Autor: Eduard Punset 31 julio 2011

A veces la contaminación acústica es tan ofensiva y brutal –sobre todo si se tiene en cuenta que la mayor parte de la población española es mayor y, por lo tanto, tiene los oídos delicados– que no tiene perdón de Dios la inhibición de las autoridades ante esta ofensa al común de los ciudadanos.

Gremios como el de arquitectos y constructores de grandes aeropuertos son también cómplices de esta falta de consideración hacia las personas de edad y los discapacitados, a los que se obliga a recorrer pasillos interminables en nuestros sobredimensionados aeropuertos y estaciones de AVE. ¿Se es consciente de que tarde o temprano esta falta de educación y sentimientos hacia la sociedad será rechazada y hasta penalizada por los países modernos?

¿Quién no se ha visto obligado a cambiar no solo de acera, sino de calle, y acurrucar a los bebés para protegerlos de la agresión auditiva prodigada por una perforadora que, en pleno tránsito, aterra con sus ruidos a los transeúntes?

¿Han sufrido alguna vez el penetrante resonar del motor de una moto pilotada por un joven al que nadie ha tenido tiempo todavía de enseñar el respeto debido a sus semejantes? ¿Hasta qué grado puede llegar la incultura del público que no levanta la mano acusadora contra el delincuente que avasalla, amenaza y rompe el delicado sistema auditivo de los mayores? ¿Hasta dónde puede llegar la confusión entre los delitos tradicionales, como el robo de su cartera a un solo individuo y los destrozos colectivos causados por la violación de las reglas que, supuestamente, deberían impedir la contaminación acústica?

Los reactores producen de los ruidos más ensordecedores… aunque hay quien se divierte con ello (imagen: Needoptic-Flickr).

Muchos de nuestros amigos no han querido entrar en la edad moderna o en la sociedad de las nuevas tecnologías. Se fijan en los delitos tradicionales cometidos soliviantando a una sola persona, como el soborno, el robo, el engaño, la ocultación de la identidad, pero no les apetece todavía empatizar a nivel social, contribuir al bienestar de los colectivos impidiendo que los niños griten o lloren sin parar en los restaurantes o las plazas públicas, interfiriendo en la paz de los demás; no han querido entender que no se puede despedir a un empleado de su oficina a gritos por el móvil desde un vagón de tren, en el que se supone que los demás quieren pensar o trabajar en sus cosas.

Las propias Fuerzas de Seguridad no han adquirido la cultura necesaria para proteger a los ciudadanos de males que son perfectamente remediables, como la contaminación acústica; interferir en la libertad de movimiento de los ciudadanos, interrumpiendo sin explicación ni legitimidad el tráfico en una calle determinada; aplicar con rigidez sospechosa multas de tráfico por violaciones mínimas o violar las leyes haciendo que proliferen las escuchas telefónicas a ciudadanos.

Hay muchos más indicios de la insensibilidad de la gente a delitos cometidos por la propia autoridad pública, sin ser conscientes de ello ni la jerarquía delictiva ni el público. En un pueblo de la costa cerca de Barcelona, yo he soportado el anuncio repetido por altavoces estridentes e ininteligibles del propio Ayuntamiento, que recurre a desfasadas tecnologías para comunicar a sus conciudadanos los peligros de un mar agitado, de olvidar a los niños en plena ciudad o los avatares del estado del mar.

Dentro de pocos años se habrán equiparado las penalidades impuestas a los delitos de rateros con aquellas aplicadas a los cometidos por quienes no han querido enterarse de que el mundo ha cambiado; de que la tecnología permitirá eliminar la pugna tradicional entre los que no tenían nada y los que tenían algo a lo que aferrarse. Para ello, hará falta aceptar que no solo se puede atentar contra los demás robándoles la cartera, sino también interfiriendo en sus sentidos y sentimientos.



59 Respuestas to “A mucho ruido, oídos sordos”

  1. Massimo Pennesi:

    En mi centro de trabajo, un Instituto de Educación Secundaria recién construido, el alumnado y el profesorado tenemos que estar toda la mañana en aulas con pésimas condiciones acústicas (cuando digo pésimas no exagero, se lo aseguro, si acaso me quedo corto). Hablo de grupos de más de 30 personas en aulas de poco más de 40 m2 con techos de hormigón visto. Pueden imaginar fácilmente las repercusiones negativas en el aprendizaje, en la convivencia y en la salud.
    Hace un año escribía esto en mi blog: http://www.educacionmusical.es/2010/06/12/rebota-rebota/.
    Tras ese desahogo, hemos conseguido acondicionar el aula de Música, pero sólo esa (la más urgente, ya que era imposible dar clase allí) pues es un arreglo mucho más caro que la construcción bien hecha desde el principio, y el presupuesto del centro no da para más.
    Los primeros días después del acondicionamiento he disfrutado, además de la mejora acústica, de los comentarios espontáneos del alumnado, que sonriendo me preguntaba qué estaba pasando, qué era esa sensación tan agradable que sentían al abandonar el pasillo y entrar en el aula.
    Sin embargo, un año después, las preguntas que me pongo en esa entrada todavía siguen sin respuesta: ¿por qué se construye tan mal? ¿Por qué no se tiene en cuenta la función de los espacios que se construyen? Y sobre todo, ¿por qué los responsables de estos temas, desde los políticos hasta los arquitectos, no dan la importancia debida a este tema?

  2. maria:

    Os adjunto un link de Heraldo de Aragón para que veais lo que respetan las autoridades españolas el Convenio Aarhus a la hora de realizar una obra que afecte a vecinos y medioambiente.
    http://www.heraldo.es/noticias/zaragoza/portada/

    El titular es: El Justicia investigará el ruido del Tranvía ante las quejas de los vecinos.

  3. Alberto:

    Este artículo debiera ser de obligada lectura en todos los ayuntamientos, porque son ellos quienes no solo no han acabado con los ruidos “evitables” (motos), sino que han contribuido a su incremento de forma espectacular: todo tipo de máquinas cepilladoras en las calles, de día y noche (al menos en Bilbao), cortacéspedes, sopladores y demás artilugios empleados en jardinería a escape libre, etc. En fin, un millón de gracias a Don Eduard por este gran artículo.

  4. Javier:

    Estimado Eduardo, cuanta razón. Te animo a realizar un reportaje en tu espacio dedicado al tema del ruido.

  5. Sonoflex:

    Excelente nota sobre contaminación acústica.

  6. Alexia Sanchiz:

    Hola, me llamo Alexia y primero quería felicitarte por su sitio web! Tiene unos post muy interesantes que me han servido de mucho, especialmente este, ya que no sabía cuánto podía afectar la contaminación acústica. Haceis una labor encomendable con tu página. Te comento que tengo un directorio y me gustaría incluir un enlace de su página en el. Así mis usuarios podrán visitarte.

    Por favor, avísame si estás interesada.
    Besos y suerte con su página 🙂

  7. patricia:

    les recomiendo esta pagina que conitien muy buenos consejos sobre como aliviar los molestos sintomas de este padecimiento que es terrible, ww w.arteymedia21. com/saludybelleza02. htm

  8. Laura:

    Apoyo el comentario de patricia sobre la web que recomienda, me ha venido a caer enbuenahora, le he pasado la recomendación a mi amiga que posee pitidos en los oídos, repetitivos y muy fuertes, ella cuenta que los tratamientos no le ayudan, sin embargo ese método de esa web se logra percibir excelente por la filosofía que explican. Mil gracias por el aporte.

  9. lina:

    He vivido en Madrid durante 2 anos, soy colombiana,ahora llevo 1 anos viviendo en los londres, es cierto los espanoles hablan alto, Pero los niveles de ruido son bajos comparados con londres,vivo con ingleses.mucho sorry,sorry, pero al final te toca aguantar porque no les importa .
    prefiero el chillido sincero de un espanol que el sorry solapado de un ingleses.

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