Autor: Eduard Punset 23 junio 2013

Es fácil decir que la ausencia de las nuevas competencias que exige la sociedad del conocimiento, comparadas con las modeladas por la revolución industrial, tiene la culpa del índice atrabiliario de paro entre los jóvenes. Lo difícil es demostrarlo y, más que eso, explicar el contenido de las competencias que se echan de menos.

No existe ninguna fórmula matemática que indique la falta aprendizaje de los conocimientos y estilos de vida necesarios para el mundo nuevo que vivimos. Sencillamente, constatamos que, cuando no se ejerce el liderazgo que reclaman las circunstancias nuevas, la empresa deja de ser productiva; que, cuando no se dominan las técnicas para decidir intuitiva y emocionalmente, algo falla a nivel organizativo. En definitiva, solo el balance final puede aportar la prueba de que se aplicaron o dejaron de aplicarse las nuevas competencias requeridas. Pero, entretanto, no es bueno confiarlo todo a la buena suerte y lo lógico sería profundizar en la definición de esas competencias.

En primer lugar se trata de suplantar el sistema competitivo al que se nos ha acostumbrado por un diseño totalmente opuesto, basado en la colaboración. Trabajar en equipo requiere no fiarse solo de uno mismo, sino diseñar con la ayuda del resto la manera de profundizar en el conocimiento. Colaborar, en lugar de competir, requiere un trato y una sabiduría a los que se está poco acostumbrado.

Uno de los descubrimientos que han cimentado la posibilidad de aplicar el aprendizaje social y emocional ha sido el papel inusitado del inconsciente; resulta que el lugar ocupado por el pensamiento racional en el cerebro es insignificante comparado con el poder de la intuición. Casi todo se elabora en el inconsciente partiendo de premisas intuitivas. Ahora bien, sería iluso creer que la intuición puede funcionar sin cierta preparación; todos los investigadores, incluidos premios Nobel como Kahneman, nos alertan de la necesidad de saber desgranar las estructuras que también caracterizan a la intuición.

Trabajo-en-equipo-(wiki)

El trabajo en equipo, en lugar de la competición, es una de las nuevas competencias que se deben potenciar (Imagen: “wikipedia“).

Es preciso, además, aceptar lisa y llanamente lo que se ha demostrado en los laboratorios: las demandas instigadas por la empatía, por la facultad de saber ponerse en el lugar del otro, son mucho más decisivas que las movidas por el puro egoísmo. Cuesta al común de los mortales aceptar los resultados de los experimentos de la Harvard Business School que demuestran que uno tiene muchas más posibilidades de dar con la felicidad cuando busca la de los demás que la suya propia.

Estamos saliendo solo de la Prehistoria en lo que se refiere a las técnicas de comunicación. Es preciso mejorarlas recurriendo a las técnicas digitales, pero no solo así. Hacer llegar a los demás el mensaje implícito en las nuevas tecnologías requiere atender, entre otros impactos, a la comunicación no verbal.

No hemos siquiera iniciado la elaboración de las técnicas de concentración. Muchos padres y educadores atribuyen la supuesta falta de atención de sus hijos y sus alumnos a su fácil acceso a plataformas dispares. Pero en realidad, como dicen los sajones, it’s not a deficit attention, it’s that I am not interested (no es un déficit de atención, es que no estoy interesado). No tenemos respuestas todavía a la falta de aprendizaje de la creatividad con la que se enfrentan los alumnos, no solo los artistas.

Ahora bien, si debiéramos establecer un orden de prioridades, sin caer en el vicio anterior de la jerarquización de las competencias –que tanto daño ha hecho proscribiendo la creatividad–, nadie debiera olvidarse de la necesidad imperiosa de que cada alumno, cada maestro y cada persona sea capaz de identificar aquello que le hace vibrar y desearlo para comunicarse con los demás. Sin olvidar que no basta con localizar el elemento, sino que hace falta profundizar en su conocimiento hasta controlarlo. Yo no sé de otra manera.



10 Respuestas to “La ausencia de las nuevas competencias”

  1. Françoise:

    Totalmente de acuerdo con los planteamientos de Eduardo en este artículo.

    Creo sin embargo que las orientaciones de nuestros gobernantes no van por este camino. En vez de suplantar el sistema competitivo, me parece que se está fomentando con los programas de excelencia, por ejemplo con el bachillerato de excelencia para los alumnos que destacan por sus altas capacidades intelectuales. ¿Y con qué fin me pregunto? Para una mayor rentabilidad social, para una mejor integración social? No lo creo, será al contrario en beneficio de unos pocos y en detrimento de unos muchos, y no hará más que acrecentar las diferencias entre los distintos sectores de esta sociedad y desintegrarla.

    Yo creo que sería mucho mejor y provechoso introducir el aprendizaje emocional en todas las escuelas desde la primera infancia, como asignatura incluso, permitir y facilitar que cada uno pudiera como dice Eduardo, descubrir su elemento, potenciarlo e integrarlo en el grupo. No creo en la división entre buenos y malos, entre listos y tontos, sino en la colaboración de todos con todos, aportando cada uno su riqueza personal, sea de índole intectual o emocional. Para eso, hace falta potenciar las becas, permitir el acceso de todos a la educación, a una educación de calidad, sea básica, secundaria o superior. Es la mayor herramienta para conseguir una sociedad equilibrada y no solamente productiva, donde cada uno podrá encontrar su sitio y ser valorado por lo que es.

    Desgraciadamente, en nuestras sociedades occidentales prima el tener en vez del ser; el acumular bienes materiales, casas, mansiones, millones de euros…. Se valora al ser humano en función de lo que posee en vez de como es, de su calidad humana. ¡Cuánto lo siento por los que enfocan su vida así! ¡Si supieran lo feliz que puede llegar a ser uno cambiando el “chip”, renunciando a un poquito de lo suyo en favor de la comunidad, contribuyendo a aportar algo a los demás, aprendiendo humildemente un poquito más cada día, y sobre todo dando cariño, amor que es de lo que más está necesitada nuestra sociedad.

  2. subtomas:

    Desde luego, yo no lo podría decir mejor.

    Bravo Eduard!

  3. Angel:

    Estoy totalmente de acuerdo con lo que se dice en el artículo. Sobre todo, lo de sustituir el modelo de la competencia por el modelo de la colaboración. Entre otros motivos, si un modelo va mal necesariamente hay que cambiarlo. Y todos sabemos a qué nos ha conducido el modelo de la competencia. En segundo lugar, las ONG, el voluntariado, etc. siguen un modelo colaboracionista y de nuevo todos sabemos las aportaciones que tienen.
    Con respecto a lo de la empatía, uno de los tres temas importantes de mi tesis doctoral, todos sabemos la sociedad en la que vivimos que pensamos que la felicidad está en el ego, en el individualismo, en el egoísmo, en el todo para mí, en el estar manipulando el móvil aun sin hablar o comunicarnos con nadie por el hecho de así no tener que hablar con el que tenemos al lado, en el conseguir títulos, en el conseguir dinero, en el conseguir bienes materiales, en el conseguir una segunda vivienda, un buen coche, un buen yate, ir a la moda y mientras otra parte del mundo se muere de hambre o de enfermedad por no tener lo mínimo necesario para vivir.
    Todo esto no lleva a la felicidad personal, la felicidad personal sobreviene cuando hay felicidad en todas las personas. Atendiendo a la existencia de las neuronas espejo, según las cuales las emociones se contagian de unas personas a otras, lo cual está científicamente demostrado, si conseguimos la felicidad en todas las personas, dicha felicidad se nos contagiaría a nosotros mismos. Por otra parte, se sabe que el comportamiento altruista, el cual está motivado fundamentalmente por la empatía, produce emociones positivas, bienestar con uno mismo, felicidad. Teniendo en cuenta que con el comportamiento altruista no se espera nada a cambio, la razón por la que se mantiene tal comportamiento es por la felicidad que produce en uno mismo. De no producirse esta felicidad, probablemente no se produciría tal comportamiento altruista.
    En conclusión la felicidad en uno mismo aparece cuando todas las personas están felices, lo cual pasa por ponernos en su lugar (empatía), ayudarlos en caso de necesidad (comportamiento altruista) y en lugar de competir unos con otros colaborar unos con otros (modelos de colaboración).

  4. Félix:

    Esta ausencia es manifiesta en el actual sistema educativo español, pero aún se acentúa más con la LOMCE, una ley que ya nace desfasada, basada en la “pura y dura competencia”. Necesitamos colaboración, no fastidiarnos unos a otros. ¿Quienes serán los asesores de estos políticos (da igual ideología)? ¿Por qué no escucharán de una vez por todas a expertos como Gerver y Robinson? ¿En qué tipo de asesores se gastan el dinero? ¿Quiénes son? Un saludo.

  5. Fabiola Cortés:

    En esta constante búsqueda (ya más de dos décadas) de respuestas a la pregunta de ¿Cómo ser feliz?, me encontré con el Coaching Ontológico, plataforma sobre la cual he podido hacer muchos anclajes y el desarrollo de las competencias humanas complementando de manera eficaz a las competencias técnicas, ha sido la misión de vida que me ha permitido acompañar al Ser Humano en el encuentro con su potencialidad y por lo tanto con su felicidad.

  6. María Iris:

    Cuando veo a su hija Elsa en la televisión formando parte de ese aprendizaje emocional que nos ofrecen, vestida de negro siempre, con pañuelos al cuello, de diferentes colores, queriendo alegrar el fondo de su imagen. Veo el espejo de lo que únicamente se puede trasmitir cuando no hay cambios en la raíz de la persona o del contenido: estructura oscura con visos de alegría que no lleva el fondo.
    Así recojo, Sr. Punset, sus comentarios y exposiciones, coloreadas pero no reales. Disfrazadas pero alimentadas en el fundamento de lo mismo de siempre en conceptos al servicio de su necesidad práctica y lógica.
    Aquí se ha hablado de colores y su significado, que no pueden poner en práctica. Yo hoy, hablo también del tono, que puede ser suave envolviendo palabras pero monótono en la nota, aburrido en el impulso justo, mostrando desintegración entre música y letra.
    Si Vd. no aprecia eso, es que desconoce la esencia, aún sabiendo teóricamente, qué es vivir la inteligencia emocional. Ha tomado el contenido, pero el alma no le sigue en lo que quiere demostrar.

  7. Irene Ros:

    Una de las claves para conseguir que esas competencias se desarrollen es que los profesores las trabajen en sus clases. Las leyes dictan una serie de criterios que son perfectamente compatibles con la iniciativa de los maestros que quieran enseñar de una forma más creativa e innovadora. Si se analizan los currículos de las enseñanzas, se descubre que dictan los objetivos, competencias, contenidos y criterios de evaluación que hay que llevar a cabo, pero no cómo debe proceder el docente para conseguirlo.

    Excusarnos en que las leyes no cambian, no va a mejorar la educación. Si desde arriba no hay forma de que cambie, cambiémosla desde abajo. Está en las manos de cada uno poner en práctica las técnicas necesarias para aportar su granito de arena y conseguir mejorar la especie.

    Los niños se aburren porque les tienen cinco horas diarias sentados en una silla escuchando lo que el profesor dice y resolviendo problemas que en su vida real no tienen cabida. Si adaptamos la enseñanza a las necesidades de los pequeños y conseguimos que sea divertida a la par que útil, lograremos que adquieran esas competencias tan necesarias en su futuro.

    Desde luego cualquier forma de enseñanza diferente a la “tradicional” requiere mucho más tiempo y esfuerzo, pero también los resultados son más satisfactorios y gratificantes.

  8. María Iris:

    El mayor error que estamos permitiendo en la educación, es dejar que muchas personas, sin límites en sus conceptos, porque se han negado a usar balanza que pide contrapeso dando forma al contenido teniendo en cuenta la medida, vayan usando los medios de comunicación: libros, periódicos, revistas, televisión, mostrando una concepción interesada, o de nivel pobre de conciencia asumiendo la realidad, dando lugar a una corrupción intelectual.
    Este campo existe, muchas veces está dentro de lo intangible e invisible en la primera apariencia, pero con efectos muy graves a la larga.
    Usar la libertad sin responsabilidad va contra la verdad cuando opinando no se usa medida, datos, conocimiento real, madurez.
    La inconsciencia de hoy, va a ser un trabajo muy duro para quienes buscan el bien pensando en todos, porque quien no quiere ser consciente tampoco se hace responsable en su inconsciencia ni la ve, porque no mira a esa parte, huye de ese espacio por algo. No admite argumento alguno, es esclavo de su pensamiento cuando no cuenta con su subconsciente integrando todo.
    La verdad no es de uno, está fuera de uno y se toca observando con conciencia. Desde la conciencia uno puede formar parte de la verdad.
    ¿Qué es la inteligencia emocional? es la que quita y pone en uso, el control personal necesario, cuando reflexionando disfruta dando vida a la liberación sobre una lógica excesiva, la que pone luz en la sombra sin rechazar a la otra parte que nos pide conocimiento básico y fundamentado. Es como querer bailar dando arte, apoyándose uno en ese suelo que no se mueve.
    La educación debe ser ese espacio que respetemos todos como algo tan puro, como es la fuente que la alimenta desde todas las posibilidades que lleva en potencia el niño o el joven y que pide “un camino” sencillo, abierto que no confunda, que no sea espacio de nadie, sino un encuentro entre el cerebro del hombre y la naturaleza que enseña. Y llevando “ORDEN” ese Orbe, aceptar que la medida tiene punto medio para todo, siendo el camino directo del equilibrio, que nace, entre el saber y mostrar.

  9. Tiburcio Martín:

    Si tuviera que resumir mis impresiones:
    -Colaborar mejor que competir.
    -Necesidad de educar en “nuevas materias”.
    -Enseñanza personalizada.
    -Cambio radical en los parámetros de Evaluación.
    -Si hemos de ser útiles a la sociedad, que sea desarrollándonos en nuestros talentos.

  10. ARTURO MARTINEZ:

    Las penalidades de los jóvenes y niños en el sistema educativo son numerosas y explican el por qué de las irregulares productividades y rendimientos. No es necesario buscar culpables puesto que más bien se trata de derrotar paradigmas modernistas que todavía están inscritos en la cotidianidad de todos. Desarrollar la superación y el cambio por las visiones complejas, caóticas, robóticas, etc describen la meta para las universidades. En ellas como punto de partida debe inscribirse esta y revisarse que no esté ocurriendo que los maestros estén no interesados en el cambio. Vemos como el modo modernista se afirma cada vez que actuamos de manera ortodoxa y el premio y aplauso surge por todas partes, lógico con las excepciones de siempre, de la gente con educación estratégica y profunda no simplemente especializada. Sin embargo cabe decir que los educadores estamos en deuda por nuestra contribución desde los años ochenta o más, cuando debimos empezar nuestra diatriba.

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