Autor: Admin 25 noviembre 2011

Medio: Televisió de Catalunya

Eduard Punset visitó la mañana del viernes 25 de noviembre los estudios de Televisió de Catalunya. El divulgador mantuvo una entrevista con la periodista Ariadna Oltra en el espacio Els matins, sobre algunas de las ideas de su nuevo libro, Viaje al optimismo.



3 Respuestas to “Punset habla del optimismo en Televisió de Catalunya”

  1. Pilar T:

    Altra vegada més, gràcies a internet, y al blog del Sr. Punset, puc veure desde València un programa de tv3. Que be!!
    Gràcies als tres.

  2. Mariana Oliveira:

    M’agradat molt la entrevista. M’encanta escoltar Eduard Punset! Genial! Gràcies a la Internet que em permet aprendre més sobre ell, una abraçada des de Brasil (ol

  3. Excéntrico:

    Uno de estos días estuve mirando la televisión por la noche, cosa que suelo hacer poco. El programa en cuestión lo emitía Tv3 y Buenafuente en particular. Se trataba de una serie de entrevistas a un conocido personaje mediático, Eduard Punset, el cual, al observar su apariencia física y gestual, sin duda pienso que cumple todos los requisitos físicos y expectativas estéticas e incluso cinematográficas de un postulante a divulgador científico: el cabello rizado desmelenado, la discriminación de sus folículos capilares en función de las zonas, con una frontal más despejada, pero desde las parietales hasta las occipitales densamente pobladas y frondosas. A todo ello, una suma de ademanes y entonaciones ondulantes tan sorpresivas como maravilladas e ingenuas sobre aquello que está tratando y divulgando, como si de una oda a lo extraordinario que hay en la ciencia versara su labor, que ciertamente es. Para terminar, un batiburrillo de vocablos anglófilos y castellanófilos sazonados indiscriminadamente como una macedonia entre la lengua vehicular catalana que dirige la conversación. Un compendio entre Einstein y Dominique Lapierre.

    El caso es que el señor Punset reúne a mi parecer lo más importante para ser divulgador científico: ganas e ilusión por su trabajo, y eso es lo que transmite y llega hasta el público.

    No en vano, yo hablo de conocimiento y aplicación.

    En nuestra sociedad existe gente que se dedica profesionalmente a las más variadas materias, pero en particular me interesan aquellas que tienen que ver con el propio funcionamiento humano, sea desde la vertiente que sea: médicos, psquiatras, docentes, filósofos, científicos, etc. A buen seguro, la gran mayoría tendrán un extenso conocimiento sobre aquello a lo que han dedicado su vida, pero puede ser más discutible el modo en que ese conoocimiento llega a determinar su propio modo de regirse. Es sencillo de entender. Por ejemplo, un especialista determinado descubre que un alimento concreto resulta más saludable de ingerir por las mañanas que por las noches, siendo especialmente adverso tomarse antes de dormir. Lo lógico sería pues, que dicho especialista ponga en aplicación ese conocimiento para sí y sus más cercanos. Lo descrito es fácil de ver en cuestiones tangibles que requieren una acción física determinada y que de resultas de dicha acción se obtiene una recompensa o, al menos se evita un daño o perjuicio. Ahora bien, la aplicación en el terreno psicológico y humanístico es donde el hombre sigue igual tras generaciones y generaciones, sociedades distintas y civilizaciones.

    De la historia nos llega conocimiento de grandes pensadores antiguos y no tan antiguos que quedan dispuestos y caricaturizados por sus propias obras para bien las más de las veces, como si su comportamiento y disposición ante la vida fueran una continuación de sus postulados.

    Sin ir más lejos, a día de hoy es posible tratar con gente que ha estudiado psicología e incluso hasta tener una dilatada carrera tratando a terceras personas, pero incapaces de advertir en su cotidianidad numerosos detalles que les ayudarían a mejorar sus relaciones, incluso personales.

    El conocimiento es compartimental, es decir, tiene su aplicación descrita para casos concretos y sólo se ampliará en la medida que la idiosincrasia del individuo lo permita o coadyuve. Un manual específico puede describir una serie de síntomas de un trastorno o una patología y el que las estudia establece las consiguientes relaciones causales con sus pacientes, pero en la aplicación, existe a veces nucha dificultad en el terreno profesional por variables añadidas no reconocidas o reconocibles, ya no digamos en el aspecto personal donde, a sumar esas complicaciones se añaden las de índole sentimental.

    En el terreno intangible de lo humano (referido a la psique), uno puede ser “especialista” en su desempeño profesional para pasar a ser ciudadano “normal” tras finalizarlo. Si no es así y el especialista sigue siéndolo tras sus perceptivas horas de trabajo, entonces ya lo era antes de desempeñar su profesión. Ya disponía de capacidades cognitivas y de aplicación naturales referidas a la materia estudiada. No vengo a referirme a “especialista” como un estudioso o un interesado que emplea horas de estudio y análisis tras su desempeño profesional, hablo de no perder en ningún momento la cualidad de “diagnosticador” y analista. Alguien que aplica su conocimiento automáticamente y no discriminando el momento por su idoneidad.

    Existen muchas frases hechas, refranes o similares que hablan sobre ello. Se pueden resumir en uno que mal recuerdo y dice algo parecido a que resulta más fácil aprenderse mil principios que poner en práctica uno solo de ellos.

    No es éste un asunto de crítica. A fin de cuentas todo responde a mecanismos cerebrales específicos. Muchos casos de llamados genios o científicos ilustres o filósofos eminentes han vivido una vida alejada del concepto de normalidad, pudiendo no resultar especialmente agradable para los que los rodeaban: obsesiones compulsivas por doquier o una necesidad ineludible de dar con la solución podrían ser un escollo a una vida social saludable en términos de normalidad. La sociedad no critica a esas personas que pudieron destrozar a sus familias ya que tales consecuencias han quedado diluidas por el logro de su labor.

    Por ello, no me sorprendió cuando Eduard Punset fue preguntado acerca del más que seguro presidente del gobierno. No lo hizo en tanto era posible que manifestara una opinión concreta alejada de la vertiente por la que había sido invitado al programa, pero cometió el error inadvertido por la gran mayoría supongo, de entremezclarlo con una parrafada pseudo científica de antropología que dejaba en mal lugar a tantos científicos y filósofos con pobladas barbas que disponen de bustos por doquier en todo el planeta. Lo que hizo fue lo mismo que decir: no me gusta el próximo presidente o incluso, es malo. El adorno que parapetaba la frase era eso: un adorno que ponía a las claras la coherencia con lo descrito en el principio: el cabello, los gestos, la creencia propia de lo que se hace es extraordinario, la grandilocuencia en consecuencia, la estética necesaria para ser divulgador en los tiempos actuales. Todo eso y sobre todo, que se volvió a demostrar que conocimiento y aplicación son caminos distintos.

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