Incluso los sistemas organizativos de las hormigas nos han ayudado a reflexionar durante el verano. Me refiero, entre otras muchos ejemplos tan válidos, a las aplicaciones prácticas para los humanos vertidas por David Gascón e Intoku; o las interrogantes planteadas por Transon sobre por qué , en nuestro caso, se requiere la política; o las ideas sugeridas por María en torno a la capacidad de cooperación que, en última instancia, sería el dato básico del que dependen todos los demás interrogantes. Terminó el verano.
¿Por qué no intentamos ampliar los núcleos de participación en esta reflexión colectiva, sin saber del todo a qué nos conduce, pero sabiendo que nos conducirá a alguna parte? He observado coincidencias, complementariedades, y versiones opuestas entre los participantes en el blog y los lectores de mi columna en El Semanal. Mi sugerencia es la siguiente: demos mayor densidad y calidad a mi reflexión inicial concentrando el blog y la columna. Con ello, aumentamos la frecuencia de la reflexión colectiva que se convierte en semanal. Por último, al mezclar las inquietudes y reflexiones de dos públicos –de decenas de miles el uno y de centenares de miles el otro-, ampliamos notablemente el ámbito de la interactividad.
Mi propuesta consistiría en colgar en el blog la Columna el mismo día que aparece en El Semanal. Pedir a un equipo de voluntarios que barajen las respuestas y hagan una síntesis mensual de las ideas innovadoras recibidas. Lo mínimo que puede salir de ahí es un libro sobre el estado de la cuestión y lo máximo, una revolución cultural fundada en la experimentación, la prueba y la interacción.
¿Lo probamos?
***
Durante la guerra civil de Ruanda, una abadesa hutu alertó a la milicia de la presencia de tutsis refugiados en su convento. Sin embargo, escondió a las personas que, como ella, eran monjas. Es un ejemplo dramático de algo que el cerebro hace constantemente, de forma automática: dividirnos entre “nosotros” y “ellos”. A la luz de la percepción codificada y deformada que tenemos del universo real, parecía probable que la mayor parte de la energía cerebral no se consumiese interpretando fielmente lo que percibimos fuera: serían resultados más bien pobres a cambio de tanto supuesto esfuerzo cerebral.
Gracias a la neurología, descubrimos que el cerebro utiliza gran parte de su energía para predecir, inventar e imaginar, configurando además divisiones entre “ellos” y “nosotros”. El cerebro también nos agrupa en función de nuestros temores y quimeras. La pregunta pertinente a partir de ahora es si seremos capaces de controlar esta “manía” cerebral, para evitar así respuestas irracionales e injustas hacia los demás.
Hay personas capaces de dar la vida por un equipo de fútbol, o de quitársela a otros porque son de una etnia o de una nacionalidad diferente. Estas divisiones, en general, parecen extrañas. Objetivamente, se aprecia el componente absurdo de esas pasiones: “No tiene sentido”, decimos sorprendidos. Pero cuando se trata de temas sobre los cuales tenemos sentimientos viscerales, no es fácil tomar distancia.
Los perros forman manadas y los chimpancés son muy leales a su grupo. Sin embargo, a diferencia de las personas, estos animales no deciden que los del otro grupo son buenos o malos en función de sus banderas, sino de intereses concretos como el territorio o la selección sexual. Ta vez seamos la única especie que se comporta de un modo u otro en función de los símbolos. Además, nuestras filiaciones se solapan porque tenemos más de una manera de clasificarnos: la nación, el idioma, el sexo, las edades… Es fascinante constatar también que seguimos dividiéndonos en categorías como género o etnia, pero que no utilizamos otros raseros como ser zurdos y diestros o altos y bajos. Esto sugiere que tenemos un modo específico de clasificar. Y el pensamiento, como el alma, está en el cerebro.
Éste vincula el concepto de pertenencia a una categoría humana con un estado fisiológico concreto, y emite señales a las células que controlan los flujos hormonales o los latidos del corazón. Desde hace tiempo sabemos que los niveles de testosterona de quienes compiten en un deporte varían en función de si ganan o pierden. Sin embargo, estos niveles también aumentan en los aficionados cuando su equipo de fútbol gana. Las repercusiones de nuestros vínculos y filiaciones no actúan, pues, como simples pensamientos: repercuten de forma fisiológica y afectan a todo el cuerpo.
Quizá hayan causado más daño las lealtades de las personas a una tradición, raza o religión concretas, que a raíz de temas económicos. Sin embargo, solemos achacar a los ricos los males que nos afligen. La psicóloga social Mahzarin Banaji ideó un test muy interesante con el que demostró que incluso aquellos estadounidenses con principios más igualitarios y progresistas albergaban sentimientos discriminatorios. En el test quedaba patente cómo personas que rechazan cualquier tipo de racismo adscribían adjetivos positivos a una cara blanca unos milisegundos antes que a una cara negra.
Es probable que a medida que conozcamos mejor cómo funciona el cerebro también seamos capaces de comprender y gestionar mejor nuestras emociones, y su impacto sobre nuestra conducta.










4 Septiembre 2007 a las 1:39 pm
Hola, ¿qué tal el verano? ^^
Un saludito
Dicen que la cara es el espejo del alma, nuestra mirada , nuestros gestos, hace un mapa en nuestra memoria acumulada que las experiencias nos deja en el subconsciente una grabación de datos, puede que incluso esta información se herede si no es culturalmente, puede que genéticamente, son como códigos o señales que rápidamente asociamos, unas veces nos acercan y otras no sabemos porque decimos eso de:”esta persona no me gusta” solo porque algo nos hace rechazarlo, pero en realidad son esas señales acumuladas distribuidas en clave de mirada, gesto o arruga, o tal vez prominencia.
Pero ahí no para, ciertos hábitos, incluso cánones de belleza pueden contrariamente parecernos repulsivos y ahí es donde jugamos a montar personalidades de la pobre persona que solamente habita sin pensarse a lo mejor que tu estas pensando.
Todos tendemos a prejuzgar, asumir el fallo no es entregarse a la derrota, si no aprender a oponerse cuando no tenemos argumentos y preguntarse fríamente que pasa, y es que todos lo hacemos…Que si como come una persona, como viste, como mira, la forma en que se suena los mocos, si es hombre o mujer, si tiene fama, si es pobre, ¡todo prejuzgamos!,y el que diga que no miente, pero en ese punto reside la tolerancia, comprender la diferencia y no hacer de tu desacuerdo tu lucha personal, creo que incluso jugar con esa imaginación y ponerte en el lugar para ver porque es tan feliz así te puede procura otras perspectivas, vaya, y radicalmente le encuentras el encanto hasta a el chabolero que vive al lado del estercolero con 300 perros pulgosos, y entonces el chabolero se convierte en un personaje entrañable. Supongo que imágenes tan contrapuestas en esa fracción de segundo te hace ver que ninguna es real y te planteas como será en realidad, y es cuando los prejuicios caen en picado a pesar de tenerlos y te haces un ser tolerante, simplemente porque le dejas construirse a el según realmente se comporte. Pero también se prejuzgan las palabras, toda una psicología bajo los vocablos
nos dan mas señales, así que al final pienso que prejuzgar en realidad solo marca un temor, si..miedo, como cualquier animal tan solo los colmillos de nuestro pensamiento dan un bocado a la señal inequívoca de nuestras debilidades.
Y dejo en el aire una pregunta, ¿qué es en realidad lo que tememos, que nos hace parecer que algo nos está agrediendo ?-
¡¡Uy voy a poner la frase¡¡ si la frase, ya sabéis esa de:
Si miras durante mucho tiempo al fondo del abismo, el abismo también mira dentro de tí” (Nietzsche). Ale que bien me ha quedado
4 Septiembre 2007 a las 2:13 pm
Creo que más que miedo, lo que tenemos las personas es un instinto primario de supervivencia, al igual que los animales, que nos hace prejuzgar a los demás, situarlos frente a nosotros y calibrar si pueden constituir una amenaza. Todo ello lo hacemos inconscientemente, mientras expresamos nuestras emociones de manera consciente.
4 Septiembre 2007 a las 5:08 pm
Buena reflexión Eduard. Te dejo aquí los interrogantes que a mi me preocupan, a ver si puedes arrojar luz en futuras entradas acerca de su naturaleza.
¿Cuál es el nexo de unión entre los contenidos mentales y sus correlatos fisiológicos en las neuronas y las sinapsis entre ellas? ¿Qué significa tener un pensamiento en un mundo regido por las leyes de la física? ¿Cuál es la causa de un pensamiento?
Saludos
4 Septiembre 2007 a las 5:52 pm
Hola merce.
Creo que has afinado muy concretamente con la palabra adecuada y aunque pensaba dejar pasar a ver que más opiniones había en relación a prejuzgar y he estado indagando un poco, y ciertamente analizando la palabra “Fisonomia”, esta viene de (del Gieg.) “physis” (naturaleza) y “gnomon” (juzgar, interpretar),dejo el enlace porque realmente es interesante como culturalmente tenemos esa tendencia a analizar la personalidad con fines de anticiparnos a sus actos y poder protegernos de un presunto ataque. http://es.wikipedia.org/wiki/Fisionom%C3%ADa.
Pero como tú dices hay 3 fases, ¿no es así?, una que nos arrasan las sensaciones inconscientemente, 2 la que calibramos de forma consciente y 3…pero he aquí la cuestión, si no tenemos datos del desconocido, ni suficiente información real, ¿ que es lo que nos puede inclinar a seguir prejuzgando?, porque el problema no es prejuzgar, que es algo instintivo, el problema radica cuando lo sopesamos de forma consciente y entonces piensas que es real la amenaza o tal vez, es porque tú te sientes débil o porque ves al otro más fuerte, en teoría .Pero claro, aquí puede variar si es una amenaza moral o física. Por ejemplo, hoy daban una noticia como una psicóloga que imparte clases en una universidad prejuzgaba la homosexualidad como presunta enfermedad y digo prejuzgar, porque esta persona cuando vea un homosexual lo va a tachar de enfermo psiquico.. Es un ejemplo cualquiera, simplemente porque lo escuche hoy, no tiene mayor hincapié. Entonces en un mundo civilizado, exceptuando las amenazas fisicas, por ejemplo, vas por una calle y ves un tío borracho e insultando, no es prejuzgar si te cruzas a la otra acera jajaja, es evitar el peligro (digo ^^); pero cuando las amenazas cobran un aspecto psicológico, donde podemos ver el peligro?, ¿acaso nuestros principios son tan débiles o es que vemos más poderoso a quien prejuzgamos?¿que itipo de amenzas nclina la balanza para no abandonar los prejuicios cuando somos conscientes de que lo son?,¿que nos presta su apoyo para creer que es cierto?
Un saludito.
4 Septiembre 2007 a las 6:45 pm
Creo que prejuzgar simplifica las cosas. Por experiencia personal, cuando uno tiende a agrupar a la gente en grupos definidos y predecibles se evita el trabajo de tener en cuenta los miles de matices que todos tenemos. No digo que sea vagancia, quizá es que con la edad vamos perdiendo la curiosidad infantil por los demás y salvo excepciones nos quedamos en 3 o 4 rasgos claros que nos permitan saber a qué atenernos con esas personas.
No conocía el ejemplo de Ruanda pero es impresionante.
4 Septiembre 2007 a las 7:07 pm
Mirando al mundo animal veremos que si en una pecera metemos varios grupos diferentes de peces, observaremos que casi de inmediato, los grupos se mantendrán unidos y tenderán a nadar de un lado a otro separadamente del resto de los grupos. Todos son peces, sí. Pero una innegable memoria genética les hace agruparse con los de su especie. (Curioso, teniendo en cuenta que ninguno de los individuos conoce su propia apariencia.)
Posiblemente, porque antes de ser éstos peces “cultivados” en peceras, sobrevivieron como especie y grupo gracias a permanecer unidos los individuos. La memoria genética no perdona. Ni siquiera la memoria histórica de aquellos pececillos que han sido alterados genéticamente para que tengan los mejores colores. Incluso a éstos, a los que tan poco les queda de su apariencia original y de su “identidad” genética, los encontraremos nadando junto a los suyos. Y recordemos que el humano más complicado comparte la misma espina dorsal con el más bobo de los peces.
Así que tratar de determinar cuándo y porqué el hombre empezó a hacer diferencias hay que buscarlas en tiempos muy remotos.
Pero a lo mejor todo es más sencillo. Y quizá, alejarnos de lo diferente no ha sido un proceso consciente sino más bien una cuestión física. Al mantenernos junto a los de nuestra especie, nos manteníamos, queriéndolo o no, alejados de las otras especies, (tanto de las que suponían amenaza como de las que no, esto es importante). Y quien dice especie, puede luego decir raza, y seguir haciendo subdivisiones hasta encontrarnos con que nos acaba gustando juntarnos con rubios si somos rubios, y con morenos si somos morenos. Y si tenemos en cuenta que le debemos nuestro modo de vida al hecho de que hemos permanecido junto a los nuestros durante unos cuantos miles de años hasta hoy, no es de extrañar que genéticamente estemos más predispuestos a que siga siendo así que a lo contrario. De ahí la diferencia entre los nuestros y los otros.
De este modo, pienso que la cuestión no debería ser porqué estamos predispuestos a hacer distinciones, sino porqué, ahora que hemos llegado al nivel de consciencia e inteligencia suficientes como para entender que ya no es necesario, porqué seguimos manteniendo los mismo patrones y seguimos diferenciando entre propios y extraños.
4 Septiembre 2007 a las 7:37 pm
HOLA.SOY MAJESS.Creo que prejuzgar es muy,muy adquirido.EDUAR a mi lo que mas me preocupa.es desaprender para ser yo,EL VIAJE A LA FELICIDAD es mi libro de cabecera,bueno,los demas tanbien son maravillosos.aprendo contigo y mi cerebro te lo agradece.Pero como puedo desaprender.SALUDOS.ESpero conocerte un dia ,para escucharte en persona.
4 Septiembre 2007 a las 7:50 pm
Pienso como León. Con los años perdemos la curiosidad infantil. Con nuestro mundo mental ya creado es difícil cambiarlo; bastante tenemos con mantenerlo.
4 Septiembre 2007 a las 7:57 pm
Algo que sabe bien el Sr Punset y aquellos interesados por la Economía es el supuesto clásico de que el ser humano es racional, que sirve para explicar las decisiones en un mercado o las preferencias de un individuo cuando tiene que poner en juego su utilidad en dos opciones distintas.
Desde hace ya unos cuantos años muchos estudios apuntan a que esta racionalidad es limitada o tiene sesgos importantes en la vida real. Lo que conduce a dar el premio Nobel de Economía a un psicólogo o a tener que replantearse si nuestro comportamiento puede simplificarse en unas pocas pautas.
En el tema de los prejuicios, como en todo lo que nos conforma, la explicación más convincente proviene de la nuestra historia evolutiva. Nuestra racionalidad es limitada y su desarrollo tiene una utilidad para la supervivencia. Juzgar por el aspecto o por la pertenencia a una categoría concreta es un recurso rápido para mantener la seguridad de los nuestros. Como especie grupal que somos, esta es nuestra mayor ventaja evolutiva.
Otra cosa es que recientemente (pocos miles de años) nuestra conducta esté cada vez más afectada por la cultura y que “racionalmente” consideremos que tenemos que considerar a todos los seres humanos iguales. Aunque todavía no a otras especies, pero poco a poco también vamos progresando en empatía y vida más pacífica y civilizada. Con pasos atrás, claro, que la cultura también es un potente mecanismo para influir con ideas de odio y miedo.
Recomiendo Maus, de Art Spiegelman, que a parte de contar una gran historia con una maestría insólita, te deja reflexionando sobre la brutalidad de la que somos capaces por la influencia cultural. Y también de la importancia de las casualidades y el azar… pero eso es otra historia.
4 Septiembre 2007 a las 9:09 pm
Hola debari y todos,
Creo que el prejuzgar, aunque sea un acto insconsciente en cierto modo, se ve influido por una serie de factores ambientales, culturales, de aprendizaje, memoria, etc. Creo que cuanto más fuertes sean nuestros principios o convicciones más difícil es que nos sintamos amenazados por alguien o algo.
4 Septiembre 2007 a las 9:17 pm
Voy a comentar el escrito, sin hacer una reflexión objetiva, osea utilizando mi cerebro…
Pienso que para conseguir el objetivo de vivir sin prejuicios y sin imaginaciones, deberíamos de ser algo distinto a lo que somos, ya que el cerebro (al menos el mio, eso creo) no sabe hacer mucho más que observar y extraer normas y conclusiones que pueda utilizar en el futuro.
En referencia a los prejuicios de un grupo hacia otro, hay culturas que distinguen entre las cosas que “te dicen” y las cosas que has observado “por ti mismo” . Y esto ultimo es una pequeña porción de toda la información que manipula un adulto para tomar sus decisiones cotidianas…
La ciencia y la tecnología puede sorprendernos, y dar soluciones a los problemas de clasificación.
El cerebro divide entre ellos y nosotros, pero el lenguaje divide entre:
YO, TU, EL, ELLA, NOSOTROS, VOSOTROS, ELLOS.
Para cuando más variedad… o menos… que no se que es mejor…
4 Septiembre 2007 a las 9:37 pm
Hola, he decidido atreverme a preguntar, quizás en mi sublime estupidez , ¿Qué es prejuzgar?. unos cuantos sinónimos se me vienen a la mente y me salen, juzgar, calificar, analizar, e incluso preferir. ¿Es esto “malo”? o ¿simplemente humano?. Gracias
4 Septiembre 2007 a las 9:45 pm
Saludos. ¿Por qué se considera prejuzgar un fallo?.
4 Septiembre 2007 a las 10:38 pm
Dijo Ludwig Wittgenstein : ”Nada es tan difícil como no engañarse”.
Si admitimos que el prejuicio es una opinión previa emitida sobre alguien o alguna cosa sin conocimiento suficiente de ella, es fácil que nos engañemos con frecuencia y tendremos, por tanto, que darle la razón a Ludwig.
Creo que la opinión emitida por un cerebro sobre algo, falsa o cierta, con o sin base intelectual suficiente, puede ser enriquecedora y esclarecedora para la mente receptora, puesto que esbozará la estructura neuronal y esencial del emisor.
El vivir sin prejuzgar equivaldría casi al vivir sin desconfiar. Considero al prejuicio como a esa venda, innecesaria muchas veces, que nos ponemos antes de recibir la piedra. Como muy bien dice el compañero de teclas Javier F.Z. buscar sus orígenes nos situaría en tiempos muy remotos.
El prejuicio, por tanto, no sería un invento moderno sino una consecuencia y una enseñanza, de las primeras, de la evolución y de la Historia, y que pervive en nosotros como un sagaz vigilante escondido vaya Vd. a saber dónde.
A la facilidad y capacidad de prejuzgar se las combate con la escrupulosidad y la capacidad de enjuiciar.
Hoy, he visto en TV a un rumano que vino a España con su familia a trabajar, prenderse fuego ante la subdelegación del gobierno en Castellón. Tanto lo habían engañado y tan desesperado estaba que optó por tan drástico final. Ha sobrevivido. Y yo me preguntó: ¿Por qué no evitó al mentiroso, y enjuició antes como malvado y perverso a quien después lo engañó?
Saludos
4 Septiembre 2007 a las 11:12 pm
James Lovelock dijo una vez, en una entrevista con Punset: “Creo que todo es tribal. No importa el tipo de sistema en vigor, ya sea capitalista, religioso o cualquier cosa, siempre hay una jerarquía con un líder tribal, igual que en las tribus primitivas, y no lo podemos cambiar. Forma parte de nuestros genes, de nosotros mismos. Nunca cambiará, siempre tendremos sistemas tribales”, a lo que Eduardo respondió “Como ocurre con los chimpancés”.
Y ahí está la cuestión. El lenguaje nos permite tener una cohesión social enorme, compartir información, saber lo que el otro está pensando, predecir sus intenciones y comunicarle las nuestras; esto permite formar comunidades de individuos en las que cada uno de ellos puede confiarse al “grupo”, porque “sabe de qué van esos de ahí”. Nos reconocemos los unos a los otros porque nuestros cerebros tienen capacidad para realizar distinciones y memorizarlas. Pero creo que esto tiene un lado oscuro, y es que una vez nos habituamos a una única clase de estímulos, ya sean caras parecidas a las nuestras, o que hemos visto desde siempre, o una forma de vestir, un estilo de música, lo que sea… entonces nuestra forma de pensar, de procesar ideas, de proyectar objetivos, se acomoda a ese entorno. Todo lo que pensamos y hacemos acaba siendo infectado por ese entorno, un entorno que atraviesa los circuitos neuronales surgidos mientras nos criábamos en él. Porque cuanto mejor conozcamos el entorno en el que hemos nacido más probabilidades tendremos de sobrevivir en él y conseguir tener descendencia, ¿pero qué pasa cuando nuestro entorno tribal es tan grande que necesariamente colisiona con otros entornos tribales?
Si esos otros grupos han estado separados de nosotros durante las suficientes generaciones, sus caras, vestimenta, música… serán bastante diferentes a las nuestras. Y entonces entrecerramos los ojos y nos ponemos en guardia porque, como decía Francisco J. Rubia, si piensas “malo” y te equivocas no pasa nada, era una falsa alarma; pero si piensas “bueno” y te equivocas… tiendes a morir devorado por el depredador. Así que nuestro cerebro ve algo que se parece a un peligro, o que no sabe si puede ser un peligro porque no lo entiende, porque no es a lo que está acostumbrado, y automáticamente procesa que se trata de una amenaza, que tiene que ponerse en guardia. Cuando en vez de un león lo que tienes delante es otro ser humano que se ha criado en otra cultura, que te está enviando mensajes para ti incomprensibles, ¿qué haces? Piensas “malo” de forma automática, estás programado para eso. Te pones en guardia, y sientes una secreta satisfacción si alguna vez tus sospechas se confirman, porque estás programado para pensar “malo” por defecto y es lo más cómodo. Por ejemplo, yo leo bastante la prensa digital, y en periódicos como el 20minutos no dejo de ver comentarios de gente que, ante cualquier noticia relacionada con violencia o delincuencia, se lanza en masa a preguntar si el detenido era inmigrante y se regocijan cuando así es. De hecho, las noticias en las que esto se cumple tienden de forma siniestra a ganar más popularidad, porque hay una zona oscura en el colectivo que está contantemente esperando confirmar sus peores temores sobre “los que son diferentes y vienen de afuera”. Lo interesante del asunto es que la persona que emite comentarios xenófobos lo hace con una especie de sonrisa sarcástica, como si al despreciar a los extranjeros su cerebro reforzase su sentimiento de pertenencia a “su propio grupo”. Esto se aplica a cualquier cultura, no sólo a nosotros. Es triste que así sea.
Parece como si estuviésemos hechos para habitar una pequeñísima región del universo, para conocer cómo es, concentrarnos en ella y aprovecharla al máximo. No necesitamos saber nada de lo que está ahí fuera, basta con saber cómo defendernos de ello si parece poder causarnos daño. Por eso existen los equipos de fútbol, las modas, por eso hacemos la guerra y exterminamos a seres humanos tan conscientes como nosotros de su propia existencia, es por eso que somos capaces de odiar a todo aquel que sea diferente y no preocuparnos más que por nuestro pedazo de tierra que conocemos al milímetro. Pero si esto es realmente así… entonces yo plantearía una pregunta fundamental: ¿Cómo demonios logramos sobreponernos a ese impulso? ¿Qué es eso que nos permite rechazar esa naturaleza mecánica y tribal, y lanzarnos a conocer el Universo y a buscar estímulos nuevos, lugares exóticos, puntos de vista alternativos, gente diferente, información fresca? Se parece a lo que tenemos al nacer, esa curiosidad infantil de todo mamífero… Tal vez sea precisamente lo que debemos mantener a toda cosa, y evitar que acabe imponiéndose en nosotros ese tribalismo que intenta aplastarla.
Por definición, los prejuicios son enemigos de la curiosidad. Tendemos demasiado fácilmente a simplemente consultar información y utilizarla automáticamente, sin pararnos a cuestionar su validez o su relevancia en la situación actual. Peor aún: si se demuestra que estábamos equivocados, nos empecinamos en mantener nuestra información obsoleta en vez de ponernos de nuevo a recopilar datos sobre lo que realmente sucede. Tal vez a nuestro cerebro eso no le importe, porque sabe adaptarse, ¡pero a mí sí! ¿Alguien sabe cómo evitar que caigamos en la dinámica de los prejuicios, ahora que vamos sabiendo qué son? Este comentario me ha quedado tan largo precisamente porque el tema me preocupa inmensamente: como muy bien indica Punset, todos estamos expuestos a caer en ellos aunque sea inconscientemente. Es definitivamente aterrador…
4 Septiembre 2007 a las 11:39 pm
Puede ser buena idea tu propuesta… pruébalo.
Los prejuicios creo que son inherentes al ser humano, como también parece serlo el negar que los tenemos.
En el post
http://pensarsentiryactuar.blogspot.com/2007/09/psiclogos.html
aparece la psicóloga que mencionas, en el puesto 18.
Saludos!
intoku.
5 Septiembre 2007 a las 4:44 am
La capacidad de no prejuzgar, recae en personas que han dejado de lado cualquier molde o rol, e involuntariamente asumen que no tienen un sitio donde colocar a nadie por el hecho de parecerse a lo que ya conocen. Por lo general, la tendencia a prejuzgar va intrinseca en el modelo social que cada uno adopta, a mas interrelaciones, mas prejuicios
Saludos
5 Septiembre 2007 a las 8:18 am
Hola a tod@s: yo creo que en la medida en que tu educacion sea mas abierta y tolerante, tu nivel de prejuicio es mayor o menor, asi en nuestra “quimica sociologica” vamos acumulando experiencias que nos haran tener mas o menos prejuicios. Dos personas con una misma experiencia y una educacion diferente, abierta a la comprension frente al rechazo, reaccionan de forma diferente.
Luego puede existir el rechazo “quimico” como algo propio del cerebro, sin un motivo impreso en el conocimiento, por ejemplo, a algun tipo de comida sin siquiera haberla probado, y eso puede ser comun a las 2 personas antes mencionadas.
Perdon por el rollo, me da que me he liado un poco. Gracias mil.
5 Septiembre 2007 a las 9:03 am
Considerar los prejuícios algo inherente de la naturaleza humana es, bajo mi punto de vista, equívoco. Pienso que el problema reside en la falta de racionalidad, y en la forma con la que se reciben/perciben, determinados datos subjetivizados por otros, que alimentan dichos odios.
La racionalidad incluye tener un conocimiento previo, adquirir información y procesarla para posteriormente, utilizarla como materia prima de reflexión. Con un ejemplo lo vemos mejor. Una persona que viaja por todo el mundo, y conoce a muchas personas diferentes, con cualidades y defectos, que lo premian multiculturalmente, que lo “riegan” con diferentes puntos de vista, colores de piel, tradiciones y demás diversidad, alimentan su conocimiento previo, es decir, sus conclusiones con respecto a ciertos prejuícios generalizados, serán mucho más concluyetes que las de alguien que no ha salido nunca de su “Pueblo”. No hay nada como sentarse a tomar un té con un palestino y un israelí de tu misma edad, para comprender lo que realmente se vive allí. Todos los prejuícios que otros medios, por los interés cualesfueren, tratan de inculcar, desaparecen inmediatamente tras una reflexión de vivencias directas. Si no las has tenido, simplemente cuantificas si el medio que te lo transmite es de fiar (ponerse en la piel de otro). ¿Usted cree que una mujer de 60 años, que ha pasado su vida completa cuidando a su familia, en un remoto pueblo, no va a tener prejuícios de la gente de una raza considerada diferente por cualquier detalle metabólico cualquiera, si determinados medios (en muchos casos su única fuente de información), constantemente la “someten” a imágenes y comentarios, dónde se expone violencia contínua por parte de dicha rama de los seres humanos?. Lo intereses por crear dichos prejuícios dependen del medio que los incita. Generalmente son políticos, pero existen intereses económicos, religiosos, etc… Tener prejuícios infundados es un punto débil de la raza humana. Es imposible ponerse de acuerdo en algo, si exiten prejuícios. La ignorancia da la felicidad, pero la de uno mismo. La experiencia puede dar la felicidad a los demás, fundamentandose, precisamente en que con ella, se evitan los prejuícios. ¿Pregunten, de dónde salen las lágrimas, y comprenderan al projimo, tanto como se comprende a uno mismo?. Un humilde saludo.
“Juzgame antes de conocerme, y te obligarás a ti mismo a pensar tus palabras, el día que lo hagas”
5 Septiembre 2007 a las 9:04 am
Creo que para que se den los prejuicios se mezclan cuestiones instintivas y culturales. Ciertamente, hay un fuerte instinto de supervivencia y además un gran sentimiento tribal de pertenencia a un grupo como forma de garantizarla, que predomina a la hora de establecer una primera barrera con los seres externos a él. También hay una influencia cultural fruto de conflictos permanentes, no ya por la mera supervivencia, sino por otros intereses a medida que aumentaba la complejidad de las sociedades colectivas. De manera que podemos rechazar por ejemplo determinado grupo representado por tal o cual símbolo o bandera porque arrastramos la memoria de conflictos pasados o enfrentamientos. Como si nuestro cerebro “recordara” situaciones, vivencias, momentos similares en que tal o cual representó un peligro y reaccionara, despertando ese sentimiento de rechazo. O sea, que habría una cadena de pasos: captación, predicción y prevención. Cuando se nos presenta algo nuevo delante, cuando reúne ciertos requisitos, inmediatamente activa un mecanismo que, mediatizado por ese instinto tribal de supervivencia, unido a la “memoria” experimental adquirida durante generaciones, unido a la cultura recibida en la formación personal, establece una determinada predicción, y si esta es negativa, activa a su vez el mecanismo de la prevención, del temor, que se manifiesta externamente con el rechazo.
5 Septiembre 2007 a las 9:15 am
La palabra “prejuicio” está cargada de una connotación negativa que sirve para censurar cualquier aprendizaje basado en la experiencia. En nuestro aprendizaje constantemente hacemos inducciones en las que de un hecho concreto intentamos sacar las causas generales. Por eso sé que cuando algo parece caliente (humea, color rojizo, hay llama…) es probable que me queme si lo toco, por eso sé que cuando en un callejón oscuro alguien saca un cuchillo y se interpone en mi camino, tengo razones para temer por mi integirdad física, por eso sé que un violador que ha cumplido su condena probablemente vuelva a violar. Constantemente creamos categorías generales a las que asociamos la probabilidad de un resultado. Esta inducción no es una ciencia exacta, no se trata de una relación causa-efecto directa, pero es absurdo decir que debemos actuar ignorando la probabilidad. Sería como decirnos que no actuemos pensando en el mañana (trabajando, ahorrando…) porque es posible que nos atropelle un coche hoy. Del mismo modo, si los animales pudieran agrupar sus grupos en torno a símbolos o diferencias que pudieran reconocer, claro que asociarían a esos símbolos los intereses contrapuestos de otros grupos. No se puede prejuzgar a una persona porque cada persona es única y hablamos de probabilidades, no de relaciones exactas causa-efecto, pero claro que podemos considerar que hay probabilidades de que un individuo sea de determinada manera debido a su religión, su raza o su sexo.
El prejuicio es un método de aprendizaje que usamos constantemente porque se ha mostrado útil. Si tratamos de no usarlo con las personas es únicamente por razones humanitarias (por otro prejuicio de identidad en definitiva), porque ante la duda consideramos más deseable liberar a un culpable que condenar a un inocente.
5 Septiembre 2007 a las 9:42 am
A veces es muy difícil distinguir lo que es inherente al hombre y lo que es algo aprendido-adquirido. Se puede pensar que son reminiscencias del pasado cuando nuestra supervivencia dependía muchas veces de la intuición o bien algo adquirido por el modelo social tan competitivo en el que nos movemos, pero eso no es lo realmente importante. A fin de cuentas los prejuicios son un modo de defensa que adoptamos, de forma inconsciente, frente a una situación o persona que nos incomoda de algún modo. ¿Tienen lógica esos pensamientos? en la mayoría de los casos no, y no demuestran más que inseguridad en uno mismo, cuanto más inseguro más prejuicios se hacen. El problema radica precisamente en que los pre-juicios son valoraciones que hacemos antes de conocer la realidad por lo que es muy fácil errar, dando lugar a comportamientos irracionales. Saludos a todos.
5 Septiembre 2007 a las 10:34 am
Me considero zurdo. Utilizo esa diferencia para explicarme muchas exclusiones. Veo los prejuicios como un indice para ahorrar energia teniendo que comprender a cada individuo aislado. “es un graciosete, es andaluz”, “es un vacilon, es un madrilenno”, etc. Enhorabuena por el trabajo que realiza, sennor Punset. Gracias al programa Redes muchos televidentes se perciben a si y a su entorno de manera mas compleja y profunda.
5 Septiembre 2007 a las 11:07 am
Hace poco leí una frase de Einstein que, a pesar de que podría ser apócrifa, me parece muy cierta:
“Es más fácil destruir un átomo que un prejuicio.”
5 Septiembre 2007 a las 12:21 pm
Hola a tod@s. Nuestros ancestros para protegerse ya tenían que tomar decisiones rápidas como protección ante los depredadores que les acechaban. Y muy pronto empezó a atabiarse con adornos que identificaban su clan y los protegía y diferenciaba del resto. Hoy en día, la sociedad en la que vivimos no nos permite mucho tiempo para la reflexión y seguimos obligados a tomar decisiones rápidas e irreflexivas. Prejuzgar no es mas que poner en estado de alerta nuestro sistema defensivo ante un individuo que ha invadido nuestro circulo de confianza.
¿Como podemos aumentar nuestra confianza en los demás?. Quizá con mas “caricias de madre” y menos “que viene el coco”, pero no olvidemos la sociedad en la que vivimos, cambiar esta tendencia pasa por olvidar mucho de lo aprendido, como nos dice Eduard. Quizá tengamos que pensar en sacrificar parte de nuestra felicidad y adquirir un poco mas de sabiduría colectiva.
Que esta tendencia comienze ¡YA!.
5 Septiembre 2007 a las 12:24 pm
Conocí a un montañero en el aeropuerto de Delhi que regresaba de Nepal después de una experiencia terrible. El iba sólo haciendo una ruta de montaña como tantas otras veces, y se le acercó un campesino con un cuchillo de cortar bambú y le ofreció su amistad para hacer un tramo de la ruta juntos. El me explicaba que por alguna razón inconsciente no le gustaba el hombre, pero usó su parte racional para decirse que era un hombre del campo más como tantos otros que había conocido pues era un montañero veterano en esas tierras. En un descuido el hombre se lanzó sobre él con el cuchillo y le hizo una herida en el muslo que le llegó a la arteria, se lo quitó de encima gritando, pero después fue una odisea hasta que llegó a un hospital de Nepal y le pudieron operar.
Esa primera corazonada ¿sería un prejuicio? ¿una intuición? o los prejuicios eran del campesino. No sé. Qué os parece
5 Septiembre 2007 a las 12:44 pm
Me ha parecido muy interesante el post, aunque no se comentan los posibles beneficios que han representado los prejuicios en nuestro pasado, digamos por ejemplo hace 50000 años. Como comentaba otro contertulio, el coste de pensar mal es mucho menor que el de pensar bien y es posible que esta sea una de las principales causas por las que los prejuicios están tan arraigados. También tendría que añadir a esto, que la diferenciación de grupos es una estrategia evolutiva que se puede encontrar en un gran rango de especies (por no decir todas). De hecho, hoy por hoy se tiende a considerar que la mayor parte de mutaciones genéticas tiende a descartarse por medio de la selección natural/sexual creándose especies prácticamente homogéneas (viendo un dibujo de un avestruz, se pueden identificar como “avestruz” a cualquiera de ellos). Esta homogeneidad, con pequeñas variaciones entre grupos, es estable a lo largo del tiempo hasta que hay un cambio en el entorno que hace “triunfar” a un grupo por encima de los demás. Y vuelta a empezar.
Es una ventaja para la supervivencia que haya grupos/razas, ya que si hay alguna catástrofe, es más probable que alguno tenga lo necesario para sobrevivir (ese “algo” no se puede saber de antemano).
Está claro que estamos en la época donde las ideas/memes priman en muchos casos más que el físico, sin embargo, dado que las ideas no pueden sobrevivir sin un cuerpo, tengo la sospecha que ciertas estructuras cerebrales serán más propensas a adquirir determinados memes que otras, y esto a su vez es posible que se asocie a alguna caracterísitca externa fácilmente reconocible. Naturalmente, esto es una hipótesis que en principio no es fácilmente demostrable/observable, porque puede que para obtener datos concluyentes la investigación debería extenderse unos cuantos miles de años…
PD: Me parece fantástico que se recojan en un resumen las opiniones, seguro que será muy interesante!
5 Septiembre 2007 a las 1:36 pm
Saludos, Acm ha dicho algo que me ha llamado la atención, ha dicho que vivir sin prejuzgar equivaldría casi a vivir sin desconfiar, creo que es algo muy clave, prejuzgamos muchas veces basándonos en las experiencias vividas, si estas no han sido satisfactorias tendemos a desconfiar, luego prejuzgamos a personas que quizás por comportamientos, actitudes o inclusos gestos, nos recuerdan esas experiencias,ya vividas y que no queremos que se vuelvan a repetir, es decir , desconfiamos, por lo tanto, asocio el prejuzgar como un mecanismo de defensa que avisa de un “peligro”, es decir en el fondo, creo, que el cerebro lo guarda y se encarga de avisarnos por medio de los prejuicios, creo que lo he liado bastante, espero que se entienda.
5 Septiembre 2007 a las 1:40 pm
Quizás todo es tán sencillo como eso, el prejuicio es una herencia genética del hombre por ser un animal.
Pero, para eso está la educación, la que nos enseña con datos empíricos que no, que no es más bueno el blanco que el negro, ni el rojo que el amarillo.
El ser humano es capaz de un medio de tranmisión intergeneracional mucho más poderoso y rápido que el gen (por ser hombre además de ser animal) y sin embargo, seguimos reusando a utilizar la razón y lo que nos enseña la experiencia de otros sobre la igualdad de todas las personas. Y sin embargo, seguimos prejuzgando, disculpamos hechos realizados por similares a nosotros y aumentamos la culpa cuando la cometen otros.
Y es que quizás si que sea esto todo, que la ponderación subjetiva de las entradas de conocimiento se vean sujetas al prejuicio genético, intrinseco.
5 Septiembre 2007 a las 2:18 pm
Buenas tardes,
Fantástico blog este, hacia tiempo que no ponia mis neuronas en funcionamiento. ¿prejuzgar pensar? “lógicamente” es un si y solo si. ¿Es el precio que debemos pagar por querer ser inteligentes? Lo que me impresiona de todo esto es el momento en el que pasamos de la irracionalidad a la toma de decisiones.
Un saludo.
5 Septiembre 2007 a las 2:31 pm
Saludos de nuevo, no entiendo yo muy bien lo irracional y lo racional, con los prejuicios, irracional sería prejuzgar y racional, qué?, juzgar?. Si esto es así, supongo que ambas cosas son necesarias, para que se de lo uno se ha de dar lo otro no?.
5 Septiembre 2007 a las 3:08 pm
Eso es, compañer@ de teclas Bruma. Estamos de acuerdo.
Saludos
5 Septiembre 2007 a las 4:37 pm
[Me alegra comprobar que en mis vacaciones no solo he logrado evitar el mosquito tigre y el mejillón cebra, sino también el debate sobre las hormigas toro
]
Prejuzgar es “juzgar de las cosas sin tener de ellas cabal conocimiento” (DRAE). Y yo añadiría que muchos prejuicios tienen un trasfondo social: los que se apartan en el metro al ver a un árabe no lo harían si ese mismo árabe vistiera ropa de Armani y llevara un Rolex en la muñeca. Nos han metido en una escala jerárquica en la que cada uno teme al siguiente: el tendero al obrero, el obrero al parado, el parado al inmigrante, el inmigrante al que acaba de llegar, etc.
5 Septiembre 2007 a las 5:44 pm
Leyendo las opiniones vertidas hasta ahora, parece que hay amplio consenso en cuanto a la “necesidad” antropológica de desconfiar, y por tanto, de prejuzgar.
Así que casi me atrevo a responder a la pregunta formulada por Eduard Punset:
EP – ¿POR QUÉ TENDEMOS A DESCONFIAR?
FORO – Porque antes que humanos fuimos animales.
Así que la pregunta que mejor ayudaría a esclarecer la questión planteada por Punset, sería, según mi opinión, y con todos los respetos:
¿POR QUÉ AHORA QUE YA USAMOS LA RAZ“N (Y NO SOLO LOS INSTINTOS ANCESTRALES) SEGUIMOS PREJUZGANDO ?
Un saludo
5 Septiembre 2007 a las 6:30 pm
Saludos, si que le cojí gusto al tema. Quería decir que no creo que por ser antes animales y ahora humanos, prejuzguemos, más bien creo, que es algo común entre animales y humanos, porque es una necesidad básica, desconfiamos y preguzgamos porque necesitamos sobrevivir, y es una forma útil de evitar obstáculos para tal fín, en definitiva, el fín es sobrevivir y los medios, serían la desconfianza y el prejuzgar.
5 Septiembre 2007 a las 7:44 pm
La energia necesaria para decidir si una cuestion es cierta o falsa es menor que la energia necesaria para demostrar su veracidad o falsedad.
Cuando nuestro cerebro se enfrente a algo nuevo nuestros “circuitos cerebrales emocionales”, mas rapidos que los racionales, intentan encajar esa situacion con algun patron conocido determinado, por supuesto, por nuestras experiencias pasadas, ya sea algo vivido o visto en la tele o en cualquier otro sitio.
A continuacion, no siempre en todas las personas, el neocortex toma el control e intenta extraer las propiedades de la situacion/cuestion de una forma objetiva/logica/racional. Propiedades que pueden hacernosla ver como positiva o negativa. Al hacer esto creamos otro patron.
Me lo acabo de inventar, pero creo que tiene sentido. En su dia me lei “Inteligencia Emocional” y parte de “Los 7 habitos de la gente altamente efectiva”. Lo que acabo de decir son ideas extraidas de esos libros aplicadas a la cuestion que se plantea en este articulo.
El principio de este segundo libro explicaba con un dibujo muy bien el tema de los prejuicios. Se mostraba un dibujo a un primer grupo de gente que tenia la cara de una joven, y a un segundo grupo otro dibujo que tenia el cuerpo de una anciana. Mas tarde se entregaba a los dos grupos otro dibujo que tenia una sintesis de los dos anteriores. El primer grupo veia en el a una joven y el segundo a una anciana, aunque con un poco/bastante de observacion los dos grupos acababan viendo a la joven y a la anciana.
Su interpretacion de los hechos estaba totalmente condicionada por sus experiencias pasadas. Su cerebro de reptil “decidia” antes que su neocortex.
5 Septiembre 2007 a las 9:53 pm
El prejuicio es en los animales una manifestación de su intuición. Una gacela observará mil veces la charca antes de perder su campo visual al inclinar su cuello y doblar sus patas para beber. Un ruido extraño en ese instante y la gacela saldrá corriendo en la dirección opuesta y sin pararse a mirar. Prefirió prejuzgar que era un león a esperar a ver si era un gorrión. Prejuzgó muy bien, porque una carrera finita sin necesidad es más útil e inteligente que un descanso eterno por ingenuidad.
La inteligencia del ser humano ha perfeccionado el carácter intuitivo del prejuicio sometiéndolo al razonamiento, hasta el punto de hacerlo necesario y cabal, propiedades éstas que pierde cuando se le utiliza para denigrar.
Una madre prejuzga el entorno de su bebé. Las agencias de publicidad prejuzgan a los consumidores. La Bolsa prejuzga a los mercados. Las empresas prejuzgan las políticas. Los candidatos prejuzgan a los votantes. Los científicos prejuzgan las creencias. ¿A caso todos ellos no tienen Departamentos de Análisis dedicados a acertar entre las posibles probabilidades? En fin: si pudiéramos desterrar la mentira y conseguir que la verdad imperase, no tendríamos que salir corriendo con tanta frecuencia.
Saludos
5 Septiembre 2007 a las 11:06 pm
debari dijo: “¡todo prejuzgamos!,y el que diga que no miente.” Justamente decir “el que diga que no miente” es un ejemplo de prejuzgar…
6 Septiembre 2007 a las 11:45 am
“Es fascinante constatar también que seguimos dividiéndonos en categorías como género o etnia, pero que no utilizamos otros raseros como ser zurdos y diestros o altos y bajos. Esto sugiere que tenemos un modo específico de clasificar”–>Aquí está la clave del artículo de Eduard.
Tras leer artículo y comentarios, creo que la primera en dar en el blanco de la cuestión (y lo digo sin prejuicios raciales
) ha sido Merce.
El ser humano es un animal social porque organizándose en grupos o clanes incrementa su probabilidad de sobrevivir al medio.
Vivimos en un entorno enteramente humano en el que casi no interactuamos con otras especies, así que la máxima amenaza potencial para una persona es otra persona. Al prejuzgar a otro individuo según su forma de ser o sus intereses, lo que hacemos es meterlo en el saco de “posible enemigo” o “posible aliado”. Cuanto más tenga en común con nosotros, mejor.
Un ejemplo de lo que digo lo encontramos en la película Independence Day. Al entrar en escena una amenaza externa y común a todos los hombres, todo humano se convierte en “posible aliado” en la lucha por la superviviencia, y nuestros prejuicios se dirigen ahora al “posible enemigo” alienígena. Es algo instintivo.
6 Septiembre 2007 a las 12:55 pm
ajajajajaj nn es gracioso ¡pero es cierto! ¿ahora que hacemos nn? jajajajaja. Pero todas las cosas en la vida tienen su equilibrio, por tanto de prejuzgar no sería lo malo sentirlo, sino aferrarte a ese primer sentimiento sin otra opcción; ahora bien el problema según lo que he leído y la principal propuesta de punset, es el tema de la clasificación de grupos.
No hace mucho en el foro de la comunidad propuse una divagación sobre la libertad, y es evidente que cuando prejuzgamos o clasificamos interferimos en los derechos y libertades; bien pues estuve analizando como se crean esos vínculos de clasificación generados por las integración de grupo y miedo al rechazo.
Aunque esto sería tan solo uno de los matices de los prejuicios
el miedo como un mecanismo de interacción en la incidencia de nuestras libertades, no es el único que contemplo, pues otras actuaciones ya sea de manera consciente o inconsciente inciden en la respuesta de una decisión. Sabiendo que las emociones juegan un papel fundamental en el hecho del aprendizaje de nuestra supervivencia, es indispensable en el hecho humano el contemplar la integración al grupo, al colectivo, tal como se contempla de una adaptación al entorno.
En este punto hay que pensar en un fundamento expansivo y biunívoco, donde contemplo cuatro grandes bloques
De 1er orden ——–el individuo
De 2º “ ——– familia, , novios, matrimonio, hijos, amigos
De 3er “ ——– barrio, y conocidos, grupo de trabajo.
De 4º “————– social.
Cada individuo de cada grupo sentiría primero su satisfacción egoísta, y en estas inclinaciones daría pie a sus deseos íntimos, posicionándolos en primer lugar, una obligación de si mismos como ser superviviente en cada grupo, a su vez condicionaría sus decisiones en pro del segundo orden, consiguiendo de esta forma en la calibración de una decisión la repercusión de las emociones inculpatorias con los más allegados a manera de responsabilidad o carga añadida condicionando los ejes de su libertad de actuación. Llegado al tercer orden se sumarían las cargas de primero y segundo orden en pro de las decisiones que afectaran a terceros, incidiendo en la repercusión de sus actuaciones, y por consiguiendo añadiendo una carga más.
o una forma de enfocar el nacimiento de los grupos que llevan al prejuicio al que está fuera del círculo.
En este nivel contemplo la desaprobación del rechazo de grupo sin conexión biunívoca, pero si con interconexiones de grupos, ya sean amigos o familiares, que actúan nuevamente como carga biunívoca añadiendo una carga más al individuo en cuestión de responsabilidades, y el último grupo aún quedando lejanas las interconexiones grupales, afectarían a través de los medios de comunicación, haciéndose igualmente condicionante de sus actos, ya que el individuo, grupo y barriada se sabe integrante de la sociedad y por tanto responsable de la sociedad que habita.
Al final tenemos una seria de conductas con responsabilidades de los 4 niveles sobre nosotros, donde las emociones a manera de sobrecarga hace que actuemos bajo unas directrices que de antemano sabe que repercutirá de forma expansiva, son las llamadas políticamente correctas, de coexistencia emocional, en la que trabajo, familia, estudios y demás que haceres cotidianos nos obligan a mantener una conducta correcta, procurando una libertad ambigua que pretenden una aceptación, integración social.
Por tanto cualquier indicio que hiciera sospechar , cualquier enjuiciamiento previo en los primeros niveles afectivos repercutiría en los ánimos de grupo.
De alguna forma sería la clasificación que forja muchos de los prejuicios que vivimos en esta sociedad, cuyos vínculos afectivos van anexionados a las cadenas que pudieran derivarse en otros aspectos, cambiando afecto por posición en el trabajo, o cualquier otro valor.
Un saludito… no se si será una patochada
Por cierto a ver si os animais a entrar en la comunidad de debate, el foro
6 Septiembre 2007 a las 1:00 pm
Un tema muy interesante, me gustaria contribuir con un granito de arena desde mi ignorancia, yo pienso que el hecho de prejuzgar como bien han apuntado otros lectores constituye una manera rapida de distinguir las posibles amenazas y para mi este comportamiento viene “de serie” en nuestro cerebro reptiliano. Otra cuestion es el comportamiento de respuesta que se produce una vez que se ha prejuzgado, y esto, para mi, viene dado por la educacion, los valores y el ambiente en el que nos hemos criado.
6 Septiembre 2007 a las 1:03 pm
Yo también creo que el prejuicio es un “vestigio” de nuestra necesidad de vivir en grupo, entre iguales para sobrevivir.
Creo que también hay un componente cultural o personal, dependiente del sistema de creencias. ¿Qué explica el hecho de que hay personas más proclives al prejuicio que otras?
También el racionalismo ha puesto a los humanos un listón totalmente irreal, como si fuéramos simplemente máquinas de razonar. Somos una entidad más compleja que arrastra mecanismos que en su momento evolutivo fueron imprescindibles y que quizás ahora lo son menos.
Y respecto a la historia del montañero, yo haría una diferencia entre tener un pálpito, o la intuición, ese tipo de conocimiento que te llega de forma instintiva, y el prejuicio.
Estupendos comentarios, estupendo post, Eduard!!!!!!!
6 Septiembre 2007 a las 6:06 pm
Yo siempre he creído que el racismo no es solo una cuestión de raza, si no más bien de cultura. Una persona negra que habla nuestra lengua a la perfección nos da una mejor percepción, o lo sentimos más parecido a nosotros, que si habla otra lengua. Si además, viste como nosotros, entiende nuestro sentido del humor, come nuestros alimentos, etc., llega un punto en que la raza es un ítem físico tan importante como la estatura. Creo que somos más reacios a las diferencias culturales que a las físicas (razas). Y evidentemente todos somos racistas, por desgracia.
6 Septiembre 2007 a las 8:22 pm
En primer lugar, quería saludar a todo el mundo y decirle a Eduard que me parece muy buena idea el utilizar un mismo tema para la pregunta de este blog y la publicación “El Semanal”.
En cuanto a la pregunta de esta semana: “¿Por qué tendemos a prejuzgar?”
Creo que las respuestas están siendo bastante unánimes y acertadas: El cerebro es una máquina de hacer predicciones basándose en los datos de que dispone en cada momento y su único objetivo final es garantizar nuestra propia supervivencia (o la de nuestros genes).
Bueno, en realidad esta es la meta biológica, ya que las modificaciones culturales adquiridas del entorno pueden llegar a “reprogramar” literalmente tales instrucciones genéticas y reconvertir nuestro maleable cerebro en otra máquina que en lugar de defender la supervivencia de nuestros genes, haga lo propio, pero por los adquiridos “memes”.
Así se llega a dar la propia vida o la de los demás congéneres por pura ideología (sea del tipo que sea) aunque ello signifique la extinción genética.
Como dice Punset: “Los perros forman manadas y los chimpancés son muy leales a su grupo. Sin embargo, a diferencia de las personas, estos animales no deciden que los del otro grupo son buenos o malos en función de sus banderas, sino de intereses concretos como el territorio o la selección sexual. Ta vez seamos la única especie que se comporta de un modo u otro en función de los símbolos.”
Es el precio a pagar por poseer un desarrollado cerebro abstracto. Tal vez demasiado elevado ¿no?.
“Hay personas capaces de dar la vida por un equipo de fútbol, o de quitársela a otros porque son de una etnia o de una nacionalidad diferente.”
“Gracias a la neurología, descubrimos que el cerebro utiliza gran parte de su energía para predecir, inventar e imaginar, configurando además divisiones entre “ellos” y “nosotros”. El cerebro también nos agrupa en función de nuestros temores y quimeras. La pregunta pertinente a partir de ahora es si seremos capaces de controlar esta “manía” cerebral, para evitar así respuestas irracionales e injustas hacia los demás.”
Yo creo que otra de las cosas que hace el cerebro cuando divide y clasifica es GENERALIZAR, y creo que esto es tan bueno/malo como la propia creación de prejuicios.
En el ejemplo que pone al principio: “Durante la guerra civil de Ruanda, una abadesa hutu alertó a la milicia de la presencia de tutsis refugiados en su convento. Sin embargo, escondió a las personas que, como ella, eran monjas.”, está muy claro que la abadesa en cuestión se sentía en esos momentos perteneciente a dos grupos: una religioso y otro racial. Por lo que siguiendo sus creencias “meméticas”, tomó una decisión salomónica, entregando a los de su grupo racial únicamente a las personas con las que “presuntamente” no sentía ninguna empatía. Aunque no se puede PREJUZGAR este comportamiento xenófobo sin conocer al detalle las motivaciones particulares de tal actuación.
Bueno. No tengo mucho más tiempo, así que: Un saludo.
6 Septiembre 2007 a las 8:26 pm
El acto de prejuzgar no puede ser una consecuencia de nuestro miedo? Mi hijo (occidental y blanco), juega sin ningún tipo de prejuicios con chicos de otras razas sin ningún tipo de prejuicios y no seré yo el que se los inculque, al contrario cuanto más acepte la diversidad será más feliz; por lo cual deduzco que el ámbito cultural tambien puede influir en las clasificaciones….
6 Septiembre 2007 a las 10:50 pm
Bueno yo creo que el hecho de “agruparnos”, y el hecho de “prejuzgar” son conceptos muy distintos, creo que las personas no nos agrupamos a base de prejuicios sino a base del conocimiento mas detenido de nuestros semejantes (osea de juicio de valor basado en datos conocidos, no de un prejuicio gratuito), nos juntamos por intereses comunes o por formas de ver la vida similares, y creo que esta muy separado del termino en si o la acción de “prejuzgar” a nuestros semejantes, no lo veo tan relacionado como lo veis aqui.
Por otro lado, algunos comentais que “prejuzgar” es un acto de previsión, anticipación por intuición, sobre a lo que te vas a enfrentar. Y ahi estoy deacuerdo, pienso por ahi van los tiros.
Sobretodo comparto la opinion de Halvar de Flak:
“Otra cuestion es el comportamiento de respuesta que se produce una vez que se ha prejuzgado, y esto, para mi, viene dado por la educacion, los valores y el ambiente en el que nos hemos criado”. Y añadiria por la esencia misma de cada uno.
Las congeturas de lo que te rodea las considero positivas, y dentro de esas congeturas puede estar el “prejuicio”, donde yo creo que hay un error en la conducta de muchas personas, es en la manera de asimilar la información que saca de esas congeturas. Quien se cree las congeturas de sus semejantes sin dar la posibilidad de contrastarlas con la realidad y lo aparta de su camino, es un puto ignorante.
Saludos!
6 Septiembre 2007 a las 11:21 pm
Dice el compañero de teclas, manu: “La pregunta pertinente a partir de ahora es si seremos capaces de controlar esta manía cerebral, para evitar así respuestas irracionales e injustas hacia los demás”
Me parece muy interesante esta reflexión tuya expuesta como pregunta. Me lo parece porque al formularla señalas, en mi opinión, el verdadero núcleo del debate sobre el que orbitan muchas de las preguntas sobre las que aún buscamos respuestas, incluida la del “por qué tendemos a prejuzgar”.
En 1977 se publicó el libro “El YO y su cerebro”, donde los dos buenos amigos Kart Popper, filósofo de la ciencia, y Sir John Eccles, neurofisiólogo y Premio Nobel, exponen, discrepando, sus intuiciones o creencias, fundamentándolas sobre sus experiencias, estudios y conocimientos.
Creo que tu pregunta, manu, y el título de ese libro reflejan, con distintas palabras, la misma inquietud. Es un tema apasionante.
La ciencia de vanguardia, con raras excepciones, afirma que es el cerebro quien nos gobierna, que es el responsable de nuestras primeras o últimas miserias y proezas. Lo dirige todo, nuestra frecuencia cardiaca, respiración, canales iónicos, pensamiento, electricidad, memoria, alma, músculos, sexo, sueño, depresión, odio, euforia, visión, oído, tacto, caminar…….todo lo controla el cerebro.
Si esto fuera así, manu, si yo soy mi cerebro ¿Cómo voy a poder controlarlo?
Saludos
7 Septiembre 2007 a las 5:51 am
Creo que, como casi todo en esta vida, el prejuicio en sí es bueno; es una simple arma de simplificación perfectamente válida, como el miedo, para no tardar demasiado tiempo en reaccionar ¿que perdemos los matices? vale, pero es que el prejuicio sano entra en escena en una situación en la que se requiere “prisa”, y si falta tiempo para analizar pues más vale quedarse con lo conocido (por ejemplo: el chico marroquí del colegio me es familiar porque convivo con él) que, en un tanto por ciento respetable de veces, tendrá un código de conducta parecido al mío; contra más lejano, más raro a mis ojos… más lejos seguramente de mi entorno y de las reglas conocidas por mí, incluso también algo inaccesible a mi capacidad de “calarlo”.
Es cuestión de prioridades. Si mi vecino ante una emergencia se ocupa antes de poner a salvo antes a su mujer y a sus hijos que a mí ¿no es normal? ahora si va buscando el loro para salvarlo mientras me mira indiferente a mí… pues entonces pensaré que es un psicópata. Es el afecto y el vínculo el que nos hace diferentes unos de otros, como ha de ser, formamos identidades y eso es bueno.
Creo que mezclar ese instinto normal y comprensible con la búsqueda de confrontación y el uso de la violencia con los más débiles apelando a la diferencia es un error, no tienen nada que ver, en este terreno no es el miedo y el prejuicio los responsables, la mayoría de veces se ataca a lo más conocido: a los empleados, al vecino, a la mujer, a los hijos… y casi nunca a la persona extraña que no sabes si es más fuerte que tú, y por lo tanto no se le quiere molestar. Aquí estaríamos hablando de casi lo contrario, de un problema en la formación de los vínculos y los afectos.
El fallo no está en el cerebro, sino en la prisa sin fin, porque cuando la serenidad llega es cuando se analizan las cosas de una manera menos simple, y se llegan a conclusiones que van más allá de la propia supervivencia, pero si no se crea ese espacio físico y mental no se puede desarrollar esa faceta y… así estamos.
7 Septiembre 2007 a las 10:02 am
Aunque parezca banal, siempre he pensado que los refranes dicen cosas muy acertadas. Estos son prejuicios extraídos del conocimiento popular acumulado durante siglos. Y en relación al tema , existe un refrán que dice; “Piensa mal y acertarás”.
Creo que el ser humano a llegado a los niveles actuales de tecnología y conocimientos gracias a los prejuicios, que hacen que no perdamos tiempo con equivocaciones y nos permiten previsualizar nuestros proyectos.
7 Septiembre 2007 a las 11:13 am
“Objetivamente, se aprecia el componente absurdo de esas pasiones: “No tiene sentido”, decimos sorprendidos. Pero cuando se trata de temas sobre los cuales tenemos sentimientos viscerales, no es fácil tomar distancia.”
Comprobé eso con la práctica.
También comprobé que los motivos sexuales y raciales pasan más por una parte pasional e irracional de la conducta humana. (Son como los de animales)
Y en cuanto a las necesidades como territorio, sexo y alimentación los seres humanos terminan comportándose (al fin y al cabo) como animales.
Todo esto no es nuevo. El problema radica en lo incontrolable que es la irracionalidad, (como el hambre, el territorio, etc) como también (el deseo sexual, la abaricia, la envidia, etc) Todo este factor de cada uno se ve reflejado en la sociedad y sus altos niveles de hipocresía, hoy cuando se hablan de paz y derechos humanos, y este mundo esta tan injusto.
También, es sabido y ahora refuerzo la teoría de que el ser humano se maneja por el lenguaje de símbolos y tiene la NECESIDAD de clasificarse e identificarse.
En conclusión la clasificación e identificación humana dan como resultado la discriminación irracional. O sea el prejuicio.
Ejemplos, hay miles, el color de piel, la ropa, el habla, la cultura. Es parte de la naturaleza humana el prejuicio. No podemos detenernos a analizar cada persona detalladamente, tomamos la opción rápida para interactuar y pasamos a clasificar.
Esta diversidad esta mal en su lado irracional, pero sin ella, ¿no seriamos todos iguales?, ¿o habría un equilibrio?
Yo creo que existen diferentes tipos de identificación principalmente en grupos intelectuales.
El primer grupo sería el mas masivo y pasa por las pasiones populares útiles al poder de turno, estas como ejemplo el fútbol, la moda, la música comercial, etc.
Luego vienen las nacionalidades, etnias, etc.
Y en un tercer grupo los que se identifican con ideologías políticas de alcance universal.
Es la propia naturaleza humana, ¿la destrucción?. Que no se va a poder erradicar del mundo muy fácil.
7 Septiembre 2007 a las 5:17 pm
Yo creo que el hecho de prejuzgar y los prejuicios son una respuesta emocional. En general creo que estan directamente relacionados con lo que sentimos en el pasado y en el presente, dentro de las circunstancias propias y las del entorno, familiares sociales y culturales, y que surgen cuando la integridad física o psicológica de la persona se sienten de algun modo amenazada por todo aquello que pueda resultarle desconocido, extraño o extranjero (extraneus en latín). Por lo tanto si atendemos a la emoción que subyace al prejuicio, la evaluamos relacionándola con la realidad y nos preocupamos de aprender todo lo que se pueda del objeto del prejuicio evitaremos que éste se consolide. Es una parte importante del desarrollo de la empatía con la que nacemos. Los bebés lloran cuando oyen a otro bebé llorar y rien cuando ven a otro reir.
El conocimiento del funcionamiento de las emociones será en este siglo, o al menos yo lo espero, una realidad tan palpable como lo ha sido en otros, por ejemplo, el conocimiento de la anatomía del cuerpo humano. Este será el siglo del cerebro, estoy segura, y no tardando mucho la gente hablará del hipotálamo o de la amígdala con la misma facilidad con la que habla del estómago o del riñon.
¿Estaré siendo excesivamente optimista?
8 Septiembre 2007 a las 11:18 am
Hola, la verdad de mi primira opinión a la que voy a poner ahora, he ido variando, según he ido leyendo..increible, me asombra sobre todo lo positivo que es analizar escuchando, como se abren las perspetivas inicales, así que lo mismo varios más¡¡, gracias a todos de corazón. Estas son las primeras conclusiones que he sacado y que he intentado agrupar.
Los prejuicios como ante sala de la violencia.
hola..he estado pensando, reflexionando un poco de forma genérica a lo que supone categorizar, por todo lo que os he leído…
Descartando el valor instintivo que nos podría hacer una sentencia sin base sin argumento y que descartamos como fruto de una irrealidad así como imaginación irracional, tomo el nombre de prejuicio con las connotaciones que justifican la violencia y lo usan como medio real, como tal, a aquel que a sabiendas de lo que supone tomar una imaginación lo usa para argumentar el rechazo y por tanto, pienso de forma personal que cualquier persona que usa la sin razón y la irrealidad, sufre un trastorno mental, que curiosamente actúa en muchos casos, como enfermedad psicológica colectiva, que se expande mediante la figura de un líder que marca la pautas de los códigos de conducta físicos, psíquicos y se encarga de endiosar estereotipos o moldes admirables cuyo fin justifica todos los medios para ajustarse al patrón y alcanzar un estado que le otorgue el premio de pertenecer a un grupo de primer orden.
1-Prejuicio.
Es una evaluación preconcebida nacida en los focos sociales fruto de la convivencia, sin
Argumento real en base a la ética o moral, que una vez tomado con argumento para el rechazo no produce ningún remordimiento a quien lo usa como elemento de la razón.
2-Motivos.
Aunque existen motivos individuales, principalmente los prejuicios son llevados a primer orden en tanto un individuo se reconoce así mismo como elemento reconocido de un grupo cerrado. Dicho grupo está unidos por una serie de valores fundamentales, y/o habilidades, creencias conformando unas normas en el hábito grupal, cumplen los patrones y estereotipos de grupo sean de orden físico , moral, o de acuerdo .
3-Utilidad del prejuicio para quien lo toma como hecho que viola las normas establecidas de forma verbal o cultural por un grupo/individuo: (causa)
Descartar una persona o grupo
Dominar una persona o grupo
Humillar a una persona o grupo
Procurar un estado de inferioridad a quien se prejuzga.
4- Sentencia del grupo/individuo (efecto)
Cuando un grupo ve vulnerados los patrones por un individuo ya sea de aspecto, pensamiento o desacuerdo, por uno o varios del grupo, actúan como mediadores ante la amenaza de vulnerar los conceptos propios del bien /mal, expandiendo el prejuicio en el resto de grupo y puede surgir entre los miembros o componentes de un grupo la base que les autorice ( de forma justificada en base al prejuicio) para difundir:
-Odio.
-Cualquier tipo de fobia
-Autoritarismo-
-Crueldad-
-Discriminación
-Persecución
-Esclavitud
-Dominación.
-Violar
-Matar
-pegar
-insultar
-Tortura
Y sobre todo vulnerar el respeto devaluando el valor a la vida, palabra u obra de quien transgrediera los códigos de grupo, con causa justificada (la sin razón) y por ende sin remordimiento alguno.
Todo esto es llevado a casos extremos pero en los estados que vivimos a diario y que normalmente no nos hace pensar que pertenecemos a un grupo, pienso que debemos sopesar los valores que nos indican se forma subconciente que nos hace creer que pertenecemos a un rol o grupo social y en las primeras tomas de prejuicios instintivos, tomar como norma de los limites del bien y el mal, el no infringir la dignidad del hombre, ya sea de físico, idea, palabra y obra, porque aún no perteneciendo a ningún grupo activo o colectivo, la actuación de la creencia injustificada como es estereotipar a un ser humano, clasificarle o categorizar, ya sea de físico, ideas, palabras o acciones, nos hace actuar como cualquier miembro activo de un grupo de los que digo más arriba.
Que los juicios de valor solo sean llevados a cabo por las realidades y aún siendo estas pruebas justas de discrepancias a nuestro “modus vivendi”, jamás habrá justificación para transgredir los derechos de ningún ser humano.
Tras esta reflexión escueta, pienso que es un trastorno emocional colectivo, y como todo trastorno debe tratarse como una enfermedad emocional, normalmente todo tiene un desencadenante y deberia existir una “medicina” o tratamiento adecuado ¿cuál sería el remedio ante la “enfermedad” ( como forma de hablar)?-
Por mi parte la empatía y sobre todo saber que solo el azar nos hace vivir en una piel u otra.
¿que pensais?
saludetes
8 Septiembre 2007 a las 3:25 pm
Gracias a dios, Debari, quiero creer, o me interesa creer, que no todos los prejuicios llevan aparejados todos esos sentimientos que enumeras ligados a la emoción “ira” que sirven para defenderse de la amenaza para la integridad de la persona y de su entorno. Creo que hay prejuicios más livianos, que aunque tontos hacen menos o ningún daño, aunque supongo que en el fondo no dejan de ser una expresión de denfensa del grupo o del individuo, de su entorno y de su cultura. Me refiero a todos esos comentarios vanos e inútiles como “las rubias son tontas”, los franceses son pedantes” “los catalanes son agarrados” “los españoles son vagos” etc. Eso me recuerda siempre el mismo chiste:
Pregunta: ¿Como se llaman los habitantes de Huelva?
Respuesta:Onubenses
Pregunta: ¿Si? ¿Todos? Alguno habrá que se llame Perez ¿no?
Muchas veces las palabras se van modificando con el sentido que la gente les da, y se van apartando del original. Por eso tengo la impresión de que con frecuencia confundimos la valoración rápida, instintiva, de una situación, es decir el pre (antes de) juicio que es el que acontece en la parte reptiliana, primitiva, del cerebro, con la valoración deliberada y completa, que se hace con el pensamiento, a la que tendríamos que llamar juicio, sin el “pre”, porque ocurre al pasar la información de la parte instintiva a la parte racional y pensante.
Entonces se supone que dejaría ya de ser un “pre”-juicio, una valoración rápida, instintiva y sin palabras, para convertirse en un juicio en toda regla, aun teniendo en cuenta que haya surgido de una situación en la que el individuo se ha sentido amenazado. Si no ha sido así, en la realidad el prejuicio deja de ser necesario.
Ahora nos queda pues valorar para que necesitamos enjuiciar lo que son y lo que no son, lo que hacen y lo que no hacen las personas. Porque ¿que obtenemos con ello? A mi modo de ver esta es la gran pregunta, que yo creo, necesita una respuesta ¿Nos ponemos?
8 Septiembre 2007 a las 6:33 pm
Hola María, jajaj supongo que no es más que mi opinión, osea no hay nada más que una reflexión fruto del dialogo, y de momento pienso que hay una linea como le dije a nn de equilibrio entre el impulso instintivo y la realidad, igualmente decimos sin mas :”¡¡uy que chica más maja¡¡”, también es igualmente estúpido, pues no tenemos argumentos, salvo que se adapte a nuestros gustos. En realidad los humanos hacemos un mapa del entorno a todos los niveles, osea nos serviría para situarnos , lo mismo que al andar si ves obstáculos los salvas, lo que pasa que no es que hablemos de gustos, si no de juicios, es decir como tu dices de una valoración. Entonces si hablamos de valores lo único que delimita tales valores es la ética en primer plano y el moral como colectivo al que pertenecemos, solo hacemos lo que cualquier animal social resguardar nuestros valores o principios que nos integran con nosotros mismo (paz interior) en segundo lugar los que nos integran a la pareja, familia, amigos y así hasta sentirnos individuos sociales, con la responsabilidad de resguardar cada uno de los valores que nos integran, ¿que es lo que queremos?ACEPTACION
Entonces no obtenemos más que la aprobación por orden de valor hacia el entorno.
Y aunque parezca bobo, si actuamos cuando prejuzgamos y (si nos los creemos claro, porque no hay argumento)estamos actuando como los grupos de clasificación radicales y aunque la violencia también surge a diferentes niveles , y sabemos que no es lo mismo violar que decir eres tonto jajaja, un prejuicio no tiene más valor que el desechar, infravalorar o dominar, y la escala de violencia ira acorde a lo que consideres admisible…
Es que es duro, muy duro saber que más de una vez prejuzgamos y comprender las connotaciones que pueden desencadenar y que pueden influenciar en el grupo dependiendo de tu posición dentro de él ( madre-hijo-amigo-vecino- compañero de trabajo, presidente de la comunidad- tendero del barrio etc, un rol).
Y es que no nos gusta admitir lo malo que podamos tener, pero he aquí el único camino que lleva categorizar a primera vista desde un bobo desprecio, a un punto sin límite.
No se María, yo estoy dispuesta preguntarme más porqués, pero de verdad pienso que en el prejuicio el único peligro que tienemos es dejarse llevar por él.
Es una irrealidad y como tal debemos deshecharla cuando lo sentimos no nos hacen falta esos instintos primitivos, hemos evolucionado al lenguaje, supongo que hablar, dialogar, solo puede darnos el inicio de algo más solido..pero cuidado ajaja, como dije también hay palabras cargadas como balas.
Maria ponernos en el lugar de… y no hacer ni decir lo que no te gustaría que hicieran o te dijeran. No somos jueces de nada, ¿para que sentenciar a sabiendas que una palabra como es el prejuicio puede conducir a la violencia aunque sea en grado extremo?, cuanto más lejos mejor ¿no?.
Pues eso asumir que cuando nos pasa, debemos pensar que es una mentira, un instinto y pasar de él.NO hay justificación para el prejuicio.
Claro como digo es mi opinión pero si no es cierto espere que haya sólidas razones, situaciones ejemplares para hacer caso de ellos, porque mientras que nadie demuestro lo contrario, los prejuicios serán la antesala de la violencia, el visto-bueno de tal iniciativa (violenta) depende del valor que le queramos dar para que justifique un desprecio, una humillación en menos o mayor escala.
LLevarme la contraria jajajaj, porque seguro que hay mucho más detrás de lo que esconde la palabra de marras.
FUERA PREJUICIOS jajajaj oeoeoeoeo
Maria nos vemos por aquí un abrazote
9 Septiembre 2007 a las 7:43 pm
Saludos. He leído detenidamente los últimos mensajes de debari, y me ha sorprendido bastante, entre otras cosas, que clasifique a los prejuicios como un transtorno emocional colectivo, aunándolos con la empatía, es cierto, que puede que los prejuicios existan porque uno no sabe ponerse en el lugar del otro, pero la idea de clasificarlos como un transtorno emocional colectivo, me parece exagerada,y sigo pensando que las valoraciones son necesarias y hasta positivas , pues en el fondo, no son más que elecciones, como de otras muchas cosas hacemos, no creo que haya tampoco que dramatizar , además desde mi punto de vista, creo que se está confundiendo un poco lo que son los prejuicios con las discriminaciones, que muchas veces suelen ir ligadas pero para mi no es lo mismo, prejuzgar para mí, sería valorar, elegir, clasificar, desde tu propia experiencia, sin generalizar, si no de modo particular, lo demás, es decir sin tener en cuenta la experiencia de lo que uno ha vivido, me parecen simplemente estupideces, sin ningún fundamento y eso, creo que sería la definición que damos a prejuzgar, es decir que damos una definición a algo que no es, me explico fatal, lo sé, espero mejorar en lo sucesivo.
9 Septiembre 2007 a las 10:16 pm
Hola bruma, pues..no lo se, ya dije es mi opinión, para nada son palabras que digan certezas ¿pero como denominar a un fenomeno de grupos como es el Ku Klux Klan , el fenómeno nazi, homofobos, misoginos y tantos grupos que reunidos lo que hacen es crear estereotipos, ¿cuanta gente sin motivo ni argumento es agredida por grupos de ese estilo?.
Decimos es fanatismo, y el fanático principalmente siente arraigo por los valores o principios de una forma exacerbada .
¿Como actúan los prejuicios?como un sentimiento o temor a que vulneren lo que tú valoras…Dije una antesala, un preámbulo dando un margen de escalas de valor muy subjetivo. Pero si una persona sin pertenecer a nada, aningún grupo radical, tiene un valor exacerbado, ¿que pasa si siente esa primera impresión ante esa cosa que valora o se apasiona?..¿como reacciona?(estamos hablando de un hipotética persona que defiende X cosa apasionamente) en teoría siendo normal nublado por su pasión hacia cierta cosa, va a tomar ese prejuicio como un juicio de valor…
Por ejemplo cree firmemente en Los jarrones venecianos ( asi no me meto en lios jajajja) pues si ve a alguien que en apariencia no le gustan los jarrones venecianos, porque para que te gusten tienen que llevar el pelo de punta, si ve a alguien que no tiene el pelo de punta y le muestra su desacuerdo, va a prejuzgarle por no tener el pelo de punta y va a discriminar su idea(bueno todo muy básico, pero por poner un ejemplillo)
Luego ahora hablando y pensando, el prejuicio (malo por llamarlo de algún modo) esta muy ligado con las pasiones que podamos sentir…¿no crees?, ¿que cosa haria que una cosa que de antemano sabemos que no es verdad, tomarla en cuanta?..algo que te nuble la razón la pasión y no te deje discernir.
Dices es discriminación, pero el prejuicio precisamente es lo que hace, desechar en una primera estancia, solo que la discriminación ya sería cuando el prejuicio pasa a ser juicio, en lo que puse, cuando ya es causa para producir el efecto, para argumentar en algún aspecto, ya sea social, racial, religioso o sexual.
No se Bruma, se trata de destripar el tema^^, profundizar cuanto más mejor y no te explicas mal para nada gracias por tu opinión, las mismas tonterías puedo poner yo mira tú jjajaja, así que genial si das más perspetivas sobre el asunto.El único que nos desvelaría el cotarro es Punset
Intenta darme ejemplo cotidianos positivos en favor de los prejuicios…
Un abrazote..:)
10 Septiembre 2007 a las 10:04 am
Bruma, ayer no me di cuenta que lo más importante, no te había dado larazón de porque decía que es una enfermedad colectiva, quizás es un término excesivo, pero algo que se presenta con una sintomatología repetitiva y degrada la psique, y además se expande no le encuentro otro término, más que en mi corto entender que llamarle enfermedad o trastorno. Como siempre, bueno perdonar sobre todo el pestiño ^^, pero voy a intentar explicar porque pienso que es un trastorno colectivo y como pienso que nace, ante todo decir que es mi pensamiento, por tanto discutible e inclusive erroneo
LAS RAICES DE LOS PREJUICIOS.
1- Las emociones como creaciones de grupo
Mucha de nuestras conductas son dadas por las emociones que nos abordan ante situaciones, y con ellas aprendemos a delimitar nuestros gustos y a conocer que es lo que nos conviene; de tal forma que con ellas interactuamos con el entorno.
En anteriores intervenciones hablé como se consigue una sociedad conectada mediante vínculos afectivos donde la aceptación reacciona de una forma biunivoca de responsabilidades en las tomas de criterio, donde cada carga emocional vendría dada por el orden de cercanía al individuo en tanto los valores o principios buscan la aceptación en cada grupo.
individuo —2 familia, pareja, amigos 3—barrio , entorno de trabajo–ciudad–sociedad.
1- Analizando las pasiones colectivas.
Así pues de una forma cultural, aprendemos a emocionarnos por las cosas que en cada grupo damos valor, y estas cosas nos vinculan a los grupos según orden posicionándonos con un rol, y por tanto uniéndonos , de tal forma, que cada principio o valor es una meta que nos otorgara en cada reto, la aceptación de cada grupo arriba mencionado se convierte en la carrera de nuestras conductas emotivas ya que esos valores nos daran elevadas posiciones en cada grupo a todos los niveles, Desde los primeros años de nuestra vida vamos encontrando una recompensa por cada valor conseguido y aprendemos que la recompensa es una posición privilegiada, como “ganadores” posicionandonos en un lugar dominante, y por tanto aprendemos en tanto el grupo valora cierto principio que cuantos más valores tengamos, mayor es nuestro rol. Es decir nos hacemos coleccionistas de valores
Digamos que aquí comienzan los estereotipos, o moldes del caballo ganador.
La competitividad en el grupo lleva a hacer que aquellos valores no sean tales los reales objetivos , si no el conseguir el dominio o poder sobre los grupos según orden sea la meta principal .
Y así nacen las pasiones como medio vinculador y como molde de estereotipos donde los valores son aquellos que posicionan por encima de todo.
3- Alcanzando metas( estereotipos y jerarquias)-Fanatismo.
Es curioso que algo tan positivo como es apasionarse con algo, puede acabar en fanatismo, pero precisamente es la exagerada sobre valoración de principios, las que conducen a conductas irracionales, pero como he intentado explicar, el fanatismo es fruto de un aprendizaje de grupo, de entorno, tan solo nace en colectivos, ya que no sobrevaloraríamos algo si no obtuviéramos una escala de valor , si no hubiera competencia, pues el fin de una pasión reside en la interactuacion de las emociones con el entorno, y esta, solo encuentra recompensa mediante el colectivo. La escala pasional da una recompensa mediante una jerarquía, de forma que cuanto más nos acercamos al estereotipo, el listón jerárquico se eleva, de ahí que siempre haya un guía, gurú o lider el que sea el vivo ejemplo a la recompensa.
3-El fanatismo causa y motivo del prejuicio.
Hablamos de grupos radicales, donde existen estereotipos, pero los arquetipos son roles donde en cada rol hay un molde ejemplar, (la madre ideal, el hijo ideal, el trabajador ideal, el ser humano ideal…) y por tanto todo aquello que divida entre los buenos y los malos va ha marcar el territorio que nos va hacer sentir cuando hay una amenaza, como competencia de grupo.
¿Pero porque sobrevaloramos los ciudadanos de a pié? ¿qué sobrevaloramos?
Un estatus de vida, nuestro puesto en el sistema, las metas como objetivos a costa de cualquier medio, eso es lo que con afan pretendemos en nuestra mayoría y todo aquello que no esté clasificado como ayuda a conseguir la meta, va ha rechazarse.
Analicemos..¿tu hijo no sale con la chica adecuada?, ¿vistes como debes para ir al trabajo?, ¿eres feliz?,¿amas? todo parece muy normal pero encontrar el equilibrio entre la norma social educación como base del respeto social y el criterio propio no es solo cuestión de coexistencia , porque son los extremos en el deber los que nos hacen clasificar de manera tajante y sin escape, todo aquello que nos impida conseguir los ansiadas metas, es decir la meta y el deber nos puede hacer potenciales fanaticos y por ende, formar el grupo de los buenos y malos.
Digamos pues que apasionarse es algo positivo, siempre y cuando no nos nuble la razón y no sea causa de una competencia colectiva, porque esta carrera a esa colección de valores modelitos, son los que de alguna forma pueden enfermar a la sociedad.
4- Buscando el equilibrio.
Emocionarse es bueno, tener metas también y siendo la pasión un arma de doble filo, al igual que nuestras metas, digamos que dar como valor prioritario a la dignidad de otro ser y olvidarse de prejuicios es la puerta directa a la tolerancia.
Tolerancia he ahí la medicina que pueda racionalizar algo aprendido desde niños en la competencia de búsqueda de valores colectivos, de metas como ciudadano modelo.
En otras palabras, la tolerancia hace olvidar los prejuicios .
Será pues que la única medicina es contar hasta diez cuando las pasiones nos nublan, autocontrol, y no competir si no convivir…Supongo que la gestion emocional, es algo más que una simple ayuda puede llegar a ser la verdadera medicina social que termine con fanatismos, pasiones desbordadas, y prejuicios..¡deberia ser una asignatura en las escuelas!
¿que más nos contará esta palabra? jojoojoj, nunca pense que tuviera tanto en su interior…
Perdonar por el nuevo inciso, si hablo mucho me callais jajajaj que hablo como un loro. No os corteis si soy plasta¡¡¡.
abrazotes Bruma¿te contesté? ¿o es peor lo lié más?
10 Septiembre 2007 a las 5:25 pm
Por cierto, señor Punset, acabo de leer su propuesta de que haya una asignatura sobre educación emocional y centrada en el desamor… ¡¡¡totalmente de acuerdo!!!
Esperemos que de aquí a diez años la divulgación científica logre abrir las mentes de los ciudadanos y los políticos, y que caminemos hacia una era donde nos sintamos más seguros, con más control sobre lo que sucede… ¡con menos estrés, más felices! Y por supuesto que la Ciencia tiene mucho más para ayudarnos en eso que el agridulce consuelo de la resignación religiosa, ¡tal vez por primera vez en la Historia estemos yendo por el buen camino!
Qué alegría que existan personas como usted, tan volcadas en la consecución de estos objetivos… ¡¡¡Gracias!!!
10 Septiembre 2007 a las 11:27 pm
Ayer noche, domingo, tuve la suerte inesperada de ver al Sr. Punset entrevistando a un físico del MIT. Aunque no recuerdo su nombre, me embelesó oírlo hablar con tanto conocimiento y humildad.
Me llamó mucho la atención escucharle decir que no es correcto llamar OSCURA a esa materia del espacio que no vemos, puesto que esa materia debe ser TRANSPARENTE. Tecleé en Google “materia transparente” y no encontré nada. Tecleé “materia oscura” y encontré mucho. Ante la nueva duda que me surgía, prejuzgaré que este hombre debe tener razón, argumentándome que es más fácil darse de bruces contra una puerta de suma transparencia que contra otra de suma oscuridad. También me llamó mucho la atención escucharle decir que el VACÍO espacial está LLENO.
Entonces me dije: Y si lo que antes se daba por cierto ya no lo es, aquello que prejuzgué en base a ello…… ¿Fui yo el que me equivoqué?
Pues sí, fui yo.
Saludos
11 Septiembre 2007 a las 12:49 pm
Acm:
“Vacío” es un concepto filosófico usado para expresar “ausencia de algo”. No es en sí mismo una definición de nada, y de hecho lleva milenios rompiendo la cabeza a incontables seres humanos. Así que supongo que los físicos que ahora reinterpretan el universo se están viendo obligados a cambiar los conceptos con los que interpretaban la realidad, pues a nivel cuántico y a dimensiones galácticas las cosas no son exactamente como las percibimos desde aquí, en este punto intermedio entre lo microscópico y lo macroscópico. Nuestra lógica y nuestra filosofía sirven para esta región, pero cuando nos salimos de ella… ¡¡ya no estamos tan seguros!!
Por cierto, el programa de REDES al que te refieres es el 426, puedes leer la entrevista completa aquí:
http://www.rtve.es/tve/b/redes/semanal/prg426/entrevista.htm
¡Un saludo!
11 Septiembre 2007 a las 2:05 pm
Saludos, por qué es más fácil darse de bruces contra una puerta de suma transparencia?. Creo que ya me he dado con ella, pero en fín. si alguien me lo explica encantada.
11 Septiembre 2007 a las 3:37 pm
Compañer@ de teclas Transon:
Estamos de acuerdo. Pretendía poner de manifiesto que si nos podemos equivocar al prejuzgar eventos o situaciones, reales o imaginadas, según las informaciones del Conocimiento, me asusta pensar que no haré al prejuzgarlas desde mi ignorancia.
Gracias por el enlace.
Compañer@ de teclas, Bruma:
Soy muy malo explicando. Si la imagen de la realidad que hay detrás de un cristal de transparencia perfecta fuese idéntica a la que existiese sin que estuviese, al menos yo, te aseguro que allí mismo me daría de bruces contra él, porque prejuzgué que delante de mi no había nada, cosa que no creo me ocurriese de haber estado tintado oscuro.
Saludos
11 Septiembre 2007 a las 5:00 pm
La razón de la sinrazón que a mi razón se hace, de tal manera mi razón enflaquece… lo determinantemente delgado hasta la transparencia (o la inexistencia) es la falta de esnobismo en bastantes de los comentarios de este blog
jejeje
11 Septiembre 2007 a las 7:10 pm
Siento mis desacertadas intervenciones, al parecer fueron causar de topar contra vidrios, y encriptadas conversaciones, . No entiendo nada, pero ya van dos veces que por hablar me encuentro el desconcierto.
Muchas gracias y hasta siempre
debari
12 Septiembre 2007 a las 7:33 am
Hola a todos.
Espero no repetir ideas, puesto que ahora solo me puedo conectar en el trabajo y no puedo dedicarle todo el tiempo que me gustaría a leer todas las opiniones detenidamente.
Me gustaría introducir una idea que me ha venido a la cabeza mientras leía y es “economizar”. Al ser humano le gustan, en general, que le den las cosas hechas y si es el propio cerebro el que nos las da hechas… pues bien está. Un ejemplo de economización sería el propio lenguaje. El lenguaje puede ser algo más o menos complejo, más o menos rico en vocablos, pero siempre tendemos a economizar en el lenguaje. Hablar con expresiones hechas que acortan una frase pero transmiten un significado más allá del sentido literal es un ejemplo. Al hilo de esto, se podría decir que los prejuicios, al menos, tienen un factor economizador que hace que se obtengan conclusiones con un gasto mínimo de energía y tiempo. ¿Está interviniendo esta “manía” en el proceso de prejuzgar?
Un saludo a todos.
12 Septiembre 2007 a las 6:11 pm
Hola, después de unos días de vacaciones, vuelvo a leer los mensajes y veo que en varias reflexiones se mezclan los significados de los verbos, prejuzgar, juzgar y sojuzgar.
El tema de este post es el prejuicio pero todos sabemos que una cosa lleva a la otra y ese es el problema. Una cosa es hacer un juicio rápido y sin argumentos por todas las razones que habéis expuesto (aunque yo creo que la de economizar energía puede que sea la más corriente) y otra es pasar al juicio y de ahí al castigo, sin jueces ni abogados.
En estos días he hecho un trayecto que pasaba por Algeciras. No es lo mismo ser un británico que entra a un establecimiento y los camarenos le hablan en inglés, que ser un marroquí de camino al puerto de Algeciras que no se le permite siquiera ir al lavabo para que “no se lave los pies” en el lavabo. Se toman la molestia de aprender inglés para el británico pero no pueden poner unos pequeños lavatorios para que los marroquies hagan las abluciones.
13 Septiembre 2007 a las 11:15 pm
“Triste época la nuestra. Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio”. Albert Einstein
14 Septiembre 2007 a las 10:49 am
Considero la mayoría de las respuestas muy interesantes. No tengo una contestación mejor a la pregunta: “¿Por qué tendemos a prejuzgar?” que la mayoría de las aquí dadas, pero también me gustaría dejar mi apunte.
No estoy de acuerdo con quien dice que los prejuicios son positivos (aunque tampoco creo que deban ser necesariamente negativos), ya que éstos se forman a partir de la individualidad, por lo que generalmente son excluyentes. YO juzgo a los demás con MIS criterios a partir de MI experiencia. Muchísimos conflictos a lo largo de la historia se basan en el carácter individual del ser humano (o yo o ellos).
Por ejemplo, si vemos por primera vez a una persona, nos puede dar muy buena sensación, existe incluso el amor a primera vista. Ése sería un prejuicio positivo.
Pero también nos puede causar una mala impresión y entonces nos pondremos a la defensiva. Entonces actuaremos en consecuencia y, según nuestro carácter, llevaremos esa actitud hasta el límite. Hay quien critica a las espaldas, hay quien se pone un cucurucho en la cabeza y se hace llamar Ku-Kux-Clan…
El no-yo budista podría ser el antídoto a este problema social. Al igual que la inteligencia emocional, considero que el budismo debería ser materia obligatoria en las escuelas.
14 Septiembre 2007 a las 6:07 pm
Antes de opinar, me flipa su afan de antiprotagonismo… colectivismo, gregarismo,… ll´melo como quiera Eduard, me flipa que una persona como ud demande ayuda de ub¡n tío como yo,…. en fin así es la vida,… nunca sabes dónde te va a mostrar otro individuo sensato,…
14 Septiembre 2007 a las 10:35 pm
¿Y en que se basa el conocimiento y su almacenamiento, sino en el prejuicio?. Toda percepción es en parte nueva (y con frecuencia despreciada), y en parte se basa en anteriores percepciones, y toda percepción se basa en distintos gradientes de juicios y prejuicios, ¿no?.
Desde hace ya unos años que rechazo el rechazo al juicio y al prejuicio en la jerga y en el pensamiento común. Parece una moda propia de esta época. Tanto rechazo ese rechazo, que llegué a querer imaginar que alguna mala traducción de las palabras de Jesus (divino, humano, filósofo, o como se le quiera dar aprecio), en las que nos llega: “No juzgueis y no sereís juzgados”, realmente querría decir o diría “no sentencieis y no sereis sentenciados…”
Pero ¿que forma viva podría “ser” sin juicios ni prejuicios, quizá las bacterias?… o quizá ni ellas.
P.D: Por si le llegase a Punset, una frase escrita a mi novia en una reciente carta de estúpido y humano amor, quizá influido por su libro de “el alma está en el cerebro” (titulo que no comparto, pues aún encima de ubicar, sentencia
)
¿ Que es el escenario, cuando atenuandose las luces, y el público aún más callado, se sucede el intervalo, hasta el retornar de la razón?… ¿que es?…
16 Septiembre 2007 a las 7:03 am
Alf dice que el enamorarse a primera vista de alguien basándose únicamente en un prejuicio es algo bueno…
Pues yo lo veo igual de nefasto que el odiar a alguien a primera vista. Quiero decir, las emociones están muy bien, no hay que dejarlas a un lado… ¡vale, todo eso está genial, si están ahí es porque nos ayudan a sobrevivir! Pero en ciertos asuntos (por no decir en todos, hoy en día) considero que deberíamos dejar de quedarnos sólo con las intuiciones supuestamente “buenas” y someter a juicio cualquier prejuicio, aunque parezca conducirnos a algo bueno.
Porque no es lo mismo el prejuicio que nos hace evitar las cosas afiladas, con dientes o con aspecto amenazador, que el que nos hace rallarnos con otro ser humano y focalizar el resto de nuestra vida a su alrededor. Cosas como el amor deberían tener un punto de partida emocional, de acuerdo… pero a partir de ahí deberíamos poder cuestionarlo para asegurarnos de no meter la pata. Podríamos estar autoconvenciéndonos para mantener ese sentimiento únicamente por no dejar de sentir lo que empezó con un prejuicio, como los políticos que llevan a sus países a una guerra total por ser demasiado cobardes como para no reconocer que se equivocaron años atrás.
Así va el mundo…
16 Septiembre 2007 a las 11:17 am
Pues yo creo que los que estudian en jarvard, y no digamos ya los “profesores”, son unos pijos de tomo y lomo. Y con más enchufes que un electricista. Y todo lo que digan está bajo sospecha, pues si han consentido lo que han consentido para estar ahí, si cobran son capaces de decir hasta que la tierra es redonda.
Los de jarvard, los de ósfor, son unos niños de papá. ¿Es esto un prejuicio? Sí, pero es que yo amo lo que amo…
16 Septiembre 2007 a las 10:30 pm
Tendemos a preguzgar porque la evolución lo ha dispuesto así. Todos los animales necesitan intuir lo que piensan los otros: ya sean de su especie o de una especie competitiva por el mismo hábitat y nicho ecológico. Es decir, nos viene dado de fábrica. Y como se puede comprobar la humanidad sigue arrastrando su parte animal aunque dispongamos de un lenguaje complejo, o no tan complejo (cada vez descubrimos más similitudes entre nuestra comunicación y la de los animales no humanos). Prejuagar es intuir. Después vienen las fobias y las filias culturales del ser humano. ¿Podremos quitarnos en un futuro las fobias infundadas los seres humanos? He ahí el dilema.
17 Septiembre 2007 a las 11:25 am
Bien mirada la cosa, lo que mejor nos ayuda a discernir entre qué prejuicios merece la pena mantener y cuáles son nefastos para nuestra vida en sociedad es, sin duda, el método científico.
Los científicos, si pretenden ser dignos de su profesión, deben estar constantemente formulando y cuestionando sus hipótesis, y enfrentándose a cambios de paradigma que pueden llegar a ser radicales. El inmovilismo en la ciencia es una aberración del criterio, el fantasma del dogmatismo sigue presente en todo momento y luchar contra él es una obligación para ellos.
¿Qué os parece? Definitivamente, creo que si nos tomamos en serio la educación en el espíritu científico de la población, antes que en adoctrinar con valores morales, la sociedad estará en condiciones de poder avanzar mucho más rápidamente hacia un estado de equilibrio y armonía, donde todo sea sometido a juicio y no nos dejemos llevar por ideas del pasado (tal vez útiles entonces, pero no por ello perfectas).
¡Hemos de elevar la visión naturalista del mundo!
27 Septiembre 2007 a las 12:20 pm
Estoy completamente de acuerdo con Transon.
Es curioso observar la tremenda resistencia de la gente a enfrentar las emociones como lo que son en realidad. Ni siquiera cuando se habla de amor quieren olvidar el corazón y ponerse al día con el cerebro. Aún más dificil es enfrentar emociones dañinas. Los divulgadores científicos tienen una ardua tarea que llevará mucho tiempo todavía, y sin duda no queda otro remedio que trabajar sobre las nuevas generaciones, en el colegio, donde no hay miedo a lo desconocido. Pero por alguna parte hay que empezar mientras esperamos a esas nuevas generaciones.
Ya no somos aquellos seres primitivos y aunque todavía necesitemos de las emociones hemos de aprender, y con cierta urgencia, a buscar formas más adecuadas de acción/expresión, más coherentes con la realidad que entregarse ciegamente a una emoción. Tantísimo cerebro ha de servirnos para algo ¡caray! Duele pensar que las grandes decisiones todavía esten restringidas al cerebro más primitivo. Es tan anacrónico como ver a un chimpancé bloggeando.
27 Septiembre 2007 a las 2:25 pm
Sólo, con tu permiso María, apuntar un detalle. Los divulgadores científicos, quienes enseñan en colegios, institutos y universidades, todos ell@s, integran también ese colectivo al que denominamos gente. La vida es emoción en si misma. Luego, el hecho de dedicarse a esto o a aquello no implica necesariamente mayor o menor resistencia o control sobre las emociones. Ante una situación concreta, un catedrático podría desmoronarse mientras un camionero reaccionaría en ese mismo instante a ella. Considero impredecible nuestra reacción a los acontecimientos que nos deparará el destino, por inesperadas o desconocidas.
Saludos
27 Septiembre 2007 a las 5:58 pm
María, con todo el respeto, no estoy de acuerdo contigo. Pues claro que no hay que olvidar el corazón, jamás, y mucho menos cuando hablamos de emociones. Las emociones no se calculan, ni hay ninguna fórmula matemática para el amor, como dice el señor Punset.
Ya sé que el capitalismo atroz intenta convencernos de que todo se compra y se vende, de que la razón, “lo razonable”, debe guiar nuestras vidas, pero te aseguro que la emoción que me llena cuando acabo un soneto, y me gusta, ésa no tiene precio. Y como la poesía te diría muchas más cosas.
“Entregarse ciegamente a una emoción”, ninguna generación podrá sustraerse nunca a las emociones, la gente se puede vender, juntarse con alguien porque el cerebro dice que es beneficioso(dinero, estabilidad…), pero nadie puede saltar por encima de su propia sombra.
Un saludo.
29 Septiembre 2007 a las 10:01 am
“Amor, que sin detenerse en el efecto
sensitivo, pasa al intelectual”
Mandóme, ¡ay Fabio!, que la amase Flora,
y que no la quisiese, y mi cuidado
obediente, y confuso, y mancillado,
sin desearla, su belleza adora.
Lo que el humano afecto siente y llora,
goza el entendimiento amartelado
del espíritu eterno, encarcelado
en el claustro mortal que le atesora.
Amar es conocer virtud ardiente;
querer es voluntad interesada,
grosera y descortés caducamente.
El cuerpo es tierra, y lo será, y fue nada;
de Dios procede a eternidad la mente:
eterno amante soy de eterna amada.
Y no lo digo yo, lo dice Quevedo.
Adiós.
30 Septiembre 2007 a las 9:07 am
La necesidad de prejuzgar es un acto instintivo y, por tanto, está en nuestra naturaleza. Partiendo de esta premisa, mi aportación al debate iría más en la línea de cuestionar o, mejor dicho, relativizar la “mala prensa” que tienen los prejuicios en general.
En este sentido, si tomamos en consideración que no todos los prejuicios son infundados, llegamos a la conclusión de que, por decirlo de alguna manera, los prejuicios son como el colesterol… los hay buenos (fundados) y malos (infundados)…
¿O quizás alguien puede argumentar que los primeros dejan de ser prejuicios por el sólo hecho de que la experiencia empírica haya demostrado que estaban “justificados”…?. ¿Si el gitano por el que me decidí a cambiar de acera me acaba atracando dejamos de llamarlo “prejuicio racial” para etiquetarlo como “temor objetivamente fundado”…? Porque si es así… si somos meramente resultadistas, si nos limitamos únicamente a la experiencia empírica, al método científico… qué papel deberíamos atribuir al azar a la hora de valorar lo que es un mero prejuicio y lo que no lo es…
En cualquier caso y llegados a este punto, lo que sí es evidente es que un individuo con plena capacidad de discernimiento debería tratar de desaprender todos aquéllos prejuicios infundados que a lo largo de la vida va acumulando en su “mochila” y que acaban distorsionando por completo la percepción de no pocas realidades.
30 Septiembre 2007 a las 1:54 pm
Si la emociones se produjeran en el corazón… si
1 Octubre 2007 a las 3:32 pm
Si pienso en el porqué de mis prejuicios encuentro que necesito tener ides preconcebidas para tener un grado mínimo de seguridad ante el mundo exterior. Esodebería excluir las ideas que me ponen en contra de forma violenta del resto del mundo y, si bien deben ayudame a tener un andamiaje sobre el que construir mis actos, no deben mediatizarlos.
10 Octubre 2007 a las 8:28 am
Hay dos formas de tomar una decision:
1 – Sopesarla, razonarla. Esto nos dira que todos los gitanos no se dedican a robar o que todos los catalanes no son tacaños. Desgraciadamente requiere mucho esfuerzo y tiempo.
2 – Concluyendo que las experiencias futuras son un reflejo de las pasadas. En este caso solo hay que clasificar una situacion dentro de un conjunto y actuar en consecuencia. Me encuentro con un tal Punset, por su acento deduzco rapidamente que es catalan y que si le invito a una caña, tengo amplias probabilidades de que no me devuelva la invitacion.
Nuestro cerebro, principalmente, es una maquina de reconocer patrones. Esto lo hace de forma muy eficiente, con poco esfuerzo y muy rapidamente.
Desgraciadamente los patrones no siempre se cumplen y tienen numerosas excepciones. Seguramente hay un monton de catalanes que me devolverian la invitacion, con lo que no invitarles no es buena politica.
Pero es imposible conocer el futuro, con lo que no nos queda mas remedio que hacer una buena apuesta y decidirnos por lo que mas probabilidades tiene. Reconocer un patron y actuar en consecuencia es lo mejor que podemos hacer. Por tanto, si el Sr Punset no invita a la primera ronda, yo pagaré solo mi caña.
A esto debemos añadir la enorme importancia de pertenecer a un grupo y temer a los que no son de ese grupo. Lo contrario ha significado la muerte durante muchos milenios. No es extraño que si un individuo pertenece a una etnia que calificamos de peligrosa, tomemos nuestra relaccion con desconfianza.
17 Octubre 2007 a las 2:19 pm
“Suponemos que ley de vida.”
Creo que el corazón es a veces incontrolable.
23 Octubre 2007 a las 1:40 am
Creo que prejuzgamos para autoconvencernos de que hacemos mejores cosas y somos mejores personas trasgiversando muchos hechos. Es una triste manera de irse a la cama pensando que hay peores que tú. De todas maneras el prejuzgar es una ley de vida, si los centificos no prejuzgaran de la iglesia seguramente hoy no habrian adelantos medicos como los hay, yo creo que es un mal necesario para el desarrollo de la sociedad y de la tecnologia, lo lamentable es que hay ciertos grupos radicales que el tema se les escapa de las manos haciendonos quedar como verdaderos ‘burros’.
(aca463):
El corazón eres tú, el corazón no piensa, podemos decir que perdemos el control de nuestros actos, no que el corazón es incontrolable,solo hay que ser conciente de lo que pasa y de quién eres, creo yo.
28 Octubre 2007 a las 5:11 pm
Conozco a un amigo que tiene a veces prejuicios, lo que él hace es coger siempre del extremo de una rama, y todo lo demás no puede ser bueno, sin probarlo no puede saber pero a él le da por igual se centra en algo hasta cansarse y ya cuando el cuerpo no le pide más sigue tomando lo de siempre.
Creo que una persona cuando se llena de tomar lo mismo no tiene ganas de más y a veces puede angustiarse. Lo que creo es que somos un positivo y recibimos información por los cinco sentidos y nos llega como energía negativa aunque nos pueda agradar a veces.
Entonces es mejor quitar que tomar.
Las chicas necesitan recibir más energía y los chicos están tan llenos que necesitar dar.
2 Noviembre 2007 a las 4:38 pm
Pues yo estoy bastante de acuerdo con Javier Ruiz (14 Sept).
Como dirían los escolásticos (y Ludwig Wittgenstein) todo el problema está en lo que entendamos por “prejuzgar”. El problema, como casi siempre, está en la definición:
- En un sentido amplio, “prejuzgar” es casi sinónimo de “aprender”. Todo nuestro proceso de aprendizaje está basado en el “prejuicio” así entendido. Observamos casos individuales, comportamientos concretos, efectos particulares de cosas o personas que nos hacen daño o nos complacen…y de todos ellos intentamos inferir criterios generales, correlaciones, patrones como también se ha dicho aquí, propiedades comunes que nos permitan situarnos frente a futuros casos concretos habiendo “aprendido la lección”, anticipándonos a los efectos, “prejuzgando”. Luego podremos equivocarnos o no al aplicar nuestro prejuicio al nuevo caso concreto. Pero cualquiera que sea el resultado, nos valdrá para aprender, para seguir prejuzgando. Entendido así, la respuesta a la pregunta del debate sería obvia: prejuzgamos porque está en nuestra naturaleza más íntima, porque somos seres programados para aprender.
- En un sentido estricto, “prejuzgar” es rechazar internamente a una persona en su globalidad en base a detalles que no nos la revelan en esa globalidad: frases que le hemos oído y que “nos suenan” a una determinada forma de pensar o de actuar…formas de vestir que asociamos a una forma de ser…maneras de expresarse que para nosotros pertenecen a colectivos que aborrecemos…Internamente generalizamos esa cualidad hasta recubrir a toda la persona con un barniz único. ¿Por qué tendemos a hacer eso? Creo que por un lado necesitamos simplicidad para “hacernos mentalmente” con nuestro entorno. Siempre es más fácil catalogar a una persona en un grupo monocorde y bien acotado en nuestra cabeza que admitir excepciones innumerables. Y por otro lado, la pertenencia a la tribu que es otra forma de simplicidad. Al final el objeto de ambas cosas es dominar mental y tribalmente al “prejuzgado”.
15 Diciembre 2007 a las 9:18 pm
Prejuzgamos, por que creemos que somos los mejores, por que desconfiamos y no vemos, mas alla de nuestra experiencia.Intentamos , razonarlo todo, desde nuestro punto de vista.Hay que ser humildes, para comprender y ir mas alla de lo que nuestro cerebro interpreta.
Saludos
15 Diciembre 2007 a las 9:28 pm
Muy bueno su blog Eduard Punset, un placer leerlo
saludos
18 Diciembre 2008 a las 5:01 pm
yo crero que nadie esta para juzgar a nadie