Autor: Eduard Punset 15 julio 2012

Cuando todos los índices apuntan a la baja por los efectos del torbellino de la crisis, es muy conveniente no fiarse solo de esos índices, sino también de los positivos, porque existen, a pesar de que la gente tienda a pasarlos por alto.

Es paradójico contemplar cómo el sistema nervioso acaba afectando nuestra manera de percibir lo que está ocurriendo y, por consiguiente, a las decisiones que tomamos. Vale la pena recordar que una serie de estímulos biológicos, adquiridos unos y heredados otros, afectan el funcionamiento de nuestro sistema nervioso. En función del impacto recibido por este sistema nervioso se percibe de una u otra manera la naturaleza de la crisis. Y solo a raíz de esa percepción se toma una decisión determinada.

Lo interesante es constatar la variabilidad del grado de optimismo o pesimismo provocado. Para empezar, en promedio, la gente hace gala de cierto optimismo que el desarrollo de los acontecimientos no siempre justifica. Las personas suelen creer que son ellas las últimas que van a perder el trabajo o que sus hijos serán los últimos en no ser admitidos en la escuela elegida. En otras palabras, a lo largo de la evolución se puede percibir un sobreoptimismo que –según el parecer de muchos científicos– es lo que ha permitido a la especie humana sobrevivir.

Ese sobreoptimismo latente y continuado en promedio se ha conjugado con un pesimismo empedernido por parte de la gran mayoría enfrentada a hechos insólitos o trascendentes, como el impacto de la tecnología o la previsión del futuro inmediato. Me gusta citar la opinión generalizada en el Londres del siglo XIX de que el exceso de excrementos depositados en las calles por los numerosos caballos –que facilitaban los medios de transporte– amenazaba la supervivencia de la civilización londinense, cuyos días estaban contados por las dificultades de sanear el ambiente urbano. La mayoría, incluidos algunos científicos, subestimaba todo lo que la tecnología podía hacer para cambiar radicalmente la situación de un potencial envenenamiento colectivo.

Calle del Londres victoriano, con sus carruajes a caballo, retratada por Arthur Grimshaw (imagen: Wikimedia Commons).

La otra muestra de pesimismo empedernido es la incapacidad de la mayoría para digerir los grandes hitos en el camino del progreso social, como el aumento actual de la esperanza de vida de la especie humana: dos años y medio cada década, lo que inevitablemente implicará que, en lugar de ser el reparto de la riqueza el principal problema –esa ha sido la historia de los últimos siglos–, lo será la distribución del trabajo, con los consiguientes cambios en el comienzo y final del compromiso laboral.

Ahora estamos enfrentados a un pesimismo empedernido de esta última calaña. La crisis provocada por el sobreendeudamiento y la corrupción de países como España les parece a algunos la etapa final de la marcha incierta hacia el progreso. No es cierto. A pesar de los alaridos de muchos, a las políticas de ajuste sucederán pronto las de crecimiento; desgraciadamente, solo los profesionales de la economía parecen ser conscientes de que no se pueden impulsar por separado esas políticas. La duración de la crisis dependerá, precisamente, de la medida en que la sociedad acepte que la expansión no es posible recuperarla sin saneamiento paralelo.

Aunque ahora parezca extraño, el segundo factor que determinará la duración de la crisis será, como siempre, nuestra predisposición a aceptar el cambio: saber conjugar la mayor capacidad de concentración con la multiplicidad de soportes digitales, la manera de gobernar, de educar, de innovar, de colaborar en lugar de competir, de recurrir a la creatividad no solo para pintar, de echar por la ventana los procedimientos que entorpecen el progreso.



61 Respuestas to “Índices positivos”

  1. Alfredo Viñas:

    ¡Claro que es importante el optimismo!
    Yo me lo tomo, y así se lo hago saber a mi entorno, como un auténtico dogma: soy optimista hasta el final.
    Pero eso no quita que me queje cuando se me roba. Y esto que están haciendo las autoridades nórdicas contra las sociedades del sur de Europa es inadmisible.

    Soy suscriptor de su revista, y devorador de los podcasts de Redes. Pero discrepo de que las políticas económicas que está realizando nuestro gobierno vayan a acercarnos al crecimiento. La tensión va aumentando. Los suicidios, las depresiones, ansiedades, están aumentando a pasos agigantados. ¡De estos temas también trata usted a menudo!
    Vamos, lo dicen cada vez más economistas, y la intuición, camino de Grecia. Y allí están cada vez peor, con nazis sentados en el legislativo, y haciéndose los dueños de barrios pobres…

  2. Julia:

    Es verdad que la especie humana siempre sobrevive, pero quizás ahora con tantos avances científicos y tecnológicos debería ser más rápido.
    Confiemos en la mejora en el campo de la educación y de la capacidad y integridad de los gobernantes, como usted apunta.
    ¿Como llegará ese cambio si los que ostentan el poder no padecen la crisis de manera directa?

  3. Mariano:

    Genial, como siempre. Aún así necesitamos piernas y brazos para levantarnos, oìdos para escuchar entre tanto ruido, boca para comunicarnos y ojos para ver y empatizar con los demás. Debajo del mar y con los pies en cemento… Difícil, pero lo haremos.

  4. Silvia:

    Gracias

  5. Miguel:

    me alegra mucho tu comentario

  6. carmen sanchez:

    Hay motivos para el optimismo cuando hay recursos no aprovechados porque deja abierta la posibilidad de expandirnos. En la crisis actual, tenemos un potencial muy importante de recursos escasamente aprovechados en la población jubilada. Parece buenismo pero no lo es. Si lo pensamos bien es un montón de gente, con experiencia, tiempo disponible y, adecuadamente motivada, pueden hacer un montón de cosas. Recomiendo leer: http://www.otraspoliticas.com/politica/la-crisis-y-el-valor-de-los-mayores

  7. Oscar Flores:

    No soy un ilustrado en economía, ni siquiera vivo en España, pero si puedo entenderlo nos quiere decir que la crisis sería algo así como un problema de percepción, algo similar a un trastorno psicológico, una alteración del razonamiento y reconocimiento de la realidad, pues no entiendo bien lo del saneamiento, ocuparía que lo desglosara y me lo explicara con peras y manzanas, me parece ambiguo su artículo, si plantea que el problema no es la distribución de la riqueza si no la del trabajo, entonces a mí me suena como un sistema dual donde para ciertos sectores de la sociedad se aplicaría el capitalismo en determinadas condiciones y en otras el socialismo, digamos pues para la clase trabajadora, al proletariado aplicaríamos el socialismo para laboral y el capitalismo en los ingresos del empleador y por supuesto para la carga tributaria de la clase trabajadora, es lo que propone el modelo de libre mercado, siempre sacrificarnos para poder fortalecer al sistema, para un mañana que nuca llega y así poder vivir mejor y tener una “economía fuerte” tener “fe” perseguir la zanahoria del progreso hasta la misma tumba si es preciso.
    Lo único en lo que estoy de acuerdo es en echar la casa por la ventana, para mi seria el sistema, no sus procedimientos.

  8. Nº 81 Se positivo | 1001cosasimpresionantes:

    […] Articulo de Eduardo Punset […]

  9. jose luis:

    Es curioso con que entusiasmo acepta usted las cosas señor punset y como en su jerga de baja estopa nos anima a aceptar la situacion y a bajar las orejitas………pues señor ,yo no lo acepto,ni voy a aceptar que se llenen las arcas de los bancos y se lo quiten a la sanidad,educacion,etc.No no acepto,es mas no me creo lo de la crisis…..crisis para quien eduart????usted es un neoliberal empedernido,lo que significa la quinta esencia del capitalismo salvaje que estamos viviendo,o en otras palabras…..la mas absoluta esclavitud,o dicho de otra forma…fascismo en estado puro,o podemos llamarlo la democracia de la elite………usted se oculta detras de un aura cientifica para luego lavar las cabezas fragiles……no nos manipule señor punset,esto no es una crisis es una estafa y no no lo voy a aceptar,que vamos a salir de esta con los recortes???………..he vivido muchos años en sudamerica y por donde paso el F.M.I solo dejo un rastro de miseria y pobreza…..creo que usted los conoce muy bien.

  10. Jose Oriol:

    El optimismo es el resultado de una evaluación positiva de la situación presente o futuro. Las personas en esta sociedad vivimos asimilando lo que nos ocurre como el reflujo espontáneo y natural de los hechos externos. En ningún sitio se nos ha explicado que lo que somos y cómo nos sentimos nace de forma independiente a los hechos, o al menos en un buen número de ocasiones, es algo sobre lo que podríamos intervenir, para acomodarlo mejor a las circunstacias. La vivencia pasiva y refleja de las emociones y la responsabilidad sobre las emociones son dos estadíos diferentes en el desarrollo de los individuos y las sociedades. Por eso me alegra tanto que algunas voces nos dirijan la mirada hacia las cosas sobre las que si tenemos control y la retiren de las que no.

  11. Jose Oriol:

    Por cierto, señor Punset y equipo, echo a faltar un libro que compendie de forma poco literaria y narrativa las investigaciones que está conciliando en sus libros de divulgación. Creo que un handbook de las investigaciones revolucionarias, desde el punto de vista de los fenómenos demuestran, sería un libro atronador necesario para desde el racionalismo darle la puntilla al pensamiento racionalista. Hablo de neurociencia, de ecología y de sociedad, para que con los datos en la mano cada uno pueda elaborar sus propias conclusiones. Gracias

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