Autor: Admin 29 febrero 2012

Medio: Heraldo de Aragón

El lunes 27 de febrero, Eduard Punset visitó Zaragoza para presentar su último libro, «Viaje al optimismo», en el ciclo de tertulias El café de tu vida que se celebra en el Hotel Goya de Zaragoza. Con motivo de su visita, la Agencia EFE emitió una que recogieron varios diarios, como el Heraldo de Aragón el 28 de febrero.

Destacado:

Entre los cuatro y los nueve años es cuando se debe hacer el mayor esfuerzo para infundir en los niños la curiosidad necesaria para que innoven en la adolescencia y en la mayoría de edad.
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Leer «De 4 a 9 años es la mejor edad para infundir la curiosidad en los niños»



7 Respuestas to “La mejor edad para infundir la curiosidad”

  1. jesus moreno:

    Yo de pequeño seguía la máxima de mi padre, que era que no me conformara con un sí o un no sino con un por qué. Así desde muy pequeño me enseñó a tener curiosidad, desde entonces cada día sigo aprendiendo algo nuevo y me fascina descubrir cosas que eran desconocidas o estaban ocultas a mi conocimiento. Y ahora intento aportar mi poco conocimiento sobre una enfermedad que padezco y que quiero acercar a todo el mundo de una manera sencilla y de fácil lectura.
    Gracias.

  2. cristina:

    Hola Señor Punset,
    Tengo una niña de tres años que ha empezado este año el colegio. No estoy muy contenta con los métodos de enseñanza que se practican en la enseñanza pública.
    Me estoy planteando llevarla a una escuela Waldorf.
    Me podría dar su opinión sobre este tipo de metodología que es poco conocida en España.
    Gracias y un saludo
    cristina

  3. Bernardo:

    Estimado señor Punset, un saludo en primer lugar.
    Permitame discrepar con usted, creo que empezar a los 4 años es tarde, en consecuencia requiere un sobre esfuerzo captar su interes y dirigirlo. El control y gestión del estímulo y del impulso consecuente debe hacerse mucho antes. El problema es que hay que dedicarle tiempo e interes a ello. La percepción juega un papel elemental y fundamental. A los 4 años los niños ya pretenden dirigir su curiosidad con su “carácter”.

  4. ANA BELEN:

    Señor Punset me gustaria saber su opinion sobre escuelas waldorf ya q no me gustan los metodos de ahora mismo el problema tan grande en enseñanza la rigidez y si tengo pensamiento de este camino de waldorf

  5. Natalia:

    Cual es el mecanismo que hace que si fomentas la curiosidad del niño a esa edad le haga ser innovador en el futuro. ¿ La curiosidad nace en el niño o se ha de fomentar? Será igual de innovador en el futuro el niño que tiene curiosidad per se, o que el que se la han fomentado.

  6. laura Molina Iglesias:

    La vida es una práctica y no una teoría. Hay que dejar que el conocimiento entre a través del instinto de la curiosidad y nunca bloquearlo, -sin embargo llevamos siglos haciéndolo, es lo que nos han hecho creer-, pero la contradicción es precisamente que las cosas que retenemos y las bases del aprendizaje personal e intelectual están en los detalles que más nos llaman la atención y que de alguna forma toman importancia en nuestras vidas, ya sea por interés o por deseo de aprender. Las personas que malgastan su vida haciendo algo que no les gusta, perdieron el instinto de la curiosidad demasiado pronto, esto es, en su temprana infancia, antes de llegar a descubrir que hay un mundo infinito lleno de explicaciones, incluso que aún nadie conoce. Directamente nunca llegan a plantearse nada relacionado con ello, viven porque han nacido, han nacido para vivir, morirán porque tienen que hacerlo, y nada más del camino les incumbe.

    Aunque sea una incongruencia, es precisamente la educación la culpable de que esto pase, junto con sus falsos méritos, como el esfuerzo y la fuerza de voluntad. Estas son nociones que nos sirven para sobrevivir a la competencia continua a la que nos obligan desde que somos niños en edad de descubrir, precisamente.

    Una persona que está estudiando algo que no le llena, lo hará por las implacables “salidas profesionales”, una recompensa que les hará felices, obteniendo todos los beneficios de quien tiene un buen puesto de trabajo. No hay más que invento banal en esta afirmación, invento del hombre una vez más, que buscando la superioridad por razones animales, ha errado desde tiempos inmemoriales. Esa persona entonces, nunca desarrollará su propio instinto para alcanzar el conocimiento, y abarcar cada vez más. Pero de esto no se dará cuenta hasta el momento en el que comience su vida laboral, pues estudiar supone un esfuerzo para todos, y se confunde con el mérito. Es por eso, que nuestro sistema educativo es fallido, ya que promovemos el esfuerzo, que más allá de tener un significante positivo artificialmente impuesto, es simple bloqueo hacia nuestros instintos.

    ¿Pero qué es el esfuerzo, sino una fórmula para excusar el asedio de estar haciendo algo de forma sumisa y no por motus propio?

    El esfuerzo oprime nuestras posibilidades, pues somos capaces – el cerebro humano lo es-, de abarcar más de lo que cualquiera a abarcado nunca. Si algo hay que fomentar en primera instancia es la curiosidad del bebé, que desde que nace tiende a a aprenderlo todo, incluido el lenguaje y la comunicación, que aunque también se trate de un invento del ser humano, podríamos admitir que es de los pocos que realmente han tenido un valor sustancial en nuestro desarrollo. No inventamos nada, todo está ahí esperando a ser descubierto. Gracias a nuestra capacidad para razonar, vamos acaparando todas las parcelas del cerebro con el paso de los siglos. El razonamiento de determinados individuos a lo largo de nuestra historia nos ha facilitado que una nueva parcela se abra y alcancemos el entendimiento.

    Con todo, lo que llamamos estudiar, es una obligación impuesta por el sistema humano – que no político-, para y por la competitividad, pero solo será válido para quienes lo hacen por curiosidad y necesidad de conocer y de comprender el alcance al que puede llegar nuestra especie. El resto siempre serán esclavos, que ponen limites a su propia libertad y felicidad, pues cuán famosa es la frase “ a nadie le gusta estudiar”.

    Perdemos con los años ese afán por aprender y descubrir lo que tenemos delante, y la razón a esto es la obligación impuesta por alguien “superior”, es decir, por alguien al que en su momento también obligaron. Por tanto, “eso es lo correcto”. Estas personas que nos encontramos al nacer, a las que también descubrimos, y con las que solemos tener un vínculo especial, nuestro padres, o nuestros cuidadores, nos enseñan desde que somos capaces de prestar atención a algo. Nos enseñan lo que a ellos le enseñaron. Creen que el camino de la prosperidad está en educar “correctamente”. Pero nadie siente poseer la potestad del bien y el mal.

    Existe una única condición humana de la que se puede sacar partido, para llegar a esa prosperidad mencionada, esta es la curiosidad, o el interés por lo que nos rodea. Un impulso animal pero racional, que se mantiene fiel a nuestros deseos pueriles, y puros, los que más se acercan a la verdad.

    La educación, lo primero con lo que nos encontramos, hace que se nos cree un trastorno desde el inicio de nuestras vidas, por tanto hemos de cambiarlo. Es sólo un rol, eliminar de nuestro vocabulario la palabra esfuerzo, que en realidad nos trasmite opresión únicamente, pues aunque creamos recibir un premio tras aplicarlo, simplemente será una satisfacción pasajera de quien ha alcanzado algo que alguien alcanzó antes.

    No es del todo cierto que perdamos la curiosidad plena, pero la infravaloramos calificándola de sentimiento básico, la pasamos por alto y no nos interesa a penas descubrir que es la única vía para alcanzar el bien común. No sentimos curiosidad hacia la curiosidad tampoco.

    Si Juan tiene curiosidad por ver que ese objeto que se encuentra al otro lado de la calle, se acercará decidido a comprobarlo, eliminando de su razón todo el esfuerzo que supone dejar lo que esté haciendo y moverse hacia el objeto mencionado.

    La pereza es algo en lo que nos han hecho creer, pero sólo se trata de falta de curiosidad y por tanto de interés en hacer lo que nos obligamos a nosotros mismos sin razones contundentes, sólo por las metas y límites que nos ponemos, para acceder a esa competitividad impuesta. Es aquí también donde entra la fuerza de voluntad, que tiene que ver con la pérdida del interés en descubrir esas parcelas del cerebro que mencionaba con anterioridad. Los bebés no tienen fuerza o flaqueza en la voluntad, tampoco se esfuerzan para jugar o para correr por el parque. Sólo aparece cuando empiezan a imponerles la educación, reprimiendo sus instintos.

    Para llegar a la libertad, hay que empezar por el respeto a nuestros instintos, no hablo de la anarquía educativa de ninguna manera, sino del cambio abismal de la misma. Alcanzar la fórmula a través de la cual nuestra capacidad para curiosear, – aplicándole valor a este acto-, nos sirva para alcanzar el conocimiento, como decía al principio de esta teoría.

    En el caso de las necesidad -a las cuales respetamos algo más que al interés humano-, es innegable que la tenemos presente, y que contamos con un continuo flujo de información de todo lo que tenemos cerca.

    La personalidad genética, el carácter, o la socialización primaria nos define en primer lugar; en segundo lugar una nueva fórmula educativa que se basara en la curiosidad y el interés debería ser aplicada, siempre contando con las capacidades y los sentidos más o menos desarrollados de cada individuo. El método a desarrollar tiene que estar sustentado por la necesidad de encontrar la vía a través de la cual todos los niños esparzan su curiosidad libremente, así descubran sus capacidades, y no pierdan el ímpetu por el conocimiento.

    El sistema capitalista, no es más que el desarrollo de una idea que alguien esbozó sin esfuerzo alguno, pues las ideas aparecen solas, gracias al razonamiento, cuando encontramos alguna cuestión que nos importa lo suficiente – por la que sentimos especial interés-, como para encontrar la respuesta a esa incertidumbre.

    El éxito reside en la intención de conseguir una meta final, no en el esfuerzo “gastado” en hacerlo, en esa intención se encuentra implícita la curiosidad.

    Laura Molina Iglesias -Estudiante-.

  7. adrianaalvarez:

    el baja autoestima nos lleva hacer cosas que no devemos como asesinar a otra persona violar a otra persona u algo parecido algo mas pero en muchos paises la gente con baja autoestima nos lleva hacer lo que no debemos

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