Tengo un pensamiento y una conducta que se repite desde hace años y que me hace mucho daño ya que deteriora mi vida y la relación con mis seres queridos. El problema es que hay una parte de mí que no quiere curarse y fantasea con abandonarse, meterse en casa y no hacerse cargo de mí ni de mi trabajo. Me gusta el concepto de desaprender para aprender algo nuevo, lo utilizo similarmente al método Silva.
¿Cómo puedo ser constante y no dejarme vencer por la apatía, meterme en la cama y abandonarme? Me puedo encontrar bien durante meses hasta que un día, por cansancio o por algo que me frustra, acabo por abandonarme. ¿Es como una adicción? ¿Me iría bien un grupo de ayuda? ¿Es cuestión de voluntad?
Responde: Anna Martí.
El psiquiatra Eric Berne, en los años 60, originó un sistema de psicoterapia individual y social que se engloba dentro de la psicología humanista, que denominó análisis transaccional. En él, describe tres estados del yo básicos: padre, adulto y niño.
El primero actúa sobre el principio del deber y, llevado al extremo, hablamos de una persona reprimida. El niño actúa por el principio del placer y, radicalizándolo, hablamos de una persona inmadura. El adulto consensúa y equilibra el padre y el niño, hablamos de una persona madura.
La neuronas forman cadenas de pensamientos, asociaciones y éstas se hacen más resistentes y fuertes en la medida que los impulsos eléctricos pasan muy a menudo por ese camino. Es cómo un camino estrecho, a medida que por él va pasando mucha gente, se va haciendo cada vez más grueso y consistente. En la medida que uno aprenda a desarrollar la habilidad de buscar pensamientos alternativos, debilita los antiguos.


