutiles y malvados y que otros ya se han encargado de pensar por nosotros con lo que nuestro cerebro despues de la enseñanza y en este caso de las vacaciones queda totalmente en estado de defuncion
Ok pues si no queda otra ¡vivan las extensiones! es increible que las mejores ideas de los mejores cerebros de nuestra historia sirvan basicamente – si contamos los minutos concedidos por television – para emitir partidos de futbol y promocionar vibradores y extensores de pene
¿Y el cerebro? ¿No podian hacer un extensor de cerebro?
salud!
3 septiembre 2009 a las 11:33 pm
Muchos sabemos la condición del homínido y lo que espera a nuestra civilización si no es capaz de llegar. Ahora con la tecnología con los descubrimientos científicos nos reimos. No está clara la salvación de lo humanos, porque queremos salvarnos verdad? No nos vamos a extinguir como los jurásicos verdad?…
4 septiembre 2009 a las 2:17 am
Sr. Punset, me gustaría que nos explicase como sería jugar un videojuego 4D (cuatro dimensiones) lógicamente.
Un saludo!
4 septiembre 2009 a las 2:48 am
Hemos olvidado muchas cosas a lo largo del camino.
4 septiembre 2009 a las 3:36 pm
Tengo 44 años y es ahora cuando me puedo permitir el lujo de viajar, cosa que no me podía permitir de joven.
Hay gente que, ahíta de dinero y posición social, no saben qué hacer con su tiempo libre. Son desagradecidos sociales que lo han visto todo, han hecho casi todo y encima lo han hecho porque se supone que hay que hacerlo, aunque en realidad nunca les ha gustado descubrir el mundo, nunca han encontrado placer en descubrir las cosas. Nunca han tenido verdadera curiosidad. No deberían de viajar.
A mi edad todavía me siendo como un niño, con curiosidad por el mundo y por lo que me rodea. Cuando viajo me gusta saber cómo huelen las calles de El Cairo (a polvo de desierto y a basura) o los manglares de la península de Yucatán (a trópico). Me gusta saber a cómo saben sus comidas, cómo es el aire… Cómo es todo, visitarlo todo, verlo todo.
Puedo descubrir una tienda de fósiles en el Soho neoyorkino o un mercado en África, en ambos casos seré presa de la excitación, aunque no compre.
Puedo haber aprendido a navegar en velero, haber subido una montaña, conocido una playa desierta o un buen museo.
Vuelvo cansado porque he andado, he conocido, he vivido. A la vuelta parece que ha pasado mucho más tiempo que la semana que he disfrutado, pero he arrebatado a la vida ese tiempo psicológico tan importante que está fuera de la rutina diaria.
La lástima es no tener más dinero y vacaciones para así viajar más y poder descansar a la vuelta.
Puedo volver cansado, pero no me importa, es un precio pequeño que a los acomodados del sistema de clase media o alta les puede parecer alto. Incluso para divertirse se necesita realizar un esfuerzo, algo que los nuevos-antiguos ricos de este cutre país no parecen entender.
Para descansar me basta un fin de semana haciendo el vago en casa.
5 septiembre 2009 a las 8:01 am
Nos han vendido que la felicidad, está en las islas Seychelles, en Hawái, en cualquier sitio, menos en nuestro hogar, y nos cuesta valorar lo que tenemos. Hay que aprender a mirar nuestro interior, para convertirlo en un auténtico templo. Todas las cosas del Universo saben de su Armonía con todo lo demás, y saben como darse uno al otro. Excepto el hombre que tiene que aprender y desaprender como dijo en otro post. Saludos.
5 septiembre 2009 a las 6:12 pm
El silencio…, hoy, despues de pedalear con Joa por la sierra Calderona, hemos ido a comer al chalé de mis padres, pero los dos solos. Mientras daba un sobro a la cerveza me he dado cuenta de que no se oía nada, el silencio era cuando menos inquietante por lo raro de la ausencia de sonidos. Ningun sonido humano perturbaba el momento, tan solo el ladrido de algun perro, el canto timido de un ave…, han sido momentos de gran placer, momentos sin palabras, tan solo de miradas y roces.
Con la calma y la ausencia de baraunda, de estrepito…, solo con esos instantes de paz es cuando podemos descansar, cuando podemos reflexionar o cuando podemos aminorar el ritmo cotidiano, cuando podemos respirar profundamente y ver con cierta claridad, durante unas decimas de segundo de que forma deseamos vivir la vida.
Durante las vacaciones de verano no hay nada de eso, la calma se sustituye por el tedio o las excursiones nerviosas en chancletas, por las colas ante los bares y garitos buscando mesa para comer, niños incluidos o por la mala leche que se te pone cuando de la ducha del apartamento alquilado apenas sale un chorrillo de agua, insufienciente para limpiarte de arena o para despegar los pequeños pedacitos de chapapote que llegaron de incognito a la playa.
No podemos jugarnos la salud mental a un solo mes al año y casi siempre el mismo, no estaria de mas tener 7 dias libres cada dos meses, sin perder los 30 dias de verano, obviamente. Creo que todos rendiriamos mas, tendriamos mejor humor y pasariamos mas tiempo conociendo a nuestras novias o mujeres y como no, a nuestros propios hijos. En fin, puede que sea una utopia, maxime ahora con una reforma laboral castrante asomandose cada dos por tres.
Un saludo a todos…, y lo dicho, cada dos meses, 7 dias libres, bueno, imagino que con esa semana de asueto no se provocaria otra crisis mundial ¿no…?.
8 septiembre 2009 a las 6:40 pm
El silencio sirve para reflexionar, cosa que los españoles hacemos poco, creo que fue Unamuno quien dijo que los Españoles en lugar de pensar embestíamos.
Saludos y gracias por este blog tan maravilloso.
9 septiembre 2009 a las 8:43 am
Yo supongo que en vacaciones es más cómodo quedarse en casa. Hace años que no lo hago, pero parece más práctico. De viaje se gasta mucho dinero, se pierde intimidad, se trastocan los hábitos… Pero viajar a mí me aporta dos cosas. Incomodidad, que me parece útil para sacudir un poco el organismo, y un poco de perspectiva: al cambiar de contexto veo mi vida cotidiana con cierta distancia y me ayuda a comprender cosas. A la vuelta de vacaciones suelo emprender cambios. Si algún día tengo un casoplón en un lugar encantador y con una familia también encantadora quizá cambie de idea. Pero hay etapas para todo, supongo.
9 septiembre 2009 a las 4:29 pm
Vacaciones: el reto de una nueva conexión
Yo podría afirmar que nunca me había marchado de vacaciones a lo largo de mi vida. Hijo de agricultores, los fines de semana había que ayudar en casa o estudiar y en verano es cuando más se trabaja en las tierras valencianas, desde la huerta a la vendimia. Así que pasaba mis “vacaciones” entre melocotoneros y vides. Sin embargo en esa dinámica, abandonaba el stress de las aulas durante el verano. Hacía algo diferente y a la vez útil. Tomaba el Sol y no precisamente en la playa. Algo bastante alejado del concepto que la mayoría tiene de las vacaciones.
En una etapa posterior, que arrancó con la creación de una pequeña empresa en el Pirineo de Huesca, durante los últimos diecisiete años el trabajo ha sido una constante, especialmente en los meses de verano, en los que he tenido la sensación de que muchas de las personas que se encontraban de vacaciones y yo atendía, no pasaban por momentos más felices que los míos.
La última semana de junio y la primera de septiembre me marché con mi hijo de ocho años, a Cantabria y Galicia, respectivamente. Han sido dos semanas para hacer algo distinto, especialmente fotografía de naturaleza, que es una de las aficiones que comparto con él.
A final del curso pasado, mi hijo llegó a casa con una frase de Miguel de Cervantes, que le había entregado su genial maestra: “El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho”. La relacioné con Carl Sagan, que decía algo así: Nuestra pasión por aprender es la herramienta para sobrevivir”. Entonces, y pensado en las vacaciones, más que preocuparme por desconectar, me centré en conectar con algo distinto y estimulante. Me zambullí en la sala de espera del viaje, es decir, prepararlo utilizando una buena herramienta: Internet, que es, como dice Eduard, fantástica.
Estoy de acuerdo. El silencio, aún en radio, es fundamental. Es una actitud presidida por la prudencia. Ya se sabe, si todo el mundo habláramos sólo de lo que realmente sabemos, habría un silencio enorme en el mudo, que algunos agradeceríamos.
10 septiembre 2009 a las 1:31 pm
Hola Eduard! Tus escritos transpiran sabiduria de la que otorga el pasar del tiempo y la experiencia. Este año, y en tan sólo una semana de auténticas vacaciones, he desaparecido de todo mi entorno habitual. Mis dos hijos y yo nos hemos cobijado en una vieja caravana alquilada… en un camping bajo pinos y eucaliptos, a 200 metros del mar, en Tamariu.
Nuestra máxima preocupación han sido las hormigas, las abejas y las arañas… y mientras ellos ya dormian he disfrutado a solas de la luna llena. He visto salir el sol entre los árboles y he recuperado esos silencios de los que hablas. Me reconozco en tus reflexiones, analizando cuánto hay de egótico en nuestro andar diario y cuánto de empatía provinente de saber escuchar a los demás, de ponernos en su lugar para comprender y dejar de luchar por ganar en toda discusión.
Mil gracias por seguir adelante dándonos tanto de ti.
Un abrazo,
20 septiembre 2009 a las 10:11 am
Josu – Chat Latino…
Todos hablan de la crisis financiera, y hoy, Sunday q bueno q encontre esto, algo diferente, siempre hace falta…
21 septiembre 2009 a las 1:23 pm
yo creo que el silencio es necesario y conveniente,pero como lo es la comunicacion.uno con el paso de los años va cambiando de necesidades,lo importante es saborear cada uno de esos momentos,para mi las vacaciones de este año en mi ciudad natal han sido de las mejores que recuerdo,he compartido mi tiempo con mi madre,mi hermano y he estado feliz,los necesitaba(yo vivo sola),he disfrutado cada minuto con ellos,volvi a madrid con mucha nostalgia y un nudo enorme en la garganta,pero…..hay que seguir…y procurando ser feliz.gracias por su articulo y tambien a todas las personas que con sus respuestas nos enriquecen.un saludo
7 noviembre 2009 a las 7:46 am
Las vacaciones en teoria son para relajarse pero como ya saben son cortas como ninguna y uno intenta que sean aprovechables 100×100. Por lo que realiza más de lo que uno puede y resulta mas estresante, jajaja.
Saludos
16 junio 2010 a las 10:19 am
Hola,
he leido casi todos los post, que disparidad de puntos de vistas, de sentir, y de vivir. Yo me quedo en que siento una envidia sana, enorme, por una hija q viaja a Birmania, una nieta en la Costa Azul, etc. Y yo luchando por pasar de una vida comoda pero de clase media baja o intermedia, semibaja, no lo sé, q no me permite viajar….. Grandes viajes, porque la verdad es q voy a mi casa (Las Palmas de G.C. y eso es un lujo). Las vacaciones son pa desconectar, y soñar, no sé te recargan las pilas, sales de la monotonía diaria, y si encima puedes ver mundo mejor. Y bueno, para los que nos quedemos por aki, se puede ir a sitios bellos de la zona, vivo en Almeria, Cabo de Gata, Mojacar, etc. O ir a Valencia en una escapada………..la verdad no puedo ir a Birmania, pero soy afortunada, pero me da envidia no poder viajar más.
Las personas somo tan diferentes, mi pareja no tiene tantas ganas de viajar, es una familia, q tiene muchos miedos, “lo de fuera” le parece peligroso. Sin embargo la mía, ha viajado mucho, no sé si por vivir en islas, q siempre te obliga un poco a salir, para hacer una carrera, para trabajar, etc. VIAJAR es indispensable!
Saludo