Autor: Eduard Punset 2 marzo 2009

La irrupción paulatina de la ciencia en la cultura popular está dejando al descubierto las fechorías realizadas en nombre del pensamiento dogmático. Muchos lectores me han pedido que desvele una parcela importantísima de lo que está ocurriendo con la educación de la infancia.

La experimentación científica ha puesto de manifiesto que “a lo largo de la vida resultan esenciales una mayor autoestima, una mejor capacidad para gestionar las emociones perturbadoras, una mayor sensibilidad frente a las emociones de los demás y una mejor habilidad interpersonal; pero los cimientos de todas estas aptitudes se construyen en la infancia”. Son palabras de Daniel Goleman y Linda Lantieri, expertos en lo que ahora denominamos educación social y emocional. Otra manera de decir lo mismo es la llamada de algunos organismos internacionales para invertir recursos y esfuerzos en las técnicas del aprendizaje social y emocional: “Es el mejor atajo para que disminuya la violencia en las sociedades modernas”.

Se puede profundizar en el tema con Inteligencia emocional infantil y juvenil (Aguilar), libro de Linda Lantieri. Repasando los ejercicios prácticos sugeridos allí, que ayudan a desarrollar la capacidad de atención y de concentración de niños y adolescentes, se constata el tremendo error cometido por los dos bandos, igualmente dogmáticos, del Gobierno y la oposición, en torno a la asignatura de educación para la ciudadanía.


Imágenes de niños y adolescentes recogidas por la comunidad Flickr.
Creado con flickrSLiDR.

Esta disciplina pone énfasis, equivocadamente, en la difusión de valores que siempre serán sospechosos de derechas o de izquierdas. Las bibliotecas están llenas de relatos sobre valores: valores cristianos, valores que impiden o permiten el aborto, valores, en fin, emparentados con todo tipo de ideologías. Frente a esta plenitud de argumentos, se advierte la ausencia escalofriante de libros o asignaturas científicas sobre el aprendizaje social y emocional. ¿Qué es lo que echamos en falta o lo que echan en falta los niños al ir a la escuela?

  • Primero. Saber lo que les pasa por dentro. Comprender cómo la inseguridad y el miedo influyen en su comportamiento. Desarrollar un vocabulario emocional sólido con el que puedan comunicarse con el resto.
  • Segundo. Identificar los sentimientos de los demás para aprender a ponerse en su lugar. El desarrollo de la empatía permite construir una sociedad cohesiva.
  • Tercero. Aprender a gestionar las emociones básicas y universales. Son intangibles, pero son el único activo con el que se viene al mundo.
  • Cuarto. Diseñar, ejecutar y evaluar soluciones responsables a los problemas, y no adoptar posicionamientos dogmáticos, que no se han podido o querido comprobar.
  • Quinto. Resolver conflictos para mantener relaciones sosegadas con los demás. Rechazar aquellas decisiones que impliquen violencia o agresión.

Distintas pruebas científicas demuestran que los niños educados con prácticas afines a estos criterios son más felices, confían más en sí mismos y son más competentes social y emocionalmente. Además, resulta que una buena educación social y emocional también mejoraría nuestros maltrechos resultados académicos.

¿A qué estamos esperando, pues, para impartir aquellos rudimentos científicos que ilustren sobre la naturaleza y la gestión de las emociones básicas y universales, en lugar de los valores, ya sean de derechas o de izquierdas? Antes de atisbar la vida eterna o los valores de la democracia –todo llegará–, la infancia necesita calibrar el impacto insospechado del desprecio, controlar la ira o comprender los mecanismos para ponerse en el lugar del otro.



101 Respuestas to “Necesitamos menos ideología y más educación emocional”

  1. Mercedes Miyashiro:

    Muy buen articulo, sobre todo porque nos aclara el vacío y la confusión que observamos en la educación de nuestros infantes, a la par que nos aporta valiosas alternativas de solución.

    Es de lamentar lo que ocurre en la educación de nuestros pequeños. Y lo que la carencia de una formación basada en el conocimiento del ser mismo, su autoestima, el control y gestión de las emociones, el valor de la empatía, la proactividad, o respuesta acertiva a los problemas.

    Observo que eso no se imparten en las escuelas. Se siente a gritos la falta de un profundo cambio en el Sistema de la educación.

    La pregunta es ¿Qué podemos hacer nosotros las personas en forma individual o colectivamente para influenciar en la clase política y que se dé los pasos a este cambio imperativo, para que la sociedad no siga por el camino de su autodestrucción?

    Pienso que artículos de esta índole, ayudaría a la toma de conciencia de los individuos, que de por sí ya es un pasito importante, si nos sumamos uno más cada día, por cambiar primero nosotros nuestros paradigmas en casa, ya estamos aportando valor al cambio del mundo.

    Sugiero leer y escuchar audiolibros de los grandes maestros y conferencistas que con su trabajo están sembrando el cambio en el mundo, tales como: Jim Rohn, Stephen Covey, Robert Kiyosaki, Wayne Dyer, Deepack Chopra, Sig Siglar, entre otros.

    El primer paso es siempre tomar la desición de empezar y hacerlo por nosotros primero, que es de lo único que tenemos el poder, un poco cada día, como por ejemplo, leer 15 minutos diarios, ejercitar 20 minutos, escuchar el corazón de nuestros niños 10 minutos.

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