Autor: Eduard Punset 2 marzo 2014

Hace poco me dieron la grata oportunidad de ser pregonero. Parece increíble, pero después de 77 años viajando sin respiro, de acá para allá, para atender cometidos de lo más variado, uno descubre con sorpresa que siempre surgen cosas nuevas. Esta vez fue leer un pregón; algo que, debo confesar, me maravilló.

Fue en la inauguración de la Feria del Cocido de Lalín, una tradición que esa villa gallega viene celebrando desde hace ya 46 años. Un acontecimiento festivo que concilia cultura y ocio, gastronomía y diversión, conocimiento y entretenimiento. Un ejemplo más de que, afortunadamente, hay vida antes de la muerte, al margen de ese dogmatismo más centrado en primar lo que sucede después. Por suerte, hoy sabemos a ciencia cierta que eso es lo de menos.

Cuando me propusieron leer el pregón de una feria cuyo protagonista principal es el cocido, con su inseparable caldo, me vino a la cabeza el concepto de lo que el científico ruso Aleksandr Oparin denominó el «caldo primigenio». Según su hipótesis del origen de la vida –la más aceptada por la comunidad científica–, la vida se pudo forjar en las aguas de un mar ancestral que destacaba por su elevada temperatura y por la ausencia de oxígeno; un océano en absoluto similar a los que hoy cubren la mayor parte de la superficie de nuestro planeta.

fuego_lento

La vida también se coció a fuego lento.

Varios experimentos han demostrado que en las condiciones atmosféricas de esa época y con la ayuda de grandes descargas eléctricas, como son los relámpagos, se pueden formar moléculas orgánicas muy sencillas, los ladrillos básicos de lo que serían las primeras formas de vida. También hay una corriente que contempla la posibilidad de que esos primeros compuestos orgánicos irrumpieran en la Tierra a bordo de objetos procedentes del cosmos, como meteoritos o cometas.

En cualquier caso, esas moléculas –especulan los científicos– habrían caído en las aguas del antiguo océano y ahí, dentro de ese caldo, se habrían combinado de manera espontánea unas con otras. Fruto del azar y de los millones de años –ya se sabe que para hacer un buen caldo hacen falta horas de ebullición–, algunas combinaciones podrían haber dado los primeros frutos. Habrían evolucionado hacia un rudimento de ADN, la versión más primitiva de la molécula de la vida, y luego hacia un proyecto de célula que acabaría dando lugar a las bacterias más ancestrales.

De estar los científicos en lo cierto, ese sería el inicio; los primeros suspiros vitales. Después, el tiempo y la selección natural habrían hecho el resto, dando lugar a todos los seres vivos que habitan y han habitado nuestro planeta.

Hoy conocemos un par de millones de especies, pero los expertos estiman que todavía nos quedan entre 10 y 30 millones por descubrir. De este modo, lo que tenemos ante nuestras narices es el resultado de más de 3500 millones de años de evolución desde ese caldo primordial. Casi una eternidad que, por supuesto, también ha dado lugar a los vegetales y animales que hoy encontramos, de nuevo, en uno de los pilares de nuestra gastronomía: el caldo, el cocido. Un viaje de 3500 millones de años de un caldo a otro.

Así convivimos con varios millones de especies, de seres vivos, y eso es gracias a este largo trecho evolutivo. Pero a pesar de todo esto no pierdan de vista una cosa: si nos situamos a una escala cósmica, la vida no deja de ser una cosa rara. Me lo dijo mi amigo de la NASA Ken Nealson y no me canso de repetirlo: «La vida es una equivocación». Somos la excepción que confirma la regla. Así que, oigan, aprovechen esta exclusividad y vívanla.



7 Respuestas to “Entre caldos”

  1. Redes para la Ciencia » Entre caldos:

    […] Ver entrada completa y comentarios en el blog de Eduard Punset […]

  2. lalinense:

    Un placer haberle escuchado y visto el domingo en mi tierra.Esperamos que nos visite más veces para comer un buen cocido.

  3. Begoña Cebrian Gomez:

    Conectar el cocido con la vida, qué maravillosa reflexión! Gracias por la alquimia de estas palabras. Puedo oler el cocido, saborearlo e integrarlo desde mi cocina kasera.

  4. Susan:

    Gracias sr. Punset por ese canto a la vida, y, que, viva usted muchos muchos caldos.

  5. Elena Fox:

    Tenerle en Galicia unos días ha sido un verdadero privilegio, sus palabras y su presencia me han confirmado lo que yo ya sabía, que era usted una gran persona.

  6. M. I. Loren:

    Gracias por venir a mi tierra y por darme la oportunidad de estrechar su mano, para mi a sido un privilegio! espero que vuelva pronto, ya sabe que aquí le esperamos con los brazos abiertos.

  7. Violeta Bravo:

    Gracias, Eduard Punzet por lo mucho que nos enseñas.

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