Autor: Eduard Punset 23 diciembre 2007

Siempre lo sospeché. Tendemos a creer que el resultado particular será mucho mejor que el promedio. En medio del desorden generalizado pensamos que las posibilidades de perder el trabajo son pocas. No se trata de que al recordar el pasado seamos más pesimistas que al anticipar el futuro. No es una cuestión de pasado ni de futuro; se trata de que el futuro deja más puertas a la imaginación y, sencillamente, las aprovechamos.

Lo que estamos descubriendo en los laboratorios es que nos comportamos de forma optimista, aunque la realidad esté indicando lo contrario. Somos optimistas por naturaleza. Es decir, que pecamos invariablemente de optimistas para no sumirnos en los avatares íntimos provocados por la depresión y el pesimismo. Evolutivamente, las cosas han sido tan duras que aquellos organismos modelados por corrientes optimistas llegaban en mayor número a buen término. Para poder sobrevivir nos engañamos a nosotros mismos haciéndonos creer que el futuro será más fácil que ahora. Al esperar noticias positivas y generar con ellas imágenes mentales seductoras, desempeñamos una función adaptativa: modelamos el comportamiento presente en función del objetivo futuro.

optimismo
“Somos optimistas por naturaleza”.
(Imagen: JC)

Estoy seguro de que a mí y a muchos de nuestros lectores, lejos de reconfortarnos, ese descubrimiento sobre el comportamiento humano nos preocupa. Se puede dar gracias al cielo de que la sobredosis de optimismo nos ayude a deambular mejor por la vida o bien, por el contrario, reventar de indignación ante la perspectiva de tanto escollo atrabiliario que sólo se puede salvar engañándonos a nosotros mismos. En otras palabras, ¿por qué es tan difícil para la gente ser medianamente feliz?

Esta semana he vivido de cerca tres historias de amor en los aeropuertos que me han impresionado y que tal vez nos ayuden a calibrar el porqué de la sobredosis de optimismo en nuestro comportamiento. Un encuentro fortuito entre dos personajes da lugar a un amor profundo, desinteresado y bello. Tanto ella como él constatan que las de su encuentro han sido las horas más bellas de su vida. Pero ella pone término a la historia de amor a la mañana siguiente, invocando un compromiso previo y estable con su pareja.

La segunda pareja en busca del amor también lo había encontrado. Fue irresistible y todo parecía conjugarse: su libertad respectiva y una capacidad de amar generosa. El único problema fue que la educación de los dos –¡ojo!, no sólo la de ella– les impedía hacer el amor a las pocas horas de haberse conocido. Este hecho supeditaba el nacimiento de un amor tierno a las coincidencias impredecibles de la vida moderna.

En el tercer caso, los dos habían asumido su amor y la infidelidad hacia sus parejas respectivas. Se veían en los aeropuertos de pascuas a ramos y conservaban el calor de sus respectivos hogares. El problema, en este caso, era que cada vez les resultaba más difícil encontrar un hueco en el espacio/tiempo.

En el vuelo de regreso volví a sumergirme en la lectura del experimento de los neurólogos que demuestra que funcionamos con una sobredosis de optimismo que nos ayuda, evolutivamente, a salvar los malos tragos. No me extrañaba lo que estaba leyendo. Acababa de vivir tres experiencias de amor seguro, sin engaños, ideados para siempre y que, no obstante, no habían podido cuajar. «Si esto pasa con el amor verdadero –pensé para mis adentros–, ¿cómo se resiste la trama de fracasos cuando se confunde amor con deseo, dinero con seguridad o engaño a secas?» Definitivamente, hace falta mucho optimismo, a menos que se adapten las reglas del amor a las exigencias de la vida moderna.

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56 Respuestas to “Nuestra naturaleza optimista”

  1. Cysko:

    OPTIMISMO GLOBAL !!
    Hola, anoche fui a ver el espectaculo de E.Biosca y realmente he de decir que fué revelador. Me parece maravilloso que a través de una obra de humor se planteen temas que al dia siguiente te hacen conectarte a internet y buscar más información sobre el asunto.
    Desde luego abogo claramente por una visión optimista del mundo que nos rodeo en términos de futuro. El pesismismo es una telaraña que nos atrapa y nos inmoviliza por definición. El pesimismo y el inmovilismo funcionan en un mismo plano: si no creo que todo puede ir mejor que razón/motivación tengo para tratar de cambiarlo.
    El deseo de mejora no es suficiente si no se cree en la mejora, se apuesta por ella y se persigue. Sólo una persona que crea que todo puede ser mejor invierte tiempo y esfuerzo en tratar de conseguirlo.
    Como dice Punset en su artículo somos optimistas por naturaleza: ¿habriamos salido de las cavernas si no creyesemos, si no tuviesemos fé, si no deseasemos con tanta fuerza como para intentarlo, en una vida mejor?
    No estoy de acuerdo con Edu en que el pesimista es el que detecta necesidades y problemas, ser optimista no significa ser ciego y no ver la realidad. Un optimista también ve los problemas, la diferencia con el pesimista es que el primero,además de ver el problema, se plante la busqueda de soluciones.
    Para centrar la discusión creo que deberiamos tener claro lo que afirma Biosca, el pesimismo y el optimismo són ante todo visiones de como va a evolucionar el problema, no si existe o no tal problema.
    Recomiendo la obra que además de plantear una discusión “filosofica” sobre este asunto es muy divertida.

  2. Euribor >> Pese a todo, optimistas:

    […] Recurriendo a la wikipedia humana de la que tiramos ayer (Punset) me encuentro con este interesante artículo: Nuestra naturaleza optimista. Lo que estamos descubriendo en los laboratorios es que nos comportamos de forma optimista, aunque la realidad esté indicando lo contrario. Somos optimistas por naturaleza. Es decir, que pecamos invariablemente de optimistas para no sumirnos en los avatares íntimos provocados por la depresión y el pesimismo. Evolutivamente, las cosas han sido tan duras que aquellos organismos modelados por corrientes optimistas llegaban en mayor número a buen término. Para poder sobrevivir nos engañamos a nosotros mismos haciéndonos creer que el futuro será más fácil que ahora. Al esperar noticias positivas y generar con ellas imágenes mentales seductoras, desempeñamos una función adaptativa: modelamos el comportamiento presente en función del objetivo futuro. […]

  3. Angel:

    Un gran pensador que utiliza su razón para su propio optimismo implícito . Gracias por el aporte,

    http://naturalmentevivo.blogspot.com/

  4. Antonio:

    A veces , o en situaciones me muestro pesimista ,inconscientemente para escuchar el optimismo de los que en ese momento estan a mi lado, y asi aprender a ser optimista. Es mi inseguridad ,que después me doy cuenta que la utilizo para pensar en positivo.

  5. kenise:

    Hola Eduardo,
    en mis manos ha caido un mail – no spam – con ésta información que, me consta, es enviada a millones de personas. Se trata de un acúmulo de investigaciones ajenas que no sabemos si son ciertas o no. En este este caso y aprovechando el post he pensado que nadie mejor que usted para determinarlo, ahí va la parrafada:

    Es el año 2011. En esa época todo lo que tenía era una mochila
    de lona, por las noches dormía en el sofá de unos amigos,
    lavaba platos a tiempo parcial en una pizzería porque fue el
    único trabajo que pude encontrar en el norte de Maine a fines
    del verano, y tenía una enorme factura de gastos médicos que no
    podía pagar. Por cierto, tenía neumonía.

    Le llamé a una amiga y en cuestión de minutos estaba llorando.
    Entonces me dijo, “Búscale el lado positivo”. Me dieron
    ganas de golpearla.

    No me malinterpretes. Quiero mucho a mi amiga, y en realidad
    nunca le haría daño. Pero, cuando estoy pasando por un mal
    momento no quiero que nadie me diga que de lo mejor de mi.
    Resulta que hay algunos hechos científicos detrás de mis
    sentimientos: Una revisión de algunas investigaciones revela que
    el pensamiento positivo no es tan bueno como se supone. De hecho,
    los investigadores se están haciendo esta pregunta: ¿Y si en
    realidad los llamados estados “negativos” como el fracaso,
    pesimismo, inseguridad e incertidumbre tienen resultados
    positivos?

    Positivismo

    Tiene poco tiempo que la gente comenzó a pensar que la felicidad
    era algo a lo que todos tenemos derecho todo el tiempo. Y en
    nuestra búsqueda precipitada del omnipresente positivismo es
    posible que estemos cavando nuestra propia tumba. Algunos
    investigadores dicen que el pensamiento positivo constante
    significa que una persona nunca puede relajarse, porque ese es el
    momento que el pensamiento “negativo” podría aprovechar para
    salir a la superficie. E insistir en que “todo está bien” no
    les ofrece a los positivistas un plan de alternativo para cuando
    las cosas no lo están.

    Estas críticas están respaldadas por mucha investigación. Un
    estudio descubrió que cuando la gente cree que los demás no
    esperan que tengan emociones negativas, terminan sintiendo más
    emociones negativas con mayor frecuencia. Otro estudio encontró
    que la gente con baja autoestima que se repetía a sí misma la
    frase positiva “Soy una persona encantadora” terminaba
    sintiéndose peor que la gente que no se la repetía. Algunos
    investigadores han vinculado la presión del “pensamiento
    positivo” con la auto-culpa personal (“Si no puedo ser feliz,
    debe de ser mi culpa porque no soy lo suficientemente
    positivo”). La negación es otro efecto secundario potencial
    del pensamiento positivo, incluso algunos expertos creen que la
    actual crisis económica se debe parcialmente a la negativa de la
    gente a considerar resultados negativos potenciales.

    De hecho, los expertos opinan que demasiado pensamiento positivo
    en realidad puede ser un síntoma de algún trastorno del estado
    de ánimo. La gente con Trastorno bipolar (o sus variantes,
    Bipolar II y Ciclotimia) experimenta estados de excesivo
    pensamiento positivo, llamado “manía”, que pueden interferir
    con su experiencia de la realidad y provocar que se involucren
    con comportamientos potencialmente autodestructivos (manejar a
    190 kph, consumir drogas, robar – porque “todo está bien y
    nada puede lastimarme”).

    Aunque una persona normal no experimenta el positivismo a un
    nivel maníaco, es posible que la persona promedio se deje llevar
    por los pensamientos positivos, pierda el sentido común y haga
    algo que no haría normalmente. El pensamiento positivo también
    puede convertirse en una manera para evitar tomar las medidas
    necesarias, un problema que los psiquiatras ven en muchos de sus
    clientes masculinos en sus veintitantos años. Tal vez la gente
    diga que “todo está bien” incluso cuando no es así, es una
    manera de convencernos de que estamos haciendo algo con respecto
    a una situación dada (un trabajo mediocre, un plazo por
    vencerse, un problema con un compañero) sin… hacer nada. “La
    gente que usa el pensamiento negativo como defensa está haciendo
    el intento de no sentirse ansiosa cuando debería de estarlo”,
    comentan los expertos. De hecho, sentir un poco de ansiedad a
    menudo es necesario para motivarnos a actuar en ciertas
    situaciones. Tapar esta ansiedad con una cara de felicidad puede
    empeorar la situación porque es menos probable que abordemos el
    problema subyacente. Sin embargo, entre más pronto actuemos,
    comenta Julie Norem, profesora de psicología y autora del libro
    El Poder Positivo del Pensamiento Negativo, será menos probable
    que la ansiedad interfiera con lo que sea que estemos tratando de
    hacer.

    Defendiendo el Pesimismo

    De hecho, algo de negatividad sería bueno para nosotros. Un
    estudio descubrió que la gente con estados de ánimo negativos
    puede proporcionar argumentos de mejor calidad y más persuasivos
    que la gente con un estado de ánimo positivo. Los humores
    negativos también pueden mejorar la memoria y la precisión
    mental, además otros investigadores sugieren que el pensamiento
    negativo nos hace pensar las cosas con más cuidado.

    A la luz de estos descubrimientos, muchos investigadores critican
    lo que consideran como afirmaciones exageradas de parte de los
    partidarios del positivismo, y avalan los beneficios del
    pensamiento negativo. De particular interés resulta el pesimismo
    defensivo, una estrategia para lidiar con la ansiedad, comenta
    Norem. Esta involucra establecer bajas expectativas sobre lo que
    pudiera suceder en un escenario determinado. Los estudios han
    encontrado que esta estrategia le ayuda a la gente a manejar la
    ansiedad porque la prepara para lo peor (dándole a la persona
    una mayor sensación de control); esto también le permite dar lo
    mejor de si, debido a que normalmente las personas se esfuerzan
    demasiado con el fin de impedir que se obtengan resultados
    negativos. De hecho, cuando nos preparamos para lo peor, existe
    la probabilidad de disminuir nuestro sufrimiento más adelante.
    En contraste, intentar “corregir” los pensamientos negativos
    los puede intensificar.

    Por supuesto, el pensamiento positivo posee un componente
    cultural, y los beneficios relativos al negativismo contra el
    positivismo varían dependiendo de las actitudes sociales con
    respecto a la felicidad en una región dada. Por ejemplo, para
    los estadounidenses descendientes de europeos los pensamientos
    positivos a menudo son más relevantes para su satisfacción
    vital, mientras que para los estadounidenses descendientes de
    asiáticos generalmente los pensamientos negativos son más
    relevantes al momento de evaluar su felicidad en general.
    También es importante tener en cuenta que la efectividad del
    pensamiento positivo depende de factores individuales como la
    ansiedad, mecanismos de supervivencia y sistemas de creencias,
    por lo que cada persona debe de encontrar que le funciona mejor.

    No obstante, independientemente de las peculiaridades u lugar de
    origen de la persona, los investigadores sugieren que sería
    mejor reconocer las emociones negativas en lugar de negarlas, y
    luego dejarlas pasar.

    Una nueva tendencia de psicoterapia, llamada Terapia de
    Aceptación y Compromiso (ACT, por sus siglas en inglés),
    sugiere que debemos aceptar que los pensamientos negativos
    siempre van a aparecer. En lugar de gastar energía en suprimir
    la negatividad, debemos de concentrarnos en identificarnos y
    comprometernos con nuestros valores incluso en medio de una
    oleada de pensamientos negativos.

    Balance Positivo

    Ciertamente no estamos abogando porque todo mundo se convierta en
    un amargado de por vida; solo opinamos que al igual que el
    positivismo, el pensamiento negativo tiene beneficios probados,
    tanto física como psicológicamente. El truco radica en
    encontrar el balance entre ser optimista y ser realista. En otras
    palabras: Detente a oler las rosas, pero primero revisa que no
    haya caca de perro en la banqueta.

    ¡Hasta pronto!

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    No puedo poner la fuente por respeto al remitente, de lo contrario no cumpliría las normas del blog. Espero que lo entienda.
    MUCHAS GRACIAS !!!!
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  6. Nueva vida: deshaciendo miedos | Mi propio mapa:

    […] Señores, si el avión va, también vuelve. Incluso si la cosa no sale bien, mi experiencia en el “sector” me permite decir que lo que vale no es el destino, sino el camino. He tenido muchas experiencias buenas, pero también las he tenido malas. Y, sin embargo, no cambiaría ninguna. Porque incluso las malas nos enseñan a sobrevivir y a seguir adelante. La pregunta, entonces, debería ser: ¿Y por qué va a salir mal?. La palabra clave aquí es el optimismo que a veces brilla por su ausencia. ¡Y no lo digo sólo yo! […]

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