Autor: Eduard Punset 17 junio 2012

Recuperamos el post que publicó Eduard Punset el 26 de octubre del 2009 y que esta semana ha formado parte de las pruebas de acceso a la universidad en Cataluña.

Científicamente se ha demostrado que son necesarios cinco cumplidos seguidos para borrar las huellas perversas de un insulto. Los que tienen la manía de contradecir siempre al que está delante no gozan de tiempo material para paliar el efecto perverso de su ánimo contradictor.

¿Cómo podemos aplicar en la vida cotidiana los resultados de este hallazgo experimental? ¿Cómo podemos coadyuvar a que la ciencia penetre en la cultura popular? Es evidente que los experimentos efectuados sobre los méritos relativos del cumplido y de la anatema del contrario pueden ayudar a mejorar la vida en común de la pareja. O, simplemente, a sacar las conclusiones pertinentes que pongan fin a la ansiedad generada en el contexto de esa convivencia.

La primera conclusión que se desprende de los experimentos sobre los efectos de la contrariedad provocada por el discurso agresivo se aplica a la pareja y a todas las demás situaciones que puedan contemplarse como la vida en sociedad o la política. Antes de decirle a alguien «Te equivocas de cabo a rabo, como siempre», habría que pensárselo dos veces.

El efecto de la palabra desabrida es más perverso que la propia sucesión de hechos. El impacto del lenguaje es sorprendentemente duradero. Es muy fácil constatar con los niños de tres o cuatro años los efectos indelebles de aprehender una palabra por escrito, de captar su significado plasmado mediante letras. Una actitud perversa la pueden imaginar con un dibujo sencillo —de un chimpancé empujando a otro al río o de una persona soltando una piel de plátano en la baldosa que está a punto de pisar un anciano—, pero en cuanto un niño ha aprendido a escribir «perverso» le quedará grabada para siempre esa palabra. El poder de la palabra escrita en los humanos supera todo lo imaginable. No me pregunten por qué.


Anuncio de la Juvenile Protective Association en una campaña para generar conciencia sobre las profundas heridas psicológicas que deja el abuso verbal (Fuente: Ads of the World.)

Tal vez la palabra escrita —se empezó a practicar hace unos tres o cuatro mil años— comportaba una dosis de compromiso que nunca tuvo la palabra hablada, aunque lo pretendía: “Te doy mi palabra”, se dice. Los acuerdos contractuales son de fiar cuando se explicitan mediante un texto escrito y es recurriendo a su constancia cuando se pueden exigir comportamientos anticipados.

Lo que estamos descubriendo —ahora que científicos como el psicólogo Richard Wiseman se adentran en ello— es lo que le pasa a la gente por dentro cuando se comporta de una manera determinada. Más de un lector se preguntará, por supuesto: «¿Es posible que durante miles de años hayamos prodigado menos cumplidos que acusaciones, sin saber que estábamos destruyendo la convivencia de una pareja o de una sociedad?». Ahora resulta que, después de años investigando las causas de la ruptura de una pareja, el porcentaje de las que desaparecen es mucho mayor cuando uno de los miembros es extremadamente tacaño en los cumplidos, costándole horrores admitir: «¡Qué razón tienes, amor mío!».

Que conste que los mismos experimentos están haciendo aflorar una sospecha centenaria. No sirve de nada mentir y buscar maneras alambicadas de hacer creer al otro que compartimos su criterio, estando a años luz de hacerlo. Cuando los consultores de parejas problemáticas o en vilo aconsejan mayor recato, fórmulas envolventes que disfracen la situación real o sobreentendimientos subliminales, no consiguen engañar a nadie.

Siendo eso así, resulta inevitable preguntarse por los efectos sociales de que la mitad de la población esté siempre imputando al resto razones infundadas, taimadas, perversas, interesadas para explicar su comportamiento. Será muy difícil no sacar la conclusión de que esas palabras calan hondo en la mente colectiva y acaban dividiendo en dos partes irreconciliables a la sociedad.



31 Respuestas to “Hacen falta cinco cumplidos para resarcir un insulto”

  1. Françoise:

    Enhorabuena Eduardo. A mí el hecho de que figure uno de tus textos en la prueba de selectividad me parece, además de un orgullo para tí, significativo en el sentido de que supone un avance en la forma de pensar, al proponer 2 opciones a los alumnos y recurrir no solamente a los grandes autores del pasado, sino también a pensadores vivos, actuales e innovadores, cuyas enseñanzas, a mi parecer, son más adaptadas a los tiempos que nos toca vivir.
    En cuanto a la selectividad como prueba de acceso a la universidad, a mí me parece inútil; creo que nos podríamos ahorrar mucho dinero, estrés y sufrimiento, y que el primer año de carrera es más que suficiente para evaluar los conocimientos y el interés de los estudiantes.

    En cuanto al texto, que fue publicado en el año 2009, me parece que pocos los habrán leído entonces (yo lo he descubierto hoy) y si lo han hecho, habrá sido de forma superficial y sin sacarle grandes enseñanzas…, por lo que me parece muy acertado repetirlo hoy. Creo incluso que convendría darle una mayor difusión, a todos los centros educativos y sobre todo a nuestros gobernantes cuya agresividad verbal es patente en prácticamente todas sus intervenciones…

    Y yo volvería a algo que, cada vez más, parece fundamental y primordial para resolver los conflictos, y es el aprendizaje de la gestión emocional desde la primera infancia. Un niño educado en el respeto al otro, acostumbrado desde pequeño a expresar su opinión, a escuchar, a tolerar, a compartir, no tendría de adulto la necesidad de imponer sus criterios (lo que no traduce más que inseguridad en uno mismo), no se sentiría en posesión de la verdad absoluta ni condenaría de forma sistemática al otro por expresar una idea opuesta a la suya.

    Yo creo que debemos todos, a nivel personal, contribuir al cambio y aportar nuestro granito de arena. Tenemos que aprender a ser más tolerantes, empáticos y respetuosos. No siempre es fácil, nos equivocamos y creo que todos, en algún (os) momento(s) de nuestra vida, hemos hecho daño, agredido verbalmente a alguién, algunas veces queriendo, por rabia, venganza, egoísmo, otras sin querer…, pero el resultado es el mismo… Aprendamos pues de nuestros errores para ser mejores personas y aprendamos a pedir perdón.

    En cuanto al respeto, creo que responde a una forma de ser que se manifiesta en todos los ámbitos de la vida: respeto al ser humano, desde el pequeño que acaba de nacer, que está descubriendo el mundo, hasta el anciano que llega al final de su vida; respeto al mundo animal, al mundo vegetal, a todo lo que es y vive en este planeta, respeto simplemente a la vida en su conjunto. Se es respetuoso con todo y de forma global, o no se es.

  2. Raquel:

    yo pienso ,,ke el problema de las rutuptas es el buen entendimiento de las conversaciones y realmente no ser uno mismo,,,,la falta comunicacion,,,,el decir en el momento preciso lo ke no te gusta y lo que te encanta…si cada individio actuara en el momento ke pasa se solucionarian muxos entendidos y se podria llegar a conocer a esa persona por completo,,,pero claro somos tan ciegos ,,ke no observamos los pequeños detalles,,,aparte ke decir con el mundo ya ke se estan perdiendo los valores humanos,,,,una pena…

  3. Rita:

    Un acierto este texto para los estudiantes de PAU (estupendo para quienes hayan tenido la suerte -o el olfato- de trabajarlo en clase). En una sociedad en la que el insulto es el rey de muchas ¿conversaciones? pararnos a reflexionar lo que decimos es ya una necesidad: “el impacto del lenguaje es sorprendentemente duradero”.

  4. Rocio:

    Hola!!!
    Me parece fascinante conocer c’omo funciona la mente humana, es impresionante el poder que tiene el lenguaje.Según esto, el buen funcionamiento de las relaciones sociales viene fundamentado no solo por las acciones si no también por el lenguaje, es impresionante porque así lo que comúnmente se denomina ” tener labia” en realidad se esta basando en estas teorías .
    Genial
    Muchas gracias por todo

  5. elepsico:

    Posiblemente también el dar la razón y bloquear impulsos, dejando de lado tu egoismo para siempre practicar el altruismo, podría dañar autoestima y personalidad, supongo que hay matices en la teoria. del articulo.

  6. Pilar Zorrilla:

    Y ¿qué puede hacerse respecto a las personas que ofenden constantemente y, cuando repruebas su actitud, se disculpan, argumentando no darse cuenta del daño que hacen?

  7. Mafalda:

    Que gran razón, no se puede criticar siempre, a veces hay que reconocer algo bueno para que la crítica pueda tener sentido. Y si lo criticado no tiene remedio no vale la pena decir nada es hacer daño gratuíto.
    Si pensaramos antes de hablar a lo mejor todo sería más facil.

  8. Kathe:

    Gracias sinceramente desde mi humilde sitio de profesional Psicopedagoga.

    La ignorancia es la peor de las enfermedades, y está tan generalizada que resulta moneda corriente.

    ¡Qué pena!

  9. jorge:

    ¿como se demuestra cientificamente que hacen falta 5 halagos para resarcir un insulto?. Un poco de seriedad, por favor.

  10. Rosa María:

    **Comparto esta creencia

  11. Dilia Martínez:

    Esto es muy cierto, con razón Aristóteles señalaba, “somos seres de palabras”, porque para ser eso ciudadanos, hombres y mujeres que vivimos en sociedad debemos manejar la palabra con respeto, porque ella tiene gran poder, con ella como Ud. señala en su artículo, podemos destruir la convivencia, pero también gracias a ella tenemos la posibilidad de construir unas relaciones sociales existosas y edificantes.

  12. Blog de Eduard Punset » Hacen falta cinco cumplidos para resarcir un insulto « Lavidadeunobjeto's Blog:

    […] on Scoop.it – CAULa ciencia irrumpe en la cultura popular…See on http://www.eduardpunset.es Like this:LikeBe the first to like […]

  13. Marisa:

    Seguramente será por su permanencia ( el valor de la palabra escriita). Desaparecen las personas, pasa el tiempo…y aparece un legado, un documento firmado, un escrito.
    Ese valor se multiplica hoy con las nuevas tecnologías …una vez una palabra entra en Internet NUNCA desaparecerá del todo. Debería hacernos pensar.

    Es un placer compartir con usted Señor Punst.

    Un saludo.

  14. maria Dolores:

    Sr Punset: LLevar la contraria cada vez que su pareja se atreve a tener opinión propia imposibilitando todo acuerdo,toda posibilidad de cambio ,invalida la percepción de la victima y logra dominarla.Menosprecia las habilidades, capacidades,opiniones sentimientos,necesidades y experiencías de su pareja mostrando enojo e indignación,la victima no comprende donde estuvo su error.La invalida para no perder el control sobre ella.
    El agresor acusa a su pareja de hacer mal las cosas ,haciéndola responsable de su furia e irritación .Lo que desde luego es mentira.

  15. inma:

    Gracias. como tantas otras veces, nos regala una explicación, si no científica, muy racional y coherente de lo sucede a nuestro alrededor.
    En esta ocasión, opino que cuando uno tiene por costumbre, ud dice manía, de contradecir al otro, buscando cualquier razonamiento, a veces ilusionado, difícilmente, lo admite, y por ende, es poco probable el analisis en toda la perspetiva, que le llevaría a conclusiónes correctas y por tanto, trataría de modificar su conducta. Entiendo que este tipo de comportamientos, exigen, negar la mayor…para dar solidez y estabilidad a su conducta, destructiva a largo plazo, pero instaurada como un hábito, de tal manera que sin ella, estarían perdidos.

  16. Victoria García Márquez:

    Todo de pende de quien insulte, si es un desconocido pues se toman de manera diferente de si se trata de alguien al que se le da importancia, las palabras no son látigos , muchas personas se fustingan con las palabras se la repiten una y otra vez cuyo resultado es hacerse mas daño . ¿ Cómo dejo de pensar en lo que me ha dicho? , claro ,¿ se trata de eso , de controlar nuestro pensamiento?

  17. scientificwayoflife:

    Lo que oímos y al mismo tiempo escribimos se queda más grabado en nuestro cerebro. Utilizamos la vista y el oido para recordar algo. Con respecto a lo de los cumplidos para arreglar el enfado, honestamente creo que cada vez más las personas hemos aprendido a saber cuando alguien nos dice algo si lo dice de verdad o no. El tono de la voz, la expresión de la cara y gestos de las manos, etc. dicen mucho mas la verdad que lo que sale por la boca del que habla. Si además conocemos mucho a nuestra pareja, por ejemplo, de nada nos vale actuar, se nos verá el plumero. Lo de los cinco cumplidos debe de ser que a base de ser reiterativo, mas la necesidad de la otra parte de perdonar para seguir adelante con una determinada relación de amor, amistad, etc. hace que terminemos aceptando las disculpas. Aún así, yo creo que a partir de ese momento se está más atento y se mira con lupa para averiguar si de verdad ese cumplido fué “un mero teatro” ó verdaderamente lo que se dijo se dijo con toda la sinceridad del mundo.
    La mayoría de las veces, lo primero que nos sale, lo que decimos, es lo autentico, porque sale de manera espontanea del “subconsciente”: donde se encuentra nuestra verdadera forma de actuar y nuestra forma de ser y percibir las cosas. Cuando no queremos decir la verdad, no nos queda mas remedio que ensayar lo que decimos para que parezca “que lo dices de corazón”, que en este caso es el “subconsciente”.

  18. JovenEmprende:

    🙂 Gran éxito,Sr Punset
    Aprovechen para echarle un vistazo a la historia:

    lamieldelascenizas.blogspot.com

  19. eva ´pineda:

    esta muy bueno 🙂 gracias!!
    muy sierto :):)

  20. Manuel:

    Este articulo es ¡buenisimo!

  21. pedro:

    A un hombre que paso cuatro años en el peor campo de concentración, que mataron a su mujer y a sus hijos. Donde los maltrataban a golpes, jornadas incansables de trabajo, comían agua sucia, lo que más le dolía era el insulto.

    Lo que hace daño
    La apatía, el adormecimiento de las emociones y el
    sentimiento de que a uno no le importaría ya nunca nada eran los
    síntomas que se manifestaban en la segunda etapa de las
    reacciones psicológicas del prisionero y lo que, eventualmente, le
    hacían insensible a los golpes diarios, casi continuos. Gracias a
    esta insensibilidad, el prisionero se rodeaba en seguida de un
    caparazón protector muy necesario. Los golpes se producían a la
    mínima provocación y algunas veces sin razón alguna. Por
    ejemplo: el pan se repartía en el lugar donde trabajábamos y
    teníamos que ponernos en fila para obtenerlo. En una ocasión, el
    que estaba detrás de mí se corrió ligeramente hacia un lado y
    esta mínima falta de simetría desagradó al guardián de las SS. Yono sabía lo que ocurría en la fila detrás de mí, ni lo que pasaba
    por la mente del guardia, pero, de pronto, recibí dos fuertes
    golpes en la cabeza. Sólo entonces me di cuenta de que a mi lado
    había un guardia y que estaba usando su vara. En tales
    momentos no es ya el dolor físico lo que más nos hiere (y esto se
    aplica tanto a los adultos como a los niños); es la agonía mental
    causada por la injusticia, por lo irracional de todo aquello.
    Por extraño que parezca, un golpe que incluso no acierte a
    dar, puede, bajo ciertas circunstancias, herirnos más que uno que
    atine en el blanco. Una vez estaba de pie junto a la vía del
    ferrocarril bajo una tormenta de nieve. A pesar del temporal
    nuestra cuadrilla tenía que seguir trabajando. Trabajé con
    bastante ahínco, repasando la vía con grava, ya que era la única
    forma de entrar en calor. Durante unos breves instantes hice una
    pausa para tomar aliento y apoyarme sobre la pala. Por
    desgracia, el guardia se dio entonces media vuelta y pensó que yo
    estaba holgazaneando. El dolor que me causó no fue por sus
    insultos o sus golpes. El guardia decidió que no valía la pena
    gastar su tiempo en decir ni una palabra, ni lanzar un juramento
    contra aquel cuerpo andrajoso y demacrado que tenía delante de
    él y que, probablemente, apenas le recordaba al de una figura
    humana. En vez de ello, cogió una piedra alegremente y la lanzó
    contra mí. A mí, aquello me pareció una forma de atraer la
    atención de una bestia, de inducir a un animal doméstico a que
    realice su trabajo, una criatura con la que se tiene tan poco en
    común que ni siquiera hay que molestarse en castigarla.
    El insulto
    El aspecto más doloroso de los golpes es el insulto que
    incluyen. En una ocasión teníamos que arrastrar unas cuantas
    traviesas largas y pesadas sobre las vías heladas. Si un hombre
    resbalaba, no sólo corría peligro él, sino todos los que cargaban la
    misma traviesa. Un antiguo amigo mío tenía una cadera dislocada
    de nacimiento. Podía estar contento de trabajar a pesar del
    defecto, ya que los que padecían algún defecto físico era casi seguro que los enviaban a morir en la primera selección. Mi amigo
    se bamboleaba sobre el raíl con aquella traviesa especialmente
    pesada y estaba a punto de caerse y arrastrar a los demás con él.
    En aquel momento yo no arrastraba ninguna traviesa, así que
    salté a ayudarle sin pararme a pensar. Inmediatamente sentí un
    golpe en la espalda, un duro castigo, y me ordenaron regresar a
    mi puesto. Unos pocos minutos antes el guardia que me golpeó
    nos había dicho despectivamente que los “cerdos” como nosotros
    no teníamos espíritu de compañerismo.
    En otra ocasión y a una temperatura de menos de veinte
    grados centígrados empezamos a cavar el suelo del bosque, que
    estaba helado, para tender unas cañerías. Para entonces ya me
    había debilitado mucho físicamente. Vi venir a un capataz con sus
    rechonchas mejillas sonrosadas. Su cara recordaba
    inevitablemente la cabeza de un cerdo. Me fijé, con envidia, en
    sus cálidos guantes, mientras pensaba que nosotros teníamos que
    trabajar con las manos desnudas y sin ninguna prenda de abrigo,
    como su chaqueta de cuero forrada de piel, bajo aquel frío tan
    intenso. Durante un momento me observó en silencio. Sentí que
    se mascaba la tragedia, ya que junto a mí tenía el montón de
    tierra que mostraba exactamente lo poco que había cavado.
    Entonces: “Tú, cerdo, te vengo observando todo el tiempo. Yo
    te enseñaré a trabajar. Espera a ver como cavas la tierra con los
    dientes, morirás como un animal. ¡En dos días habré acabado
    contigo! No has debido dar golpe en toda tu vida. ¿Qué eras tú,
    puerco, un hombre de negocios?”
    Ya había dejado de importarme todo. Pero tenía que tomar en
    serio esta amenaza de muerte, así que saqué todas mis fuerzas y
    le miré directamente a los ojos: “Era médico especialista.”
    “¿Qué? ¿Un médico? Apuesto a que les cobrabas un montón de
    dinero a tus pacientes.”
    “La verdad es que la mayor parte de mi trabajo lo hacía sin
    cobrar nada, en las clínicas para pobres.” Al llegar aquí,
    comprendí que había dicho demasiado. Se arrojó sobre mí y me
    derribó al suelo gritando como un energúmeno. No puedo
    recordar lo que gritaba.

    Afortunadamente el “capo” de mi cuadrilla se sentía obligado
    hacia mí; sentía hacia mí cierta simpatía porque yo escuchaba sus
    historias de amor y sus dificultades matrimoniales, que me
    contaba en las largas caminatas a nuestro lugar de trabajo. Le
    había causado cierta impresión con mi diagnosis sobre su carácter
    y mi consejo psicoterapéutico. A partir de este momento me
    estaba agradecido y ello me fue de mucho valor. En ocasiones
    anteriores me había reservado un puesto junto a él en las cinco
    primeras hileras de nuestro destacamento, que normalmente
    componían 280 hombres. Era un favor muy importante. Teníamos
    que alinearnos por la mañana muy temprano cuando todavía
    estaba oscuro. Todo el mundo tenía miedo de llegar tarde y tener
    que quedarse en las hileras de la cola. Si se necesitaban hombres
    para hacer un trabajo desagradable, el jefe de los “capo” solía
    reclutar a los hombres que necesitaba de entre los de las últimas
    filas. Estos hombres tenían que marchar lejos a otro tipo de
    trabajo, especialmente temido, a las órdenes de guardias
    desconocidos. De vez en cuando, el “capo” elegía a los hombres
    de las primeras cinco filas para sorprender a los que se pasaban
    de listos. Todas las protestas y súplicas eran silenciadas con unos
    cuantos puntapiés que daban en el blanco y las víctimas de su
    elección eran llevadas al lugar de reunión a base de gritos y
    golpes.

    vikto frankl

  22. matilde Marcano:

    Me gusto el articulo. Es importante conocer de conductas apropiadas para una mejor convivencia, me interesa conocer mas del tema.

  23. Montse:

    Comparto que lo primero que nos sale es lo auténtico, pero asegúrate de tener delante a alguien con cascos o al menos con una neurona porque de lo contrario con lo mejor que te obsequiaran sera de rarito. Siempre crítica constructiva.

  24. Eusebio:

    el perdon es lo que resarce el daño hecho por un insulto y no 5 halagos como bien diesEduard, es la capacidad de perdonarnos y de empatizar lo que quiza resarza ese daño y esd asi porque el que perdona sabe muy bien el daño que ha infligido…

  25. Mcguiver:

    Para que la persona ofendida se de por satisfecha, tras la impertinente contrariedad, basta con una disculpa sincera, genuina… Halagar el oido con un rosario de cumplidos, si estos no están protagonizados por la humildad y el arrepentimiento no hacen, sino “echar sal sobre la herida”. Esta es una demostración de cinismo muy habitual en la conducta humana.

  26. Manuel:

    El titular de este articulo es bastante bueno,y el aticulo en si, tambien,estoy bastante deacuerdo con este, articulo, pero la gente es cada vez mas,dificil, por no decir imposible,sacarles un cumplido, parece que les cuesta dinero, o “trabajo”,sencillamente no lo entiendo,Tanto trabajo para decir un cumplido.

  27. Blog de Eduard Punset » Hacen falta cinco cumplidos para resarcir un insulto « blogdeformacionvirtualindependiente:

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  28. Y.S.LoboD.Sangre:

    El amor es mostrarte tal como eres, sin dudas y sin miedos, anticipar el bienestar de la persona querida a la tuya propia, ya que en realidad su bienestar es tu bienestar. Antes de que se alcance esto, siempre invaden en la mente del individuo la pregunta de que si me aceptara realmente tal como soy o me rechazara, pero hay personas que con las prisas o el deseo de conquista se saltan esta etapa. un ser humano siempre buscara a ese alguien con quien danzar al unisono cual hoja al ritmo del viento (vida)

  29. ana:

    Las palabras nos encierran o nos abran a un mundo que nos hace grandes, si son positivas y nos enseñan su lado amable o nos empequeñecen si se ocupan en mostrarnos el lado negativo.
    Es dificil descartar de nuestro vocabulario todo los que nos corte las alas, hablemos en grande y creceremos, nos sentiremos mejor y llenaremos nuestra vida de cosas interesantes, salgan bien o mal no es importante ,hacerlas es lo que cuenta¨
    ¨caminante no hay camino, el camino se hace al andar¨

  30. ROSARIO:

    Totalmente de acuerdo…Un familiar mío lleno de sabiduría siempre me decía que el insulto, la difamación, la calumnia era y es peor que el hurto o el robo. Lo robado siempre puede ser restituido pero la honorabilidad de una persona nunca se puede restituir por completo, como tampoco se puede recoger por completo, la misma cantidad del agua derrama de un jarrón roto.
    Hace falta muchos alagos para restablecer la imagen de la persona difamada, insultada o calumniada.

  31. Ana Isabel:

    Hola. estoy totalmente de acuerdo con esta entrada. Considero que hay pocas cosas que puedan dañar más la convivencia que la fuerza de nuestras palabras. Debemos, necesariamente, estar educados en las habilidades sociales y en las emociones, sólo siendo capaces de conocer y expresar nuestras propias emociones seremos capaces de comunicarnos mejor con los demás.
    Hace muy poco pude descubrir el gran efecto positivo de los “mensajes yo”, todos deberiamos prácticarlos y dejar de utilizar los “mensajes tu”….¡¡ponedlo en práctica!!.
    saludos

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