Autor: Eduard Punset 4 agosto 2013

Estoy en un lugar de la costa atlántica de los Estados Unidos. Y me puedo pasar horas observando a la gente. Mis vecinos son extremadamente parecidos a los de mi barrio.

En la casa de al lado vive un señor experimentado en tratar a los demás; quiero decir que sabe decir ‘buenos días’ y ‘hasta luego’ con la mayor naturalidad. Hay un joven también, al que llaman Tom, extremadamente servicial, que se ofreció ayer a trasladar un armario verde desde mi habitación –en donde no hacía más que estorbar– al comedor, en donde podía servir para lo que se había hecho: para guardar platos y cubiertos.

Su hermana es rara, pero igualita que los demás; quiero decir que sonríe todo el rato. Ahora bien, cuando no sonríe te quedas hechizado, intentando confirmar que lo que más despierta su interés es el comportamiento de los validos y sus reyes del Siglo de Oro. En eso no se parece al resto, pero en todo lo demás es idéntica: el cuidado de su dieta ha conseguido repartir sus grasas adecuadamente por todo su cuerpo; sus senos no son ni demasiado grandes ni demasiado pequeños. No habla a trompicones.

El resto de la familia lo compone un grupo de jóvenes y amigos que se había acostumbrado a ocupar por la tarde, después de comer, la caseta de la playa que un vecino no utilizaba. Hasta que las cajetillas vacías de cigarros baratos, las numerosas colillas que adornaban la arena y alguna que otra botella de vodka advirtieron al dueño de que alguien ocupaba, en el sentido literal de la palabra, su caseta en la arena durante las tardes.

Los jóvenes no ofrecieron resistencia cuando se les recordó que aquel espacio no les pertenecía. Estaban acostumbrados a utilizar durante un rato los lugares cuyos propietarios dejaban libres. En realidad, la mitad de la gente empleaba las casetas y las bicis que no eran suyas, como las casetas, mientras que la otra mitad no vivía del cuento.

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Playa en Cape Cod, Massachusetts, Estados Unidos (Imagen: “Wikipedia”).

Pensé entonces que al comienzo una parte de la gente era nómada y otra tenía residencia fija. Ahora, los había a partes casi iguales: unos que vivían del cuento y otros, de sus títulos. No parecía un sistema muy bien pensado. Siempre me quedé con ganas de contar uno a uno los que vivían del cuento y los que, por otra parte, vivían de un título.

Entre los que vivían del cuento podía localizar fácilmente a los que no sabían exactamente de dónde procedían los recursos disponibles: podía ser del dinero acumulado por el resto para hacer frente a sus compromisos solidarios; podía ser por haber sabido escaquear lo que otros habían logrado a base de muchos esfuerzos. Unidos a los okupas y a los que no reconocían el ahorro de los demás, formaban la ola larguísima que casi superaba el número de aquellos que consideraban habérselo ganado sobradamente.

Bastaba poco tiempo de reflexión para sacar la conclusión de que había maneras más justas de dividir a la gente. En realidad, la separación entre nómadas y sedentarios que regía al comienzo de la cuadriculación no parecía que pudiera servir para siempre. ¿Era esta la mejor manera de compartir el fruto del trabajo de todos? ¿Y de que todos o casi todos siguieran trabajando?

La verdad es que convendría saber si la división inicial entre los que se quedaban siempre en el mismo sitio y los nómadas era, de verdad, la mejor. Hubo otros que estimaron que una buena manera de repartir el trabajo sería nombrar funcionario a todo el mundo. Para otros era más productivo que solo trabajara la mitad, pero que se repartieran los beneficios equitativamente. Otros, en fin, son partidarios de que sea el trabajo quien tenga la última palabra.



8 Respuestas to “La última palabra”

  1. Redes para la Ciencia » La última palabra:

    […] Ver entrada completa y comentarios en el blog de Eduard Punset […]

  2. Sandra Margarita:

    Buena reflexión para enunciar las diversas dimensiones de las relaciones sociales. ¿Podrá algún día ser la solidaridad un valor por encima del interés egoísta? ¿Existe una tendencia creciente al agandañe en cualquiera de sus interminables dimensiones, por ejemplo, no asumir la responsabilidad de tu basura? ¿Quienes viven más del cuento, los a mi entender mal identificados como nómadas o los sedentarios? ¿Sigue siendo el trabajo un castigo para la mayoría y es por eso el agandañe un mejor estilo de vida? ¿No es el agandañe por la ganancia lo que divide a la sociedad en lugar de el significado de lo que es el trabajo?

  3. Daniel PC:

    Admirado profesor,
    Quizá el escenario de la Cigarra y la Hormiga, pertenezca a un pasado muy lejano.
    Quizá actualmente las Hormigas Reinas especulan con los bienes de la naturaleza y seleccionan dentro de sus propios sirvientes quienes son los elegidos y quienes los excluidos.
    Quiza las cigarras sin titulo sean el ultimo reducto de Humanidad eso si amenazada por la 5 enmienda….
    Un abrazo

  4. Daniel PC:

    Me refería a la 2 enmienda, claro.

  5. David:

    En la capacidad de observar, está la virtud de sacar conclusiones. Esta es mi última intervención en internet, quizás, después de septiembre… no sé que será de mí. Me he observado y he contrastado como las sombras tratan de matar mi aliento vital: Las costumbres del pasado pesan cual adicción a una droga letal. En el intento de romper las cadenas, he consumido el tiempo.

    En mi lucha por sobrevivir, he intentado iniciar actividad comercial autónoma, he tomado consciencia de por qué la economía se muere, y como todo intento por rescatar las antiguas costumbres, se van con ella. Una nueva economía emerge, una basada en el conocimiento exacto. Pero en esa migración hacia un futuro más centrado en el sufrimiento ajeno y menos en el propio, se deben conocer testimonios vivos de por qué las cosas son como son.

    Venimos de la agricultura y el servicio turístico, con la excusa de que el turismo iba bien, han habido intenciones de basar la economía en la construcción. Han pasado los años y hemos fundamentado nuestra actividad en creencias falsas, creeciencias en tratar de evitar el sufrimiento propio. En ello hemos catalogado de bueno y de malo actividades tales como la agricultura, la ganaderia, restauración y hostelería. Hemos roto el ciclo que nos impulsó a un efímero avance. No somos capaces de retomar la hazada, el rastrillo, el pico y la pala.

    Visitando comercio a comercio, he sido testigo de como los comerciantes se atrincheran tras los mostradores de sus negocios, apagan luces y desconectan aires acondicionados, como han retornado a las cajas registradoras a manivela con las que hacen caja, porque la corriente eléctrica es un lujo; como usan cuadernos y boligrafos para llevar el activo en caja y como he tratado de convencerlos para que inviertan sus precarios ingresos en productos con enfoque de futuro.

    Parte de la economia que desaparece es debido a que eL ciclo está roto, no hay conciencia de trabajo, los que vivimos en ciudades estamos atrapados, los que viven en el campo y tienen un trozo de terreno que cultivar, se pueden considerar afortunados, aun más bien, quienes albergan el aliento de cultivar. Me despido en la integridad de mi persona, con un grito desde lo más profundo de mis entrañas: El aliento que permite iniciar actividad comercial, no está en uno mismo. Lo que hemos conocido como economia solo lo han disfrutado aquellos que han llevado el sello en sus conciencias de como invocar cadenas sobre publico encadenado.

    Para crear actividad económica a nivel del trabajador, hay que reenfocar el concepto urbanístico, y dar al hombre la capacidad de obtener lo básico con sus propias manos, sin que ello signifique robar. Aprender a cultivar y cultivar el suelo propio, no se tiene que hacer a nivel del suelo. Lo mismo que hay rascacielos, deberíamos de retornar a la época de las piramides de egipto, y usar la altura y el ángulo de inclinación para aprobechar el sol por cada planta con su terreno, pensado y diseñado para convertirse en una granja capaz de realizar cultivos rotatorios, capaz de producir todo el año, con avicultura, apicultura y ganadería capaz de dar lo completo a quien se alimente de ello. Recordemos que eso es para alimento familiar. De esta forma, las familias veran en tener hijos una bendición, pues es mano de obra familiar que cooperará con el resto en las labores cotidianas.

    En este caos economico, las casas se han convertido en nichos donde la gente muere en su interior desesperanzada porque no la han enseñado otra cosa distinta. El hombre no debe perder la costumbre de cultivar el suelo, y únicamente comerciar con los excedentes. Poner la vista en el pasado sin perder de vista las nuevas tecnologías del futuro, permite un crecimiento sostenible.

  6. Santos:

    Hay que premiar el esfuerzo, sin olvidarse de los menos hábiles.
    Las ayudas hay que darlas “para enseñar a pescar”. No para “dar el pescado”. Dando el pescado estamos condenando, en demasiadas ocasiones, a crear pedigüeños crónicos y se de lo que hablo.
    Es doloroso observar como hay gente que trabaja muchas horas al día, para ganar 700 €, y otros están todo el día de fiesta, con smartphones de alta gama, comprando caprichos, etc, con las ayudas que les dan otros y que, para no perderlas, no aceptan trabajos “con papeles”.
    Las personas más honradas, cuando encuentran un bache económico en sus vidas, con ayuda salen adelante y ya no vuelven a pedir. Los menos honrados se cronifican. Le sorprendería ver estadísticas de los beneficiarios de ayudas sociales y si se averiguara el tipo de vida que llevan, sus actividades de ocio, actividades laborales, etc., todavía se sorprendería más.
    Solidaridad SÍ, abuso NO.

  7. Pedro:

    Entiendo la importancia de la conciencia, el poder del cambio individual en la globalidad, por tanto cada uno es responsable de su vida.

  8. María Iris:

    El nómada, huye de los fundamentos y las metas concretas. No permite acomodo en su Sur, ni desea Norte a donde ir. Se mueve para no pertenecer a nada, ni a nadie y sólo lleva en el camino iguales.
    Muestra el talento al servicio del azar, cuidando que no se quede del todo en ninguna parte, dejando únicamente la huella de haber pisado y pasado, la que inevitablemente se marca y nos dice de que va: de paso.
    El compromiso, las obligaciones, solo las incluye en su vida, el tiempo y las ganas que le permitan su necesidad de disfrutar o servirse. Va a su aire, no puede hacer vínculos sumando y aportando lo mejor de él, porque él lo quiere es todo y nada. Ama la indefinición, lo que no tiene marco.
    El sedentario se niega la suerte muchas veces, suele tener bases buenas, pero prefiere el terreno conocido, dependiendo de afectos a lo cercano y usando una lógica tan práctica que le impide el vuelo arriesgando. A lo mejor es sencillo y vive sueños haciendo macro en lo micro, pero si deja campos de experiencia no madura. Por ello hay que desde el Sur seguir el Norte integrando ambos puntos viviendo.

    Tenemos talentos que nos obligan, no podemos esconderlos o apropiarnos de ellos sin hacerlos válidos, sin darles posibilidad de mostrarse. Los legados que traemos y adquirimos deben ser compartidos produciendo vida que fluya. Quien se niega no se alinea con la vida, lo suyo es ir de Drácula con los cercanos. Ser parásito social parece no agobiar y se está tomando como una profesión al día.
    Hay hijos que tienen padres, pero prefieren la calle. Se fueron pronto del nido y como hijos pródigos deben volver hoy, sin rabia ni rebeldía, con la experiencia del error que descubre el afecto como canal para volver.
    Hay personas sin medios que tienen centros y comedores pero insisten en pedir. Otros son obligados por las circunstancias, estos últimos saldrán pronto de ese espacio.
    Por desatarse muchos se atan y los vínculos son ayuda en la debilidad de quien no puede ni sabe manejarse en esta sociedad tan selvática. La familia, el Estado, tiene que amparar a su pueblo y a sus gentes, no solo con trabajo seguro, sino con valores morales que el relativismo, el yoismo y el hedonismo se han cargado. Sin moral no hay ni progreso ni respeto al hombre. ¡Que la cultura y los idealismos, nos devuelvan lo que nos han quitado, el derecho al cuidado y protección humano como lo primero en la vida!.

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