Autor: Admin 1 mayo 2011

Medio: El Periódico de Extremadura

El último libro de Eduard Punset, Excusas para no pensar, fue uno de los más vendidos en la XII Feria del Libro de Cáceres, junto a las obras de María Dueñas, Paul Preston, Javier Marías, Mario Vargas Llosa e Ignacio Martínez de Pisón.

El lunes 2 de mayo, El Periódico de Extremadura publicó el balance de esta edición del certamen, que se vio favorecida por el sol y el buen tiempo.

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3 Respuestas to “‘Excusas para no pensar’ triunfa en Cáceres”

  1. Alberto Millan:

    Estimado Sr Punset: Me gusta mucho el titulo de su nuevo libro “excusas para no pensar” por ello estoy convencido de que muy poca gente sera capaz de leer completamente el siguiente comentario. Reciba un cordial saludo.

    Mitos y realidades de la evolución
    “La evolución es una realidad tan innegable como el calor del Sol”, asevera el destacado biólogo evolucionista Richard Dawkins.16 Que el Sol es caliente, es demostrable tanto por observación directa como por experimentos. Pero ¿es posible probar de forma incontestable la validez de la teoría de la evolución basándose en la observación y la experiencia?
    Antes de responder a esta pregunta, cabe aclarar algo. Los científicos han notado que los seres vivos pueden experimentar cambios menores a lo largo de generaciones. Por ejemplo, mediante el cruzamiento selectivo, los criadores de perros obtienen individuos con patas más cortas o pelo más largo que sus antecesores. Algunos científicos engloban estos leves cambios bajo el nombre de microevolución.
    Los evolucionistas afirman que la acumulación gradual de pequeños cambios en el lapso de miles de millones de años provocó los grandes cambios necesarios para que los peces se convirtieran en anfibios y los simios en hombres. Este hipotético proceso recibe el nombre de macroevolución.
    Charles Darwin enseñó, por ejemplo, que las pequeñas variaciones observadas en la naturaleza indican que cambios mucho mayores —que nadie ha presenciado— también son posibles.17 Según él, ciertas formas de vida primigenia, supuestamente simples, sufrieron una serie de “modificaciones ligerísimas” a lo largo de vastos períodos de tiempo hasta originar los millones de formas vivas que hay en la Tierra.18
    Muchos consideran lógico este postulado. Razonan que si en una especie pueden ocurrir variaciones menores, ¿por qué no podría la evolución producir modificaciones mayores a lo largo de extensos períodos de tiempo? Pero la realidad es que la teoría evolucionista descansa sobre tres mitos. Veamos.
    Mito 1. Las mutaciones proveen la materia prima para la creación de nuevas especies. La teoría de la macroevolución gira en torno a la idea de que las mutaciones —cambios aleatorios en el código genético de plantas y animales— pueden originar no solo nuevas especies, sino familias completamente nuevas.19
    Realidad. Muchos de los caracteres de las plantas y los animales vienen determinados por las instrucciones del código genético, los planos contenidos en el núcleo de cada célula. Aunque se ha descubierto que las mutaciones pueden producir alteraciones en los descendientes de los seres vivos, ¿generan de verdad especies enteramente nuevas? ¿Qué ha revelado un siglo de investigaciones en el campo de la genética?
    A finales de la década de 1930, la comunidad científica abrazó efusivamente una novedosa idea. Si la selección natural —el proceso por el que las criaturas mejor adaptadas al medio sobreviven y se propagan— podía producir nuevas especies vegetales a partir de mutaciones aleatorias, como se pensaba, seguro que el hombre sería capaz de hacer lo mismo, y de un modo más efectivo, mediante la selección artificial de las mutaciones. “Se desató la euforia entre los biólogos en general y entre los genetistas y criadores en particular”, dice Wolf-Ekkehard Lönnig, científico del Instituto Max Planck para la Investigación de la Reproducción Vegetal en Alemania. ¿Por qué tanta euforia? Lönnig, quien lleva unos treinta años estudiando las mutaciones genéticas en vegetales, explica: “Los investigadores pensaron que había llegado la hora de revolucionar el método tradicional de crianza de plantas y animales. Creyeron que provocando mutaciones y seleccionando las que fueran beneficiosas obtendrían nuevas y mejores variedades”.20 Algunos hasta esperaban ver surgir especies completamente nuevas.
    Gracias a generosos aportes, científicos de Estados Unidos, Asia y Europa pusieron en marcha programas de investigación en los que emplearon métodos que prometían acelerar el proceso evolutivo. ¿Qué resultados arrojaron más de cuatro decenios de intensa labor? “Pese a todo el dinero invertido —afirma el investigador Peter von Sengbusch—, los intentos de conseguir variedades de mayor rendimiento mediante radiación [para inducir mutaciones] fracasaron ostensiblemente.”21 Y Lönnig señala: “Para los años ochenta, las esperanzas y la euforia de los científicos habían terminado en un fracaso mundial. La selección por mutación como una rama autónoma de investigación fue abandonada por los países occidentales. Casi todos los mutantes […] morían o eran más débiles que las variedades silvestres”.
    Las investigaciones de cien años sobre las mutaciones en general y de setenta años sobre la selección por mutación en particular bastan para que los científicos determinen si es posible que las mutaciones generen nuevas especies. Después de examinar las pruebas, Lönnig concluyó: “Las mutaciones no pueden transformar una especie original [vegetal o animal] en otra totalmente nueva. Esta conclusión armoniza con los resultados de todos los experimentos y estudios sobre mutaciones realizados en el siglo XX, así como con las leyes de la probabilidad”.
    Por tanto, ¿pueden las mutaciones convertir una especie determinada en una completamente distinta? Las pruebas demuestran que no. Los estudios de Lönnig lo llevaron a concluir que “las especies debidamente definidas tienen límites claros que las mutaciones accidentales no pueden eliminar ni traspasar”.22
    Lo anterior tiene muchas implicaciones. Si científicos consumados son incapaces de producir nuevas especies induciendo mutaciones y preservando las que sean útiles, ¿qué probabilidades hay de que un proceso carente de inteligencia lo haga mejor? Si las investigaciones demuestran que las mutaciones no pueden transformar una especie original en otra totalmente diferente, ¿cómo, entonces, podría tener lugar la macroevolución?
    Mito 2. La selección natural condujo a la creación de nuevas especies. Darwin creía que el proceso que llamó selección natural favorecía a las formas de vida mejor adaptadas al medio y que las menos adaptadas al final se extinguían. En la actualidad, los evolucionistas enseñan que al dispersarse las especies y quedar aisladas, la selección natural preservó a los individuos cuyas mutaciones genéticas los hicieron más aptos para sobrevivir en el nuevo ambiente. Con el tiempo, conjeturan, estos grupos aislados dieron origen a especies totalmente nuevas.
    La realidad. Como se ha señalado, las pruebas indican de manera enfática que las mutaciones no producen formas completamente nuevas de plantas o animales. Pues bien, ¿en qué se basan los evolucionistas para afirmar que la selección natural elige las mutaciones favorables a fin de crear nuevas especies? Un folleto editado en 1999 por la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos cita como ilustración “las trece especies de pinzones estudiados por Darwin en las Galápagos, hoy conocidos como pinzones de Darwin”.23
    En la década de 1970, un equipo de investigación dirigido por Peter y Rosemary Grant, de la Universidad de Princeton, estudiaron estos pinzones y descubrieron que tras un año de sequía en las islas, los de pico un poco más grande sobrevivieron mejor que los de pico más pequeño. Dado que la observación de la forma y el tamaño del pico constituye uno de los principales medios para distinguir cada una de las trece especies, se otorgó gran importancia a este hallazgo. El folleto de la Academia agrega: “Los Grant calculan que si, por término medio, ocurre una sequía por década, surgiría una nueva especie de pinzón al cabo de solo doscientos años”.24
    Sin embargo, el folleto no menciona que en los años posteriores a la sequía los pinzones de pico más pequeño volvieron a predominar. Los investigadores descubrieron que tras el cambio climático, los pájaros de pico más grande dominaron por un año, pero luego fue justo al revés. También notaron que algunas de las distintas “especies” se cruzaban y producían descendientes que sobrevivían mejor que sus progenitores. Concluyeron que, de persistir el cruce, podría darse el caso de que dos “especies” se fusionaran en una.25
    Entonces, ¿puede la selección natural realmente crear especies nuevas? Hace varios decenios, el biólogo evolucionista George Christopher Williams cuestionó si la selección natural tenía tal capacidad.26 En 1999, el teórico de la evolución Jeffrey H. Schwartz escribió que la selección natural quizás ayude a las especies a adaptarse a las cambiantes exigencias de la existencia, pero en ningún caso crea nada nuevo.27
    Efectivamente, los pinzones de Darwin no se han transformado en “nada nuevo”. Siguen siendo pinzones. Y el hecho de que se crucen pone en entredicho los criterios que emplean ciertos evolucionistas para definir una especie. El caso de estos pájaros también revela que hasta las más prestigiosas instituciones científicas son capaces de presentar la información de manera sesgada.
    Mito 3. El registro fósil documenta los cambios de la macroevolución. El folleto antes mencionado deja al lector con la impresión de que los restos fósiles hasta ahora descubiertos documentan sobradamente la macroevolución. Dice: “Se han hallado tantas formas intermedias entre peces y anfibios, entre anfibios y reptiles, entre reptiles y mamíferos y dentro de la cadena evolutiva de los primates, que en muchos casos resulta difícil precisar cuándo se produce la transición de una especie a otra”.28
    La realidad. La anterior aseveración sorprende bastante. ¿Por qué? Niles Eldredge, acérrimo evolucionista, declara que el registro fósil no revela una acumulación gradual de cambios, sino que durante largos períodos de tiempo “se acumulan pocos o ningún cambio evolutivo en la mayoría de las especies”.29
    Al presente, por toda la Tierra se han desenterrado y catalogado unos doscientos millones de fósiles grandes y miles de millones de fósiles pequeños. Muchos científicos concuerdan en que este vasto y detallado registro prueba que los principales grupos de animales aparecieron de repente y se mantuvieron prácticamente inalterados, y que muchas especies desaparecieron con la misma rapidez con que llegaron.
    Creer en la evolución es un acto de “fe”
    ¿Por qué insisten tantos evolucionistas prominentes en que la macroevolución es un hecho? El influyente evolucionista Richard Lewontin admitió con franqueza que muchos científicos no dudan en aceptar hipótesis no confirmadas porque tienen “un compromiso previo, un compromiso con el materialismo”. Se niegan a considerar siquiera la posibilidad de que exista un Diseñador inteligente porque, como escribe Lewontin, “no podemos permitir que un Ser Divino ponga el pie en la puerta”.30
    La revista Scientific American recoge el siguiente comentario del sociólogo Rodney Stark: “Desde hace doscientos años se viene promocionando la idea de que para ser un hombre de ciencia hay que liberar la mente de las cadenas de la religión”. También señala que en las universidades donde se realizan labores de investigación, “la gente religiosa se queda callada”.31
    Si vamos a aceptar como válida la teoría de la macroevolución, hay que creer que los científicos agnósticos o ateos no se dejarán influir por sus convicciones personales a la hora de interpretar sus hallazgos. Hay que creer que las mutaciones y la selección natural produjeron todas las formas complejas de vida, pese a que un siglo de investigaciones ha demostrado que las mutaciones no han transformado ni una sola especie debidamente definida en otra totalmente distinta. Hay que creer que todas las criaturas evolucionaron de manera gradual a partir de un antepasado común, aunque el registro fósil indique con contundencia que las principales clases de plantas y animales aparecieron de súbito y no evolucionaron hasta convertirse en otras, ni siquiera en el transcurso de millones de años. ¿Le parece que esta clase de creencia se basa en realidades, o en mitos? Sin duda, creer en la evolución es un acto de “fe

  2. Vicente:

    Yo si te he leído… Un problema de tu argumentación es que menosprecias el horizonte temporal (la historia geológica). Te imaginas un millón de algo? No digo el número. Imagínate un millón de algo que seguro que has visto, por ejemplo, imagínate un millón de naranjas. ¿Puedes? No. Ni tú, ni nadie. Estamos sesgados. Te imaginas un pegote o un conjunto difuso, no el millón de naranjas. Un millón de algo escapa a los parámetros de nuestra configuración biológica cerebral.

    Ahora, imagínate la trayectoria de algo durante un horizonte de millones de años sujeto al azar. No soy especialista en eso pero igual te iría bien pegarle una leída a las categorizaciones de Stephen Wolfram sobre los comportamientos de autómatas autorreplicantes unidimensionales , en concreto los del tipo III. Es curioso observar como la unidad básica de simplicidad ( la molécula del ADN, teórica driving force de la evolución y soporte de informaciones más complejas en este sentido que la unidad básica de simplicidad sería un estado avanzado de los cambios acumulados en los comportamientos y propiedades de la información original) a base de replicaciones dirigidas por una función de transición genérica puede desarrollar propiedades nuevas.

    Creer en la evolución no es un acto de fe. En principio no veo porque la macroevolución no podría modelarse a través de un proceso estocástico temporal (en t=0 estas unidades de información son el inicio del universo) shockeado cíclicamente y donde estos shocks proceden de una función de densidad de valores extremos…

    Si no se puede descartar la teoría de microevolución con ”mini shocks” (que podrían ser por ejemplo procedentes de una normal) al conjunto especies-entorno y en escalas de tiempo reducidas, NO CREO que se pueda descartar la existencia de un proceso aleatorio de frecuencia baja que en lugar de profundizar con mucha frecuencia en la adaptación y revertir a un prototipo biológico óptimo para el medio pruebe a generar muchos prototipos…es decir, en lugar de revertir a un foco crear focos. MENOS, compararla con un acto de fe cuando la ciencia sigue desarrollando nuevos mecanismos, modelos y metodologías para generar conclusiones a interrogantes más y más sofisticados y que ahora no pueda desecharse no quiere decir que en el futuro alguien pueda darte la razón o quitártela. No es fe. Es cuestión del instrumental con el que generamos el conocimiento..que tendrá que evolucionar xDD

  3. José Carlos:

    Hola Alberto Millan. Me gustaría saber de donde es que sacaste el comentario que publicas ya que hasta el momento, esta es la tercera vez que he leído textualmente todas esas ideas. La única diferencia de cada vez que ha sido publicado, es el enfoque que se le ha dado. Por eso me gustaría saber de donde es que copiaste todo lo que publicaste ya que muchas de las ideas que manejas eran validas hace bastante tiempo. Pero hace algunos años fueron refutadas. Y pues algunas otras de las ideas que copiaste ya carecían de sustento.

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